María José Argenzio (Guayaquil, 1977) presenta hasta el 26 de mayo en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, en Lima, la exposición Nuevas crónicas del buen paisaje, inaugurada como parte del programa paralelo de Art Lima 2019, y con la curaduría de Gerardo Chávez-Maza.

Este proyecto expositivo se origina en la investigación desarrollada por la artista durante el programa de residencia LARA (Latin American Roaming Art) en Cusco, Perú, en el año 2013, con la curaduría de Miguel A. López.

Nuevas crónicas del buen paisaje es un proyecto site specific que dialoga a distintas escalas con el contexto peruano en un sentido amplio, y también con las características arquitectónicas de la Sala Luis Miró-Quesada Garland. El título alude a la Primera nueva corónica y buen gobierno [sic], cuyo autor es el amerindio de ascendencia incaica Felipe Guamán Poma de Ayala, quien dirigió el documento al rey de España Felipe III. Esta invaluable crónica fechada en 1615 (circa) ilustra y describe en detalle los modos de vida y el sistema de valores de la cultura andina en la época virreinal.[1]

En esta nueva producción, Argenzio toma posición respecto a la crisis ecológica del presente, revalorizando la herencia Inca en cuanto a su equilibrio entre naturaleza y desarrollo civilizatorio. Esto, a partir de la investigación y exploración tanto de la geografía como de la riqueza histórica y cultural del Perú, con énfasis en la arquitectura ancestral y la cosmovisión que la hizo posible.

Gerardo Chávez-Maza señala que Argenzio “(…) se interesó por componer, re-mitologizar y re-sensualizar los gestos tectónicos que enmarcan la naturaleza para convertirla en paisaje –como sugiere Le Corbusier (…)”[2].

Al revisar los argumentos de la artista para fundamentar este proyecto reconocemos la voluntad que la impulsa:

«Estas piezas elaboran una relectura del paisaje a través de un gesto que destaca aquellos elementos intangibles presentes en un diseño totalmente calculado y artificial, para ahondar en el origen de la noción de paisaje cultural, donde lo construido se integra armónicamente al entorno generando un equilibrio de potentes tintes simbólicos».[3]

Argenzio propone reflexionar en torno a la noción de paisaje cultural propia de la sociedad Inca, comprendiéndola como expresión de un desarrollo humano sofisticado que se materializa en la magnífica arquitectura mimetizada con el entorno natural. La artista subraya:

«(…) las intervenciones arquitectónicas en el paisaje llevadas a cabo por los Incas no sólo respondían a una función meramente práctica relacionada con la productividad del terreno, sino que se hallaban sujetas a la preservación de ciertos elementos simbólicos de carácter cosmológico capaces de revelar el sentido último que este pueblo otorgaba a la naturaleza».[4]

Es significativo resaltar la expresión intervenciones arquitectónicas en el paisaje con la que Argenzio alude a las referencias que la inspiran. Es notable su valoración de la dimensión simbólica de la arquitectura ancestral andina en su imbricación con el entorno geográfico.

En este sentido, Nuevas crónicas del buen paisaje puede ser leída como una mirada reverencial a una herencia cultural fundamental, desde una perspectiva crítica al sistema-mundo colonial moderno. Una mirada que conduce a reflexionar críticamente en torno al llamado Antropoceno, período geológico en el que las actividades humanas han tenido un impacto global sobre los ecosistemas terrestres.

Argenzio habla de “la necesidad de generar debates en torno al modo en que se deben abordar las problemáticas sobre el extractivismo (…) la preservación del medio ambiente (…) la urgencia por combatir los intereses contradictorios que devienen en ruina y desbordamiento del paisaje natural”.[5]

Sustentada en estas premisas conceptuales la artista trabaja con distintos materiales nobles y elementos del entorno geográfico peruano: mármol, pedruscos, cactus, césped. Los hace dialogar y los pone en tensión con otros materiales y técnicas: concreto, vidrio y pan de oro. Como es característico en su práctica, logra un manejo elocuente e inteligente de materiales y técnica, contextos y espacio.

A partir de estas reflexiones abordo la lectura de cada una de las piezas que conforman esta exposición, valorada como un manifiesto ético-estético sobre la crisis ecológica global del presente.

María José Argenzio, Paisajes en tensión (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista
María José Argenzio, Paisajes en tensión (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista

En distintas zonas geográficas del Perú los cactus forman parte del paisaje como estoicas presencias. Han sido utilizados desde tiempos remotos y hasta el presente en ceremonias de adivinación y medicina. Paisajes en tensión (2019) es una pieza compuesta por un conjunto de cactus columnares (San Pedro o Echinopsis pachanoi) incrustados en cubos de concreto. [6] El efecto logrado es el de un elemento natural extraido del paisaje y absurdamente atrapado en una lógica racionalista que no le corresponde.

María José Argenzio, Pensamiento paisajero (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista
María José Argenzio, Pensamiento paisajero (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista

Pensamiento Paisajero (2019) es una pieza compuesta por una serie de planchas de vidrio superpuestas, instaladas sobre una base de concreto. Las formas de estas planchas están basadas en los cortes de nivel del Huayna Picchu, que corona Machu Picchu. La composición remite por un lado al paisajismo incaico que modifica el entorno geográfico de manera equilibrada, en terrazas o andenes, para su uso productivo en la agricultura, así como también, en contraste, remite a las técnicas constructivas de las maquetas topográficas usadas para representar las formas sinuosas del paisaje natural en proyectos urbanísticos que normalmente violentan el entorno.

María José Argenzio, Espacios Negativos (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista
María José Argenzio, Espacios Negativos II (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista
María José Argenzio, Espacios Negativos IV (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista

En la serie Espacios negativos (2019) cinco pedruscos cuidadosamente seleccionados por la artista (en largos recorridos exploratorios por una cantera en Chosica, Lima) han sido intervenidos para contener piezas cúbicas de cemento, cubiertas con pan de oro. Los luminosos cubos dorados (el oro es un material recurrentemente usado por la artista) parecen brotar de las piedras en estado bruto, sin labrar. Esta serie nuevamente le sirve para construir una metáfora de la violencia implícita en el sistema colonial. En este sentido, subraya: “ (…) hay que pensar el elemento oro como una de las razones por las que fuimos colonizados y como un mineral (asociado) a la explotación de la naturaleza”.[7]

María José Argenzio, Máquinas Antipolíticas (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista

Máquinas Antipolíticas (2019) es una intervención con tiras de césped, normalmente utilizadas para sembrarlo en jardines y parques. Estos elementos se despliegan en el espacio, cubriendo casi por completo el piso de una gran área de la sala. En la superficie del piso que queda descubierta se observa una forma en negativo que resuena con el imaginario visual incaico. Es importante señalar que el título de esta obra replica el término “máquinas antipolíticas” muy citado por la antropología del desarrollo, en su corriente de crítica radical al desarrollismo capitalista.[8]

María José Argenzio, Natural técnico (2019). Vista de la instalación en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima. Cortesía de la artista

Natural técnico (2019) es una escultura construida con un conjunto de planchas de mármol peruano, parcialmente cubiertas de pan de oro, que se superponen creando un bloque. Las texturas naturales del mármol se han ocultado de forma intencional. Por otra parte, la típica base o pedestal usada en la escultura clásica -o bien la ausencia de ella en el lenguaje escultórico modernista y contemporáneo- se sustituye en esta obra por un palet, elemento típicamente usado en el almacenaje y transporte de productos industriales.

Como hemos visto, las distintas obras que conforman Nuevas crónicas del buen paisaje conjugan materiales y elementos simbólicos evocadores de la cosmología incaica, esto, en tensión con referentes y concepciones estéticas vinculadas con el pensamiento colonial y las prácticas de extractivismo desmedido llevado adelante durante siglos y hasta el presente.

De este modo, María José Argenzio le da continuidad a un eje fundamental de su práctica artística que ha orientado el desarrollo de proyectos tanto en Ecuador, como en distintos contextos, tal como es la crítica a las estructuras y discursividades coloniales que siguen reproduciéndose y determinan las principales problemáticas sociales e identitarias (de género, de clase, étnicas) políticas, culturales, ecológicas de las sociedades contemporáneas latinomericanas.

 


[1]La propuesta halla referencias en las descripciones de paisajes hechas por Guamán Poma de Ayala (Ayacucho, 1534-Lima, 1615) y en los relatos del explorador y cronista español Juan Diez de Betanzos y Araos (Betanzos, 1510-Cusco, 1576).

[2] Gerardo Chávez-Maza. Texto curatorial de la exposición Nuevas crónicas del buen paisaje. Sala Miró-Quesada Garland, Lima. Abril-mayo, 2019.

[3] Maria José Argenzio. “Propuesta expositiva Nueva crónica del buen paisaje”, 2019.

[4] Idem.

[5] Idem.

[6] https://es.wikipedia.org/wiki/Echinopsis_pachanoi

[7] Maria José Argenzio. Comunicación personal con Fabiola Arroyo, mayo de 2019.

[8] Ver: James Ferguson. The Anti-Politics Machine: Development, Depoliticization and Bureaucratic Power in Lesotho, Cambridge University Press, Cambridge, 1990.


Imagen destacada: Vista de la exposición Nuevas crónicas del buen paisaje, de María José Argenzio, en la Sala Luis Miró-Quesada Garland, Lima, 2019. Cortesía de la artista

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Fabiola Arroyo

Curadora e investigadora independiente. Magíster en Literatura Latinoamericana, Universidad Simón Bolívar, Caracas. Cursó el Magíster en Estudios Culturales, Universidad ARCIS, Santiago de Chile. Licenciada en Artes Plásticas, Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón, IUESAPAR, Caracas. Curadora y coordinadora de departamentos de educación y comunidades, investigación y curaduría en museos venezolanos (2005-2016). Investigadora y miembro del consejo directivo del Centro de Investigaciones Críticas y Socioculturales, Universidad Simón Bolívar, CICS-USB. Ha publicado ensayos y participado en seminarios y congresos sobre artes visuales y estudios de la memoria, diáspora venezolana, derechos humanos y migraciones. Actualmente colabora en proyectos de arte y memoria del Equipo Peruano de Antropología Forense, EPAF. Desarrolla el proyecto “Crónicas Migrantes” (2016-actual). Curadora de la sección Plataforma Art Lima 2019, “Experiencias/Incidencias”.