Pionera del videoarte, rupturista del paradigma documental, activista y feminista, Martha Rosler (Brooklyn, Nueva York, 1943) es, sin lugar a dudas, una de las artistas estadounidenses más influyentes de las últimas décadas a nivel internacional. A través de videos, fotografías, textos, instalaciones y performances, su obra se centra en la esfera pública, explorando temas que van desde lo cotidiano y la omnipresencia de los medios de comunicación hasta la arquitectura y el entorno construido, especialmente cuando éste afecta a las mujeres.

A lo largo de su carrera ha producido obras en torno a la conducción de la guerra y el clima de (in)seguridad en territorio estadounidense, y que conectan, por ejemplo, la vida diaria de los hogares de su país con la actuación bélica de Estados Unidos en el extranjero, y donde su seminal serie de foto-montajes jugó un papel fundamental.

Esta es una conversación con la artista, para quien la mirada es mucho más que registro.

Martha Rosler, Cleaning the Drapes from the series House Beautiful: Bringing the War Home c. 1967-1972. Cortesía: MoMA

Montserrat Rojas Corradi: Desde los años 70 vienes desarrollando un trabajo desde el activismo político y el arte. A propósito de tu antología en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), justo en el momento de la crisis de Cataluña, ¿de qué manera crees que el activismo se puede insertar en el arte y las instituciones en la actualidad?

Martha Rosler: Muchas instituciones hoy parecen dispuestas y posiblemente hasta ávidas de albergar exposiciones, proyectos y discusiones que invitan a la crítica social y el activismo al interior de sus muros. Estas a menudo se encuentran respondiendo las complejas presiones sociales de parte de gente común, frente a la élite social y los grupos políticos, en donde los artistas pueden estar implicados, pero no son la fuerza motriz. Demás está decir que estas instituciones pueden existir solamente al interior de las democracias sociales relativamente liberales dispuestas a permitir cierta porosidad en los límites entre el art in the suite (“arte de habitación”, refiere al arte al interior de la institución. La artista realiza un juego palabras para oponer “art in the suite” a “art in the streets”) y el activismo de las calles. Sin embargo, en general no debemos esperar que las instituciones del arte apoyen el activismo militante. No obstante, debo mencionar que mi exposición en el MACBA, Martha Rosler: God Bless America! (2017), fue planificada antes que la situación en Cataluña hiciera crisis, y de hecho, la exposición estaba llegando a sus últimos días cuando se llevó a cabo el referéndum de independencia, declarado ilegal por el Estado español. Fue una coincidencia interesante.

Martha Rosler lee "Vogue", 1982. Grabación audiovisual. Vídeo monocanal, color, sonido, 25 min 45 s. Colección MACBA

MRC: Tienes dos obras claves sobre la dictadura chilena. Luego, en 1995, viniste invitada por Néstor Olhagaray a la Bienal de Video y Artes Mediales en Chile. Cuéntanos sobre tu experiencia del Chile post dictatorial y la creación del video NAFTA. 

MR: Como muchos de mis amigos en 1973, yo me sentí muy afectada por las noticias del golpe militar en Chile. Escuché sobre el golpe en la radio cuando estaba recogiendo a mi pequeño hijo de la guardería. Me senté junto a la radio y lloré. Unos años después fui invitada a participar en una exposición en Nueva York, en honor al diplomático chileno Orlando Letelier, quien fue asesinado en Washington D.C (1976), la capital de Estados Unidos. Preparé la obra The Restoration of High Culture in Chile (1977), compuesta por fotografías y textos en un folleto de cuatro páginas para repartir al público, y que presentaba hechos sobre el golpe militar en Chile. Estaba emocionada por haber sido invitada a Chile en 1995, a mostrar algunas obras de video, impartir un taller de video, y después hacer un largo tour por algunas ciudades chilenas. Vi que había un gran deseo de superar los traumas de los años de la dictadura, pero claramente el país se había dejado colonizar -por así decirlo- con enormes letreros de Coca-Cola; incluso las plazas y los caminos estaban cubiertos de avisos de vuelos a Miami y Nueva York. La vida real de los pobres, de la clase obrera y semi-rural, era todavía visible, pero una cultura de consumo internacionalizada, fina y relativa a una clase alta era evidente, al menos en el centro de la ciudad. Las incursiones de los Chicago Boys en la vida económica y el pensar del país eran muy palpables; (los chilenos) estaban muy ansiosos por ingresar al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, aunque sería muy difícil posicionar a Chile geográficamente en Norteamérica. Los estudiantes de video que conocí estaban interesados en desarrollar y perfeccionar un conocimiento técnico que los pudiera ayudar a entrar en un circuito comercial, pero, según yo observé, no estaban orientados al videoarte. Grabé un poco de video con la esperanza de hacer una nueva obra, pero mi madre se enfermó repentinamente y tuve que dejar el país de inmediato. Sin embargo, el material que grabé se convirtió unos años después en el video Chile on The Road to NAFTA Accompanied by the National Police Band (1974).

Martha Rosler, Chile on the Road to NAFTA, 1997, video monocanal, color, sonido, 10 min. Col·lecció MACBA. Dipòsit de l'Ajuntament de Barcelona

MRC: La relación entre arte, género y política está presente en toda tu obra. ¿Crees que has generado algún tipo de cambio o reflexión en los espectadores? 

MR: Es muy difícil para un individuo determinar el efecto que produce su trabajo; me considero una voz entre muchas, mayoritariamente mujeres artistas con un punto de vista en común y un deseo compartido de incorporar los elementos que tú mencionas en el arte y en el discurso del mundo del arte. Yo sé que uno de mis videos, Semiotics of the Kitchen (1975), ha generado muchos de los llamados videos-tributo, en los que mayoritariamente mujeres jóvenes han realizado sus propias interpretaciones de esta obra. Otras obras mías, no solo video y fotografía, sino también eventos participativos que he organizado, han producido un compromiso más allá del mundo del arte en el que se han planteado problemáticas como el neoliberalismo y la gentrificación (La editorial Caja Negra, Argentina, publicó Clase Cultural. Arte y gentrificación, donde la autora analiza el fenómeno entre el arte y los cambios urbanos como estrategia de marketing).

MRC: ¿Cómo ha alterado la administración de Donald Trump las políticas culturales de Estados Unidos? ¿Crees que puedan influir en el ámbito internacional del arte?

MR: Al principio parecía que la administración de Trump iba a atacar a nuestras instituciones culturales, pues consideraron cerrar las agencias de gobierno que proveen todo el apoyo gubernamental y financiero para el arte. Pero la administración parece haberse distraído con su promesa de hacer ciertas cosas perversas a grupos vulnerables para satisfacer a la base electoral, como usar a los inmigrantes, mayoritariamente hispanohablantes, de chivos expiatorios, y deportarlos. Pero lo más importante es que las élites poderosas de la derecha vieron más recompensas económicas a su alcance, las cuales involucran anular la asistencia social para la gente común, como el acceso a la salud, y maquinar una enorme transferencia de riquezas hacia arriba, la cual se ha logrado mediante una completa reformulación del código tributario. ¡La influencia de los Chicago Boys continúa en su tierra natal!

Martha Rosler, Semiotics of the Kitchen, 1975, still de video. Cortesía: MACBA

MRC: En la era digital y la saturación de imágenes, ¿cuál sería la función de la fotografía documental en la esfera pública, estética y política en la actualidad?

MR: Durante un tiempo, parecía que el documental ya no era de interés general. Las revistas de circulación masiva que los publicaban y los apoyaban habían fracasado frente a la televisión y sitios online, y el mundo del arte generalmente evitaba los enunciados políticos. En el mejor de los casos, el documental que era apoyado por el mundo del arte era personalizado y sin militancia o enfoque económico (de clase). Pero entonces las cosas cambiaron, en parte por los trabajos que subrayan las injusticias raciales. El interés por el documental, popular y generalizado, fue impulsado por el uso de las cámaras y videos de teléfonos celulares, cada vez de mejor calidad. En muchos casos, los videos de celulares han documentado abusos policiales, particularmente por parte de la policía blanca hacia la gente de color, generalmente hombres afroamericanos, y han ayudado a movilizar protestas callejeras y acción política, así como intentos de reformar la policía. La facilidad de producir fotografía y video a través de celulares ha ayudado a mantener a la gente interesada en estos temas, y los artistas, y otros, han usado estas herramientas con creciente sofisticación. Las imágenes de la vida cotidiana continúan cautivando la imaginación del público y el mundo del arte está cada vez más satisfecho de poder seleccionar de la multitud de imágenes producidas por artistas profesionales, tomando decisiones basadas primordialmente en la estética. La tendencia de desechar la factibilidad de la fotografía ya alcanzó la cúspide hace rato, y ha sido esencialmente descartada por la actual ola de testimonios visuales.

 


Traducción al español por Claudia del Fierro

*Imagen destacada: Martha Rosler, Self Portrait, marzo, 2010. Cortesía de la artista

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Montserrat Rojas Corradi

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