La Sala Borrón, en Oviedo (Asturias), presenta la exposición individual Geopolíticas del cuerpo. El territorio como piel, del artista Miguel Braceli (Venezuela, 1983), ganador del Premio de Arte Joven del Principado de Asturias en la edición 2017. La exposición presenta una selección de sus últimas intervenciones efímeras en Bolivia (El fin del mar, 2017), Costa Rica (Irazú, 2016), España (Sacar el mar, 2016, Gijón; y Geopolíticas del cuerpo, 2017, Villanueva de los Infantes) y Venezuela (Área, 2014).

Por Virginia López, comisaria de la exposición

Cuerpo como construcción, sistema orgánico complejo, cuerpo individual, cuerpo colectivo, identidad siempre en relación a. El cuerpo del artista como unidad de medida y sondeo (móvil, impreciso, subjetivo) que deconstruye el espacio que lo circunda y engloba para enunciar una nueva lectura simbólica del lugar, históricamente definido o al menos tácitamente consensuado.

En los últimos cinco años, Miguel Braceli ha desarrollado intervenciones artísticas ligadas a la práctica del site-specific / site-oriented, considerando el espacio como un organismo vivo y susceptible de activación. O mejor, convirtiendo lugares específicos y connotados históricamente en espacios de creación y campos de posibilidad, donde la acción (tiempo, tránsito, movimiento) genera aperturas que resignifican el contexto, ayudando a quien lo vive o transita a establecer relaciones inesperadas a través de nuevos filtros interpretativos.

Vista de la exposición "Geopolíticas del cuerpo. El territorio como piel", de Miguel Braceli, en Sala Borrón, Oviedo, Asturias (España), 2019. Foto cortesía del artista y Sala Borrón
Miguel Braceli, El fin del mar, 2017, serie Apologías de lo posible (Acto III). Intervención en Lomas de Arena, Santa Cruz, Bolivia. (Proyecto realizado durante la residencia artística en Kiosko Galería). Cortesía del artista

De Certeau ha establecido una distinción clara entre los conceptos de lugar y espacio: mientras el lugar es una configuración instantánea de posiciones que por tanto implica una cierta estabilidad o estaticidad, el espacio es el lugar practicado, un cruce de entidades móviles, animado por un conjunto de movimientos que lo temporalizan y problematizan. Es territorio inestable, precario, nunca definitivo en cuanto animado por quien lo atraviesa. Miguel Braceli, a través de prácticas participativas, ha siempre operado este tipo de activismo paisajístico.

En este sentido, arte, paisaje y política se dan la mano a través del nudo de la ficción. Jacques Rancière, en su ensayo Las paradojas del arte político, afirma que no existe una realidad in sé, sino que es siempre una ficción: una de las infinitas posibles interpretaciones del mundo sensible que compartimos. Sólo la ficción dominante (del consenso) pretende y niega ser ficción. Arte y política excavan esta afirmación. Ambas proponen otras ficciones (del disenso) que redibujan y problematizan nuestro sensible común.  Las acciones de Miguel Braceli, aunque no estrechamente políticas, activan siempre procesos de desestructuración del paisaje y en el paisaje, ya sea una plaza pública en el centro de Caracas, o un espacio natural abierto e inconmensurable. Los participantes de las performances, como miembros de un cuerpo colectivo, asisten sin embargo a aventuras intelectuales singulares; cada uno –imagino– observará, seleccionará, sentirá e interpretará a modo suyo aquello que inicialmente viene propuesto por el artista, y esta libertad y emancipación a través de la experiencia individual, esta nueva revisión y práctica del espacio, es acción política.  Se sabe que la mirada puede modificar un contexto con la misma fuerza con que lo hacen las estructuras materiales de la arquitectura o el urbanismo.

Ahora bien, en todas sus acciones, que son flujo y movimiento, hay una atención constante a la forma.   Una de las cuestiones siempre abiertas en relación a prácticas artísticas participativas o relacionales, de naturaleza efímera, es la transmisión, formalización y visibilidad fuera del tiempo y espacio en el que han sido realizadas. La huella que generan, el intercambio de saberes y experiencias que pasan a ser patrimonio de quienes las han vivido, ¿cómo se pueden transmitir?, ¿qué tipo de material u objeto tangible pueden generar? En el caso de Braceli, los vídeos y fotografías resultantes no son mera documentación, “restos” de la experiencia vivida, sino composiciones formales pensadas de antemano, que forman parte de la misma obra. Cuando incorpora, como ha hecho en sus últimas exposiciones individuales (Centro Dados Negros, Ciudad Real; Espacio Monitor, Caracas), los materiales que han servido a la performance –tubos, mallas, cintas, metros y metros lineales de polietileno de diversos colores– lo hace convirtiendo el espacio expositivo en un nuevo espacio performativo. Su objetualidad no es estática, y aun no siendo posible reproducir la experiencia que dio origen a tales restos materiales, exige nuevamente la coparticipación del espectador. Como en los títulos de algunas de sus obras (Inmateriales, Traslaciones, Casas para volar o la serie Apologías de lo posible) hay un anhelo de desmaterialización, de instantánea fugaz, móvil y ligera. Los cuerpos –la materia compacta– se convierten en corpúsculos invisibles, el espacio en tránsito y levedad.

Vista de la exposición "Geopolíticas del cuerpo. El territorio como piel", de Miguel Braceli, en Sala Borrón, Oviedo, Asturias (España), 2019. Foto cortesía del artista y Sala Borrón
Vista de la exposición "Geopolíticas del cuerpo. El territorio como piel", de Miguel Braceli, en Sala Borrón, Oviedo, Asturias (España), 2019. Foto cortesía del artista y Sala Borrón

MIGUEL BRACELI. GEOPOLÍTICAS DEL CUERPO. EL TERRITORIO COMO PIEL

Sala Borrón de Oviedo
Calle Juan Benito Argüelles, 3, Oviedo, Asturias, España
Del 10 de enero al 8 de febrero de 2019

Factoría Cultural de Avilés
Avda. de Portugal, 13 Avilés, Asturias, España
Del 13 de febrero hasta el 9 de marzo de 2019

Imagen destacada: Miguel Braceli, Sacar el mar, 2016. Serie Apologías de lo posible (Acto II). Intervención en Playa de san Lorenzo, Gijón, España.  (Proyecto realizado durante la residencia artística en PACA). Cortesía del artista