En una hermosa toma hecha en el Salar de Uyuni, ubicado a 4.200 metros de altura en Bolivia, vemos, como una suerte de espejismo, “un hombre que camina”. Este personaje encarnado por un bailarín y ‘caminante’ del norte de Chile transita por este espejo que es el salar más grande del mundo, vestido con ropa corriente, pero portando una llamativa máscara de diablo de la Tirana. A ratos arrastra unos trajes negros que se van impregnando de sal, o se para delante de una construcción precaria que se asoma como un diminuto punto en medio de la brillante salina. Imágenes de fuerte carga visual que nos llevan a preguntarnos por su presente y su pasado.

Mientras camina a paso lento por la luminosa vastedad del paisaje, se escuchan cantos y textos relatados por él mismo. Este hombre ciertamente ha pasado gran parte de su vida caminando por la pampa nortina, como lo retoma por espacio de 20 minutos el video hecho por Enrique Ramírez. Este juego de espejos incorpora una historia real en un personaje surreal que representa el viaje desconocido e incierto entre la vida y la muerte. Este “hombre que camina” por ese lugar ‘donde el cielo se encuentra con la tierra y se vuelven uno solo’ viene así a representar la nostalgia y el temor frente al desplazamiento.

Vista de la exposición "Un hombre que camina", de Enrique Ramírez, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2018. Foto cortesía del artista

La secuencia -que nos sumerge en una suerte de trance con su potente visualidad y sonido- es parte del film Un hombre que camina, que se proyecta hasta fines de agosto en una de las salas del Museo de Artes Visuales (MAVI) de Santiago, como parte de la exposición homónima de Enrique Ramírez, montaje impecable en el que además se incluye una serie de fotografías, material de archivo, videos, esculturas y objetos que acompañan –y magnifican- este registro del caminante.

“El personaje del diablo nortino nació en la época de la Conquista española y en un comienzo no sólo era la representación cristiana del mal, sino que una sátira del conquistador. A su vez, la diablada representaba la rebeldía del mitayo minero, que disfrazado de diablo exteriorizaba, mediante la danza, la rabia contra sus opresores y su ansia de libertad y lucha”, explica Ramírez.

El artista, que vivió en París por diez años para luego asentarse en Bruselas, ha buscado desarrollar a través de su obra lo que él llama un “imaginario subjetivo”, tratando de “encontrar algo de humanidad en cada imagen”. Esto lo logra a través de su trabajo audiovisual, en particular, la filmación de vastos paisajes que se conciben como espacios geo-poéticos para la imaginación. Estas imágenes, de carácter contemplativo, encierran sin embargo otros discursos relacionados con historias familiares, con el exilio, la soledad, el silencio y el vértigo que produce la propia idea de la muerte.

Vista de la exposición "Un hombre que camina", de Enrique Ramírez, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2018. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición "Un hombre que camina", de Enrique Ramírez, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2018. Foto cortesía del artista

Un hombre que camina tiene su origen en el 2009 cuando Pascale Pronnier, curadora de Le Fresnoy, y Philipphe Massardier, director de Lab labanque, invitan a Ramírez a realizar un proyecto para Béthune como Capital Regional de la Cultura en 2011. Mientras pensaba en el proyecto, ocurrió el terremoto del 2010 en Chile. Desde entonces, el artista no ha podido dejar de pensar en la idea del viaje y la muerte.

Ramírez y su equipo emprendieron finalmente su viaje a la pampa boliviana. “Filmamos a pesar de las dificultades para llegar, filmamos a pesar de las condiciones climáticas, de ese sol tan fuerte que encandila los ojos y enceguece las cámaras, de la sal entre las uñas, las manos partidas y el peso del agua sobre las telas. Filmamos aquel viaje por ese lugar, entre el infierno y el paraíso, junto a un personaje imaginario, pero tan real al mismo tiempo… Lleno de temores… Filmamos a un personaje que camina para no ir a ningún lugar”, relata en una bitácora de viaje.

Un hombre que camina se terminó de filmar en 2012 y se editó en 2014. Pero no fue sino hasta el 2017 cuando debutó remasterizado en el marco de la Bienal de Venecia, como parte de la exposición internacional Viva Arte Viva, curada por Christine Macel. La versión ampliada de este emotivo viaje por el paisaje, el rito y la muerte se presenta ahora por primera vez en Chile en esta exposición en el MAVI.

“Este proyecto está dedicado a todos aquellos que caminan, que caminan con la imaginación, que viajan sin moverse, a aquellos que sueñan y mueven sus ojos a través de cada imagen, a aquellos que están entre nosotros, muchas veces invisibles, caminado a nuestro lado”, concluye el artista.

Vista de la exposición "Un hombre que camina", de Enrique Ramírez, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2018. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición "Un hombre que camina", de Enrique Ramírez, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2018. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición "Un hombre que camina", de Enrique Ramírez, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2018. Foto cortesía del artista
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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.