Cuando recientemente me encontré con Isabel Aninat en ARCOmadrid me habló de la exposición que estaba organizando con el sugerente título Entrecruce Latinoamericano: Travestismo Cultural. Y su argumentación me recordó un momento muy especial en esa compleja historia del devenir artístico de América Latina.

Porque especial es sin duda una de las bienales más fascinantes y también más olvidadas en esa rica historia ‘bienalística’: la 1° Bienal Latino-Americana de São Paulo (BLSP).

Celebrada en 1978 durante la junta militar que gobernaba Brasil tras haber depuesto a João Goulart en 1964 con el apoyo de la CIA, para variar, la bienal no fue ajena a presiones tanto de orden artístico como socio-político. Por aquel entonces, la Fundación de la Bienal de São Paulo (FBSP) organizaba en los años alternos a la bienal internacional las llamadas Bienais Nacionais (1970, 1972, 1974 y 1976). Estas bienales servían, de acuerdo a Camila Santoro Maroja, para “promover un regionalismo interno”[1].

La 1° Bienal Latino-Americana de São Paulo vino a sustituir la bienal nacional alternando con la internacional. No forjaría ninguna perspectiva diferente desde un punto de vista curatorial. Tampoco el título Mitos y magias era rabiosamente novedoso. Recordemos que la perspectiva latinoamericanista ya había sido explorada en la 1° Bienal Hispano-americana de Madrid en 1951, durante la 2° Bienal Hispano-americana de La Habana en 1954 y de nuevo en la 3° Bienal Hispano-americana de Barcelona en 1956. Además, también la Bienal de Córdoba (1958, 1960 y 1962) y la Bienal de Cortejel en Medellín (1968, 1970 y 1972) habían incidido en esa temática. De hecho, Hélio Oiticica, Artur Barrio y Lygia Pape mostraron su disconformidad participando en el evento contra-bienal Mitos Vadios organizado por Ivald Granado en un aparcamiento de la ciudad.

Huanchaco, O'Higgins, 2017, fotografía impresa en papel algodón, 106 x 139 cms. Cortesía Aninat Galería de Arte (Santiago de Chile)

Cuando la crítica decidió sobre el destino de América Latina…

Lo que fue extraordinario sin embargo fue el simposio centrado en el latinoamericanismo organizado por el crítico peruano afincado en México Juan Acha. La lista de participantes fue impresionante y entre ellos figuraban Jorge Glusberg, Mário Pedrosa, Néstor García Canclini, Mirko Lauer, Marta Traba, Darcy Ribeiro y, de Estados Unidos, Donald Goodall y Jacqueline Barnitz. En otras palabras: el who-is-who de la crítica latinoamericana de la época. Las mesas redondas tenían como temas Mitos y magia en el arte latinoamericano, Problemas generales del arte latinoamericano y Propuestas para la II Bienal Latinoamericana de São Paulo de 1980. Juan Acha no se anduvo con rodeos, yendo al corazón de la cuestión cuando afirmó que estamos trabajando con “modelos muertos” y nuestro desafío ha de ser elaborar una “teoría independiente que permita a nuestros artistas conceptualizar sus realidades artísticas” alejadas de los típicos “parámetros europeos y norteamericanos”[2]. En aquel mismo momento los brasileños Aracy Amaral y Frederico Morais proclamaron la idea de sustituir la bienal internacional de SP por una de carácter continental, id est, latinoamericana.

El hecho es que la 2° Bienal Latino-Americana de São Paulo de 1980 fue suspendida por “problemas de dinero y de tiempo”. A falta de exposición, la curadora Aracy Amaral aprovechó la ocasión para organizar la “Reuniâo de Consulta aos Críticos de Arte da América Latina” bajo el auspicio de la FBSP[3]. La reunión de tres días congregó una vez más a los críticos de arte y profesionales más granados de América Latina, entre los cuales figuraban Damián Bayón, Jorge Glusberg, Gloria Zea, Milan Ivelic, Marianne de Tolentino, Ticio Escobar y Angel Kalenberg. Se les pidió que votaran si se debía sustituir la bienal internacional por una latinoamericana. “De los 39 críticos presentes”, señala Santoro Maroja, “solo nueve votaron a favor de la propuesta de que solo hubiera una bienal latinoamericana; la decisión mayoritaria (23 votos a favor) apostaba por una bienal internacional con un acento latinoamericano”.[4]

Luis Romero, El descubrimiento de América, 2015, seis impresiones de fotocopias intervenidas con pintura en aerosol, 28 x 21,5 cm. Cortesía Aninat Galería de Arte (Santiago de Chile)

Instalado en el cómodo presente que nos permite interpretar el pasado de manera nostálgica, viciada y, sobre todo, anacrónica, no puedo dejar de hacerme la siguiente pregunta: ¿cuáles fueron las consecuencias de este rechazo para la Bienal de São Paulo en particular y para América Latina en general?

La respuesta es obviamente compleja y permite asumir diferentes perspectivas. En tal caso, lo más seguro es entonces ceder la palabra a dos de sus protagonistas: Aracy Amaral y Juan Acha. Decepcionada, Amaral argumentó que la cancelación de la BLSP era una “insostenible manifestación de desconfianza hacia el propio arte como un valor autónomo y de un interés por seguir manteniéndose atados al sistema del arte de las grandes metrópolis […] y de miedo al aislamiento”[5]. Por su lado, Juan Acha atribuyó el fracaso a “nuestro colonialismo mental o dependencia cultural” de Europa como también al aún persistente miedo a “la politización o sociologización de los asuntos artísticos”[6]. Como solución, Acha proponía crear “bienales de investigación sin premios” o “bienales del crítico de arte” en las que el crítico seleccionaba los artistas, trabaja dentro de un tema-paraguas y organiza mesas redondas y simposios complementarios.[7] En otras palabras: Acha propugnaba por aquel entonces el tipo de bienal de las que ahora se ha apropiado el curador…

Básicamente, tanto Amaral como Acha denunciaron la persistencia de una actitud ‘de mentes colonizadas’ en América Latina.

Conjuntamente con otros críticos, Amaral y Acha no cejarían en su empeño de continuar con el debate centro-periferia y las relaciones de dependencia. De hecho, la oportunidad se presentaría un año después con motivo del recién inaugurado Museo de Arte Moderno de Medellín. Allí se organizaría el Primer Coloquio de Arte No-Objetual[8].

Por razones que excederían con mucho la extensión de este breve artículo, el hecho es que Brasil nunca se consideró realmente relacionado con el resto de América Latina (otro tanto se puede decir de Chile, esa Alemania de América Latina a decir del chileno). Y Hélio Oiticia es un perfecto ejemplo. Leamos lo que le confió a Lygia Pape con motivo de Mitos Vadios: “Yo entiendo que Brasil tiene más que ver con Nueva York que con otros países latinoamericanos. O con algunas tradiciones europeas”[9]. Pero incluso el propio Paulo Herkenhoff, con motivo de la Bienal da Antropofagia en 1998, “evitó la cuestión continental” por completo enfocándose en su lugar en “la posición post-colonial de Brasil con respecto a Europa”[10].

La pregunta que les dejo a ustedes, queridos lectores, que seguro saben más que yo del asunto y que esta exposición en la Galería Isabel Aninat plantea, es: ¿qué hubiera sido si en 1978 los críticos latinoamericanos allí reunidos hubieran apostado por una Bienal de São Paulo latinoamericana? ¿Ello hubiera desatado un cambio de paradigma como dice hoy la gente fina? ¿Hubiera alterado las relaciones serviles centro-periferia? En resumen: ¿hubiera cambiado el destino del arte de América Latina?

Si el año 1968 fue el año que supuso el cambio de las reglas de juego en la historia de las bienales, 1978 es para América Latina el año de lo que pudo ser y nunca fue.

 


[1] Camila Santoro Maroja, “Framing Latin American Art: Artists, Critics, Institutions and the Configuracion of a Regional Identity”, tesis doctoral Universidad de Duke (2015), 81.

[2] Carla Francisca Fatio, “I Bienal Latino-Americana de 1978: pelo viés do pensamento crítico de Juan Acha,” Anais do II Simpósio Internacional Pensar e Repensar a América Latina, Escola de Comunicaçôes e Artes da Universidade de São Paulo (17-21 de octubre 2016).

[3] Santoro Maroja, 114.

[4] Santoro Maroja, 115

[5] Aracy Amaral, “Críticos de América Latina votan contra una Bienal de Arte Latinoamericano,”Re-vista del Arte y la Arquitectuctura en América Latina, vol. 2 no. 6 (1981), 36.

[6] Juan Acha, “Las bienales en América Latina hoy,” Re-vista del Arte y la Arquitectuctura en América Latina, vol. 2, no. 6 (1981), 16.

[7] Ibid.

[8] Alexa Halaby, “The 1968, 1970, and 1972 Coltejer Art Biennals: Six Years of Cultural Revolution in Medellín, Colombia”, Guggenheim UBS Map (2 de septiembre de 2015), sin paginar.

[9] Lygia Pape, “Fala, Hélio,” Revista de Cultura Vozes, vol. 72 no. 5 (1978), 363-370

[10] Isobel Whitelegg, “Brazil, Latin America: The World,” Third Text, vol. 26, edición 1 (enero de 2012), 139.

*Imagen destacada: Artoon, de Pablo Helguera, 2019. Cortesía del artista y Jorge Pinto Books, NY

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Paco Barragán

Crítico y comisario de exposiciones. Cursa un doctorado en Historia del Arte en la Universidad de Salamanca (USAL). Entre 2015 y 2017 fue curador de Artes Visuales de Matucana 100, Santiago de Chile. Entre las exposiciones que ha realizado internacionalmente figuran The End of History… and the Return of History Painting, para el Museo de Arte Moderno de Arnhem, Países Bajos; ¡Patria o libertad! On Patriotism, Nationalism and Populism, para el MOCCA de Toronto; Read My Lips! On the Representation of the Death of Osama Bin Laden, para Castrum Peregrini, Amsterdam; Visita guiada: artista, museo, espectador, para el MUSAC de León; y No lo llames Performance/ Don´t Call it Performance, para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) y el Museo del Barrio de Nueva York. Entre sus publicaciones figuran The Art to Come (2002), The Art Fair Age (2008) y When a Painting Moves… Something Must be Rotten (2010). Actualmente es Contributing Editor de Artpulse (EEUU).