En el Chile de la década de los sesenta, Gertrudis de Moses (1901-1996) ocupaba un lugar privilegiado dentro del campo de la fotografía nacional. Como mujer y como madre, no sólo era un ave raris en una actividad dominada por hombres –la fotografía llegó a constituir el modo de sustento económico de su familia tras quedar viuda-, sino que como creadora poseía algo que pocxs dedicadxs a la imagen en su época tenían: un ojo “distinto”, y precursor.

Tras realizar retratos familiares y religiosos como una manera de ganarse la vida, De Moses -Gertrudis Conitzer tomó el apellido de su marido Ricardo Moses, con quien llegó a Valparaíso en 1939 huyendo de la persecución nazi contra los judíos- comenzó a explorar nuevos lenguajes artísticos, iniciándose en técnicas como la doble exposición y el fotomontaje. Estas “combinaciones”, como ella las llamaba, la relacionan con el Surrealismo, movimiento artístico de principios del siglo XX en el cual el terreno de los sueños, lo onírico, era un aspecto fundamental.

De Moses trabajaba con temas asociados al inconsciente, tales como la represión y el miedo. Autodidacta –otro plus en su carrera profesional- y co-fundadora del Foto Club de Chile, se distinguió por aplicar efectos durante la exposición y el revelado de sus trabajos, una experimentación que, hoy día, la sitúan como una pionera en la inscripción de la fotografía artística de vanguardia en el Chile de la segunda mitad del siglo XX.

Su historia, junto a la de otros cinco fotógrafos del siglo pasado, es narrada en la serie documental web Íconos de la Fotografía Chilena del Siglo XX, producida por el Colectivo Rectángulo, creado en Santiago en el 2012 por el fotógrafo Richard Salgado y el realizador Miguel Luna como un encuentro entre la fotografía y el cine.

La serie, que se estrenó el pasado mes de mayo en la Cineteca Nacional de Chile y tuvo un relanzamiento días después en la Biblioteca Nacional de Chile, reúne, además –y por primera vez en un mismo proyecto-, a Alfredo Molina La Hitte, Marcos Chamudes Reitich, Antonio Quintana, Luis Ladrón de Guevara y Lola Falcón, cinco fotógrafos chilenos que hicieron historia con sus diversas aproximaciones a la fotografía a mediados del siglo XX.

FOTÓGRAFOS CHILENOS DEL S.XX

Alfredo Molina La Hitte (1906-1971)

Fue un actor y artista visual que trabajó para la Editorial Zig-Zag, en Buenos Aires, y es considerado el retratista de la sociedad chilena de los años 40, 50 y 60 por sus fotografías a escritores, actores, vedettes, cantantes y representantes de la vida bohemia de la época. Representante del estilo fotografía de glamour, sus trabajos destacan por los juegos de luces y sombras en los rostros y cuerpos de sus modelos.

Para Molina La Hitte, la sensibilidad, la fantasía y la técnica construían la fotografía, pero sobre todo la técnica. Esta última, “la gramática de la fotografía”, como él la definía, le permitía “aprovechar los más pequeños recursos para dar interés a una composición fotográfica”. Sus retratos con diagonales, picados y contrapicados, usos de las manos y sombras, dan cuenta de esta capacidad para representar al retratado, que se prestaban a este juego con el fin, al parecer, de soñar con esas fotos que forman parte de un mundo de cine, glamour y celebridad.

Marcos Chamudes Reitich (1907-1989)

“Confieso que con la fotografía no se me ocurrió expresarme artísticamente cuando en un momento especial de mi existencia la tomé como una forma digna de ganarme la vida (…) Con ella ha comenzado para mí una nueva existencia, gracias a que muchos de mis negativos los tomo ahora entre mis manos, esperando de ellos, precisamente, una obra de arte, o un documento histórico, o simplemente humano”, diría Chamudes, cuya militancia y posterior expulsión del Partido Comunista, del que fue diputado, fue decidora en su carrera de periodista y fotógrafo.

Chamudes se nacionalizó estadounidense y se enroló como soldado-fotógrafo durante la Segunda Guerra Mundial. En 1947 trabajó en el conflicto de los Balcanes junto a la ONU. Fue además director del diario La Nación.

Antonio Quintana (1904-1972)

La temprana militancia en el Partido Comunista determinó la vida y carrera de Antonio Quintana. Profesor de química, fue exonerado del Liceo de Talca por razones políticas. De allí derivó a la fotografía como laboratorista y luego se dedicó a reproducir obras de arte. Expositor regular en salones de arte fotográficos, su trabajo se caracterizó por su contenido social. De allí su apodo de El padre de la fotografía social en Chile. Destacan sus retratos de niños, trabajadores, diferentes rubros de la industria y fiesta religiosas populares. Entre 1940 y 1945 fue docente en el Instituto de Artes Gráficas, donde formó a varios profesionales. Con la promulgación de la Ley de Defensa de la Democracia, durante el gobierno de Gabriel González Videla, Quintana debe dejar el país. A su regreso, en 1954, organizó una exposición para homenajear a Pablo Neruda. A ella le siguieron El Rostro de Chile y Las Manos de Chile.

Luis Ladrón de Guevara (1926-2015)

Hijo del pintor chileno y Premio Nacional de Arte Laureano Guevara, y de la periodista y fotógrafa danesa Else Larsen, llega de su natal Dinamarca a Chile en 1930. Tras estudiar publicidad y fotolitografía en la Escuela Nacional de Artes Gráficas, donde tuvo de profesor a Antonio Quintana, Ladrón de Guevara empezó su carrera abocándose fundamentalmente a los retratos, detalles de la naturaleza y paisajes. En los 50 trabajó en el departamento de publicidad de Nestlé y, más tarde, asumió como gerente de publicidad de Shell. Su siguiente paso fue formar Ladrón de Guevara y Cía, donde junto al fotógrafo Jack Ceitelis se dedicó al registro y publicidad de las filiales de CORFO (Endesa, ENTEL, Cap y Enap, entre otras). También fue parte del proceso de modernización de la imagen del Estado Chileno. Sin embargo, siempre se mantuvo activo en el sector privado, destacando por su aporte a la industria y la arquitectura.

Lola Falcón (1907-2000)

Vivió en su juventud en París, donde conoció a su marido, el escritor y diplomático chileno Luis Eugenio Délano. Él la incentivó a dedicarse a la fotografía, especialmente en el área de los retratos, y su lanzamiento como tal fue en Nueva York, donde la pareja vivió durante nueve años. Para su lente posaron personajes famosos, como Pablo Neruda, Albert Einstein, Claudio Arrau y Mario Carreño. Su hijo, el escritor Poli Délano, fue el principal fan y responsable de la difusión de su obra.

En sus constantes viajes por el mundo, su ojo se centró principalmente en las personas, la ciudad, sus calles y monumentos, las formas abstractas y la naturaleza. Su cámara Rolleiflex colgada sobre su estómago le permitía tomar la foto sin dejar de mirar frontalmente al objetivo, característica de muchas de sus imágenes de calle.