La fábrica es un proyecto centrado en la reconstrucción de memorias individuales, las cuales a través de diferentes procesos se van consolidando como memorias colectivas que luego actúan como protagonistas. El gran dispositivo que articula estas relaciones es el patrimonio arquitectónico de la ex industria textil de la ciudad de Tomé, en el sur de Chile [1]. La etapa editorial del proyecto, transformada en la publicación La Fábrica. Trazado de una investigación, es iniciativa de la artista Claudia Del Fierro y de Ana María Saavedra, galerista y gestora cultural. Su presentación pública se realizó en la Galería Metropolitana, en la comuna de Pedro Aguirre Cerda de Santiago, en marzo de 2018.

La Fábrica. Trazado de una investigación se enfoca en dar cuenta del proceso de un proyecto, es decir, la publicación en sí misma, de manera explícita, se plantea como un momento intermedio entre otros momentos. Como dice Ana María Saavedra, se llama la fábrica, pero en realidad se enfoca en las historias de las diferentes fábricas textiles de Tomé, aun cuando la más prominente es Bellavista Oveja Tomé [2], ya iniciada en 1865: un foco industrial muy importante, casi increíble para quienes nacen en el Chile post industrial.

Me detengo en el momento en que el Gobierno de Salvador Allende organiza la administración de la fábrica Bellavista con los sindicatos de trabajadores en 1971, y después en la represión post golpe militar. Este proyecto recogió muchos testimonios de resistencia cultural y de organización entre vecinos, tanto en la dictadura como en la defensa del patrimonio arquitectónico de esta ex zona industrial [3]. El libro recoge también los aportes del antropólogo Christian Matus, enfocado en los procesos de recuperación y de apropiación patrimonial comunitaria de los últimos años. Le sigue una crónica de la periodista Carolina Lara sobre los itinerarios de las agrupaciones culturales de Tomé desde los años cuarenta. Por su parte, el fotógrafo y arquitecto Nicolás Sáez entrega su testimonio sobre organizaciones culturales y artísticas que han trabajado en la recuperación de la memoria de Tomé. Un organigrama de las diversas líneas de investigación, los participantes y las experiencias que se han podido recabar, da cuenta de los alcances del proyecto.

Esta reseña se enfoca en los cruces de al menos dos temas: el arte contemporáneo y la historia de la arquitectura. Desde el punto de vista de la historia de la arquitectura, sería deseable creer que este cruce existe, porque originalmente se pensó que revisar las experiencias pasadas, tanto en arte, como arquitectura y diseño, podía servir para analizar los aciertos y los fracasos del pasado, y respectivamente, mejorarlos o evitarlos. Hoy en día, por ejemplo, la crítica del profesor Umberto Bonomo plantea que la práctica de la historia de la arquitectura y la teoría del arte ha caído en una especie de “culturalismo”, y ya casi ningún profesor o investigador está dispuesto a defender su trabajo como algo que podría ser fuente de respuestas a estrategias a seguir. Puede que algunos todavía lo piensen, pero no necesariamente estén dispuestos defender esta postura.

La Fábrica. Trazado de una investigación, Claudia Del Fierro, Ana María Saavedra (Eds.)

¿Pero para qué hacer historia de la arquitectura si no es para revisar las experiencias del pasado, y de ahí evitar repetir los errores y, mejor aún, perfeccionar los aciertos?

Desde el punto de vista del arte contemporáneo, la pregunta que vuelve una y otra vez, y que se cruza con este proyecto es: ¿es posible o imposible un arte contemporáneo chileno?

Claudia Del Fierro, la autora del proyecto, es explícita cuando plantea que éste no puede cambiar la situación actual de Tomé. Los temas tocados por esta investigación parecieran estar muy lejos de nuestras posibilidades, en consideración a querer resolverlos. Sin embargo, el proyecto existe y, más aún, fue precedido por otro proyecto de la artista en la localidad de Neltume, en relación con los trabajadores forestales desde los años sesenta. Son dos temas que necesitan solución, tienen poca visibilidad, y han sido motivación para dos proyectos de arte contemporáneo.

Hace unos años el teórico del arte y cientista político nigeriano Okwui Enwezor planteaba una definición que continúa vigente para cada iniciativa que pudiéramos llamar de “situación específica” (Miwon Kwon: 2002). El hecho de que Enwezor sea de origen nigeriano, y sea influyente en estos campos en un sentido global, podría aportar más a la reflexión desde una situación como la nuestra, problematizada por relaciones de centro y periferia.

Según Enwezor, una definición del arte en el siglo XXI no depende de un “gabinete de curiosidades” [4], sino que se define mejor por los procesos de identidad, subjetividad y representación. Sujetos a las previsiones de Kwon sobre la sobreutilización del término site specific, tal vez algunas personas podrían usar estas declaraciones del ex director de la documenta de Kassel y de la Bienal de Venecia para conseguir fondos concursables. Eso no quiere decir que las observaciones de Enwezor no se puedan aplicar a este proyecto.

Identidad quiere decir “lo igual a sí mismo”, esto significa ¿cómo sé quién soy yo? Al parecer este proyecto fue directamente con esta pregunta a los habitantes de Tomé: ¿cómo saben que ustedes son ustedes?

La segunda “herramienta” que plantea Enwezor es la pregunta por procesos de subjetividad. Aunque parezca obvio, hay que recordar que subjetividad es lo contrario de ambigüedad. Subjetividad es el proceso de construcción de significado, es decir, cómo un sujeto se dirige a un objeto; todo lo contrario a ambigüedad. Esto es algo complejo, pero que se puede establecer.

Algunos testimonios de Tomé recogidos de los años setenta y ochenta nos recuerdan que un proyecto artístico como el que precedió a éste, enfocado en Neltume, en esa época era una abierta crítica al gobierno. Hoy en día un artista puede dejar muy abierto el sentido de un proyecto así, pero a inicios de los años ochenta, para las autoridades militares de Chile, no había mucha subjetividad en relación al objetivo de tratar el caso de Neltume. En esa época la subjetividad estaba tan definida que, como plantea uno de los testimonios, si al realizar un acto cultural desde la Estación de Bomberos se escuchaba a Víctor Jara o Quilapayún, eso era un acto contra el gobierno. Hoy en la mayoría de los casos pasaría desapercibido.

Otro ejemplo que pasó desapercibido para la mayoría de los medios chilenos fue el gesto de Enwezor en la Bienal de Venecia del año 2015 al rescatar obras expuestas en 1974 en solidaridad con Chile.

¿Esta sería la apuesta por la posibilidad de un arte contemporáneo chileno? ¿Establecer los procesos y mecanismos de construcción de significado de una forma, y con unos objetivos, diferentes a los de una consultora que encuesta a los habitantes de Tomé para ver si es viable la instalación de un mall?

La Fábrica. Trazado de una investigación, Claudia Del Fierro, Ana María Saavedra (Eds.)
La Fábrica. Trazado de una investigación, Claudia Del Fierro, Ana María Saavedra (Eds.)

Al contrario, como hacía el artista conceptual Joseph Kosuth, las interrogantes del proyecto van en el camino de establecer la lógica interna de construcción de significado, y luego preguntarse por las determinantes de contexto que permiten establecer un significado para el arte.

Citar a Kosuth es pertinente, quien, motivado por la elección de Salvador Allende, le pregunta a Gordon Matta-Clark por Chile, y nos visita realizando una conferencia en el desaparecido Instituto de Arte Latinoamericano de la Universidad de Chile [5], lugar ideal para preguntarse por la posibilidad o imposibilidad de un arte contemporáneo chileno. ¿Y cuál fue el título de la conferencia?: Tú puedes pintar si quieres, pero con eso no vas a lograr nada. La conferencia fue traducida al público por Juan Downey, alguien como sabemos muy interesado en los procesos de identidad y subjetividad a través de la técnica.

Una tercera herramienta que entrega Enwezor para pensar el arte contemporáneo en el siglo XXI es la representación, es decir, cuáles son los mecanismos para volver a presentar la realidad.

Teniendo pocos antecedentes sobre Tomé, es de agradecer, entre otras cosas, la difusión que hace Christian Matus sobre diferentes avances por la revalorización del patrimonio y sus herencias, y en paralelo la detallada información que entrega Claudia Del Fierro, que en un sentido positivo recuerda al texto de Kosuth El artista como antropólogo, etnógrafo podríamos decir también.

Desde un caso específico, un antecedente difundido sobre Tomé es su relación con el proyecto Cybersyn o Synco. Cybersyn se trataba de un sistema de transmisión de información en tiempo real (online), y la administración descentralizada de los medios productivos a cargo del gobierno. A través de una estructura de asambleas cada unidad del sistema tenía en potencia todas las características del sistema y poder de decisión [6]. Otro antecedente es que Bellavista fue una empresa emblemática que se estatizó durante la Unidad Popular, y cuya administración se entregó a sus trabajadores.

La Fábrica. Trazado de una investigación, Claudia Del Fierro, Ana María Saavedra (Eds.)

Se sabe que en ese período existía un proyecto llamado Cyberfolk, el que consistía en un circuito de televisores Antú, fabricados en Chile y distribuidos en las casas de los vecinos de cada comuna. Durante el Consejo Municipal estos vecinos podían ver el consejo televisado, y tenían poder de voz y voto en las decisiones a través de una botonera conectada con la Municipalidad. Este proyecto complementario a Cybersyn fue planteado de manera experimental en Mejillones y en Tomé. Probablemente esa decisión tenía que ver con la definición industrial y de gestión descentralizada que en ese momento tenía la zona.

Cyberfolk contó con las ideas cibernéticas del científico británico Stafford Beer, las cuales, aplicadas en el uso de la tecnología se resumen en su Modelo de Sistema Viable (VSM). En un VSM la tecnología no es el objetivo final. Al contrario, un VSM considera la relación del ser humano y su capacidad de decisión, en concordancia con el medio ambiente natural, cultural, social, económico donde se desarrolla su proyecto. La tecnología no es más, ni menos, que la mediadora entre este ser humano y su medio ambiente.

A través de estos tres elementos se puede llegar a un cuarto: la acción.

La tecnología, y las diferencias fundamentales entre producirlas y usarlas, no bastan como objetivo final para la autodeterminación, sino más bien la cultura asociativa de manera efectiva, que utilizará, o desperdiciará, diferentes medios según sean sus necesidades o contradicciones. Aquí estaría el punto central. Desde la “ingenua” perspectiva de revisar la historia también podemos referirnos a la metodología del VSM, y examinar su metodología que revisaba los referentes sistematizando “futuros posibles” para trazar “prospectivas”, o perspectivas a futuro.

¿Qué nos pasa como chilenos, o sudamericanos, cuando nos enteramos de la historia y repercusiones que tuvo Bellavista Oveja Tomé?

Puede ser que los santiaguinos sientan que Tomé está en la periferia. Puede ser que alguien de la comuna de Las Condes sienta que la comuna de Pedro Aguirre Cerda está en la periferia. Pero si revisamos este pasado industrial que ya no tenemos, nos sentimos que en Santiago o Tomé estamos en la periferia, pero que alguna vez no lo estuvimos tanto.

Según el historiador Gabriel Salazar, hace cien años Chile tenía más industrias que hoy, 2018. Muchos dirán que es ingenuo pensar que la historia de Tomé nos podría enseñar algo para el futuro; además, los críticos podrían decir que su recorrido está excesivamente idealizado. El Chile de entonces era un país mucho más pobre que ahora, no solo en términos materiales. Hace 100 años, época en que Bellavista ya contaba con una trayectoria excepcional de medio siglo, solo una de cada diez personas en Chile sabía leer y escribir.

Sin embargo, cuando cambió el modelo económico y el Estado quitó toda protección al desarrollo de la industria local los que se dedicaron a estudiar nuestro caso, por ejemplo, fueron los coreanos del sur. Y podemos hacer muchas críticas, pero también podemos comparar cómo ese país extremadamente neoliberal invierte mucho más que nosotros en educación. Yo pregunto, ¿cuántos aquí usan productos Daewoo o Samsung? Y estoy seguro que muchos de los ex operarios de Bellavista entrevistados recuerdan los productos IRT armados en Arica.

En los años sesenta la pobreza de los coreanos del sur era mayor que la pobreza sudamericana, y eso es mucho decir. No digo que esta sea la solución, podríamos comparar los casos actuales de Nokia en Finlandia contra la protección al desarrollo de software en Uruguay. Ambos países diferentes en muchas cosas, pero con mucha mejor distribución de ingreso que los chilenos.

Para empezar a trabajar a partir de los diferentes caminos que propone este trabajo, existe otra herramienta de los estudios culturales que podría ser complementaria. Fredric Jameson toma algunas herramientas del psicoanálisis Lacaniano, las mezcla con los estudios de la imagen y la percepción de la ciudad de Kevin Lynch, y con los aportes sociológicos y económico-políticos de la Escuela de Frankfurt. Jameson sabe que sus alumnos de EEUU no van a leer como los alumnos de Lacan en Francia. Entonces, para el desarrollo de su versión de cartografía cognitiva, previamente explica la estructura de imaginario, simbólico y real, de esta manera:

Imaginario es el espacio infinito de descubrimiento de significados sobre nosotros mismos, tal vez en cierta medida sea el espacio de la poesía, o la filosofía. Imaginario es el profundo, e infinito placer, de contar un sueño que tuvimos, y cada vez que convertimos un elemento en palabras sentimos un placer al descubrir algo más sobre nosotros, pero imaginario también es el profundo contraste con el aburrimiento que le produce a otra persona escuchar el sueño de otra persona.

Haciendo una reducción para sus alumnos, que seguramente a Lacan no le gustaría, Jameson explica que cuando a otra persona no le aburre escuchar un sueño, eso ya no es el imaginario, eso es el espacio de lo simbólico. Es decir, es una representación, un volver a presentar la realidad como decía Enwezor, que significa una “promesa de realidad”, una “promesa de pasar al acto”.

Al leer todas las dinámicas grupales de este proyecto, desde el significado que tenía para los trabajadores estar bien vestidos, hasta las actividades en dictadura, pasando por los recuerdos de la represión a los trabajadores después del golpe militar, el espacio de lo simbólico solo puede ser reforzado a través de este tipo de trabajos que impulsan la liberación de cada imaginario, hasta articularse en promesas de realidad [7].

“El inconsciente nunca se hace consciente”, metodológicamente deberíamos asumirlo; sin embargo, el inconsciente suele determinar los hechos mucho más. De la misma manera, podríamos decir que la memoria en realidad no existe, nosotros reconstruimos de manera selectiva un pasado que nos dice hacia dónde ir, un pasado que justifica nuestro presente y plantea nuestros futuros posibles. Es por eso que me alegro de haber conocido a través de este proyecto todo lo que ha pasado en Tomé en los últimos años a partir de sus recuerdos. Sin pasado no sabemos quiénes somos; eso suena tan obvio que se nos olvida de manera insistente. ¿Alguien por ejemplo alguna vez ha dudado que un recuerdo de infancia en realidad fue inventado por nosotros mismos para darnos sentido en el presente?.

La Fábrica. Trazado de una investigación, Claudia Del Fierro, Ana María Saavedra (Eds.)

Algunos testimonios de la escuela de diseño en HfG Ulm en Alemania y también en la Escuela de Filosofía operaban así: los estudiantes se juntaban a comparar sus apuntes de clases individuales hasta redactar un solo apunte colectivo. También ocurre con estudiantes de psicología, porque lo que significa transferencia, o proyección, o cualquier otro término, para cualquiera, estamos casi seguros que significa lo mismo para los demás, pero eso rara vez ocurre, y con esta contrastación grupal se comprueba una vez más la diferencia entre imaginario y simbólico. Cito una entrevista de Alejandro Jodorowsky, cuando una periodista le pregunta si Tocopilla o el barrio obrero de Matucana de su juventud eran su imaginario, y él tajante dice que no, que no eran imaginarios, que eran reales.

Hay preguntas que quedan abiertas: ¿Para qué le sirve el arte contemporáneo a Bellavista Oveja Tomé?, ¿Para qué le sirve Bellavista Oveja Tomé al arte contemporáneo? ¿Es parte de nuestra identidad destruir los testimonios materiales de la historia colectiva de manera continua?, y ¿por qué, a pesar de todos los indicadores en contra, hay quienes están dispuestos a conservar estas memorias aunque sea a nivel poético?

Al revisar el testimonio de las mesas ciudadanas de Tomé, queda en evidencia la importancia fundamental que tuvieron, así como todo el proceso para fortalecer un nuevo o renacido sujeto ciudadano colectivo, dispuesto a luchar y defender por años de tramitaciones el patrimonio arquitectónico que lo fortalece identitariamente. Desde esa perspectiva, por ejemplo, existen cruces con las ideas de la Internacional Situacionista, cuando en 1957 planteaban una “cartografía cognitiva”, un mapa mental del territorio construido por las personas, pero luego plantean una “situación construida”, aunque deberíamos citar las referencias y equivalentes locales de época en Sudamérica. Desde una mentalidad algorítmica en la que aún confiamos a pesar de todo, no puede sino ser visto como algo positivo que este tipo de definición de arte haya estado aquí presente de manera tan activa en la reconstrucción, protección y fortalecimiento de los procesos de construcción de significado, logrados de manera colectiva en un contexto difícil.

Una frase del periodista Roger Pol Droit, un día después del suicido de Gilles Deleuze, serviría como conclusión: “Lo importante, por lo tanto, no será inventar lo múltiple, sino llevarlo a la práctica”.

Así, solo queda agradecer por este proyecto, por la restitución de imaginarios traducidos en interfaces de lo simbólico, contribuyendo conceptual y materialmente a futuros posibles. Este fue el gran mérito de la comunidad de Tomé por haber confiado, en el contexto que nos tocó hoy, y a quienes nos transmiten estas experiencias.

 

LA FÁBRICA. TRAZADO DE UNA INVESTIGACIÓN

Claudia Del Fierro, Ana María Saavedra (Eds.)

96 páginas

Diseño: Almacén Editorial

Trama Impresores S.A.

ISBN: 978-956-393-410-6

2018

 


[1]    La industria textil de Tomé comienza en 1865 con la Fábrica Bellavista, desarrollándose a lo largo del siglo XX, junto a otras fábricas que transforman la zona en un próspero centro de desarrollo económico en la región. Las fábricas de Tomé viven el auge industrial, los movimientos sindicales, la estatización, la dictadura militar y el cambio de modelo económico que llevará a la desindustrialización.

[2]    Bellavista Oveja Tomé, la fusión de las fábricas Bellavista y Paños Oveja de Tomé.

[3]    La Fábrica es un proyecto de investigación artística que, por medio de registros en audiovisuales, encuentros, entrevistas, recopilación de archivo y objetos, reconstruye un imaginario local. Los propios materiales encontrados y las derivas que desde allí se suceden definen una praxis y dibujan una cartografía específica en la ciudad de Tomé.

[4]    Esta figura viene claramente de la ilustración francesa, de la época de la Enciclopedia de Diderot, cuando Francia era “el centro del mundo” gracias a su desarrollo científico, militar y comercial.

[5]    El Instituto de Arte Latinoamericano de la Universidad de Chile, conceptualmente, una fusión del Museo de Arte Contemporáneo y el Museo de Arte Popular Americano.

[6]    Otro antecedente indirecto es la frase del arquitecto Pastor Correa en diciembre de 1952 -veinte años antes del Cybersyn- cuando presenta su emblemática tesis “Ensayo de Planificación del Gran Santiago EPGS”, al realizar su estudio del desarrollo industrial sin planificación, y cómo defiende la necesidad de descentralización de entonces a través del traslado de las industrias a regiones.

[7]    Muy motivador resulta el trabajo reciente de los estudiantes de arquitectura de Concepción en Tomé, recordando indirectamente la colaboración de los estudiantes de 1955 con el sindicato de mineros de Lota en el diseño de su Teatro. Esas cosas ya casi no pasan en las actuales 44 escuelas de arquitectura chilenas.

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David Maulen de los Reyes

Es investigador de interfaces entre arte, ciencia, tecnología y procesos de cambios sociales en el Cono Sur. Investigador de sistemas de representación social y sociología de la producción simbólica. Licenciado en Arte por la Universidad de Chile, Post-título en Estudios Culturales F. Rockefeller y Universidad Arcis, Magíster en Comunicacion por la Universidad Austral de Chile y Conicyt.

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