El Hammer Museum presenta hasta el 2 de septiembre de 2018 la cuarta edición de Made in L.A., la bienal de la institución que destaca las prácticas de artistas emergentes que trabajan en el área de Los Ángeles, Estados Unidos. Organizada por la curadora senior del Hammer, Anne Ellegood, y la curadora asistente del museo, Erin Christovale, la exhibición reúne a 32 artistas seleccionados a partir de 200 visitas de estudio, entre ellos Carmen Argote (Guadalajara, México, 1981), Carolina Caycedo (Londres/Colombia, 1978), Beatriz Cortez (San Salvador, El Salvador, 1970), Candice Lin (Concord, MA, 1979), Luchita Hurtado (Caracas, Venezuela, 1920) y Daniel Joseph Martinez (Los Ángeles, 1957).

Los artistas participantes de esta edición comparten la reflexión sobre el clima político actual, el cuerpo -y las presiones sociales, fisiológicas y psicológicas que se ejercen sobre él-, el deseo de comunidad y un sentido de lugar arraigado en lo local. Las historias y las geografías de la región de Los Ángeles, la relación del ritual y la ceremonia con las antiguas formas de conocimiento y la manera en que pueden ser reimaginadas en el presente, son otras preocupaciones de varios artistas, así como el deseo de dar visibilidad a aquellos que históricamente han sido marginados. Otros temas recurrentes en la Bienal son el paisaje, los cambios provocados por el cambio climático y la relación entre la tierra, la expansión capitalista y la violencia.

“Si bien la exposición no es abiertamente política, está inevitablemente informada por los cambios dramáticos en nuestro país desde las elecciones del 2016 y su impacto en el paisaje y la cultura contemporáneos de California. Made in L.A. 2018 presenta un grupo diverso de artistas que están profundamente comprometidos con aspectos vitales de nuestra cultura actual y que creen en la capacidad del arte para participar en el discurso social”, señala un comunicado de prensa del Hammer.

En este post destacamos algunos artistas y sus obras presentes en la exposición.

Carmen Argote, Filtration System for a process-based practice, 2018. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest
Carmen Argote, Filtration System for a process-based practice, 2018. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest

CARMEN ARGOTE (Guadalajara, México, 1981)

El trabajo de Carmen Argote aborda asuntos de clase e ideas relacionadas con el hogar, el lugar y el entorno construido. Para la Bienal ha creado Filtration System for a process-based practice, una escultura de fibra de vidrio cubierta con lino pintado, y una serie de pinturas. La escultura está inspirada en un montículo de concreto ubicado en un lago artificial en Lincoln Park, en Los Ángeles, cuyos colores también informan la paleta de rosados, amarillos, azules y tonos tierra de las pinturas.

La construcción asumió la función de espacio de trabajo improvisado de la artista. En esta “isla dentro del estudio” –según sus palabras- produjo una serie de pinturas circulares sobre muselina, que han sido etiquetadas con números para indicar su lugar dentro de la secuencia, y luego han sido dobladas en forma de cuña y apiladas al lado de la escultura. Las pinturas y la gran cubierta de lino colocada encima de la escultura muestran el proceso de Argote, mientras que la escultura revela su función previa como espacio de trabajo.

Carolina Caycedo, Cosmotarrayas, 2018. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest

CAROLINA CAYCEDO (Londres, Reino Unido, 1978)

Desde el 2012, Carolina Caycedo ha estado desarrollando el proyecto Be Dammed, que examina los impactos ecológicos, económicos y psicológicos de las represas construidas a las orillas de vías fluviales y su relación con el desarrollo en países latinoamericanos como Colombia (donde creció), Brasil, Guatemala, y México. Este proyecto, que reconoce al agua como una entidad viviente, un recurso público y un derecho humano, ha adoptado una serie de formas, como instalaciones con esculturas, textiles y videos; representaciones grupales a las que llama “geocoreografías” -que se ubican en una categoría entre protesta y arte-; y libros hechos a mano con dibujos y textos sobre rituales y mitología indígenas.

En Made in L.A presenta Cosmotarrayas, una serie de esculturas colgantes ensambladas con redes de pesca hechas a mano recogidas durante la investigación de campo de la artista en comunidades afectadas por la privatización del agua. Las redes se adornan o rellenan con una variedad de objetos que Caycedo adquiere durante sus viajes o que provienen de su archivo personal. Algunas de las redes fueron proporcionadas a la artista por amigos o conocidos, mientras que otras fueron encargadas o compradas en mercados locales. Las Cosmotarrayas son una suerte de encarnaciones de las personas que la artista conoció durante sus viajes, de sus historias de despojo y resistencia.

Beatriz Cortez, Tzolk'in, 2018. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest

BEATRIZ CORTEZ (San Salvador, El Salvador, 1970)

Las obras de Beatriz Cortez sueñan con un futuro diferente, pero permanecen firmemente arraigadas en el pasado. Nacida en El Salvador pero criada en Estados Unidos desde los 18 años, la artista trabaja dentro de estos dos marcos de referencia culturales. Su trabajo examina las rutas históricas y contemporáneas de intercambio cultural, comercial y humano producidas a lo largo del eje que conecta distintas zonas de las Américas. En los últimos años, ha venido trabajando en la construcción de máquinas que reúnen diferentes historias, reconocen el nomadismo global y cósmico, e imaginan el potencial de coexistencia de entidades divergentes.

Para Made in L.A, Cortez ha construido una máquina cinética, Tzolk’in, que se basa en el calendario agrícola maya de 260 días y utiliza el movimiento hipocicloide que se encuentra en los movimientos planetarios, el diseño industrial de las máquinas de vapor y los microbios del cuerpo humano. Una segunda versión a gran escala de Tzolk’in está instalada en Bowtie, una parcela de tierra postindustrial ubicada en Glassell Park, que es propiedad de California State Parks. Utilizando la tecnología para conectar las dos esculturas, los visitantes del Hammer pueden ver imágenes de la escultura en Bowtie en tiempo real. Al basarse en la simultaneidad temporal y espacial, este trabajo argumenta que las fuerzas en oposición pueden, de hecho, trabajar juntas. El distanciamiento físico de las dos esculturas reconoce las experiencias dispares de quienes viven en distintas partes de la ciudad, al tiempo que evoca los vínculos que unen las diferentes realidades y contextos.

Otro trabajo de Cortez presente en la exposición es Piercing Garden, un jardín en movimiento. La escultura incluye plantas autóctonas de las Américas para aludir a cómo la migración de las plantas imita el movimiento de personas a través de las fronteras, y en reconocimiento de las formas en que las civilizaciones antiguas utilizaron la vegetación para la nutrición y la curación, la espiritualidad y la ceremonia, el comercio y la negociación.

Luchita Hurtado. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest
Luchita Hurtado. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest

LUCHITA HURTADO (Caracas, Venezuela, 1920)

En el transcurso de su larga carrera, Luchita Hurtado ha mantenido un riguroso compromiso con la experimentación: con estilos, formas y materiales, y con una amplia gama de medios. Las obras de Hurtado de los años 1940 y 1950 consisten principalmente en pinturas y obras en papel que contienen formas abstractas, paisajes biomórficos, figuras totémicas y patrones. Estos primeros trabajos comunican sus ideas sobre la humanidad, el universo, el cosmos, la naturaleza y el medio ambiente, temas que continúa explorando en la actualidad.

Las obras expuestas en Made in L.A. pertenecen a fines de la década de 1960 hasta la década de 1970, un periodo en el que su trabajo pasó de la abstracción biomórfica a representaciones más figurativas. Este cambio fue inspirado, en parte, por los cambios políticos y sociales que ocurrieron en Estados Unidos y en todo el mundo, incluido el movimiento de liberación de la mujer y los inicios del movimiento ecologista. Hurtado estaba particularmente a tono con las actividades del movimiento feminista, y de ahí que las representaciones de su propio cuerpo sean, en sus palabras, una “afirmación de sí misma”, de su propia presencia y poder.

En estas pinturas, de composición cenital, vemos los pechos, los brazos, las piernas, los pies y las manos de Hurtado contra fondos de pisos estampados, macetas y cestas tejidas. En marcado contraste con el autorretrato tradicional, Hurtado eligió representarse a sí misma desde un ángulo sesgado en el que su cuerpo es la única constante dentro de una serie cambiante de fondos y escenarios. Estos retratos, psicológicamente complejos, a menudo contienen imágenes simbólicas: las peras y las manzanas se refieren al sexo y la sexualidad, el hilo y las cestas al trabajo doméstico, y los juguetes a los niños y a la familia.

Eamon Ore-Giron, Angelitos Negros, 2018. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest

EAMON ORE-GIRON (Tucson, Arizona, 1973)

El mural de Eamon Ore-Giron, Angelitos Negros, imprime en las paredes del Museo sus formas abstractas características: círculos, triángulos, rectángulos y cuadrados en colores brillantes con enclavamientos luminosos y pasajes superpuestos. El artista elabora su distintivo vocabulario visual a partir de fuentes geográficamente diversas que se extienden desde el presente hasta el pasado antiguo.

Angelitos Negros está inspirado en el poema Píntame angelitos negros, escrito por el poeta y político venezolano Andrés Eloy Blanco en 1943. En él, el poeta implora a “el pintor” que incluya angelitos negros en sus obras religiosas. El poema, que fue adaptado para una canción en 1950, es un comentario sobre la discriminación racial, escrito durante el apogeo de la Segunda Guerra Mundial. Este lamento por la exclusión y el borramiento de la raza negra es un comentario conmovedor sobre la larga historia y el impacto del colonialismo en las Américas. Angelitos Negros recupera y reconfigura historias visuales aparentemente dispares, desde el muralismo latinoamericano y las tradiciones modernistas de la abstracción hasta imágenes y patrones indígenas. El mural de Ore-Giron ofrece al espectador “un angelito negro épico”, según el artista, un monumento que resiste la omisión y la jerarquía e insiste en la multiplicidad y la simultaneidad.

Candice Lin, La Charada China, 2018. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest
Candice Lin, La Charada China, 2018. Vista de la obra en "Made in L.A", Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest

CANDICE LIN (Concord, Massachusetts, 1979)

Candice Lin se inspira en múltiples disciplinas para desenterrar historias olvidadas o desatendidas y para destacar prácticas que han sido marginadas o desacreditadas. Su interés en los legados de la colonización y las ficciones concomitantes relacionadas con la autenticidad, la pureza y el derecho a nacer la ha llevado a explorar cómo se les da valor a los materiales y bienes naturales específicos y cómo estos circulan a través de las rutas comerciales mundiales.

Su instalación para Made in L.A., La Charada China, se compone de una superficie de tierra mezclada con arcilla roja, cemento, semillas y guano. Esta tierra rodea una plataforma elevada que contiene una silueta humana, a la que han incorporado semillas de amapola de opio, caña de azúcar y plantas venenosas del Caribe. Luces utilizadas para el cultivo y un sistema de riego rudimentario impulsan su crecimiento. Estas plantas conectan la historia de las Guerras del Opio en el siglo XIX (que dio lugar a la adicción a las drogas, las prácticas comerciales desleales y la inestabilidad política en China) con el uso de plantas venenosas en los levantamientos de esclavos y trabajadores. Los materiales hacen referencia a las historias de los trabajadores chinos importados, incluidos los trabajadores culíes que trabajaron junto a los esclavos africanos en las plantaciones de azúcar en el Caribe y en Louisiana (Estados Unidos); a la producción de cemento en Cuba y California; y a la cosecha de guano en Perú.

La figura de La Charada China en el centro está inspirada en un juego de apuestas chino-cubano y en un ritual de magia sincrética que se usaba para distribuir riqueza dentro de la comunidad china. El trabajo también llama la atención sobre la supresión de un evento históricamente significativo en el que más de 200.000 chinos fueron llevados por la fuerza al Caribe entre 1847 y 1874. La Charada China explora cómo esta historia olvidada podría ser entendida en medio de discusiones actuales sobre la crisis migratoria y preocupaciones sobre la trata de personas y las condiciones laborales.


Imagen destacada: Beatriz Cortez, Tzolk’in, 2018. Vista de la obra en “Made in L.A”, Hammer Museum, Los Ángeles, 2018. Foto: Brian Forrest