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El Museo de Arte de São Paulo (MASP) abrió su ciclo temático del año, titulado Historias de mujeres, historias feministas, con una gran muestra dedicada a Djanira da Motta e Silva (Avaré, 1914 – Río de Janeiro, 1979), una de las mayores artistas brasileñas, que en vida gozó de una carrera internacional y el reconocimiento de la crítica pero que, tras su muerte en 1979, tuvo poca visibilidad.

Esta exposición monográfica, la mayor dedicada a la artista en estos últimos 40 años, busca revisar y reposicionar su trabajo en el escenario artístico de Brasil. El título Djanira: a memória de seu povo [Djanira: la memoria de su pueblo] -prestado de un reportaje de los años 1970 de Mary Ventura- se refiere a la trayectoria de la artista, a su historia de vida y sus muchos viajes por Brasil, así como a su pintura profundamente comprometida con la realidad que la rodeó. Su obra plasma un extraordinario imaginario basado en la vida cotidiana, los paisajes y la cultura popular brasileños, asuntos frecuentemente marginados por las élites.

Los curadores de la exposición, Isabella Rjeille y Rodrigo Moura, han seleccionado cerca de 70 obras que se centran en la búsqueda de una pintura nativista y en los temas de la cultura popular a los que se dedicó a lo largo de toda su carrera, que es donde reside su contribución más original al modernismo brasileño.

“La obra de Djanira fue a veces etiquetada por la crítica como primitiva o ingenua, clasificaciones que hoy son entendidas como preconcebidas y perversas, pues reflejan una perspectiva elitista y eurocéntrica según la cual todas las obras que no siguen los estilos y gustos eruditos ‘oficiales’ eran consideradas menores: primitivas, ingenuas, naïfs”, señalan los curadores. “Esta exposición y el libro que la acompaña buscan reparar esos equívocos e incomprensiones, devolviendo la urgente visibilidad que la obra de Djanira merece y marcando su presencia fundamental en la historia del arte brasileño”.

Vista de la exposición "Djanira: a memória de seu povo", en el MASP, São Paulo, Brasil, 2019. Foto: Eduardo Ortega
Djanira, Mercado da Bahia , 1959, óleo sobre tela, 114,5 x 162 cm. Colección Roberto Marinho, Instituto Casa Roberto Marinho, Rio de Janeiro. Foto: Pedro Oswaldo Cruz

Autodidacta y de clase trabajadora, Djanira retrató sus vivencias y entorno social, pintando a amigos y vecinos, obreros y trabajadores rurales, paisajes del interior y manifestaciones sociales, culturales y espirituales, como las religiones afrobrasileñas, las poblaciones indígenas y las danzas folclóricas. «Siempre buscó la idea de una pintura brasileña que reflejara y forjara la identidad cultural de la nación», dice el curador Rodrigo Moura.

Organizada cronológicamente y en torno a núcleos temáticos que surgieron a lo largo de los años de viajes e investigaciones de la artista, la muestra abarca cuatro décadas de su producción, posibilitando así tanto un análisis amplio de su trayectoria como de los cambios de lenguaje por los cuales pasó a lo largo de su carrera. Djanira surge y se relaciona con una segunda fase del modernismo en Brasil, cuando el diálogo con las vanguardias europeas ya no es una cuestión tan importante y el interés de los artistas se dirige a la transposición de sus propias experiencias a sus obras.

De ascendencia austríaca por parte de madre e indígena por parte de padre, Djanira da Motta e Silva tuvo una infancia marcada por desplazamientos. Antes de casarse por primera vez, trabajó en labores de café y fue vendedora ambulante en São Paulo. A los 23 años contrajo tuberculosis y fue internada en Campos do Jordão, en el interior de São Paulo, donde comenzó a hacer sus primeros dibujos. En 1942 participó por primera vez en el Salón Nacional de Bellas Artes de Río y, al año siguiente realizó su primera muestra individual. En los años 40, se embarcó por su cuenta a Nueva York, donde pasaría una temporada. Allí, en 1946, tuvo una exposición en las galerías de la New School for Social Research, que sería visitada y comentada, con gran entusiasmo, por la entonces primera dama de Estados Unidos, Eleanor Roosevelt (1884-1962), en su programa de radio y columna de periódico, y reseñada también por los medios neoyorquinos. Antes de volver a Brasil, Djanira hizo una exposición en la Unión Panamericana en Washington. A su regreso, viajaría por el país, visitando diversas regiones a partir de los años 50, sobre todo Bahía, donde mantuvo un taller y registró escenas del comercio popular y se aproximó a la cultura afro-brasileña. Para el concurso Cristo de Color, promovido por el Teatro Experimental do Negro, pintó a Jesús como un hombre negro esclavizado siendo azotado en el Pelourinho de Salvador, una imagen que se remonta a la colonización brasileña. Esta obra puede verse en la exposición en el MASP.

También se exhibe, por primera en un museo, el panel Candomblé (1954), encargado por Jorge Amado y pintado para el apartamento del escritor en Río de Janeiro. Como el novelista, Djanira también tenía un fuerte compromiso político que la acercó al Partido Comunista Brasileño (PCB), la llevó a la Unión Soviética (URSS) y también a pintar escenas de trabajadores de Brasil. De la colección Casa Roberto Marinho se presentan en la exposición cuadros como Casa de Farinha (1956) y Serradores (1959), en que el trabajo es su principal tema.

«Los trabajos que ella produce a partir de los viajes por el país, entre los años 1950 y 1970, son testimonios de un Brasil en acelerada transformación», dice la curadora Isabella Rjeille. «Djanira veía la pintura como un lenguaje profundamente comprometido con la realidad social y cultural del país, sin renunciar a cierto rigor formal”.

Vista de la exposición "Djanira: a memória de seu povo", en el MASP, São Paulo, Brasil, 2019. Foto: Eduardo Ortega
Djanira, Feira da Bahia , 1956, óleo sobre tela, 80 x 116 cm. Colección particular, Salvador, Bahia. Foto: Andrew Kemp
Vista de la exposición "Djanira: a memória de seu povo", en el MASP, São Paulo, Brasil, 2019. Foto: Eduardo Ortega

Djanira fue apresada en 1964, en los primeros meses de la dictadura militar. El episodio tuvo un profundo impacto sobre la artista, que desde entonces se retiró de la vida pública, pasando 14 años sin realizar una exposición individual. En ese período, la artista no dejó de pintar, recibiendo coleccionistas personalmente y alejándose del mercado de arte tradicional tras refugiarse en su sitio en Paraty junto a su compañero, José Shaw da Motta e Silva. El regreso de la artista se dio con una muestra de unas 200 obras, organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes, en 1976. Fue su última gran exposición en vida.

«Estando en vida, Djanira tuvo una significativa exposición pública y mantuvo una intensa relación con la crítica. Sin embargo, su obra tuvo poca circulación desde su muerte. Esta exposición tiene como misión reparar esa ausencia, apuntando no sólo a la potencia y complejidad de su trabajo, sino también a su incuestionable relevancia hoy», dice Rodrigo Moura.

Djanira, Largo do Pelourinho, Salvador, Bahía,1955, óleo sobre tela, 81 x 115. Colección particular, Río de Janeiro. Foto: Jaime Acioli
Djanira, Paisagem do Sítio de Paraty, 1965, acrílico sobre tela, 130 x 195 cm. Colección Jones Bergamin, São Paulo. Foto: Everton Ballardin
Djanira, Trabalhadores de cal , 1974, óleo sobre tela, 90 x 116 cm. Museu Nacional de Belas Artes/IBRAM, Rio de Janeiro. Foto: Jaime Acioli

DJANIRA: A MEMÓRIA DE SEU POVO

 

O Museu de Arte de São Paulo (MASP) dá início à sua programação 2019, pautada pelo eixo temático Histórias das mulheres, histórias feministas, com uma grande mostra dedicada a Djanira da Motta e Silva (Avaré, 1914 – Rio de Janeiro, 1979). Uma das maiores artistas brasileiras, com carreira internacional e reconhecimento da crítica ainda em vida, Djanira teve pouca visibilidade após sua morte, em 1979.

Maior exposição monográfica dedicada à artista nesses 40 anos, com cerca de 70 obras e curadoria de Isabella Rjeille e Rodrigo Moura, Djanira:a memória de seu povo busca revisitar e reposicionar seu trabalho no cenário artístico brasileiro. O título —emprestado de uma reportagem dos anos 1970 de Mary Ventura— refere-se à trajetória da artista, à sua história de vida e suas muitas viagens pelo Brasil, bem como sua pintura profundamente engajada com a realidade à sua volta. No caso de Djanira, falar em memória remete ao extraordinário imaginário que a artista criou com base na vida cotidiana, nas paisagens e na cultura popular brasileira, em torno de assuntos frequentemente marginalizados pelas elites.

O recorte curatorial proposto pela exposição enfoca a busca da artista por uma pintura nativista e os temas da cultura popular aos quais se dedicou ao longo de toda a sua carreira – e onde reside sua contribuição mais original para o modernismo brasileiro. De origem social trabalhadora, Djanira retratou suas vivências e seu entorno social, pintando amigos e vizinhos, operários e trabalhadores rurais, paisagens do interior e manifestações sociais, culturais e espirituais, como religiões afro-brasileiras, populações indígenas e danças folclóricas. “A ideia de uma pintura brasileira que refletisse e forjasse a identidade cultural da nação é o que de fato sempre buscou”, diz o curador Rodrigo Moura.

Organizada cronologicamente e em torno de núcleos temáticos que surgiram ao longo dos seus anos de viagens e pesquisas, a mostra abrange quatro décadas da produção de Djanira, possibilitando tanto uma análise ampla de sua trajetória como das mudanças de linguagem pelas quais passou ao longo da carreira. Autodidata, Djanira da Motta e Silva surge e se relaciona com a segunda fase do modernismo no Brasil, quando o diálogo com as vanguardas europeias já não é uma questão tão importante e o interesse dos artistas se volta para a transposição de suas experiências para as suas obras.

A obra de Djanira foi por vezes rotulada pela crítica como arte primitiva ou ingênua, classificações que hoje são entendidas como preconceituosas e perversas, pois refletem uma perspectiva elitista e eurocêntrica segundo a qual todos os trabalhos que não seguem os estilos e gostos eruditos tidos como “oficiais” eram considerados menores — primitivos, ingênuos, naïfs. Esta exposição e o livro que a acompanha visam reparar esses equívocos e incompreensões, devolvendo a urgente visibilidade que a obra de Djanira merece e marcando sua presença fundamental na história da arte brasileira.

De ascendência austríaca por parte de mãe e indígena por parte de pai, Djanira da Motta e Silva teve uma infância marcada por deslocamentos. Antes de se casar pela primeira vez, trabalhou em lavouras de café e foi vendedora ambulante em São Paulo. Aos 23 anos, contraiu tuberculose e foi internada em Campos do Jordão, no interior de São Paulo, onde começou a fazer seus primeiros desenhos. Mudou para o Rio no final dos anos 1930 e, estimulada pelo convívio com pintores na pensão em que vivia em Santa Teresa, entre eles o refugiado romeno Emeric Marcier (1916-1990), matriculou-se em um curso noturno no Liceu de Artes e Ofícios, que frequentou por pouco tempo. Em 1942, participou pela primeira vez do Salão Nacional de Belas Artes, no Rio, e, no ano seguinte, realizou sua primeira mostra individual.

Nos anos 1940, embarcou por conta própria para Nova York, onde passaria uma temporada. Em 1946, expôs nas galerias da New School for Social Research. A exposição seria visitada e comentada, com grande entusiasmo, pela então primeira-dama dos Estados Unidos, Eleanor Roosevelt (1884-1962) em seu programa de rádio e coluna de jornal, e repercutida por outros veículos da imprensa nova-iorquina. Antes de voltar ao Brasil, Djanira faria ainda uma exposição na União Pan-americana em Washington.

No seu regresso, Djanira viajaria pelo país, visitando diversas regiões a partir dos anos 1950, sobretudo a Bahia, onde manteve um ateliê e registrou cenas do comércio popular e se aproximou da cultura afro-brasileira. Para o concurso Cristo de Cor, promovido pelo Teatro Experimental do Negro, pintou Jesus como um homem negro escravizado sendo açoitado no Pelourinho de Salvador, um ambiente que remonta à colonização brasileira. Esta tela estará em exposição no MASP. Também dos anos 1950, data o painel Candomblé(1954), encomendado por Jorge Amado e pintado para o apartamento do escritor no Rio de Janeiro. A obra será apresentada pela primeira vez em uma mostra de museu.

Em comum com o romancista, Djanira também tinha um forte engajamento político, que a aproximou do Partido Comunista Brasileiro (PCB), a levou à União Soviética (URSS) e também a pintar cenas de trabalhadores Brasil afora. Da coleção da Casa Roberto Marinho, entram na exposição quadros como Casade Farinha(1956) e Serradores (1959), em que o trabalho é seu principal tema.

“Os trabalhos que ela produz a partir das viagens pelo país, entre os anos 1950 e 1970, são testemunhas de um Brasil em acelerada transformação”, diz a curadora Isabella Rjeille. “Djanira via a pintura como uma linguagem profundamente engajada com a realidade social e cultural do país, sem abrir mão de certo rigor formal.”

Em 1964, Djanira foi presa nos primeiros meses da ditadura militar. O episódio teve profundo impacto sobre a artista, que a partir daí se retirou da vida pública, passando 14 anos sem realizar uma exposição individual. Nesse período, a artista não deixou de pintar, recebendo colecionadores pessoalmente e se afastando do mercado de arte tradicional, refugiando-se no seu sítio em Paraty ao lado de seu companheiro, José Shaw da Motta e Silva. O retorno da artista se deu com uma mostra de cerca de 200 obras, organizada pelo Museu Nacional de Belas Artes, em 1976, sua última grande exposição em vida.

“Djanira teve uma significativa exposição pública e manteve intensa relação com a crítica em vida. Contudo, sua obra teve pouca circulação desde sua morte. Esta exposição tem como missão reparar essa ausência, apontando não apenas para a potência e complexidade de seu trabalho, mas também para sua inquestionável relevância hoje”, diz Rodrigo Moura.

Vista de la exposición "Djanira: a memória de seu povo", en el MASP, São Paulo, Brasil, 2019. Foto: Eduardo Ortega

DJANIRA: A MEMÓRIA DE SEU POVO

Museu de Arte de São Paulo (MASP), Avenida Paulista, 1578, São Paulo, Brasil

Hasta el 19 de mayo de 2019

Imagen destacada: Djanira, Candomblé (Estudo de mural),1967, guache, 60 x 90 cm. Acervo Museus Castro Maya-IBRAM/MinC, Rio de Janeiro. Foto: Jamie Acioli