Hemos limitado nuestra visión del mundo a los marcos de nuestras instituciones y somos ahora sus prisioneros.

Ivan Illich, La sociedad desescolarizada, 1970

 

 

Por Claudia Segura, curadora

Formas caídas, de la artista kuwaití y puertorriqueña Alia Farid (1985), explora una correlación entre el adoctrinamiento y las estructuras hegemónicas prevalecientes en los Estados árabes del Golfo. A raíz de las dinámicas de transformación de ciertos elementos espaciales de enunciación de poder, Farid analiza la arquitectura y los efectos de la modernidad en las culturas locales.

Sobre un tapiz –propio de una sala de rezo de una mezquita, o de un aula educativa o incluso de un gimnasio público- que cubre el espacio de NC-arte (Bogotá) en su totalidad, se yerguen dos escenografías híbridas.

Minarete de voces múltiples, recostado en el suelo de la sala, se realizó a partir de una residencia de la artista en Mathaf (Arab Museum of Modern Art), en Qatar, en el 2014. Readaptado para NC-arte, la escultura sirve como detonante que cuestiona la unicidad de una sola voz, proponiendo una proliferación de varias y distintas voces que parten de sus altavoces. Las frases que pueden escucharse son extraídas del libro La sociedad desescolarizada del pensador y pedagogo Ivan Illich, que presenta una sociedad donde los centros de enseñanza desaparezcan para que el aprendizaje ocurra en la vida cotidiana y el espacio público.

Le acompaña un segundo módulo arquitectónico, Una escenografía para cualquier revolución, una adaptación del proyecto inconcluso del diseñador constructivista Viktor Shestakov que se propuso en 1929 crear una tarima para albergar cualquier tipo de revolución. Su estructura piramidal sugiere la forma de una fuerza ascendente que llega a un punto álgido de agitación y rebelión. Dicha escultura explora el formato de la revuelta en la sociedad actual y abre preguntas sobre la forma misma que puedan tomar estas revoluciones en la era de las redes sociales y el control estatal. Varias acciones, como cantos de resistencia, lecturas y charlas, activan el espacio para facilitar un lugar de encuentro que propone una brecha en relación a formas de conocimiento establecidas, abriendo posibilidades para co-imaginar, alterar y cambiar nuestra existencia.

Vista de la exposición “Formas caídas”, de Alia Farid, en NC-arte, Bogotá, 2018. Cortesía de NC-arte
Vista de la exposición “Formas caídas”, de Alia Farid, en NC-arte, Bogotá, 2018. Cortesía de NC-arte

Combinando las adaptaciones de estas pesquisas anteriores, en el segundo piso, la muestra se convierte en un preludio de una investigación sobre la transformación de las escuelas modernistas de Kuwait construidas por el arquitecto suizo Alfred Roth en los años 60, hoy en día completamente reguladas por la religión. La sala incluye una abstracción de las instrucciones visuales para realizar las abluciones, protocolo de limpieza antes de pasar al rezo en el Islam. Esta información aparece bajo formato de afiches en las escuelas de los países árabes, utilizando el mismo lenguaje que las fichas informativas del comportamiento de los órganos y dinámicas del cuerpo humano como el sistema nervioso, la piel, el funcionamiento de la escucha y la vista. Superponiendo estas dos imágenes, se cuestiona la articulación y el diálogo de los diferentes niveles de información que se presentan de forma objetiva en los entornos escolares.

A través de una experiencia desorientadora, Farid interpela los proyectos utópicos del modernismo y nos arroja a múltiples preguntas sobre la relación entre ideología, arquitectura y futuro. Situándonos en un espacio híbrido, complejizado por sus opuestas connotaciones y configuraciones, condiciona la acción y el comportamiento de nuestro cuerpo que, indudablemente, se pregunta sobre su libertad.

Vista de la exposición “Formas caídas”, de Alia Farid, en NC-arte, Bogotá, 2018. Cortesía de NC-arte
Vista de la exposición “Formas caídas”, de Alia Farid, en NC-arte, Bogotá, 2018. Cortesía de NC-arte
Vista de la exposición “Formas caídas”, de Alia Farid, en NC-arte, Bogotá, 2018. Cortesía de NC-arte