En el corazón de la selva de Yucatán, en México, operan dos espacios de arquitectura singular que aproximan el arte a la naturaleza y las prácticas sustentables, la espiritualidad y las tradiciones culturales mayas. Se trata de IK Lab Tulum, inserto en AZULIK, un exclusivo resort eco-turístico -solo para adultos- ubicado en medio de la exuberante vegetación de Quintana Roo, y AZULIK Uh May, en Francisco Uh May. Ambos espacios han sido desarrollados y construidos por el emprendedor social argentino Roth (Eduardo Neira) con consciencia del medio ambiente, utilizando materiales locales y respetando y adoptando su arquitectura al entorno natural, sin derribar un solo árbol.

 

IK LAB Tulum, Yucatán, México, 2018. Cortesía: Fernando Artigas, arquitecto/fotógrafo

Concebido como centro holístico de investigación, transformación y creación interdisciplinarias, AZULIK Uh May conjuga conocimientos ancestrales, innovación tecnológica, sostenibilidad aplicada, espiritualidad y experiencias colectivas que resultan en nuevas formas de hacer y experimentar el arte. El complejo incluye varios espacios creativos: una galería de arte con una programación conectada a residencias artísticas; un laboratorio de moda y diseño; un estudio de grabación; una escuela para comunidades maya que ofrece talleres de artes y oficios; dependencias para el cuidado de la salud que integran la medicina occidental y las antiguas técnicas curativas mayas; y un restaurante de cocina experimental inspirada en la sabiduría culinaria maya.

Roth, pintor por algún tiempo, sin formación en arquitectura y desde hace diez años director de la fundación Enchanting Transformation, dedicada –entre otras cosas- al diseño de espacios que permitan la reintegración de comunidades indígenas y promuevan el desarrollo integral de su conocimiento ancestral, dice que el corazón del proyecto AZULIK Uh May es la escuela de artes y oficios, que reunirá a la población maya, artistas residentes, estudiantes internacionales y académicos. “A través de una experiencia compartida de creatividad, la escuela fomentará y desarrollará el sentido de pertenencia a una comunidad”, explica.

AZULIK Uh May abrió el pasado 30 de noviembre con una ceremonia que reunió a personalidades locales e internacionales de diversos campos, con el fin de conectarlas con la población maya de la zona y con el medio ambiente. En el evento, Antonio Abuelo Oxte de la comunidad maya, César Tangoa de la comunidad shipibo, y Camila Argel Cayun de la comunidad mapuche, discutieron sobre los desafíos de sus respectivas comunidades. A ellos se les unieron, entre otros, el artista brasileño Ernesto Neto, que habló de la profunda conexión entre hombre y naturaleza, y la arquitecta mexicana Frida Escobedo, quien expuso sus ideas sobre las posibilidades y avances de la arquitectura consciente.

La exhibición Conjunctions marcó la inauguración del IK LAB Uh May, un domo de liana y concreto de 16 metros con una cúpula coronada por la Flor de la Vida. Abierta hasta abril de este año, la exhibición incluye trabajos de Oskar Metsavaht, Paulo Nazareth y Ernesto Neto, artistas que “trabajan en la confluencia de los caminos humanos”, según la curadora y directora artística de IK LAB, Claudia Paetzold, quien ha buscado un enfoque curatorial en el que las obras se integren, y no compitan, con el espacio.

En paralelo, y hasta fines de febrero, se presenta en IK Lab Tulum la muestra, Configurations, que reúne el trabajo de Katinka Bock, Guillaume Leblon y Gabriel Rico. El espacio inauguró en abril de 2018 con la exposición Alignements, curada por Santiago Rumney-Guggenheim, biznieto de Peggy Guggenheim y co-fundador de IK Lab Tulum. La muestra exploró “el viaje humano por los reinos tanto físico como metafísico” a través de la obra de Tatiana Trouvé, Artur Lescher y Margo Trushina.