Pocas cosas son similares al deseo que emana del chocolate. En las culturas mesoamericanas, el cacao estuvo asociado al inframundo, en tanto que el maíz se relacionaba usualmente con el día. Los registros arqueológicos en la región dan cuenta del cacao como elemento fundamental de la cultura Maya, cuya importancia radicó no solo en su valor como moneda, sino como objeto sagrado usado en funerales y ceremonias.

La teobromina es un alcaloide componente del cacao que estimula la producción de endorfinas, asociadas usualmente a la felicidad. Teobromina es una palabra grecolatina que significa manjar de los dioses. Sin embargo, ese valor cultural específico ha sido desplazado por la sensualidad del hip comercial; disciplinando el deseo a partir de formas específicas de lo que hoy conocemos como chocolate, hemos asistido silenciosamente, desde la primera mitad del siglo XX, al simulacro universal del cacao.

En el 2014 se organiza en la Galería Christinger de Mayo, en Zúrich, la exposición Chocobanana Game, del artista hondureño Adán Vallecillo, presentada -y no por azar- en una de las capitales mundiales del chocolate. El cacao industrializado ha representado una suerte de fetiche orgánico, despojado simbólicamente de todo el entramado de la economía política que le dio origen. De esta manera, el mercado global lo presenta como producto universal de consumo, dejando intactas sus características sobrenaturales. ¿Acaso puede haber acto de exotización cultural más deliberado que éste?

Esa sobrenaturalidad podría ser pensada como el efecto Oompa Loompa. No es casualidad que Willy Wonka haya mantenido en secreto a esos seres mágicos escondidos por tanto tiempo. Estos no solo trabajan incansablemente día y noche, sino que además parecen disfrutar de su condición de explotados. Ellos son los adoradores silenciosos del chocolate, aunque poco conscientes de su rol de obreros. Son tanto el secreto del “éxito” de la industria como el síntoma psicoanalítico del chocolate. Sin ellos, nada pudo haber sido producido.

Vista de la exposición "Sobrenatural", de Adán Vallecillo, en Galería Extra, Ciudad de Guatemala, 2018. Foto: Juan Carlos Mencis. Cortesía: Galería Extra
Vista de la exposición "Sobrenatural", de Adán Vallecillo, en Galería Extra, Ciudad de Guatemala, 2018. Foto: Juan Carlos Mencis. Cortesía: Galería Extra

La exposición de Vallecillo en Galería Extra, Guatemala, parte de esa tensión permanente entre la simulación del producto y la cadena de re-semantización y explotación laboral para llegar a este; supongamos que Adán fue en busca de los Oompa Loompas y los encontró. En el 2013, el artista realiza un viaje de investigación a Quetzaltenango, la costa sur de Guatemala y la costa caribe de Honduras, poniendo especial atención a las distintas etapas de producción del chocolate, desde las plantaciones de cacao hasta su transformación industrial y artesanal.

Las obras que integran esta exposición, titulada Sobrenatural, se presentan como abstracciones no muy distintas de los ejercicios que el tecno-lenguaje del mercado realiza, pero con una diferencia fundamental: su propósito, más que simular, es develar.

Filograma es un ejemplo particular de esto: la obra se presenta como un trabajo de diseño arquitectónico que emula los patrones de las tabletas de chocolate, contraponiéndolos a textos que remiten a una mirada antropológica de la civilización Maya. Por otro lado, los dibujos Telúricos creados a partir del pigmento del chocolate devienen sutil y delicioso encuentro entre imagen y recurso.

Sobrenatural es un proyecto sobre el enigma del cacao y la compleja relación entre forma y deseo. Observar los dibujos que resultan en una abstracción del chocolate, o transitar por su arquitectura representan formas inversas de sensualidad; una suerte de imagen que deviene chocolate; una sutil conspiración entre placer y terror.

Vista de la exposición "Sobrenatural", de Adán Vallecillo, en Galería Extra, Ciudad de Guatemala, 2018. Foto: Juan Carlos Mencis. Cortesía: Galería Extra
Vista de la exposición "Sobrenatural", de Adán Vallecillo, en Galería Extra, Ciudad de Guatemala, 2018. Foto: Juan Carlos Mencis. Cortesía: Galería Extra
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Pablo José Ramírez

Nace en 1982, en Xela, Guatemala. Curador, investigador y teórico político. Fundador y director del Simposio de Arte y Pensamiento Político Contemporáneo “Absurdo”. Le interesa la relación del arte con la teoría política crítica, las prácticas de transmutación étnica y la curaduría como lugar de producción de conocimiento no disciplinar. Su trabajo ha estado vinculado principalmente a la exploración crítica de las formas de racializacion propias de los estados modernos en Latinoamérica. Actualmente se encuentra desarrollando una investigacion para Goldsmith´s en la región andina y mesoamericana sobre formas de apropiación prehispánica y colonial en el arte contemporáneo.