El historiador del arte Sebastián Vidal y el poeta Sergio Parra proponen un ejercicio curatorial a partir de la colección personal de Pedro Montes: una exploración a los relatos que sugieren las obras de arte. Obras de artistas chilenos y latinoamericanos, emergentes y consagrados, dialogan con narraciones escritas por autores del siglo XX en esta exposición, que se presenta desde el 1° de junio y hasta el 5 de agosto en el Centro Cultual El Tranque, en Santiago.

Marlon de Azambuja, Pensamientos Húmedos, 2015, Caja de madera y pasta de modelar, 40 x 40 x 40 cm. Foto: Jorge Brantmayer

Conocido por su colección histórica de obras de los años 70 y 80, de la que expuso una parte en el 2015 en el Museo Artes Visuales (MAVI), Pedro Montes (1971) ha reunido también un interesante acervo de artistas latinoamericanos que están en plena actividad. Es en estas obras en las que se concentra la curaduría de Sebastián Vidal y Sergio Parra para la muestra Narrativas – Colección Pedro Montes, que se presenta a partir del 1° de junio en el Centro Cultural El Tranque de la Corporación Cultural de Lo Barnechea.

Cada uno desde su campo de trabajo -Vidal como historiador y crítico de arte, Parra como poeta y librero-, ha explorado la capacidad de contención de relatos que encierran las 16 obras de arte contemporáneo seleccionadas de la Colección Pedro Montes para su primera exposición (es, además, la primera vez que El Tranque presenta en sus salas una muestra de arte contemporáneo).

Bajo este sistema de trabajo de establecer cruces y correlatos, los curadores han optado por confrontar obras de artistas internacionalmente reconocidos, como Paz Errázuriz e Iván Navarro, o que inician sus carreras, como Sebastián Calfuqueo e Isidora Bravo, con una selección de textos de escritores y artistas del siglo XX. Por medio de una serie de micro-intersecciones visuales, poéticas, narrativas y simbólicas cuyo eje es la puesta en tensión entre imagen y texto -un ejercicio fresco y novedoso en el contexto chileno-, la exposición ilumina zonas de conflicto de la actualidad y profundiza en elementos claves de la cultura latinoamericana, como la violencia urbana, el movimiento estudiantil, las disidencias sexuales y de género, el conflicto Mapuche, la memoria y los Derechos Humanos, la amenaza de la narcocultura, el abandono de los niños del SENAME, el sentido patriarcal de las instituciones, el comercio justo o el inconsciente uso de los recursos naturales, entre otros.

“Cada obra tiene su propio relato, pero al ser acompañada por estos textos crean tensiones y se amplifica su campo simbólico. Así, el texto interpela a la obra y viceversa”, explica Sergio Parra.

Cadu, Rumos, 2018, dibujo de lápiz hecho por auto de juguete sobre cartón 180 gr., 130 x 130 cm. Foto Jorge Brantmayer

La muestra activa un conjunto de obras de arte contemporáneo como posibilidad de relato no sólo desde la unicidad discursiva de la imagen, sino que también desde su vinculación tentativa a partir de fragmentos de textos escogidos bajo dos criterios. El primero surge de textos propuestos por Gabriela Mistral en su obra Lecturas para mujeres, de 1923, y cuyo propósito fue convertirse en un texto escolar que reforzaba la labor educativa reformadora de José Vasconcelos en México.

El segundo criterio tiene como asidero la mirada de artistas y escritores, en su gran mayoría mujeres, que construyen narraciones que sintonizan con las propuestas y problemas que subyacen en las piezas, entre ellos Violeta Parra, Teresa Margolles, Alejandra Costamagna y Pedro Lemebel.

En este sentido, “las obras de los/as artistas de la exposición se encuentran o se hayan, en este ejercicio curatorial, dialogando, debatiendo, alterando o reafirmando desde su imagen el sentido múltiple y polisémico de los fragmentos de textos históricos y actuales, y que en su encuentro temporal con obras recientes amplifican la reflexión en torno a los temas mencionados previamente”, apunta el texto curatorial.

Narrativas se configura como un deseo de modulación donde las narrativas tanto de las piezas visuales de la colección como de los textos escogidos se confabulan para manifestar un estado social que apunta a provocar y desestabilizar algunos de los supuestos y concesos sobre los cuales han transitado procesos históricos de Chile y el continente desde los años ochenta hasta nuestros días.

Un Santiago que venía despertando al caceroleo y los relámpagos del apagón; por la cadena suelta al aire, a los cables, el chispazo eléctrico. Entonces la oscuridad completa, las luces de un camión blindado, el párate ahí, mierda, los disparos y las carreras de terror, como castañuelas de metal que trizaban las noches de fieltro. Esas noches fúnebres, engalanadas de gritos, del incansable “Y va a caer”, y de tantos, tantos comunicados de último minuto, susurrados por el eco radial del Diario de Cooperativa.

Pedro Lemebel, en Tengo miedo torero (Seix Barral, 2001)

 

La selección de obras abarca principalmente a artistas de la generación post noventa, pero con inclusiones específicas de piezas históricas de los años ochenta. Entre los artistas internacionales presentes en la muestra están Marta Minujín (Argentina), Marlon de Azambuja (Brasil), Cadu (Carlos Eduardo Felix da Costa, Brasil), Moris (Israel Meza Moreno, México) y Giancarlo Scaglia (Perú). Entre los artistas chilenos se encuentran Isidora Bravo, Roser Bru, Sebastián Calfuqueo, Máximo Corvalán-Pincheira, Luz Donoso, Paz Errázuriz, Ignacio Gumucio, Iván Navarro, Mario Navarro y Enrique Ramírez.

Sus estrategias se movilizan en el terreno del análisis de los fenómenos sociales por medio de la ironía y la codificación de signos. Es de esta forma que materiales como chicle, resina o pelo humano se modelan espacialmente en la sala con vidrio, neones, telas o paletas de ping-pong, desplegando un territorio expandido para la percepción y la reflexión.

Así, por ejemplo, Red Familia (1999), de Mario Navarro, una instalación que consiste en un gabinete de armas de juguete y pistolas fabricadas con diferentes materiales reciclados, está ubicada junto a La muerte viaja rápido (2012), de Moris, un parabrisas con orificios de balas reales que son evidencia de la violencia en México. Juntas, las obras evocan la cultura de la violencia en el contexto latinoamericano, esa relación perversa entre juego y violencia. Un texto de Teresa Margolles, artista que trabaja con las víctimas del narcotráfico en México, acompaña ambas obras.

La exhibición incluirá también varias actividades complementarias gratuitas, como un recital poético de Raúl Zurita -el día de la inauguración-, un conversatorio con los curadores y el coleccionista Pedro Montes, y un taller para niños. Esta es una oportunidad única, además, para conocer en vivo parte del acervo de obras contemporáneas de Pedro Montes, uno de los coleccionistas más serios y activos de Chile.

Mario Navarro, Red Familia, 1999, instalación, 120 x 80 x 220 cms. Cortesía: Colección Pedro Montes

NARRATIVAS – COLECCIÓN PEDRO MONTES

Centro Cultual El Tranque, Av. El Tranque 10300, Lo Barnechea, Santiago de Chile

Del 1° de junio al 5 de agosto de 2018

Imagen destacada: Máximo Corvalán-Pincheira, TLC pieza NEW, 2005, instalación de escultura con neón sobre caja y vidrio, medidas variables. Foto: Fernando Mendoza