Aterrizado en un desierto marrón un coche me saca y en ruta al hotel me pasea por una carretera con carteles de publicidad sin imágenes. Veo una península con una montaña –Cerro Moreno se llama— que a la otra mañana ya no está, borrada por un horizonte perfecto. Hacia el mediodía reaparece su silueta, nebulosa y sin cuerpo, dudando si afirmarse o esconderse nuevamente. La gente trata de explicar el misterio invocando la neblina, pero no les creo. Me llevan al desierto a ver una mano gigante que emerge de la tierra como blasfemia en medio de un terreno sagrado. Sirve, memorablemente, de orinal público en donde el agua se evapora, pero las sales úricas acumuladas en un cuarto de siglo quedan esperando más. Me entero que hay una universidad dedicada a la minería, pero (o por eso) sin escuela de arte.  Me pregunto si en un entorno tan fuerte tampoco hace falta. Pero a otros les pregunto también si en Santiago saben que todo esto –toda esta parte del país–, ese “otro país”, existe. Recibo respuestas ambiguas y contradictorias. Sí, sabían, porque si no en el Desierto de Atacama no quedarían todavía 35.000 minas anti-personales instaladas hace cuatro décadas por la dictadura pinochetista. Sí, saben, porque regularmente el gobierno central cobra los tributos. Y al mismo tiempo parece que no, no saben, porque se tiene la impresión que el dinero nunca vuelve para mejorar las cosas.

Este es el contexto en el cual nació y sobrevive SACO, Festival de Arte Contemporáneo. Hay una imagen particularmente emblemática en SACO7, la versión de este año, y es una obra del artista cubano Carlos Martiel. Este, desnudo, funciona como la cuarta pata de una mesa llena de bocadillos para los visitantes de la inauguración de una muestra de arte. Cuando Martiel, ya exhausto, colapsa, la mesa se cae. La comida se esparce por el piso, la mayoría de los comensales se retira discretamente para mirar obras, como si pudieran ser acusados. Los pocos que quedan sacan fotos de la comida esparcida. La obra de Martiel habla de lo subalterno, de la otredad, de la explotación, aunque sin poder haber predicho lo preciso de la aplicación de la metáfora en este lugar en particular.

Carlos Martiel, Basamento, 2016, registro de la acción en CIFO, Miami. Foto: Walter Wlodarczyk

SACO trata de ocupar la ciudad con arte internacional, arte hecho por artistas invitados en residencias, y arte hecho por estudiantes de la enseñanza media. No se trata de llenar el hueco de la falta de una escuela de arte o de ofrecer una cuarta pata a la mesa. La activación que se busca es mucho más ambiciosa que la de llevar arte al público o de producir artistas profesionales.  Hay arte para ver, escuchar, o recordar, en forma de instalaciones más o menos de arte público, y para esto está el lugar de paseo que es el Muelle Histórico. Pero, en un cruce de disciplinas, SACO busca enfocar en las particularidades de un entorno geográfico más vasto, uno que incluye San Pedro de Atacama con sus minas anti-personales en lugares impredecibles (lluvias y temblores invalidaron los mapas del ejército) a Quillagua, “el lugar más seco del mundo” (un extraño rasgo para reclamar el orgullo), la minería de cobre y la inmigración en las zonas fronterizas. La producción artística, entonces, no es elegida como algo referente al arte, sino que trata de elucidar lo local desde todas las ópticas posibles. Se trata de abarcar los puntos de vista desde adentro, desde lo nacional y lo internacional, pero también utilizando el arte como una localidad que hay que ver desde todos los puntos de vista. Utilizando temas generales (este año es Origen y mito) la óptica es interdisciplinaria y se engancha con la mayor cantidad posible de los campos de la política y las Humanidades. Un tema tan amplio como qué cosa es la “chilenidad” realmente, tanto desde adentro como desde fuera, ya había sido analizado en SACO3. Se cuestionó la identidad de una población que sin cambiar había rotado por distintas nacionalidades y adoptado las xenofobias correspondientes.

Inevitablemente, entonces, este panorama también incluye la pedagogía, que bien aplicada trasciende aún más la obra de arte convencional y la convierte en un instrumento de desarrollo cognoscitivo. SACO4 había sido dedicada a la pedagogía artística con el acento en el quehacer, pero hoy la intención es más amplia. En la presente versión 7, la Biblioteca fue uno de los espacios apropiados, donde se combinó obras con estanterías de libros referentes a sus temas. La biblioteca se planteó como un espacio de mediación, ampliando la obra hacia el estudio y disminuyendo la distancia que generalmente existe entre la visión y la lectura.

Vista de la exposición "Una explosión", del Colectivo Agencia de Borde (Paula Salas, Rosario Montero y Sebastián Melo), Antofagasta, Chile, 2018. Foto: Sebastián Rojas para SACO7

Otras contribuciones sacrificaron la autoría en beneficio de la expresión de los no-artistas.  Por un lado, Agencia de Borde y el taller de Curadores Nepotistas, por otro Artequin. Utilizando un dron, Agencia de Borde reubicó una cantidad de minas que han ido cambiando de lugar en el desierto, escapándose de toda predicción cartográfica y a la espera de víctimas desprevenidas. Los habitantes ilustraron las distintas posibilidades de lugar y efecto con dibujos sobre el mismo papel milimetrado del ejército, mezclando datos con terror. En los proyectos de Curadores Nepotistas, un miembro de familia recoge un objeto “memorable” de la historia familiar y organiza una muestra alrededor de él, dando un aspecto estético e incrementando una historia hasta ese entonces íntima.

Artequin es una institución público/privada diseñada para llevar el arte al público escolar por medio de reproducciones fieles de obras de arte hegemónicas. Normalmente el proceso va desde la apreciación “motivacional” y una discusión “reflexiva” de problemas del arte contemporáneo, para terminar en “creación” práctica. En esta ocasión el equipo educativo de Antofagasta cambió las reglas de juego y trabajó tratando que los estudiantes definieran lo que querían expresar, lo pusieran en el contexto del arte contemporáneo y ejecutaran sus obras en espacios públicos.

Son estas las actividades que van llevando a SACO a darle prioridad a los aspectos pedagógicos del arte. Con la perspectiva de integrar las metodologías artísticas a todos los campos del conocimiento y de borrar la frontera que separa al artista productor de un público potencialmente creativo, SACO se prepara a ser bienal y a trabajar en estos temas en una mayor profundidad. El día que las instituciones decidan tener una escuela de arte, ésta tendrá un contexto mucho más exigente y fértil de lo que se podía esperar antes de la aparición de SACO, el cual está construyendo desde abajo hacia arriba. Será “otro país” con una cimentación sólida.

 


Imagen destacada: Registro del proceso de co-creación realizado por estudiantes de tercero y cuarto medio de los establecimientos municipales Liceo La Chimba y Liceo Armando Carrera González, Antofagasta. Parte de la exposición Quebrando espacios desde el origen: experiencias creativas en jóvenes artistas, en Artequin Antofagasta | INACAP, Chile, 2018. Cortesía: SACO7

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Luis Camnitzer

Nacido en Lübeck, Alemania, en 1937, ha sido una fuerza influyente como artista, teórico, profesor y curador durante casi cinco décadas. En 1964 co-fundó el New York Graphic Workshop, junto con otros artistas, la argentina Liliana Porter y el venezolano José Guillermo Castillo. Su trabajo ha sido mostrado en importantes exposiciones e instituciones desde la década de 1960, y a formado parte de numerosas bienales internacionales. Fue el asesor pedagógico para el programa de arte en la educación de la Colección Patricia Phelps de Cisneros entre 2009 y 2013. Respetado crítico y curador, es también frecuente colaborador de revistas de arte contemporáneo como ArtNexus, Bomb y Art in America, entre otras.

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