Multitalentosa y de pensamiento intrépido, Leonor Fini (Buenos Aires, 1907 – París, 1996) fue una artista prácticamente autodidacta, que se negó a ser categorizada de cualquier manera, especialmente a través de los cánones de género. No solo rechazó la tradición y las convenciones sociales, sino que insistió en que la identidad, así como la expresión artística, nunca es fija, sino que debe estar siempre abierta a la inspiración y la imaginación. A través de la pintura, el teatro, las ilustraciones para libros y el diseño de objetos y de vestuario, exploró lo masculino y lo femenino, el dominio y la sumisión, el erotismo y el humor.

Aunque expuso en las principales muestras del Surrealismo entre 1930 y 1940, y contaba entre sus amigos a Max Ernst y Salvador Dalí, rechazó la invitación a unirse oficialmente al grupo, desautorizando así la visión tradicional de la mujer como musa que mantenía el líder del movimiento, André Breton. Una mujer rebelde, una artista visionaria y adelantada a su tiempo, cuya obra es hoy revisada en profundidad por primera vez en un museo de Estados Unidos a través de la muestra Leonor Fini: Theatre of Desire, 1930-1990, en The Museum of Sex (MoSEX), Nueva York.

Vista de la exposición "Leonor Fini: Theatre of Desire, 1930-1990", en The Museum of Sex (MoSEX), Nueva York, 2018-2019. Foto: Kris Graves/MoSEX
Vista de la exposición "Leonor Fini: Theatre of Desire, 1930-1990", en The Museum of Sex (MoSEX), Nueva York, 2018-2019. Foto: Kris Graves/MoSEX

Los artistas varones de las vanguardias exploraron el tema del deseo con intención subversiva, pero lo hicieron a menudo creando y basándose en imágenes de hembras pasivas y núbiles. Fini fue mucho más lejos, socavando los roles femeninos atribuidos por la sociedad y cultura occidentales a través de una iconografía en la que las mujeres aparecen como activas y lujuriosas, como sabias en la brujería y la alquimia, mientras que los hombres son representados como objetos de deseo, andróginos, necesitados de orientación y protección.

Fini sentía fascinación por la androginia, o lo que ahora llamaríamos una identidad de género no binaria, al rechazar los estereotipos sexuales y retomar el antiguo ideal de la integración armoniosa de ambos sexos en una sola persona. Para ella, la androginia era el estado ideal: “Une el aspecto mental del hombre con el lado imaginativo de la mujer. Me gustaría considerarme andrógina”.

Con un estilo pictórico figurativo inspirado en los maestros flamencos y los pre-Rafaelitas, en el Bosco y Brueguel, Fini recurrió en repetidas ocasiones a diosas, esfinges, hechiceras y heroínas libertinas para retratar un inquietante tipo de belleza y libertad femeninas. En lugar de imágenes de la hija, esposa o madre obedientes, en su obra habitan criaturas mitológicas, mágicas o crueles con cabello leonino y túnicas dramáticas que en muchos casos corresponden a autorretratos de la artista. Estas representaciones invierten las tradiciones canónicas de la musa al representar a los hombres como bellezas andróginas y pasivas, y a sí misma como una fuerza similar a la Esfinge, que encarna el poder de la vida y la muerte. A través de imágenes de mujeres fuertes, Fini pudo crear un espacio de empoderamiento, no solo para ella como artista, sino también para sus espectadores.

“Fini atrae al espectador a este terreno sexual híbrido de dominatrices y hombres desnudos como si lo invitara a participar en un juego de charadas sexuales. Su uso repetido de trajes exóticos, máscaras y joyas en su obra y en su vestir diario realza el sentido de la sexualidad como una forma de disfraz. El suyo es un teatro de muchos deseos, que cambia constantemente de manera performativa entre el voyerismo, la iniciación y el exceso libidinal”, dice en el texto introductorio a la muestra Alyce Mahon, asesora curatorial, y también curadora de la retrospectiva de otra artista mujer ligada al Surrealismo, Dorothea Tanning, hasta este 7 de enero en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Leonor Fini, Mujer sentada sobre un hombre desnudo, 1942, óleo sobre tela. Colección privada. Cortesía: MoSEX
Leonor Fini, Mujer en armadura I, c. 1938, óleo sobre tela. Cortesía: Weinstein Gallery, San Francisco
Leonor Fini, Los ciegos,1968, óleo sobre tela. Cortesía: Weinstein Gallery, San Francisco

Tanto en su arte como en su vida, Fini se propuso explorar aspectos del erotismo y la sexualidad que no estaban atados a las limitaciones de la moral religiosa, la reproducción, el matrimonio y la monogamia heterosexual. Ningún elemento de la sexualidad era tabú: su trabajo examina aspectos del sadismo y el masoquismo, el fetichismo, el poliamor, el deseo del mismo sexo, la sexualidad libertina y la bestialidad.

Rechazando por igual las normas sociales y artísticas, Fini habló en 1978 de la conexión entre rebelión y creatividad: “Siempre pensé que tendría una vida muy diferente a la que me había imaginado, pero comprendí desde muy temprano que así sería. Hay que rebelarse para hacer esa vida. Ahora estoy convencida de que en cualquier acto de creatividad existe este elemento de revuelta”.

La vida de Fini era tan poco convencional como su arte. Mantuvo relaciones íntimas simultáneas con dos hombres, Stanislao Lepri y Constantin “Kot” Jeleński, quienes vivían con ella, juntos como una unidad familiar. “El matrimonio nunca me atrajo”, comentó en 1978. “He preferido estar en una especie de comunidad: una casa grande con mi taller y mis animales, gatos y amigos, y con un hombre que es más bien un amante y otro que es más bien un amigo. Y siempre ha funcionado”.

Fini conoció a Lepri, un diplomático italiano y artista aficionado, mientras vivía en Mónaco en 1941. Pronto se convirtieron en amantes. En 1946, lo convenció de que abandonara su carrera diplomática para dedicarse por completo a la pintura. En 1952, Fini conoció a Jeleński, un escritor y ensayista polaco. La atracción entre ambos fue inmediata. Como trío, los tres vivieron en París hasta la muerte de Lepri en 1980 y de Jeleński en 1987.

Leonor Fini, Arcachon,1940, fotografía anónima. Cortesía: Leonor Fini Estate
Leonor Fini, París,1938, fotografía anónima. Cortesía: Leonor Fini Estate

La exposición en el MoSEX, curada por Lissa Rivera, presenta obras de las décadas de 1930 a 1980, incluidas pinturas, dibujos, películas y diseños de vestuario -trajes que produjo para George Balanchine y Federico Fellini, así como fantásticas máscaras con plumas y elaborados trajes para bailes de la alta sociedad-, además de objetos de diseño -como su icónico frasco de perfume Shocking para Elsa Schiaparelli- e ilustraciones para libros, entre ellos la novela Juliette, del Marques de Sade, impresa en secreto en el Vaticano en 1944, y que la llevó a futuras colaboraciones con escritores como Georges Bataille, Jean Cocteau y Jean Genet. Completa la muestra una amplia selección de fotografías y material efímero del Archivo Leonor Fini, en París, que documenta su sentido de la vida como un teatro.

Para Fini, existía poca o ninguna separación entre la pintura y el trabajo decorativo. “Diseñé lentes, perfumes, papel decorativo, cualquier cosa”, dijo en 1978. “Sentía que todo era útil y esta actitud me dio libertad. Podía sumergirme en un cuadro y, a la mañana siguiente, diseñar una botella o una caja”. Esta transversalidad entre las bellas artes y las artes aplicadas –e, incluso, el trabajo comercial- ha sido admirada por artistas célebres como Andy Warhol, Madonna y, más recientemente, Maria Grazia Chiuri, jefa de la casa de modas Dior, quien le dedicó la Colección Primavera 2018.

Vista de la exposición "Leonor Fini: Theatre of Desire, 1930-1990", en The Museum of Sex (MoSEX), Nueva York, 2018-2019. Foto: Kris Graves/MoSEX
Vista de la exposición "Leonor Fini: Theatre of Desire, 1930-1990", en The Museum of Sex (MoSEX), Nueva York, 2018-2019. Foto: Kris Graves/MoSEX

LEONOR FINI: THEATRE OF DESIRE, 1930-1990

The Museum of Sex (MoSEX), 233 Fifth Avenue, Nueva York

Hasta el 4 de marzo de 2019

Imagen destacada: Leonor Fini, La alcoba/Autorretrato con Nico Papatakis, 1941, óleo sobre tela. Cortesía: Weinstein Gallery, San Francisco.