Sin duda alguna, la retrospectiva del artista chileno Juan Dávila (1946) en el Museum of Contemporary Art (MCA) de Sydney en 2006, comisariada por Elizabeth Ann Macgregor y Russell Storer, y que recogía treinta años de obra, impactó al público y a la crítica especializada por su profundidad, interdisciplinariedad y su espíritu crítico. Otra exposición más reciente con ánimo retrospectivo sería Juan Dávila: Imagen residual, que tuvo lugar en Matucana 100 (Santiago de Chile) en 2016, comisariada por Paco Barragán, que ofrecería una selección de obras realizadas en los últimos quince años y que constituiría su exposición institucional más ambiciosa en su país de nacimiento.

Ahora Barragán da un paso más para continuar impulsando la carrera de Dávila a nivel internacional con la curaduría de su primera exposición individual en una institución museística española, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), inaugurada el pasado 9 de junio, bajo el título. Juan Dávila: pintura y ambigüedad. La muestra recoge una amplia selección de la más reciente producción artística de Dávila, quien emigró a Australia en el año 1974, tras el golpe de Estado de Pinochet.

La selección se compone de obras realizadas a lo largo de los últimos cinco años, desde pinturas de gran formato, acuarelas y carteles intervenidos hasta tres instalaciones e intervenciones realizadas específicamente para esta exposición.

Juan Dávila: pintura y ambigüedad. Vista de la exposición en MUSAC, 2018. Cortesía del museo
Juan Dávila: pintura y ambigüedad. Vista de la exposición en MUSAC, 2018. Cortesía del museo

La obra pictórica de Juan Dávila cuestiona de manera crítica e incisiva discursos relacionados con la sexualidad, el género, la inmigración, el colonialismo, el multiculturalismo, la postmodernidad o la alteridad. Pintura y ambigüedad no solo confronta al espectador con la contradicción y complejidad de la propia pintura, sino también con la violencia que emana de la sociedad global contemporánea que rehúye lo otro, lo diferente.

Influencias indígenas, coloniales, modernas y postmodernas nutren una pintura híbrida y comprometida que aborda temáticas como la religión, la sexualidad, la raza o el género desde una perspectiva y paleta novedosas que cuestionan la historia oficial de manera subversiva mediante el recurso al humor, la ironía y la parodia. Dávila ofrece, parafraseando a Foucault, una “contra-historia”, en tanto el artista reclama para sí el ejercicio de un contra-discurso que disputa la verdad y legitimidad del discurso oficial.

Los personajes que pueblan sus telas —el roto, Verdeja, el Libertador, el transexual, el “sudaca”, el mestizo, la mujer, el refugiado o el indio mapuche— constituyen los descartados de la historia, aquellos “anti-sujetos” que son pasto de los medios de masas para acabar siendo condenados al olvido y a la ignominia.

Juan Dávila, Tratado de Tordesillas, 2018. Óleo sobre lienzo, 250 x 200 cm. Cortesía del artista y Kalli Rolfe Contemporary Art, Melbourne
Juan Dávila, Fig. 233, 2018, acrílico sobre papel fotográfico, 100 x 80 cm. Cortesía del artista y Kalli Rolfe Contemporary Art, Melbourne
Juan Dávila, Fig. 234, 2018, acrílico sobre papel fotográfico, 100 x 80 cm. Cortesía del artista y Kalli Rolfe Contemporary Art, Melbourne

Así, el espectador se ve enfrentado a una nueva versión de su ya icónico -al tiempo que polémico- Libertador Simón Bolívar (recordemos que la exposición de esta obra en el año 1994, en la Hayward Gallery de Londres, causaría un conflicto diplomático entre Chile y Venezuela, Colombia y Ecuador). Sentado, simulando más bien una pose que se asemeja al retrato clásico femenino en vez del mítico y macho Libertador, aquí nos encontramos con un personaje histórico anti-heroico, afeminado, travestido e impuro, que cabalga sobre las injusticias y las contradicciones de la raza, la clase social, el género y el colonialismo.

De atrevida y ácida paleta, también las deslumbrantes y ciertamente enigmáticas composiciones como Sudaca (2017) y Tratado de Tordesillas (2018) abordan la aún no asumida historia, tanto pasada como presente, que España mantiene con Latinoamérica y que, tal vez, el término “sudaca” ejemplifique mejor que ningún otro. Una problemática relación amor-odio que habla de injusticias y masacres, sumisiones y expolios y, sobre todo, de una culpa por la que “España como colonizador —según Dávila— aún no ha llegado a pedir perdón”. Dávila no solo “desacraliza” al Libertador, sino que, en varias de sus composiciones, el Papa y la curia se convierten en objeto de su pincel en composiciones transgresoras —Figura 105 y Figura 189— que denuncian la hipocresía de la iglesia católica en connivencia con los poderosos y en detrimento de los desfavorecidos.

Juan Dávila: pintura y ambigüedad. Vista de la exposición en MUSAC, 2018. Cortesía del museo
Juan Dávila: pintura y ambigüedad. Vista de la exposición en MUSAC, 2018. Cortesía del museo

Desde unas primeras composiciones, como Nemesis (1976) o Wurlitzer (1978), hasta obras más recientes incluidas en la exposición, como Eleleu! (2014), Yes (2014), Ralco (2016) o Figura 203 (2018), Juan Dávila concibe unos personajes enigmáticos que no son ni mujeres, ni hombres, ni transexuales, sino que representan todo ello a la vez. “Me salían así sin buscarlo”, señala Dávila. “Son imágenes que no pertenecen a la lógica de la modernidad ni tampoco a la rígida era digital donde no existe nada entre el 0 y el 1”.

Sin duda sus personajes apelan a una sexualidad poliforme que representa al sujeto masculino-femenino como eternamente en flujo y con potencialidad para el cambio y para una nueva, flexible y más democrática configuración de las relaciones de género. Esta idea de indiferenciación entre los individuos, de indistinción entre el ego y el otro nos lleva al concepto de “ambigüedad” desarrollado por Merleau-Ponty, que permite concebir al prójimo como un individuo con el mismo estatuto que yo. Para el filósofo, la ambigüedad se hallaba al fin y al cabo en el corazón mismo de la experiencia humana: “Solo me conozco a mí mismo en mi ambigüedad”. Y esto es lo que parecen decirnos estos fascinantes personajes en cuerpos hermafroditas que, a decir del comisario Paco Barragán, “bien podrían ejemplificar cuerpos alternativos y memorias alternativas en oposición a cuerpos hetero-normativos e historias oficiales”.

Dávila consigue trasladar esta cualidad de “ambigüedad fenomenológica” a la pintura no solo a través del compromiso de sus figuras y sus fondos, sino también mediante un uso del color sorprendente y lleno de contraste, unas pinceladas entre sutiles y vigorosas y unas composiciones siempre impregnadas de un punto de misterio.

“Si uno revisa los casi cincuenta años de obra de Dávila”, aclara Barragán, “se da perfectamente cuenta no solo de la complejidad y vigencia de los temas que aborda, sino también de cómo desde un punto de vista formal nunca ha dejado de seguir avanzando y experimentado, renovando el propio lenguaje pictórico y creando composiciones que nunca dejan de sorprender”.

Juan Dávila: arte y ambigüedad es una exposición que permitirá al espectador confirmar por qué Juan Dávila ha adquirido un lugar privilegiado en el panorama de la pintura contemporánea.

Juan Dávila: pintura y ambigüedad. Vista de la exposición en MUSAC, 2018. Cortesía del museo

JUAN DÁVILA: PINTURA Y AMBIGÜEDAD

Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), Av. Reyes Leoneses, 24, 24008, León, España

Del 9 de junio al 18 de noviembre de 2018