Por Pablo León de la Barra y Raphael Fonseca

 

Nuestro arte negro es aquel comprometido en la lucha por la humanización de la existencia humana, pues asumimos con Paulo Freire ser esta ‘la gran tarea humanística e histórica del oprimido: libertarse a sí mismo y libertar a los opresores’. 

Abdias Nascimento

 

En 1976, Abdias Nascimento (1914-2011) fue invitado a escribir acerca de la participación de Brasil en el Segundo Festival Mundial de Arte Negro y Cultura Africana, realizado en Lagos, Nigeria. La cita arriba mencionada y el título de su actual exposición en el MAC Niterói viene de uno de esos textos: Arte afro-brasileira: um espírito libertador (Arte afro-brasileño: un espíritu libertador). El autor expone la constante exclusión de artistas negros en las descripciones de un “arte brasileño”. Nascimento reafirma en todo momento su afiliación al candomblé y expone diversos nombres de artistas afro-brasileños que merecían ser conocidos, así como agentes de las artes visuales. Desde un artista del siglo XVIII como el escultor Aleijadinho hasta la artista bahiana Yêdamaria (fallecida en 2016), el autor nos enseña no solo acerca del racismo estructural, sino también de la importancia de las propuestas constructivas, algo común en toda su trayectoria como activista.

Esta exposición comparte la perspectiva propuesta por Abdias Nascimento y trae al público del MAC Niterói un aspecto de su propio “espíritu libertador”. Profesor, político, actor y teatrólogo, Nascimento es uno de los nombres más importantes para el establecimiento del movimiento negro en Brasil y en el mundo. Como una de las diversas actividades que integran su personalidad inquieta, esta muestra llama la atención a su producción como pintor y diseñador. Ocupando las cinco paredes del salón central, se muestran los diversos intereses del artista relacionados con los temas pintados, así como la constancia de sus opciones formales.

Abdias Nascimento, Xangô Rei, acrílico sobre tela, 140 x 100 cm. Rio de Janeiro, 1998. Cortesía: IPEAFRO
Abdias Nascimento, Yemanjá, Mãe das Águas e de Todos os Orixás, acrílico sobre tela, 52 x 70 cm. Rio de Janeiro

Las pinturas de Nascimento se caracterizan, mayormente, por sus relaciones con las historias religiosas afro-brasileñas. “Los Orixás son la fundación de mi pintura”, afirma en el texto antes citado. En la exposición vemos, por tanto, diversos cuadros dedicados a la representación de Exú, Iemanjá, Ogum, Oxossi y Xangô. La diversidad de los Orixás es presentada al espectador a partir del uso de la forma humana y, cada una a su manera, ofrece sus singularidades. Oxumaré, por ejemplo, aparece varias veces como una sirena, pero cada una de ellas tendrá un cromatismo y una iconografía distintas –una de ellas llega incluso a ser dedicada a Léa Garcia, gran actriz y también una de las pioneras del teatro negro en Brasil. Es interesante observar, además, que para Nascimento las divinidades, así como la vida, están en constante transformación.

Las pinturas que conforman la exposición se sitúan en un arco temporal que va de 1968 –año de su primera obra– a 1996. Perseguido por su activismo negro, el artista obtuvo una beca de la Fairfield Foundation para investigación e intercambio en los Estados Unidos en ese mismo año de 1968. Al final del período de la beca, en Brasil, el Acto Institucional nº5 había cerrado el Congreso e intensificado la represión política. Varias investigaciones policiales y militares instauradas contra Nascimento imposibilitaron su regreso al país. Así, su producción pictórica se confunde tanto con el extrañamiento de una cultura diferente a la suya, como también con la vuelta represiva del gobierno militar en Brasil. De ese período de exilio surgen pinturas que se comunican con su vivencia en un país extranjero y se relacionan con las causas de los movimientos negros, anti-guerra y de la contracultura en Estados Unidos.

El uso de banderas como íconos de las naciones, los tres puños cerrados característicos del movimiento de las Panteras Negras y el símbolo de paz y amor destacan y le dan otro ropaje interesante a su producción.

Abdias Nascimento, Ideograma Adinkra (Rio de Janeiro, 1992), acrílico sobre tela, 100 x 150 cm. Cortesía: IPEAFRO
Abdias Nascimento, Oxunmaré Ascende (Buffalo, 1971), acrílico sobre tela, 102 x 152 cm. Cortesía: IPEAFRO

Por último, otra serie de pinturas –en su mayoría posteriores a 1980– denotan la experimentación del artista con símbolos, grafismos y la abstracción moderna occidental. Son formas geométricas, líneas negras y colores variados que sugieren composiciones que beben de diferentes fuentes africanas. Los puntos hechos tradicionalmente con tiza (las ‘pembas’) en la Umbanda y el Candomblé aquí son transformados en tinta acrílica y a óleo sobre lienzo, y se mezclan con elementos de los jeroglíficos egipcios antiguos, con los ‘vevé’ -dibujos trazados en el vudú haitiano-, y con los símbolos adinkras de los pueblos Akan del África Occidental. Estas imágenes se debaten entre la contemplación del carácter plástico y comunicacional de elementos que provienen de culturas ancestrales, y la experimentación del lenguaje abstracto en la pintura conforme se ve en la cultura occidental en ese mismo período.

Esta exposición –abierta hasta el 4 de agosto de 2019- puede ser vista como una introducción de la producción pictórica de Abdias Nascimento a las generaciones más jóvenes y su primera exposición individual dentro de un museo de arte contemporáneo en Brasil. Los pocos más de treinta trabajos aquí mostrados son apenas parte de un acervo de obras que supera el centenar y que garantiza que su investigación como artista visual –junto a otros artistas negros, como apunta en su texto– esté incorporada en las exposiciones sobre la historia del arte contemporáneo en Brasil.


Imagen destacada: Abdias Nascimento, Quarteto Ritual n°2, acrílico sobre tela, 61 x 91 cm. Búfalo, EEUU, 1971. Cortesía: IPEAFRO