Si algo constructivo ha dejado la enorme crisis política, económica y social que atraviesa Venezuela, es el cúmulo de libros, ensayos, artículos y reflexiones que analizan tanto los aspectos que convergen en esta grave realidad, como los procesos históricos que la antecedieron o que dentro de ella misma gravitan. En este vasto estudio de lo que esa nación ha sido, tras el que se intenta encontrar una respuesta al inmenso fallo con que la historia contemporánea la ha confrontado, la cultura y sus espacios, instituciones y creadores, también se han considerado, aunque tal vez de un modo fragmentario.

El libro País en Vilo. Arte, democracia e insurrección en Venezuela de Roldán Esteva-Grillet (Ed. Universidad Católica Andrés Bello, 2017) es un intento de dar a este tema una visión abarcante y articulada. Surgió a partir de un texto histórico-crítico elaborado por el autor para la exposición País en Vilo presentada en 2012 por la galería Faría-Fábregas de Caracas, que reunió obras de arte político. Esto propició una revisión de sus artículos y ensayos escritos entre 2004 y 2016, sobre las relaciones que en la historia venezolana se habían establecido entre arte y política. Con revisiones y actualizaciones, estos textos forman el cuerpo del libro.

El autor divide su estudio en tres campos: uno, lo político como tema representado en imágenes; dos, el artista como ser político (expresado en ideas, función pública o militancia); y tres, la política (doctrinas, leyes, censura) dirigida a las artes, y sus consecuencias.

El capítulo 1, La política y el arte tradicional, es un estudio histórico sobre las confrontaciones que se establecieron entre los diversos grupos sociales y el poder, en lo relativo a la creación y consumo de las artes plásticas, desde la conquista hasta la dictadura perezjimenista.

En Las vanguardias insurrectas, segundo capítulo del libro, Esteva-Grillet analiza el período de la lucha armada de la década del sesenta. Abarca no sólo la relación de los grupos artísticos que se formaron, sino las tensiones que se establecieron entre vanguardia e institucionalidad, abstracción y nueva figuración, y el papel que jugaron los intelectuales de izquierda y de derecha en ese momento. Los datos que aporta en relación con la vinculación que la inteligencia venezolana tuvo con la revolución cubana resultan de gran interés a la luz del presente. También, su aproximación al rol de algunos artistas comprometidos con la subversión, así como el rescate de la olvidada obra política de creadores como Nelson Moctezuma y Juan Loyola, entre otros.

La militancia del artista es el título del tercer capítulo. El autor estudia aquí momentos históricos en los que los creadores asumieron posiciones políticas definidas sustentadas en anhelos de cambio. Relata la paulatina separación que el artista tuvo del gremio de artesanos, hasta llegar a la formación de asociaciones, enfatizando las particularidades de las relaciones de los artistas con su propio gremio, con la sociedad y con el poder, sobre todo en el contexto venezolano. Posteriormente estudia las vinculaciones de los artistas con la guerrilla, señalando casos específicos. Muy interesante y completa es su recopilación de los hechos y protagonistas del famoso asalto al Museo de Bellas Artes de Caracas, ocurrido en 1963, en el que un grupo armado sustrajo obras de la exposición Cien años de pintura en Francia, que luego fueron recuperadas.

En el capítulo 4, Los artistas toman la palabra, Esteva-Grillet hace el recuento de la toma de posición política que los artistas asumieron en circunstancias históricas como el inminente abandono del poder de Marcos Pérez Jiménez o la revolución cubana. Analiza aquí la incorporación de la izquierda al aparato cultural oficial del período democrático, dejando al lector una reflexión sobre sus posibles implicaciones ideologizantes.

Entrando ya en la historia de los últimos años, el autor revisa en el capítulo 5, Artistas e intelectuales polarizados, la confrontación cada vez más acendrada que entre grupos de artistas de tendencia política opuesta –aquellos que apoyaban al régimen chavista y aquellos que lo rechazaban– se llevó a cabo entre 2001 y 2003. Es un estudio completo y objetivo de un momento muy revulsivo de la historia cultural venezolana reciente, en el que la institucionalidad cultural sufrió un enorme descalabro y en el que las adhesiones y separaciones al régimen dibujaron un mapa movible y confuso.

En el capítulo 6, La política y las artes, el autor hace un recuento histórico de la gestión oficial del patrimonio público en museos y otras colecciones. Analiza la modernización que en este ámbito trajo la empresa privada, y la amenaza que significa el militarismo populista inserto en la administración de entes culturales custodios de importantes colecciones de arte.

Por su inteligente estructura, la calidad de datos aportados, muchos de ellos hasta ahora inéditos, y el constante aguijoneo que su tono ensayístico provoca en la capacidad reflexiva del lector, País en vilo es quizás uno de los aportes más completos, si no el mayor, al estudio histórico de las relaciones de las artes visuales venezolanas con el poder y las dinámicas que buscan perpetuarlo o resistirlo.

 


Roldán Esteva-Grillet es uno de los más destacados historiadores del arte en Venezuela. Es profesor titular de la Escuela de Artes y de la Maestría de Artes Plásticas de la Universidad Central de Venezuela. Graduado en Letras Hispanoamericanas en la Universidad de Los Andes (Mérida, Venezuela), realizó estudios de especialización en Historia del Arte Medieval y Moderno en la Universidad de Boloña, Italia, y de doctorado en Historia del Arte en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado numerosos estudios sobre arte venezolano y latinoamericano, sobre todo relativos al siglo XIX, entre los que cabe mencionar los dos volúmenes de las Fuentes documentales y críticas de las artes plásticas venezolanas: siglos XIX y XX (2001), en las que actuó como compilador, Vida y obra de Pedro Castillo (2004), Imágenes contra la pared (2009) y Las artes plásticas venezolanas en el centenario de la independencia 1910-1911 (2010).

Imagen destacada: Carlos Castillo, Hecho en Venezuela, 1977, stills de video. Cortesía Carmen Araujo Arte, Caracas

The following two tabs change content below.

Katherine Chacón

Investigadora, curadora y crítica de arte venezolana asentada en Miami, especializada en arte venezolano y latinoamericano. Entre 1987 y 1994 fue Curadora en Jefe de la Colección de Arte Latinoamericano del Museo de Bellas Artes de Caracas, donde curó varias muestras, entre ellas «Beatriz González. Retrospectiva» (1994). En Caracas, fue Directora General del Museo Armando Reverón (1994-2001), el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez (2001-2006) y el Museo Alejandro Otero (2006-2008). De 2008 a 2011 se desempeñó como Directora Adjunta de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Cancillería venezolana. Fue coordinadora del envío venezolano a la XXI Bienal de São Paulo en 1991, y Comisaria del envío venezolano a la 51° edición de la Bienal de Venecia, en 2005. Sus textos críticos han sido publicados en revistas internacionales, como ArtNexus, Arte al Día y Artishock, así como en catálogos de galerías, museos e instituciones culturales. Asimismo, participa frecuentemente en conferencias, charlas, foros y encuentros sobre arte y literatura y, como jurado, en salones de arte de Venezuela y Latinoamérica.