La exposición La Poética del Residuo, que se exhibe en la Sala de Arte CCU de Santiago hasta el 1 de junio, reúne trabajos recientes y otros expresamente hechos para la ocasión de Catalina González (Chile, 1979) y Carlos Rivera (Luxemburgo, 1985), artistas ganadores del segundo y tercer lugar, respectivamente, de la Beca de Arte CCU 2017.

Curada por Alejandra Villasmil, la muestra celebra estos reconocimientos a través de un recorrido sintético por una serie de trabajos que tienen como hilo la noción de residuo: mientras Carlos Rivera trabaja con desechos urbanos o con herramientas que están a la mano en su taller, Catalina González acude a los desechos industriales, en su caso, de la minería.

Ambos artistas además comparten el impulso por explorar territorios y temas asociados a la memoria, el cuerpo, la oscuridad, o la tensión entre presencia y ausencia. En esta exposición se manifiestan tales conceptos y sus relaciones, a través de un conjunto de obras que dialogan en y con el espacio, entre ellas y con la historia pasada y reciente de Chile. Cruces en apariencia insospechados pero que, durante un recorrido por la sala, comienzan a tomar cierto espesor para terminar de construir una narrativa compartida, atingente a nuestros tiempos.

El siguiente es un recorrido virtual por la exposición, y que antecede a la visita guiada que los artistas y la curadora ofrecerán al público el próximo martes 29 de mayo, a las 19:00 horas, en la Sala de Arte CCU. El registro fotográfico es de Felipe Ugalde.

Catalina González, Circunvoluciones, 2017, video HD, blanco y negro, sonido stéreo, 5’51’’. Acciones sobre blancos militares en quebrada de Teliviche, Pisagua, Región de Tarapacá, Chile. Con Patricia Fuentes, Sandra García, Elena Espinoza, Odessa Flores, Catalina González. Foto: Felipe Ugalde

El registro documental me permite develar observaciones poéticas, relaciones espacio-temporales del hombre y su entorno que conforman una memoria, y que luego voy transformando en un diálogo ambiguo entre realidad, poesía y mi accionar en el lugar.

CG

Carlos Rivera, Sin estrellas, 2014-2018, imágenes realizadas en masking tape retroiluminado, 57 x 77 cm c/u. Colección Claudio Engel. Foto: Felipe Ugalde
Carlos Rivera, Vínculos de Proximidad, 2016, pieza lacada negra e intervenida con filos de cuchillos cartoneros, 152 x 244 cm. Colección Claudio Engel. Foto: Felipe Ugalde
Catalina González, de la serie Pampa Negra, 2016, fotografía impresa en papel de algodón con pigmentos minerales, 110 x 165 cm. Cortesía de la artista. Foto: Felipe Ugalde

La palabra territorio me ha empezado a incomodar, porque creo que indica demasiado desde los límites, de la propiedad, del poder administrativo, del control, del capitalismo… Creo que ahora trato de generar una idea desde el paisaje que me parece más compleja, que abarca lo que no se ve.

CG

Catalina González, El paisaje que nos une (a Érica Eunice Sánchez), 2014, fuente de agua de fierro y cobre, azufre, mapa de Bolivia del Desierto de Atacama de 1877 con demarcaciones del Salitre previo a la Guerra del Pacífico. ø200 x 205 cm. Cortesía de la artista. Foto: Felipe Ugalde
Carlos Rivera, Día, mes y año, 2018, semáforo encontrado en la esquina de Compañía con Almirante Barroso, dimensiones variables. Cortesía del artista. Foto: Felipe Ugalde

La ciudad se adapta perfectamente a mis proyectos; aquí encuentro los materiales más diversos, residuos, escombros, historias del pasado. La urbe es un sitio arqueológico sin jerarquías, un lugar que no da respuestas, sino que plantea incertidumbres.

CR

Carlos Rivera, Monocromía de la ausencia, 2018, archivo de flanches extraídos del suelo de Santiago, 160 x 114 cm. Cortesía del artista. Foto: Felipe Ugalde
Carlos Rivera, cuaderno de artista, 2018. Cortesía del artista. Foto: Felipe Ugalde
Carlos Rivera, cuaderno de artista, 2018. Cortesía del artista. Foto: Felipe Ugalde

Soy un artesano de las sombras, un “pintor” de fantasmas obsesionado con la invisibilidad de las cosas y con la exploración de una ciudad desconocida.

CR

Carlos Rivera, Estrellas Rojas, 2017, blackout negro retroiluminado, 253 x 155 cm. Cortesía del artista. Foto: Felipe Ugalde