Que ganas de matar a ese amigo que no hace más que inducir justicia moral

Deseos de apartar las concesiones éticas de la amistad. Fragmento escrito por Sergio Soto para la publicación que acompaña Mantente Fuerte, exposición de Nicolás Astorga

 

 

Mantente Fuerte es una muestra organizada en torno a las pasiones y los fenómenos emocionales que transforman nuestra vida privada repentinamente y para siempre, como una cachetada imprevista en la cara. A través de fotografías, esculturas e instalaciones, Nicolás Astorga (Santiago de Chile, 1990) presenta un escenario de posibles hechos mortales, venganzas, condenas y accidentes originados a partir de la traición. Son especies de maldiciones llenas de rabia que movilizan actos involuntarios y, por lo mismo, rotundos, materialmente sólidos, concretos y dispuestos al enfrentamiento.

Nicolás Astorga, Still Hard 4U, acero, aluminio, cemento, PVC. Cortesía de Nicolás Astorga. Foto: Matthew Neary.

 

En el barrio a los traidores les clavan un cuchillo en el glúteo para cortarles un nervio y marcarlos como un cojo desleal.[1]

 

Mantente Fuerte, expuesta hasta el jueves 28 de junio en Local Arte Contemporáneo (Santiago), dice orbitar sobre la figura personal del autor comenzando desde una aparente cuestión autobiográfica. Sin embargo, el énfasis está puesto en una zona más amplia que justamente evidencia todo lo contrario: pura ficción y artificialidad por medio de la hiper exhibición de su propia figura.

En 1977 Carlos Mayolo y Luis Ospina estrenan Agarrando Pueblo, cortometraje sobre lo que ellos denominan la pornomiseria [2] latinoamericana. La película, asociada al formato del falso documental, recorre Cali en busca de la pobreza más denigrante posible con el fin de criticar los estereotipos pseudo etnográficos que los documentalistas europeos construyen del contiene. Les sirven niños de la calle, drogadictos y dementes que actúen de si mismos a cambio de unos pesos. Todo es falso y verdadero al mismo tiempo. Es bien crudo ver cómo se manipula la realidad sin que sus protagonistas sean totalmente consientes de su rol. Algo parecido hace Yoshua Okón, profesor en el programa SOMA (estudios que Nicolás Astorga cursó en el DF), en su práctica artística. Okón cuestiona la percepción habitual que tenemos sobre lo real, la verdad y la moral. Haciendo experimentos audiovisuales basados en la documentación de situaciones curiosas, el artista mexicano elabora ficciones sobre la realidad por medio de la escenificación y la improvisación de personas comunes frente a la cámara. Ambos ejemplos tensionan los conflictos sociales, raciales y culturales existentes en los contextos específicos donde los artistas se proponen trabajar, pero evadiendo cualquier doctrina pedagógica de carácter normativa o panfletaria.

Nicolás Astorga también toma las ventajas de la representación como un pretexto para referirse a ciertos mecanismos sociales que nos atraviesan cotidianamente: estereotipos, control y ejercicios de poder puestos en juego por la institución del arte, la publicidad y los medios de comunicación. Las construcciones culturales se configuran a través de la ilusión de un acuerdo y no por un acuerdo verdadero [3]. Al igual que en los ejemplos citados, Astorga construye imágenes de temas convencionales para dudar de ellas desde su misma lógica, sin restringir su obra a una única lectura y significado, sin intentar convencernos sobre cuál es la postura correcta que debemos tomar frente a las imágenes que nos rodean. De aquí que Astorga se mantenga ligado al conflictivo campo de la superficialidad. Por fuera de lo políticamente correcto, sus temas favoritos son la fama, el modelaje, el reggaetón, la adolescencia, los chismes, la amistad y toda la inconciencia que estos discursos arrastran sobre las clases y clichés sociales.

Más cercano a las estrategias artísticas de Tracey Emin o Nikki S. Lee, Astorga hace de su vida un espacio de intersección entre un exceso de exposición y completa mentira usando en alguno casos su propio cuerpo como material de intervención (principal en trabajos como Que se mueran los feos, El Bruja, Cuídate la Espalda o The Apply). Con las narrativas personales y la apropiación, introducidas por mujeres al campo artístico en los años ochentas [4], se abre un espacio para cuestionar las verdades, los valores y los parámetros de mediación de la historia al darle una vuelta reflexiva a los roles configurados por la sociedad. El carácter autobiográfico de estas expresiones artísticas, simuladas o verídicas, son un esfuerzo por posicionar lo común y poco decente del relato íntimo al mismo nivel de importancia que los valores del arte.

Pareciera que Mantente Fuerte funciona como una intersección entre dimensiones contrapuestas. No sólo por ser indiscernible la relación entre ficción y realidad, sino también porque aplica mucha ironía mezclada con una profunda aflicción que está presente en todos los objetos reunidos en la galería. Las lanzas rosadas clavadas en piedras y paredes, barras de acero, chuzo y cuchillo enterrados sobre soportes de cemento, el airbag abierto de un auto, símbolos legales sobre la pérdida de libertad, piel de serpiente sobre el suelo y otros objetos pesados sugieren estar exorcizando algo íntimo con maldiciones y humor, sustituyendo del panorama cualquier mensaje de justicia moral por la promesa de una venganza.

Vista de la exposición “Mantente fuerte”, de Nicolás Astorga, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2018. Der.: “El Cojo”, cemento, cemento blanco, anilina, poliuretano vitrificante. Izq.: “Andrómeda (cada vez que te veo te tengo miedo)”, cemento, acero. Cortesía de Nicolás Astorga. Foto: Matthew Neary.
Nicolás Astorga, Escena de Caza, jabalina, pintura automotriz. Cortesía de Nicolás Astorga. Foto: Matthew Neary

[1] Parte del imaginario popular sobre la traición que Nicolás Astorga rescata para introducirnos a su exposición.

[2] Término articulado por las autores para criticar la sobreexplotación visual de la pobreza en Latinoamérica. Ospina, Luis, “Mi último soplo ¿Qué es un soplo de vida?”, Revista Número, N°. 23, 1999.

[3] Katya Mandoki analiza las identidades nacionales construidas por el Estado en relación a la estética. Para ella la identidad tiene un carácter móvil, plural y colectivo que sólo a partir del lenguaje y de estrategias estéticas movilizadas por el Estado pueden volverse estables e incorporarse a la narrativa histórica de una nación. Mandoki, La construcción estética del Estado y de la identidad nacional: Prosaica III, Ed. Siglo xxi Editores S.A., México D.F., 2007, p.15.

[4] José Luis Barrio-Garay, Tu cuerpo es un campo de batalla, Revista Lápiz nº80, 1991.

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Céline Fercovic

Nace en Santiago, en 1992. Estudió Teoría e Historia del Arte en la Universidad de Chile. Ha trabajado en proyectos de arquitectura patrimonial, en investigaciones sobre arte y espacio público y, especialmente, en estudios sobre el impacto simbólico de viejos espacios de ocio de la ciudad hoy abandonados o en franca decadencia. Actualmente escribe sobre arte, oficios, afectos y desperdicios en el proyecto colectivo Art&Crap.