El trabajo de Claudia Müller (Chile, 1983) nace de la observación cotidiana de aquello que se manifiesta en el espacio-tiempo y de cómo acontecen las fuerzas naturales, materializado en objetos contenedores de carácter industrial y registrados a través de medios como la fotografía, el video o la instalación.

Vaivén, su última instalación hecha específicamente para ocupar el espacio de la Sala de Arte CCU, en Santiago, consiste en dos circuitos de agua que físicamente están encarados, pero que sólo son comunicados por el elemento. Éstos presentan pendientes opuestas, correspondiéndose formalmente como un espejo. De esta manera, su función es caer y subir simultáneamente, para luego invertir su condición.

Construida con cañerías de cerámica y bronce, la pieza se articula como un órgano por donde circula el agua de forma continua, siendo ésta el elemento unificador y el único contacto entre ellas. Alrededor de 400 litros de agua circulan por la instalación, contenidos y decantados en dos piscinas. Cada una irriga al circuito contrario desde donde recibe el agua, retornando por el sentido inverso de caída.

Vaivén presenta una serie de encrucijadas. Espacios de decisión que se presentan en el momento de elegir qué es lo que se mira. La muestra propone sistemas donde los materiales se concatenan para preguntar. Como cuando un niño construye con letras la palabra y luego la frase, se ve el flujo funcionando. Aquí los componentes no se presentan sólo en su versión estética para una contemplación, sino que suman a la percepción de su apariencia una consecuencia con resultado otro, resistente a una lectura estática, como si se tratara de atrapar con una malla de trama indefinida un líquido en continua fuga por los agujeros de la experiencia.

Esta característica de movimiento inaprensible calza con la velocidad de los destellos de comprensión en el momento en que se descubre la conciencia y más tarde frente a los primeros atisbos en los territorios de la ciencia. Laurie Anderson, entrevistada a propósito de su residencia en la NASA, comentaba que los artistas se enfrentan a la misma disyuntiva que un científico porque, al igual que ellos, no saben que es lo que están buscando; es algo así como una corazonada, y a partir de ella se lanzan a trabajar.

La muestra incluye además un objeto motorizado del que se suspenden tres piedras volcánicas, que simulan ser meteoritos envueltos en el mismo campo electromagnético –y lo serían si el mismo volcán hubiese hecho erupción en Marte, y hubiesen quedado orbitando en el espacio– como una especie de familia de piedra. Los tres sujetos presentan un movimiento cíclico: el primero orbita en su centro, el segundo le orbita al primero y el tercero al segundo; de este modo, su órbita es fija, pero su alineación es siempre cambiante.

Vaivén cierra con una imagen serigráfica, en donde todos sus elementos son duales, incluso la imagen de un eclipse de sol, que se encuentra en conversación con la luna y la tierra.

CLAUDIA MÜLLER: VAIVÉN

Sala de Arte CCU, Santiago de Chile

Hasta el 27 de julio de 2017

Imagen destacada: Vista de la exposición Vaivén, de Claudia Müller, en Sala de Arte CCU, Santiago de Chile, 2018. Foto cortesía Sala de Arte CCU

Este texto fue elaborado a partir de un ensayo de Matías Labbé y un escrito de la artista.