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En el año 2012, la curadora Fernanda Brenner (Brasil, 1986) fundó Pivô, un espacio de arte contemporáneo sin fines de lucro ubicado en São Paulo, y desde entonces se desempeña como su directora artística. Instalado en el emblemático Edificio Copan, un hito urbano en el paisaje de São Paulo diseñado por Oscar Niemeyer, Pivô se ha instaurado en el circuito local e internacional con un estimulante programa de exposiciones, charlas y residencias para artistas que ponen énfasis en la interacción con su singular arquitectura. De su experiencia como directora de Pivô, de lo que significa la gestión cultural con presupuestos acotados y en un país gobernado por un presidente de ultra derecha nos comenta Brenner en esta entrevista, realizada también a propósito de la curaduría que está haciendo -junto a la emiratí Munira Al Sayegh– de la sección Residentes de la feria Art Dubai, que se celebra del 20 al 23 de marzo y que este año por primera vez se enfoca en América Latina.

Vista exterior de Pivô. Edificio Copan, São Paulo © Everton Ballardin

Alejandra Villasmil: Como espacio independiente enfocado en exposiciones con artistas fuera del mainstream y un programa de residencias que profundiza en la relación de los artistas con el espacio, entre ellos y con el entorno de la ciudad de Sao Paulo, Pivô es, a mi modo de ver, un modelo potencialmente replicable en otros países de la región latinoamericana. Pivô está en ese privilegiado terreno entre el mercado y la institución, y pareciera que siente cómodo y orgulloso de estar ahí. ¿Cuál es el enfoque que has querido dar a este espacio y cómo se perfila hacia el futuro, tomando en cuenta su sustentabilidad económica como organización sin fines de lucro?

Fernanda Brenner: No sé si el enfoque es en los artistas fuera del mainstream; no sé bien lo que eso quiere decir. A veces trabajamos con artistas bastante establecidos en el circuito y que, en Pivô, presentan la parte más experimental de su trabajo, o se proponen trabajar de otra manera. Creo que esa es la misión central del espacio: crear las condiciones para que proyectos ocurran en ese espacio inusual y en ese edificio icónico de São Paulo. Por eso hemos trabajado esencialmente con proyectos individuales e inéditos, en los que la institución se involucra verticalmente con cada artista por un período prolongado. Creo que el modelo es sí replicable, y me imagino que es igualmente difícil mantener un proyecto así en cualquier país de América Latina. Hasta hoy, Pivô se enfrenta al desafío constante de mantenerse funcionando; dependemos de muchas fuentes de apoyo y ninguna de ellas es completamente estable. En el futuro espero poder crear las condiciones para planificar el programa a más largo plazo; es muy difícil mantener un estándar de calidad de exposiciones y residencias sin saber cómo será el próximo año financieramente. Para ello ampliamos recientemente el equipo y estamos trabajando bastante en la institucionalización del espacio y revisando su estructura.

AV: Paradójicamente, Brasil fue uno de los últimos países en abolir la esclavitud y tiene aún la mayor población de descendencia africana en el mundo. Bajo el gobierno de ultra derecha de Jair Bolsonaro, ¿cuál ha sido hasta ahora la postura de la escena artística brasileña para hacer frente a su extrema ideología y sus políticas anti-feministas, racistas y aquellas que atentan contra la diversidad sexual?

FB: Sin duda el gobierno de Bolsonaro asume posiciones contrarias a la de la inmensa mayoría del sector cultural. Creo que el actual escenario político nos ha obligado a repensar metodologías de trabajo y participación social. He visto mucha voluntad de colaboración entre los agentes del sector cultural y tomar forma a varias iniciativas críticas al gobierno. Todos somos conscientes de que, si no trabajamos juntos para asegurar la libertad de programación y expresión de los espacios culturales, muchas cosas pueden ponerse en riesgo.

Vista de la exposición O mundo real não alça voo [El mundo real no alza el vuelo], de Rodrigo Hernández, en Pivô, São Paulo. Foto: © Everton Ballardin

AV: En los últimos tres años, el Museo de Arte de São Paulo (MASP) ha llevado adelante un sólido programa de exposiciones que reivindican “otras historias” (Historias de la Infancia, Historias de la Locura, Historias de la Sexualidad, Historias de la Esclavitud, Historias Feministas). Ahora Pivô acoge la muestra Sobre o futuro das relações transatlânticas do Sul, que tuvo lugar en Salvador y Rio de Janeiro, en asociación con el Instituto Goethe en Brasil. Los trabajos que integran la exposición, cada uno en su manera, participan en el proceso de la (des/re) construcción de historias capaces de transformar nuestra percepción acerca de los desarrollos sociales, políticos, económicos y culturales de esa región. Parece que estamos ante un momento bisagra en Brasil, donde muchas cosas pueden cambiar desde el arte. ¿O es ingenuo pensar eso?

FB: Creo que sí; me parece el comienzo de un cambio gradual de paradigma, al menos dentro de la pequeña burbuja del arte contemporáneo. No sólo en Brasil, sino en el mundo. Hoy en día poca gente hace un proyecto de curaduría sin pensar en la proporción entre hombres y mujeres en la lista de artistas, y las cuestiones de identidad y de género, además de la noción de “descolonización”. Son temas que están en el núcleo de muchas cuestiones institucionales actualmente, como las contrataciones, la configuración de consejos consultivos y las estrategias de mediación con el público. Estas cosas tardan tiempo, pero creo que la mentalidad ya es radicalmente diferente respecto a hace diez años.

AV: Un caso concreto de las prácticas de biopoder que vienen ensombreciendo el panorama cultural, y artístico en particular, de Brasil, fue la censura de la muestra Queermuseu, en el Centro Cultural Santander de Porto Alegre. ¿Cómo crees que las instituciones del arte pueden negociar con el público o con ‘representantes del poder’ estos episodios de censura?

FB: Creo que las instituciones tienen que posicionarse siempre y usar medios legales y la movilización social para asegurar su autonomía. Los tiempos complicados a veces piden actitudes más radicales de directores artísticos y directivos de museos. Para mí siempre pasa por una cuestión de ética y toma de partido, de hacer hincapié en lo que es innegociable, en lo que garantiza la relevancia y la calidad de lo que es mostrado en esos lugares. Tal vez sea un buen momento para que las instituciones culturales repiensen sus estrategias de medición y el contenido de los programas públicos.

Uno de los talleres del espacio residencial de Pivô. Foto: © Julia Thompson

AV: Cuéntame ahora de tus intereses en los campos de la investigación y la curaduría. ¿Qué temas estás trabajando y cuáles te gustaría abordar tanto dentro como fuera de Pivô?

FB: Estoy pensando bastante sobre lo que significa la residencia artística y el desplazamiento de contexto en la práctica personal de los artistas. Estoy trabajando hace bastante tiempo con eso en Pivô y creo que actualmente encontramos un modelo bien interesante. He pensado bastante sobre la bioética y la relación entre especies, en teorías que problematizan la hegemonía de la perspectiva humana en relación a la naturaleza. Actualmente estoy haciendo un proyecto con el artista Tiago Carneiro da Cunha que investiga lo que significa la idea de “sentido común” y los estereotipos latinoamericanos, en la galería Bergamin Gomide.

AV: Entre tus últimos trabajos está la co-curaduría, junto a Munira Al Sayegh, de la sección Residentes de Art Dubai, que este año se enfoca en América Latina. ¿Cómo se da tu acercamiento a la feria y que líneas de trabajo se busca destacar a través de los artistas seleccionados, que provienen de Brasil, Uruguay, Argentina, Cuba y Colombia?

FB: La idea de la sección es mostrar cuán diversa y heterogénea es la producción de esa región. No puedo pensar en una idea común de “arte latinoamericano”, creo que esa compartimentación es complicada. Es un área enorme, con vastas diferencias culturales, sociopolíticas y de lenguaje. El foco de la sección está en los artistas y en lo que les interesa particularmente, y no en divisiones geográficas y geopolíticas. El punto de partida del proyecto es el intercambio, la idea de producir fuera del contexto de trabajo en una región desconocida para todos. Los trabajos imprimen ese desplazamiento; la gran mayoría de ellos no podría haber sido hecha en los propios talleres de esos artistas.

Laura Lima,"Frias", 2018. artista participante en la sección "Residentes" de Art Dubai 2019. © Cortesia de la artista / A Gentil Carioca

FERNANDA BRENNER SOBRE A DIREÇÃO DO PIVÔ, BRASIL SOB UM GOVERNO DE ULTRA DIREITA, E SUA CURADORIA PARA ART DUBAI

 

Em 2012, a curadora Fernanda Brenner (Brasil, 1986) fundou o Pivô, um espaço de arte contemporânea sem fins lucrativos localizado em São Paulo, e desde então ela tem sido sua diretora artística. Instalado no icônico Edifício Copan, um marco urbano no cenário paulistano projetado por Oscar Niemeyer, o Pivô se estabeleceu no circuito local e internacional com um estimulante programa de exposições, palestras e residências para artistas que enfatizam a interação com sua arquitetura única. De sua experiência como diretora do Pivô, do que significa gestão cultural com orçamentos limitados e em um país governado por um presidente da ultra direita, Brenner nos conta nesta entrevista, também feita sobre a curadoria que ele está fazendo -junto com o emirati Munira Al Sayegh– da seção Residentes da feira Art Dubai, que acontece de 20 a 23 de março e que este ano pela primeira vez se concentra na América Latina.

Alejandra Villasmil: Como um espaço independente focada em exposições com artistas fora do mainstream e um programa de residência que investiga a relação dos artistas com espaço entre eles e os arredores da cidade de São Paulo, Pivo é, na minha opinião, um modelo potencialmente replicável em outros países da região latino-americana. O Pivô está naquele lugar privilegiado entre o mercado e a instituição, e parece que ele se sente confortável e orgulhoso por estar lá. Qual é a abordagem que você queria dar a este espaço e como ele está moldando o futuro, tendo em conta a sua sustentabilidade econômica como uma organização sem fins lucrativos?

Fernanda Brenner: Eu não sei se o foco é em artistas fora do mainstream, não sei bem o que isso quer dizer. As vezes trabalhamos com artistas bastante estabelecidos no circuito e que, no Pivô, apresentam a parte mais experimental de seu trabalho ou se propõem a trabalhar de outra maneira. Acho que essa é a missão central do espaço, criar as condições para que projetos aconteçam nesse espaço incomum e nesse edifício incônico de São Paulo. Por isso temos trabalhado essencilamente com projetos individuais e inéditos, em que a instituição se envolve verticalmente com cada artista por um período prolongado. Acredito que o modelo é sim replicável, e imagino que seja igualmente difícil manter um projeto assim em qualquer país da América Latina. Até hoje o Pivô encontra um desafio constante de se manter funcionando, dependendemos de muitas fontes de apoio e nenhum deles é completamente estável. No futuro espero conseguir criar as condições para planejar o programa a mais longo prazo, é muito difícil manter um padrão de qualidade de exposições e residências sem saber como será o próximo ano financeirmente. Para isso ampliamos recentemente a equipe e estamos trabalhando bastante na institucionalização do espaço e revendo a sua estrutura.

AV: Paradoxalmente, o Brasil foi um dos últimos países a abolir a escravidão e ainda tem a maior população de ascendência Africana no mundo. Sob o governo de direita de Jair Bolsonaro, o que até agora tem sido a posição do cenário artístico brasileiro para lidar com sua extrema ideologia racista e politicas anti-feminista, e aqueles que ameaçam a diversidade sexual?

FB: Sem dúvida o governo Bolsonaro assume posições contrárias à da imensa maioria do setor cultural. Eu acho que o atual cenário político nos obrigada a repensar metodologias de trabalho e envolvimento social. Tenho visto muita vontade de colaboração entre os agentes do setor cultural e várias iniciativas críticas ao governo tomarem forma. Estamos todos conscientes que se não trabalharmos juntos para assegurar a liberdade de programação e expressão dos espaços culturais, muita coisa pode ser colocada em risco.

AV: Nos últimos três anos, o MASP tem prosseguido um forte programa de exposições alegando “Outras Histórias” (Histórias da infância, Histórias da loucura, Histórias da sexualidade, Histórias da escravidão, Histórias feministas). Pivo agora abriga a exposição Sobre o futuro das relações transatlânticas do Sul, que aconteceu em Salvador e no Rio de Janeiro, em parceria com o Instituto Goethe. Os trabalhos que integram a exposição, cada um de sua maneira, participam do processo da (des/re)construção de histórias capazes de transformar nossa percepção acerca dos desenvolvimentos sociais, políticos, econômicos e culturais dessa região. Parece que estamos diante de um momento de dobradiça no Brasil, onde muitas coisas podem mudar da arte. Ou é ingênuo pensar isso?

FB: Eu acho que sim, me parece o início de uma mudança gradual de paradigma, pelo menos dentro da pequena bolha da arte contemporânea. Não só no Brasil, mas no mundo. Hoje em dia pouca gente faz um projeto de curadoria sem pensar na proporção entre homens e mulheres na lista de artistas, e as questões de identidade e de gênero, além da noção de “descolonização” estão no cerne de muitas questões institucionais atualmente, como contratações, configuração de conselhos consultivos e estratégias de mediação com o público. Essas coisas levam tempo, mas acho que a mentalidade já é radicalmente diferente de dez anos atrás.

AV: Um caso de práticas de biopoder que estão ofuscando o panorama cultural artística, e em particular o Brasil, foi a censura da mostra Queermuseu no Centro Cultural Santander de Porto Alegre. Como você acha que as instituições de arte podem negociar com o público ou com ‘representantes do poder’ esses episódios de censura?

FB: Eu acho que as instituições têm que se posicionar sempre e usar de meios legais e mobilização social para assegurar sua autonomia. Tempos complicados às vezes pedem atitudes mais radiciais de diretores artísticos e diregentes de museus, para mim sempre passa por uma questão de ética e tomada de partido, em bater o pé no que é inegociável, no que garante a relevância e a qualidade do que é mostrado nesses lugares. Talvez esse seja um bom momento para as instituições culturais repensarem  suas estratégias de medição e o conteúdo dos programas públicos.

AV: Conte-me agora sobre seus interesses nas áreas de pesquisa e curadoria. Em quais tópicos você está trabalhando e quais você gostaria de abordar dentro e fora do Pivô?

FB: Eu ando pensando bastente sobre o que significa a residência artística e o deslocamento de contexto na prática pessoal dos artistas. Estou trabalhando há bastante tempo com isso no Pivô e acho que atualmente encontramos um modelo bem interessante. Tenho pensando bastante sobre bioética e na relação entre espécies, em teorias que problematizam a hegemonia da perspectiva humana em relação à natureza. Atualmente estou fazendo um projeto com o artista Tiago Carneiro da Cunha que investiga o que significa a ideia de “senso-comum” e os estereótipos latino-americanos, na galeria Bergamin Gomide.

AV: Entre o seu mais recente trabalho é o co-curadoria, com Munira Al Sayegh, a seção Residents do Art Dubai, que este ano se concentra na América Latina. Como a sua abordagem é dada ao justo e linhas de trabalho procura destacar através dos artistas selecionados, que vêm de Brasil, Uruguai, Argentina, Cuba e Colômbia?

FB: A ideia da seção é mostrar o quão diversa e heterogênea é a produção dessa região. Não consigo pensar numa ideia comum de “arte latino-americana”, acho essa compartimentação complicada. É uma área enorme, com vastas diferenças culturais, sociopolitícias e de linguagem. O foco da seção está no artistas e no que os interessa particularmente, e não em divisões geográficas e geopolíticas. O ponto de partida do projeto é o intercâmbio, a ideia de produzir fora do contexto de trabalho, em uma região desconhecida para todos. Os trabalhos imprimem esse deslocamento, a grande maioria deles não poderia ter sido feita nos próprios ateliês desses artistas.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.