En la isla de La Española, en 1791, comenzó una revolución durante una ceremonia de vudú. Un pueblo esclavo conspiró para derrocar a sus amos. Para 1804, Haití se había convertido en la primera República Negra del mundo, y en la primera colonia en liberarse de los terrores de la esclavitud.

En diciembre de 1945, el escritor y pensador parisino, André Breton, llegó a Haití para una exposición del pintor cubano Wifredo Lam. El fundador del surrealismo había sido invitado a dar una serie de conferencias, que terminarían incitando a la intelectualidad estudiantil a la revolución.

Fue un invasor bienvenido. Los escritores de post-negritud en la región buscaron inspiración en el surrealismo. Para figuras literarias como Aimé Césaire y René Depestre, la postura antiimperialista de Breton fue crítica para la conceptualización de la identidad cultural emergente haitiana.

Deseoso de explorar el papel del mito en la sociedad, el interés principal de Breton era asistir a las ceremonias vudú en la isla. Cuando su compañero surrealista y agregado cultural francés Pierre Mabille lo alentó a visitar el Centre d’Art d’Haïti, su posición cambió radicalmente. Porque aquí se encontró con un colectivo dinámico de artistas autodidactas, con prácticas desarrollándose en todo el país. El trabajo que encontró era asombroso, hablaba de una nueva estética y, lo mejor de todo, era fresco.

Castera Bazile (1923-1965), Cemetery Scene, 1952. Cortesía: The Gallery of Everything, Londres. ©Castera Bazile/The Gallery of Everything
Wilson Bigaud (1931-2010), Cérémonie Erzulie, c.1946. Cortesía: The Gallery of Everything, Londres. ©Wilson Bigaud/The Gallery of Everything

A la cabeza estaba Hector Hyppolite, considerado el grand maître del arte haitiano, un pintor cuyos lienzos mitológicos eran ejecutados con plumas de pollo y la guía espiritual del vudú. Lo secundaron otros no menos reveladores: Wilson Bigaud, el cronista de la vida cotidiana; Castera Bazile, en cuyas pinturas religiosas la dualidad de las creencias católicas y el vudú le permitieron renovar el arte religioso mientras encarnaba la especificidad de la cultura haitiana; Préfète Duffaut, el intérprete de sueños sagrados y de representaciones de ciudades fantásticas o «imaginarias»; y Philomé Obin, quien ilustró la vida popular haitiana, los carnavales, escenas religiosas y eventos históricos relacionados con la independencia de Haití.

Fue una revolución visual y su fuente era el Centre d’Art d’Haïti, la galería-taller fundada por el educador estadounidense DeWitt Peters, junto con poetas y escritores locales. El encuentro resultaría crítico para ambas trayectorias. Para Bretón era una nueva forma de Surrealismo Negro. Adquirió cinco obras de Hyppolite y las exhibió por toda Europa.

El movimiento agarraba impulso y surgieron exposiciones de artistas sin estudios formales en París, Ámsterdam, Viena y Basilea, en Nueva York, Los Ángeles y Washington DC. Los promotores del arte haitiano incluyeron al crítico cubano José Gómez-Sicre y al escritor estadounidense Selden Rodman, así como al escritor Truman Capote, el existencialista Jean-Paul Sartre, la cineasta Maya Deren y el curador René d’Harnoncourt, que ya había adquirido obras para el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde fue director entre 1949 y 1967.

En la medida que el arte haitiano ingresaba a colecciones privadas y públicas en museos de América y Europa, algunos lo consideraban una importante estética de la diáspora africana, otros, lo veían como Arte Popular. Para unos pocos era de verdad un Surrealismo Negro, y la conexión con Bretón parecía tener sentido. Sin embargo, si el mito del Surrealismo Negro es verdadero, entonces había nacido en Haití mucho antes de que llegara Bretón; porque estaba ubicado en lo profundo del imaginario vudú, en ese sistema de creencias profundo y adaptable que había logrado romper las cadenas de la esclavitud para todo un pueblo.

Fernand Pierre (1919-2002), Sin título, c.1947. Cortesía: The Gallery of Everything, Londres. ©Fernand Pierre /The Gallery of Everything
Georges Liautaud (1899-1992), Sin título (Possession), c.1960. Cortesía: The Gallery of Everything, Londres. ©Georges Liautaud/The Gallery of Everything
Edger Jean-Baptiste (1917 – 1992), Le Houngan, 1969. Cortesía: The Gallery of Everything, Londres. ©Edger Jean-Baptiste/The Gallery of Everything
Wesner LaForest (1927-1965), Sin título, c.1958. Cortesía: The Gallery of Everything, Londres. ©Wesner LaForest/The Gallery of Everything

Para ilustrar esta historia, The Gallery of Everything, en Londres, presenta obras y otros materiales de la época raramente vistos realizados por artistas del Centre d’Art d’Haïti, junto con piezas originales de la colección personal de André Breton. La muestra, titulada Art + Revolution in Haiti, reúne obras de Georges Liautaud, Wesner LaForest, Hector Hyppolite, Philomé Obin, Wilson Bigaud y Préfète Duffaut, así como los primeros dibujos, pinturas, esculturas y películas de artistas como Rigaud Benoit, Jacques-Enguerrand Gourgue y Edger Jean-Baptiste.

“La pintura haitiana beberá la sangre del ave fénix. Y, con las charreteras de Dessalines, ventilará el mundo «, escribió Breton en el libro de visitas Centre d’Art d’Haïti cuando lo visitó en 1945.


Imagen destacada: Hector Hyppolite (1894-1948), Marinéte pie chè che (MARinÉ I), c.1944/46. Cortesía: The Gallery of Everything, Londres. ©Georges Liautaud/The Gallery of Everything.