La feria ARCO estuvo signada desde su apertura el pasado 27 de febrero por el juego mediático instalado por el Ninot del Rey Felipe VI, y por el deslumbramiento ante la pieza más cara de esta edición, un Miró valorado en cuatro millones de euros. Pero de ARCO hay otras noticias que contar. La feria madrileña, que cerró hoy 3 de marzo, guardaba otras –auténticas- joyas por descubrir, esas que a veces se escurren de los flashes y los titulares.

Tras varios recorridos por su 38° edición, a ARCO la miro como una feria bullente y sólida –mejorable, como todo evento debe pretender-, abierta a la experimentación, la diversidad y a tomarse ciertos riesgos, sobre todo a través de sus secciones comisariadas, Diálogos y Opening, y de su programa ‘país invitado’, que este año recayó en Perú.

Circulando por su nuevo diseño espacial, me topé con propuestas de artistas y galeristas que, por su invitación a la pausada reflexión de temas contingentes, me llevaron a mirar la feria más como una gran exposición mundial que como una convención de expositores, como cierto panorama de las prácticas artísticas contemporáneas de Europa y América Latina capaz de ofrecer densidades y texturas rescatables más allá del valor que asigna el mercado.

No es fácil seleccionar favoritos entre la amplia oferta de 203 galerías de 31 países que ARCO ofreció este 2019. Por tanto, lo que aquí se destaca son propuestas que, a mi criterio, han brillado por precisamente eludir lo esperado del formato ferial, por sus incisivos modos discursivos y de representatividad, por el rescate de un arte honesto y comprometido –y a veces olvidado por la historia-, por insuflar de aires frescos al sobresaturado ambiente mercantil de los Pabellones 7 y 9 de IFEMA.

Stand de ABRA Caracas en ARCO 2019. Cortesía de la galería
Sheroanawë Hakihiiwë, Kamie ya uriji pi jami Parawa ujame theperekui uriji terimi thepe komi kua (Donde yo vivo en mi selva y en el río Orinoco también viven todos estos animales), en ABRA Caracas. Foto: Alejandra Villasmil
Sheroanawë Hakihiiwë, Kamie ya uriji pi jami Parawa ujame theperekui uriji terimi thepe komi kua (Donde yo vivo en mi selva y en el río Orinoco también viven todos estos animales), en ABRA Caracas. Foto: Alejandra Villasmil

DIÁLOGOS

Co-curado por Agustín Pérez Rubio y Catalina Lozano, este programa por sí mismo merecía una visita a ARCO. En él se entablaron conversaciones intergeneracionales entre 26 artistas de 13 galerías, buena parte de ellos trabajando cuestiones de género (feminismos, identidades queer), raza y narrativas indígenas desde una mirada decolonial.

La propuesta de ABRA Caracas fue sin duda la más estimulante de esta sección, tanto por la sensibilidad y lo genuino de las obras de los artistas presentados, Sheroanawë Hakihiiwë (1971) y Valerie Brathwaite (1940), como por el contexto adverso en el que ellos las desarrollan. Ambos artistas, asentados en la convulsionada Venezuela, provienen de ‘zonas periféricas del arte’ (Brathwaite de la isla de Trinidad; Sheroanawë del Amazonas venezolano), y por largos años han construido carreras que hoy, finalmente, están siendo reconocidas. Para los dos, estar en ARCO ha sido la oportunidad de dar a conocer sus trabajos fuera del contexto venezolano, y si bien en Venezuela su obra ha sido consistentemente promovida por su galería, las circunstancias del país han limitado también su plena internalización. ABRA, como galería, y sus artistas aquí representados, son ejemplos de resistencia.

Sheroanawë Hakihiiwë, que vive en Pori Pori, una comunidad yanomami de difícil acceso ubicada en el Alto Orinoco, presentó su obra Kamie ya uriji pi jami Parawa ujame theperekui uriji terimi thepe komi kua (Donde yo vivo en mi selva y en el río Orinoco también viven todos estos animales), un políptico de 63 dibujos que sintetizan -mediante patrones de repetición abstractos- determinados atributos de animales que habitan en el Amazonas. La obra llevó al artista a ser reconocido con el Premio Illy en la misma feria, por su articulada interpretación de la cosmogonía y el imaginario indígena, y fue inmediatamente después adquirida por la Colección Cisneros.

Valerie Brathwaite, en tanto, mostró un conjunto de trabajos que repasan su trayectoria, desde 1962 hasta el presente, desde obras gráficas y dibujos hasta esculturas blandas y en bronce, que dan cuenta de su imaginario basado en las formas orgánicas propias de la naturaleza y el cuerpo femenino.

Valerie Brathwaite con su obra, en ABRA Caracas. Feria ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil

Otra colaboración fructuosa es la que se dio entre Ruth Wolf-Rehfeldt (Alemania, 1932) y Rodrigo Hernández (México, 1983). El stand de la galería ChertLüdde (Berlín) se configuró con una arquitectura de cubículos que invitaban a contemplar de manera cercana y privada las asombrosas composiciones poéticas de Wolf-Rehfeldt, hechas con máquina de escribir, y que ella denomina «typewritings». Estos delicados trabajos funcionan especialmente en diálogo con las imponentes esculturas en papel maché, abstractas y coloridas, de Hernández, quien además diseñó el papel mural para el stand inspirado en la gráfica de los typewritings.

En P.P.O.W. (Nueva York) se desplegó el encuentro notable entre Carlos Motta (Colombia, 1978) y David Wojnarowicz (EEUU, 1954-1992). Ambos artistas comparten la pulsión de rebelión contra el catolicismo y contra las agresiones de Estados Unidos en Latinoamérica, por un lado, y frente a la opresión y discriminación de las identidades queer, por el otro, e incluso sus lenguajes visuales coinciden en ciertos elementos, como las calaveras, las serpientes y otros símbolos de la muerte. Motta curó el stand en respuesta a la obra de Wojnarowicz, y además creó especialmente para la feria un nuevo autorretrato con calavera.

En Diálogos se establecían además relaciones entre artistas mujeres exclusivamente: en Instituto de Visión (Bogotá), entre Ofelia Rodríguez y Carmen Argote; en La Acacia (La Habana), entre Marta María Pérez y Liset Castillo; en Luisa Strina (São Paulo), entre Anna Maria Maiolino y Magdalena Jitrik; en Patricia Ready (Santiago de Chile), entre Cecilia Vicuña y Voluspa Jarpa; y en Proyectos Ultravioleta (Guatemala), entre Elisabeth Wild y Vivian Suter, un caso donde además la conversación se da entre madre e hija.

Carlos Motta (Colombia, 1978) y David Wojnarowicz (EEUU, 1954-1992), en la sección Diálogos de ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Ruth Wolf-Rehfeldt (Alemania, 1932) y Rodrigo Hernández (México, 1983), en la galería ChertLüdde, parte de la sección Diálogos de ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Ruth Wolf-Rehfeldt (Alemania, 1932) en la galería ChertLüdde, parte de la sección Diálogos de ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Voluspa Jarpa, en la galería Patricia Ready, parte de la sección Diálogos de ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Cecilia Vicuña, en la galería Patricia Ready, parte de la sección Diálogos de ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Elisabeth Wild y Vivian Suter en Proyectos Ultravioleta, parte de la sección Diálogos de feria ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil

PERÚ EN ARCO

En el Pabellón 7, al fondo, estaba la sección Perú en ARCO, comisariada por Sharon Lerner, curadora de arte contemporáneo del Museo de Arte de Lima. El espacio, diseñado por las arquitectas peruanas Mariana Leguía y Maya Ballén, se desligaba del tradicional patrón ferial para permitir un recorrido lúdico, con cierto efecto sorpresa. Lerner hizo allí una presentación que apostó a artistas de mediana carrera en su mayoría establecidos internacionalmente, o que han desarrollado buena parte de su obra fuera de su país. Con esto, busca introducir ciertos nombres al diverso público internacional que visita la feria y, eventualmente, inscribirlos en instancias institucionales, críticas y de circulación del circuito internacional. Sin duda, para la gran mayoría de los visitantes, todos habrán sido revelaciones. Para mí, ha sido la obra de Herbert Rodríguez (Lima, 1959), artista representado por Henrique Faria New York que, a través de collages que yuxtaponen imágenes vernáculas y titulares de la prensa peruana, da cuenta del discurso de los medios y el poder, el racismo, la diversidad sexual, la violencia insurgente y la corrupción institucional con un lenguaje confrontacional, ácido y crítico.

Fuera de este espacio, la feria acogió siete galerías peruanas –80M2 Livia Benavides, Del Paseo, Forum, Ginsberg, Impakto, Revolver y Wu– que presentaron a sus artistas en los stands de la sección general. En Ginsberg descubrí un inquietante corto animado de Mariana Román (Lima, 1989), Control de la respiración, mientras que en Revolver pude ver parte del video Mi Cholo, un trabajo de 2004 –casi de culto- de Philippe Gruenberg (Lima, 1972), en el que hace una edición experimental del emblemático largometraje Cholo (1972), del cineasta Bernardo Batievsky, para comentar sobre las identidades y exclusiones sociales del Perú. Artista que se desplaza cómodamente en diversos soportes, Gruenberg también creó especialmente para la feria una serie de impresiones valoradas en un euro, con la frase: Ay, este me encanta! Lástima que no tengo la pared. Una obra accesible que inserta con humor la crítica institucional dentro de la misma feria… y sin escándalos.

Alberto Borea en Revolver (Lima). ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Ximena Garrido-Lecca, al frente, y Gilda Mantilla & Raymond Chaves, al fondo. Vista de la sección Perú en ARCO, 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Fotografías de Juan Enrique Bedoya en la sección Perú en ARCO, 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Teresa Burga en la sección Perú en ARCO, 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Herbert Rodríguez en la sección Perú en ARCO, 2019. Foto: Alejandra Villasmil

OPENING

La sección por excelencia para conocer a artistas jóvenes o lo que suele estar fuera del mainstream fue comisariada este año por Ilaria Gianni y Tiago de Abreu Pinto, quienes dieron con una selección bastante coherente de proyectos y artistas emergentes de diversos países. Las 21 galerías participantes cuentan con una trayectoria de no más de siete años, y llevaron a ARCO -a tono con el espíritu sintetizador de la feria- propuestas acotadas a uno o dos artistas. Entre ellas encontré muy buenas duplas, como las de Andrés Pereira Paz (Bolivia, 1986) y Glauber Ballestero (Cuba, 1977) en House of Egorn (Berlín), o Jorge González (Puerto Rico, 1981) y Claudia Peña Salinas (México/EEUU, 1975), en Embajada (Puerto Rico).

Pero es Sindicato, una galería dominicana llevada por artistas que sigue recalando a escala internacional, la que me cautivó con su proyecto de colaboración entre Quisqueya Henríquez (Cuba/República Dominicana, 1966) y Pepe Mar (México/EEUU, 1977). Sus identidades híbridas, de cara al Caribe, propician una ‘economía de la amistad’ que se traduce en una práctica conjunta espontánea y libre, lúdica y desprejuiciada. En ARCO, expusieron obras tanto individuales como en coautoría, entre ellas Fabric by the Yard, un extenso rollo de tela impreso con coloridos motivos trabajados por ambos. Este collage sobre tela, con patrones que no se repiten por cada metro de extensión (es decir, cada metro de tela es una pieza única), estaba dispuesto sobre una gran mesa, y se vendía a 2.000 euros la yarda. Y vendieron.

Quisqueya Henríquez y Pepe Mar en el stand de Sindicato (República Dominicana), sección Opening de feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil

SOLO/DUO

Dentro de la sección general de la feria, algunas galerías optaron por presentaciones limitadas a uno o dos artistas. Es el caso de Fernando Bryce (Perú, 1965) y Diango Hernández (Cuba, 1970), en Barbara Thumm (Berlín); o Cinthia Marcelle (Brasil, 1974) y Carla Zaccagnini (Buenos Aires, 1973), en Vermelho (São Paulo).

La londinense Richard Saltoun destacó con su homenaje a dos artistas ya consagrados vinculados a la abstracción latinoamericana: Gustavo Pérez Monzón (Cuba, 1956) y Gego (Alemania, 1912/Venezuela, 1994). En el stand se presentaron obras raras sobre papel de Gego en diálogo con trabajos recientes de Pérez Monzón quien, luego de ser redescubierto por la coleccionista Ella Cisneros, acaba de tener una muestra en esta galería tras una pausa de casi 40 años.

Walden (Buenos Aires), en tanto, exhibió en su stand un significativo cuerpo de obra de Mónica Mayer (México, 1954), en conversación con Magali Lara (México, 1956), artistas inscritas en la bisagra de la segunda ola del feminismo que han compartido espacios de circulación y formación en su país de origen en una época –los años 70 y 80- en la que era urgente irrumpir en el establishment del liderazgo masculino.

Mónica Mayer en Walden Gallery (Buenos Aires). Feria ARCOmadrid 2019. Foto: Alejandra Villasmil

PROYECTOS DE ARTISTA

Los Proyectos de Artista fueron presentaciones colaterales que algunas galerías montaron junto a su stand en la sección general de la feria. Artistas como Fernando Bryce (cuya obra se encontraba en varios espacios de la feria), el dominicano Engel Leonardo, la peruana Sandra Gamarra, el chileno Enrique Ramírez, o la española Teresa Solar, fueron parte de este apartado, así como Sol Calero (Venezuela, 1982) en Barbara Gross (Munich) y la veterana Teresa Margolles (México, 1963) en mor charpentier (Paris).

Pica Pica, de Sol Calero, es una instalación inmersiva abarrotada por una serie de ‘pinturas escultóricas’ inspiradas en los ‘milagritos’, objetos que forman parte del sincretismo religioso latinoamericano. Con este trabajo, Calero continúa explorando las complejas historias sociales y políticas detrás de la construcción de la identidad latinoamericana, en particular, el exotismo con el que han sido mirados el imaginario y las narrativas latinoamericanas por parte de otras culturas, y cómo las formas de arte no canónicas, tradicionales y populares han sido excluidas de la historia del arte occidental.

Para entrar a la obra de Teresa Margolles en esta sección había que atravesar una cortina hecha con cuentas. Una vez adentro, una enorme caja de luz en medio de la penumbra servía de base para una sábana con manchas de sangre vieja que una vez envolvió el cadáver de una mujer boliviana víctima del feminicidio, y que una compatriota interveno con un cuidadoso trabajo de bordado de carácter festivo, creando así un vínculo ceremonial de honra y respeto entre ambas mujeres.

Pica Pica, de Sol Calero, en Feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Teresa Margolles, Tela Bolivia, 2016, en Feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil

VENEZUELA EN ARCO

Venezuela no fue el país invitado a ARCO, pero su presencia se hizo notar de manera no premeditada a través de la obra de varios de artistas. Sea por la desafortunada visibilidad que ha dado al país el exilio masivo de venezolanos, o por una sensibilidad internacional que finalmente ha despertado ante el grave declive de la que fuera hasta los años 80 una de las naciones más prósperas de Latinoamérica, lo cierto es que ARCO 2019 brindó estelares momentos para acercarse a la producción artística de Venezuela, de este siglo y del anterior.

Venezuela estuvo presente en la sección general a través de la galería Baró (São Paulo), que con la asesoría del curador venezolano afincado en Paris, Rolando Carmona, llevó una obra cinética e interactiva de Asdrúbal Colmenarez (1936), además de trabajos de Elías Crespín, Oscar Abraham Pabón, Santiago Torres y Pepe López, parte de una amplia generación de artistas jóvenes venezolanos que han salido de su país para construir sus carreras.

Venezuela estuvo presente en ABRA Caracas, con Sheroanawë Hakihiiwë y Valerie Brathwaite; con Esmelyn Miranda, Magdalena Fernández y María Dávila & Eduardo Portillo en Carmen Araujo Arte, la única galería venezolana que participó en el programa general; con Gego en Richard Saltoun; con Emilia Azcárate en Henrique Faria New York; con los ‘milagritos’ de Sol Calero; con la hamaca de Alessandro Balteo-Yazbeck, tejida con fibra palma de moriche por un artesano de la etnia Warao; con la obra de Marco Montiel-Soto en José de la Fuente, una serie de objetos e intervenciones in-situ que comentan sobre el abandono y la decadencia de las áreas selváticas y comunidades aborígenes de Venezuela; o con Régimen: Dramatis Personae, el trabajo más reciente de Alexander Apóstol expuesto en mor charpentier, galería que también exhibió Carretilleras sobre el Puente Internacional Simón Bolívar, una fotografía de Teresa Margolles que registra a las venezolanas “carretilleras” –trabajo que antes hacían solo los hombres- realizando una acción a petición de la artista: bloquear con sus cuerpos, y con sus carretillas, el puente fronterizo durante tres días seguidos con una duración de tres minutos cada vez. Esta obra, del 2017, no puede ser más vigente.

Tapetes de Pepe López, y al fondo, una obra interactiva de Santiago Torres, en el stand de Baró (Sao Paulo), feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Hamaca, del venezolano Alessandro Balteo- Yazbeck, en la sección Diálogos de feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Esmelyn Miranda, en galería Carmen Araujo Arte (Caracas), feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Alexander Apóstol en mor charpentier (Paris), feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil
Marco Montiel-Soto, en galería José de la Fuente (España), feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil

SECCIÓN GENERAL

Son muchísimos los artistas y sus obras que podría destacar en la sección general de ARCO, pero me detengo aquí en la propuesta siempre estimulante de Espaivisor y en los homenajes a Perú que, de manera paralela, hicieron las galerías Henrique Faria Nueva York y Cecilia de Torres LTD (también de Nueva York), esta última con una individual de César Paternosto (Argentina, 1931) que incluía pinturas, esculturas y fotografías que datan de 1977 a 1998, y en las que reinterpreta la geometría de la antigua civilización Inca (Paternosto desafía en estas obras la idea de que la abstracción es exclusiva de la modernidad, proponiendo que ya existía en la tradición amerindia).

El galerista venezolano Henrique Faria ha dedicado varios años al rescate y puesta en valor de artistas peruanos, sobre todo modernos. En el 2016, organizó en su sede de Buenos Aires la muestra Perú, que reunió más de treinta obras de artistas claves de la escena de ese país, desde los años 60 a la actualidad. Ese trabajo tuvo continuidad en su stand en ARCO, donde presentó obras de Luis Arias Vera (1932-2016), Fernando “Coco” Bedoya (1952), Rubela Davila, Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), Emilio Hernández Saavedra (1940), Jaime Higa Oshiro (1960), Gloria Gómez-Sánchez (1921-2007) y Mariano León (1976). Paralelamente, la galería dedicó un solo a Jorge Piqueras (Lima, 1925), uno de los artistas abstractos más importantes del Perú, con pinturas de los años 50 de calidad museo, y que consiguió para ARCO tras un arduo trabajo de casi siete años.

Espaivisor es una galería que desde su fundación en 1982 ha puesto el foco en los conceptualismos –sobre todo políticos- de España, América del Sur y, más recientemente, Europa del Este. Con sede en Valencia (España), es quizás la galería Iberoamericana que más trabaja con documentos, archivos y obras raras de este nicho en particular. Su presencia en ARCO habla no solo de la solidez de su programa expositivo, sino de un coleccionismo fuerte y cautivo –institucional, cabría especular- por este tipo de obras y materiales. En esta edición de la feria, presentó un buen conjunto de obras de Juan Downey, así como de Esther Ferrer, Humberto Rivas, Hamish Fulton, Claudio Perna, Lotty Rosenfeld, CADA y Lea Lublin, entre otros.

Stand de Henrique Faria New York en feria ARCO 2019. Cortesía de la galeria
Obras de Juan Downey en Espaivisor (España), feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil
César Paternosto en Cecilia de Torres LTD (Nueva York), feria ARCO 2019. Foto: Alejandra Villasmil
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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.