Austin / Desmond Fine Art, en Londres, presenta Fragmented Dialogues. Art and identity in 1980s Chile, una exposición en colaboración con CF-LART London que reúne el trabajo del artista conceptual Mario Fonseca y el fotógrafo Mauricio Valenzuela. Tanto Fonseca (1948) como Valenzuela (1951) trabajaron en Santiago de Chile durante los años setenta y ochenta. A pesar de poseer dos cuerpos de trabajo aparentemente muy diferentes, ambos artistas compartieron intrínsecamente un fuerte diálogo en torno a las nociones de ausencia e identidad prohibida.

Desde 1972 y hasta principios de la década de 1990, la dictadura militar de Augusto Pinochet sumergió a Chile en una total oscuridad y silencio. La gente encontró seguridad en la reclusión y el anonimato por temor a ser denunciados ante un régimen caracterizado por la represión, así como por las detenciones, torturas y desapariciones sistemáticas. Ocultar la verdadera naturaleza individual, incluidos todos los pensamientos y creencias políticas, era una cuestión de supervivencia.

Mario Fonseca, Habeas Corpus 1, 1979-1982, gasa, desinfectante, cinta médica, impresión de gelatina de plata, alfileres, papel, 21 x 28 cm. Edición de 12. Cortesía del artista y CF-LART, Londres

Para Mario Fonseca el clima era sofocante. Desilusionado, inicialmente eligió no seguir su propia práctica. En cambio, trabajó como diseñador gráfico y editor, desempeñando un papel decisivo en la promoción de obras de otros artistas y poetas chilenos influyentes de la época, como Eugenio Dittborn, grupo C.A.D.A, Paz Errázuriz y Alfredo Jaar, entre otros.

A fines de la década de 1970, animado por Jaar -con quien colaboró estrechamente-, Fonseca comenzó a experimentar con ideas influenciadas por el arte conceptual. De 1979 a 1983, produjo una serie de trabajos fotográficos, en medios mixtos y películas. El uso del autorretrato fue fundamental para estas obras. Al colocarse en el centro de la imagen, Fonseca corría el riesgo de exponer su rostro a un “sistema estatal que despliega todos sus aparatos en la desaparición de los individuos”. Sin embargo, ocultando parcialmente su rostro (por ejemplo, con una franja negra en los ojos, o cubriéndose la cara con vidrios rotos), permaneció en el anonimato. Estas obras no fueron solo una atrevida declaración contra un régimen de censura, en el que la existencia siempre estuvo en riesgo, sino que también fueron la manera en que Fonseca abordó la “imposibilidad de ser diferente, como principio de la propia identidad frente a una abrumadora homogeneidad”.

Al titular la serie Habeas Corpus (en referencia a una normativa judicial que garantiza la libertad de cada individuo, evitando las detenciones “arbitrarias”), Fonseca también abordó las desapariciones y encarcelamientos cometidos por el régimen. Su franqueza fue inquietante, incluso entre sus colegas artistas, que prefirieron trabajar con códigos lingüísticos más sutiles y que criticaron duramente a Fonseca (como lo hicieron con Jaar), después de su controvertida exhibición del mismo título en galería Sur, en 1982.

Mario Fonseca, Habeas Corpus 7a + 7b (díptico), 1981, cartón, kodalith, cinta adhesiva, 21,7 x 27,9 cm c/u. Edición de 4. Cortesía del artista y CF-LART
Mario Fonseca, Habeas Corpus 7a + 7b (díptico), 1981, cartón, kodalith, cinta adhesiva, 21,7 x 27,9 cm c/u. Edición de 4. Cortesía del artista y CF-LART
Mauricio Valenzuela, Mapocho, 1980-1983, impresión vintage de gelatina de plata, 15.4 x 23 cm. Cortesía del artista y CF-LART, Londres

A diferencia de Fonseca, el trabajo de Valenzuela tiene sus raíces en el documental social. El fotógrafo se encuentra entre los más inusuales y originales del “período dorado” de la fotografía chilena en los años ochenta y noventa. Sus moderadas narrativas visuales, tomadas sobre todo en condiciones atmosféricas de espesa niebla y poca luz, capturaron el clima de abrumadora desesperación y opresión que pesaba sobre Santiago y sus habitantes bajo el régimen militar.

Sus series fotográficas se construyeron alrededor de composiciones no convencionales pero cuidadosas de personas anónimas, a menudo con el rostro recortado u oscurecido, mientras se apresuraban a desaparecer fuera de plano. En su trabajo, Valenzuela cuestionó la censura y la libertad de expresión; lo que se observa conlleva tanto peso como lo que está oculto.

Fragmented Dialogues intenta ampliar la comprensión de la historia del arte chileno más allá de la escena “oficial” establecida, destacando el trabajo de dos artistas, a menudo excluidos, que hicieron contribuciones claves e históricamente importantes al movimiento artístico de Chile durante los años más oscuros del país.

Mauricio Valenzuela, San Diego, 1980-1983, impresión vintage de gelatina de plata, 12,3 x 8,2 cm. Cortesía del artista y CF-LART, Londres
Mauricio Valenzuela, Sin título, 1980-1983, impresión vintage de gelatina de plata, 8,1 x 12,4 cm. Cortesía del artista y CF-LART, Londres

MAURICIO VALENZUELA Y MARIO FONSECA: FRAGMENTED DIALOGUES. ART AND IDENTITY IN 1980’S CHILE

Austin / Desmond Fine Art, Londres

Del 11 de mayo al 30 de junio de 2018

Imagen destacada: Mario Fonseca, L’observation de soi même 3, 1982-2014, polaroid sobre cartón, 19 x 37 cm, pieza única. Cortesía del artista y CF-LART