Un proyecto arquitectónico es una estructura material para la organización de un cuerpo diverso constituido de sujetos, podríamos decir, una comunidad. La arquitectura operativa se compone entonces principalmente de dos elementos, partes duras (edificios y construcciones), y partes blandas o móviles (las dinámicas de vida de las personas que la habitan). Por lo general lo edificado (la parte dura) se modifica de manera más lenta y siempre por medio de la voluntad y el actuar de quienes lo habitan, mientras que la comunidad modifica sus modelos de conducta (entre otros) de manera más acelerada. De esta forma, las estructuras duras no solo otorgan las condiciones para la posibilidad de una vida social y orgánica en su interior, sino que también se afecta de esta materialmente. Ampliaciones, decoración y otros rastros materiales de políticas activas de la vida misma como práctica espontánea, llegan a modificar o marcar las estructuras y superficies del cuerpo arquitectónico. Esta interacción entre lo móvil y lo que no se mueve, lo duro y lo blando, lo orgánico y lo inorgánico, interpreta una historia que es siempre social -la interacción de las intimidades con las estructuras. Este es un sistema que Diego Santa María reconoce al momento de desarrollar una propuesta de exhibición para Galería Tajamar.

Tajamar se emplaza dentro de un dispositivo comercial que es parte de un proyecto arquitectónico con fuertes componentes comunitarios en un sentido operativo. Los cuatro hexágonos situados en la plaza central del complejo Tajamar tienen como función original alojar negocios comerciales que nutran de productos y servicios a la comunidad e, idealmente, ser operados por habitantes de los edificios. De alguna manera, el hecho de que el proyecto Galería Tajamar se haya podido situar en uno de estos espacios a propósito de su vacancia da cuenta de que en algún punto este proyecto de arquitectura para una vida comunitaria comenzó a fracasar respecto al funcionamiento de algunos de sus dispositivos de interacción social. Esta constatación es síntoma de una falla sistémica difícil de precisar, pero sobre la que no es difícil especular. Esa fisura comunitaria, en el contexto de la arquitectura social del complejo Tajamar, es desde la cual opera a su vez la Galería, de alguna manera parchando mientras reinventa una función en su contexto de ocupación arquitectónica, recreando un espacio disponible para la operación de un emprendimiento galerístico.

Lo vacante, en este caso, no es solo en términos de espacio, sino que es también un indicio de discontinuidad en el diseño de una estructura de sistema social. De alguna manera, Diego Santa María replica la estrategia de la galería, ejercicio en el que hábilmente cancela temporalmente su existencia como espacio de arte.

Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía

El proyecto de Diego Santa María, Agencia de Cooperación Vecinal, consistió en hacer dos cosas que sucedieron simultáneamente: instalar un mobiliario burocrático básico dentro de Galería Tajamar (escritorio, sillas y una fotocopiadora), y operar una oficina de servicios a la comunidad. Esta oficina tuvo como objetivo rastrear y reconocer labores (a través de diversas estrategias, como por ejemplo hacer un “puerta a puerta” entregando información de la Agencia a todos los vecinos, sin excepción) que los habitantes de las Torres pudiesen realizar, para luego ofrecerlos a la comunidad. Digamos que su proyecto inicia una oficina de intermediación entre vecinos para el uso y oferta de servicios. Son los talentos, oficios, aptitudes de los propios habitantes del sector los que se valorizan en un sistema de intercambio que de alguna manera pretende revivir una dimensión del carácter comunitario del lugar.

Dentro de Galería Tajamar se alojó una especie de motor, un núcleo vital para una operación artística que se inscribe dentro de la comunidad Tajamar, pero que tiene dimensiones difíciles de calcular: se mueve tal como lo hace la comunidad. Estructuralmente, esta propuesta tiene un carácter espacial que se cuela en la intimidad de un grupo de personas, infiltrando sus vidas y nutriéndose de sus capacidades, al tiempo que intenta revitalizar unas mecánicas colaborativas socializantes en proceso de obsolescencia (en esta comunidad específica) por medio de la oferta de servicios, prestaciones y trabajos a ofrecer y solicitar.

Lo que Diego Santa María instala al interior del espacio de exhibición no es la obra en si, sino el eje articulador que alimenta y activa el trabajo. Si tuviésemos que usar una lógica un poco más formal, a modo de ejemplo, podríamos decir que esto que Diego ha intentando construir es una escultura de carácter comunitario. Esto significa que parte de la materia que compone la operación son personas, momentos, sistemas de relación, intimidades y el sinnúmero de situaciones que esta mecánica llegue a desencadenar. Formalmente, esto funciona como un virus, que una vez alojado dentro de la estructura de un sistema tiene la capacidad de reproducirse dentro de este abarcando espacios distantes y modificando sus mecánicas de operación. Podemos decir que el objetivo entonces es infiltrar un sistema en la comunidad o, al menos (y suponiendo que este ya se encontraba operativo), ponerlo en evidencia. Volviendo a la lógica inicial del texto, podríamos decir que esta operación pretende devolver o revivir una estructura social dinámica dentro del complejo arquitectónico.

Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía
Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía
Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía
Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía
Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía
Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía
Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía

Cuando decía que este proyecto cancela a la galería, me refiero a algo que es un poco más complejo que lo evidente. Digamos que la pretensión de Diego fue la de infiltrarse, instalando dentro de un espacio de arte algo que no opera como el arte sino como una agencia. De alguna manera, la instalación al interior de la galería cancela las condiciones que vuelven a Tajamar una galería y la dejan desnuda en su condición de hexágono translucido, arquitectura modesta para el funcionamiento de un espacio de servicios. Así, Galería Tajamar se homologa a la peluquería de la que es vecina, recuperando su estatus original. Pero, además, el hecho de que una agencia al servicio de la comunidad se instale en ese espacio hace que el propósito original de esta arquitectura se restablezca sin excepcionalidad o anomalía. Y esto es curioso en un sentido, si se quiere, urbanístico. La operación no solo camufla la galería, sino que la hace desaparecer, ya que la reintegra a la totalidad de la arquitectura del sector en cuanto a su estructura dura (de la que nunca ha dejado de pertenecer), así como a su flujo blando, en un intento de reparación del movimiento del diagrama comunitario.

En este punto tengo una última reflexión en relación al devenir del trabajo artístico de Diego Santa María. Diego es pintor, lo que siempre me ha resultado muy evidente, ya que queda de manifiesto en su producción de obra. Muchas veces le he visto desarrollar piezas objetuales o incluso situaciones de carácter relacional. Sin embargo, siempre es posible rastrear en su producción intereses y mecanismos propios de lo pictórico. El interés por la mancha, por el rastro, o el desgaste de las superficies son testimonio de esto. De alguna manera, Diego ha sabido llevar los intereses de la lógica de la pintura a otras esferas. Al analizar su trabajo, sin embargo, creo que su obsesión central es por la realidad. Diego prefiere la aureola que genera el desgaste material de años de pisadas sobre un suelo de linóleo o el deterioro de un papel mural producto asedio de la luz solar que producir él mismo, por medio de la pintura, situaciones de temperaturas similares. Me parece que prefiere la percepción del actuar de un tiempo real sobre las cosas, que simular condiciones materiales. Ha tenido la capacidad de extender un discurso de pintor hacia el mundo de las cosas que, más allá de sus estructuras y sus formas, son siempre portadoras de unas superficies. Fenómeno que, en el caso de la arquitectura, podríamos homologar al ejemplo anterior de las ampliaciones.

Vista de la exposición "Agencia Cooperación Vecinal", de Diego Santa María, en Galería Tajamar, Santiago de Chile, 2018. Instalación site-specific. Foto: Sebastián Mejía

Los cuerpos con estructuras no habitables se afectan en su superficie; en este caso, Diego decide ingresar a un interior complejo para operar desde ahí, el de una comunidad y su estructura. Y es desde ese lugar donde lo tenemos ejecutando este proyecto, nuevamente en un espacio de realidad, buscando trazos y estructuras existentes, intentando revivir sistemas. Siempre desde un interés obsesivo por la realidad, observándola con una fascinación arqueológica desde la que pretende descubrir rastros de la vida humana en las superficies contra las que esta genera o generó algún tipo de fricción, ya sea o no de carácter material.

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Javier González Pesce

Artista visual. Es licenciado por la Universidad ARCIS (Chile, 2008) y Máster en Arte en la Esfera Pública por ECAV (Suiza, 2017). Ha participado en exposiciones colectivas en Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Canadá, España, Suiza, Grecia y China. Entre sus exposiciones individuales destacan "Esta Tierra es tal, que para vivir en ella y perpetuarse no hay mejor", en la Galería Gabriela Mistral (Chile, 2017), "Ciels", en el Musée de Art de Sion (Suiza, 2017), y "El ser tan bella no te da derecho a destruir", en el Museo de Artes Visuales (Chile, 2014). Ha ganado el premio de arte joven del MAVI (Chile, 2012), el premio para curadores del Consejo de la Cultura (Chile, 2013), y la Residencia de las Américas del Consejo de las Artes de Montreal (Canadá, 2014). Desde 2011 co-dirige el espacio de arte Local Arte Contemporáneo (Santiago, Chile), en el que han exhibido artistas como Gonzalo Díaz o Tris Vonna-Michell, y ha generado proyectos curatoriales, organizado exposiciones y escrito numerosos textos. Local ha participado de ferias de arte internacional en Chile, Estados Unidos y España.