En los últimos quince años, Mario Cader-Frech, coleccionista de arte y fundador y presidente de Y.ES Contemporary, ha brindado un importante apoyo a artistas contemporáneos salvadoreños. Este compromiso se hizo internacionalmente notorio hacia el 2014, cuando junto a la sudafricana Claire Breukel, actual directora y curadora de Y.ES, y el artista salvadoreño Simón Vega, quien había representado ese año a su país en la Bienal de Venecia, editaron Y.ES Collect Contemporary El Salvador, la primera publicación impresa y digital bilingüe dedicada al arte contemporáneo salvadoreño.

El libro representa el primer mapeo completo de las prácticas artísticas contemporáneas de El Salvador, al reunir no solo entrevistas con los artistas activos o “del momento” de ese país, sino también conversaciones con curadores, directores de museos, críticos e historiadores del arte internacionales que arrojan otras miradas sobre el circuito local, incluidas las condiciones de mercado en y para El Salvador dentro del concierto global del arte.

A lo largo de sus veintiocho entrevistas, el libro reveló además que son cuatro los temas importantes y recurrentes en el arte salvadoreño reciente: la historia de la guerra en El Salvador -de la cual dan cuenta a través sus obras artistas como Ronald Moran, Walterio Iraheta, Simón Vega y Mayra Barraza-; la ausencia de un mercado del arte; la presencia de la diáspora y la importancia del intercambio cultural –como es el caso del artista afincado en Nueva York, Irvin Morazan-; y el impacto de Internet.

En el año 2000, Mario Cader-Frech, con el apoyo de amigos en Washington D.C., abrieron en el Consulado salvadoreño de esa ciudad uno de los primeros espacios de exhibición dedicado al arte conceptual de artistas salvadoreños: el Latin American Cultural Space. El programa incluyó a artistas de El Salvador y a artistas salvadoreños que vivían en Estados Unidos que trabajan con temas de identidad, las consecuencias de la guerra civil y la emigración. Este programa permaneció abierto durante diez años y finalmente se expandió a los consulados en Boston, Nueva York y Miami.

Tres años más tarde, Cader-Frech comenzó a trabajar con el Museo de Arte de El Salvador (MARTE), donde durante una década organizó exhibiciones, charlas y visitas de profesionales y expertos internacionales que han derivado en una mayor visibilidad de los artistas salvadoreños. Es el recorrido que ha seguido también Y.ES con su programa de desarrollo profesional de artistas y gestores, visitas a talleres, exhibiciones, actividades públicas, publicaciones, residencias, y una biblioteca especializada en arte, que recibe donaciones de individuos e instituciones.

Conversamos con Mario Cader-Frech –quien se acaba de unir como miembro del Fondo de Arte Latinoamericano y del Caribe del MoMA– sobre lo que ha implicado levantar una iniciativa de este tipo en El Salvador, un país con destacados artistas que han venido trabajando tanto a nivel local, como internacional como parte de la diáspora, pero que sin embargo no han contado con un tejido conectivo estructurado en forma de instituciones o material escrito que los una dentro de un marco cultural identificable. Después de todo, el país había soportado una guerra civil de doce años y, aún en medio de la reconstrucción social, política y moral que vino después, la exportación de su movimiento artístico al resto del mundo se ha visto obstaculizada.

Registro de Y.ES Art Trip 2017, por Walterio Iraheta. Cortesía: Y.ES

Alejandra Villasmil: Comencemos por cómo surge tu interés en coleccionar arte contemporáneo y cómo eso termina moldeando la misión de Y.ES. He leído que todo parte gracias a la orientación de Tom Healy y Amy Cappellazzo, quienes te animaron a apoyar programas de arte que se enfocaran en movimientos conceptuales y de vanguardia de El Salvador. Esto fue a mediados de los años 90, cuando los movimientos artísticos en Costa Rica y Guatemala estaban comenzando a ganar impulso, pero América Central en su conjunto todavía estaba subrepresentada internacionalmente. La razón de esto era que la mayoría de los países de América Central carecían de una estructura cultural cohesiva y organizada. ¿Podrías contarnos cómo se dio esta transición, de estar consciente de esta realidad, siendo un coleccionista de arte salvadoreño, a dar visibilidad a lo que sucedía en El Salvador en el campo del arte?

Mario Cader-Frech: El interés en coleccionar arte contemporáneo surge a partir de conocer a mi pareja hace 27 años, cuando comenzábamos a invertir en bienes raíces en la Costa Este de Estados Unidos, y queríamos incluir arte contemporáneo en las fachadas de nuestras construcciones o remodelaciones. Al principio de los 90 compramos varias cuadras en lo que ahora es el Meat Packing District de Nueva York y fue en ese entonces cuando entramos al mundo del arte contemporáneo de Manhattan; empezamos a coleccionar artistas conceptuales asentados en Nueva York. Luego Amy y Tom me invitaron acompañarles a la Bienal de Venecia (mi primera visita) donde me di cuenta que El Salvador y casi toda Centroamérica carecían de representatividad. Y fue entonces cuando me aconsejaron que apoyara el movimiento de arte conceptual contemporáneo en El Salvador.

Como bien dices, en los años 90 Centroamérica estaba subrepresentada internacionalmente por falta estructuras y plataformas que ayuden a impulsar a artistas en un contexto internacional. Y es por eso que el primer proyecto que se inauguró en abril del 2000 (el cual duró diez años) se llamaba Latin American Cultural Space, en Washington D.C. Era una galería de arte adentro del Consulado de El Salvador en Washington DC donde exponíamos a un artista de El Salvador cada dos meses y formábamos parte del circuito de galerías de Dupont Circle. Los artistas jóvenes tuvieron por primera vez una plataforma para mostrar obras conceptuales que no tenían su público en El Salvador. Al pasar del tiempo me di cuenta que necesitábamos crear una plataforma para mejorar la calidad del arte que salía del país.

El segundo proyecto también duró diez años y se llama MARTE Contemporáneo, en colaboración con el Museo de Arte de El Salvador. Un programa que invitaba dos veces al año a artistas internacionales a realizar un proyecto in-situ en el museo. Estos artistas trabajaban en colaboración con artistas locales para crear sus obras y además daban un workshop y una charla. Los artistas locales se nutrían de esta interacción y comenzaron a producir obras de una calidad de nivel internacional. Este programa también mostraba una vez al año una exposición de artistas locales para prepararlos para el campo internacional.

Lo que aprendimos de estos dos proyectos es que los artistas locales se nutren más al recibir invitados internacionales. Y es entonces que cambiamos el rumbo: contratamos a Claire Breukel como directora, para lanzar el programa Y.ES Contemporary, el cual está enfocado en realizar dos Art Trips al año para invitados internacionales. Estos invitados con curadores, críticos de arte, académicos, investigadores, galeristas, directores de museos y bienales, etc. El programa no tiene una agenda per se; todo lo que se da es de una forma orgánica. Hasta la fecha hemos hecho cuatro o cinco de estos Art Trips y el resultado ha sido magnífico. Artistas del país ahora están representados por galerías en Nueva York, han sido adquiridos para colecciones institucionales como el Pérez Art Museum Miami (PAMM) y Museum of Fine Arts de Houston. Sus obras también han sido presentadas en museos o espacios de arte como Palais de Tokyo y Creative Time en Nueva York.

Registro de Y.ES Art Trip 2017, por Walterio Iraheta. Cortesía: Y.ES

AV: El Salvador es el país más pequeño y más densamente poblado de América Central, con una economía que depende de las remesas de los salvadoreños que viven y trabajan en el extranjero. Aunque han pasado poco más de veinte años desde el final de su guerra civil, el país sigue luchando contra la pobreza y la violencia de pandillas. Pero en medio de estas complejidades que no son atípicas en muchos otros países de América Latina, persiste una cultura dinámica y una comunidad artística contemporánea muy unida. ¿Cómo se desarrolla un programa como Y.ES en estas circunstancias? ¿Cómo puede esquivar y, a la vez, aprovechar este tipo de complejidades?

MCF: De alguna manera u otra, los que habitan en zonas de conflicto como El Salvador o Siria desarrollan un sexto instinto de sobrevivencia. Y aunque enfrentas muchas amenazas cotidianas sin cesar, decides que la vida tiene que seguir y tienes que estudiar, trabajar, ser padre de familia, ser hijo, etc. Los artistas siguen siendo artistas y algunos responden a su entorno con el arte, mientras que otros escapan y se enfocan en temas alternos.

Algo peculiar que escucho de casi todos los invitados de los Y.ES Art Trips es su asombro en la unidad que existe en la comunidad artística contemporánea. Muchos se asombran de que, al finalizar una visita de estudio, el artista recomienda ir a visitar otros estudios. Algo que no sucede en muchos lugares. La cultura dinámica que se palpa al visitar El Salvador se debe a que los artistas han reconocido que el arte es también una fuente de trabajo, y que si aprovechan estas plataformas de formación y capacitación al máximo podrán realizar su sueño de ser artistas a tiempo completo.

AV: El programa Y.ES Art Trips contó el año pasado con representantes del Museo Tate (Londres), Creative Time (Nueva York) y la casa de subastas Phillips, entre otros. ¿Cómo puede insertarse la escena local en el circuito internacional a través de estas nuevas conexiones?

MCF: Los Y.ES Art Trips duran aproximadamente cinco días, en los cuales llegas a conocer la historia del país y a ver todo lo que la comunidad artística contemporánea tiene que ofrecer: exhibiciones institucionales, visitas de estudios de artistas, charlas, workshops, revisión de portafolios de artistas que no tienen estudio, etc. Todo este itinerario no tiene otra agenda que mostrar esta escena artística y que el participante la observe y digiera de una forma orgánica e individual. Claro, tenemos deseos de que todos los que vengan a visitar el país se lleven no solo un buen recuerdo, sino que en algún momento vean la oportunidad de incluir a un artista salvadoreño en sus proyectos. A la fecha, pudiera decir que en menos de dos años todos los que han participado han incluido a algún artista de una forma u otra en sus proyectos.

Registro de Y.ES Art Trip 2017, por Walterio Iraheta. Cortesía: Y.ES
Registro de Y.ES Art Trip 2017, por Walterio Iraheta. Cortesía: Y.ES

AV: Recientemente se unió a ustedes como asesora Adriana Cisneros Phelps de Griffin, CEO y Vice Presidenta de la Organización Cisneros. ¿Cuál es el trabajo que planean desarrollar en conjunto?

MCF: Adriana, y su madre Patricia, han sido mentoras de mis proyectos de una forma familiar o amistosa por mucho tiempo. Por lo tanto, Adriana ahora se une al Comité de Asesores de Y.ES formalmente para ayudarnos con el crecimiento del programa y eventualmente ofrecer más oportunidades para los artistas de El Salvador. En lo personal, yo no creo en reinventar la rueda siempre, porque muchas veces las que existen son muy buenas, y lo que la Fundación Cisneros ha logrado es un ejemplo a seguir para todos los programas con aspiraciones como las de Y.ES.

AV: Otras iniciativas de Y.ES son las subvenciones para proyectos de artistas, y como novedad, una nueva subvención para teóricos del arte en colaboración con periódico The Miami Rail -con el apoyo de Gabriela Poma y Susanne Meline-, además de conferencias y visitas online a talleres de artistas salvadoreños. ¿Podrías comentar cómo funcionan estos programas y el impacto que han tenido en el desarrollo de las prácticas de artistas y gestores de El Salvador?

MCF: Durante los primeros dos proyectos (Espacio Cultural Salvadoreño y MARTE Contemporáneo) no existían programas de becas en el país. Los artistas tenían que pedir directamente a mecenas la ayuda para lograr realizar un proyecto, participar en una residencia, o ir a la inauguración de una exhibición donde estaban participando. Y.ES está constantemente expandiendo su programa para crear esas plataformas que aún no existen en el país. Ahora tenemos dos ciclos al año en los que los artistas pueden postular para obtener una beca y realizar sus proyectos, viajes, residencias, etc. Estas mismas becas se han expandido ahora gracias al apoyo de Gabriela Poma y Susanne Meline, quienes están liderando las subvenciones para teóricos del arte. Estas nuevas estructuras también ayudan a formar a los artistas en cómo postular a otros programas de becas en otros países.

AV: Hablabas de resultados concretos del programa. Por ejemplo, la inclusión del trabajo de Abigaíl Reyes en la galería Lokkus de Medellín (Colombia), o de Walterio Iraheta en la feria ArtBO (Bogotá). Vivian Pfeiffer, de Phillips, también apoyó una subasta para levantar fondos para las becas Y.ES para artistas. Y muchos alcances más. Estos datos están en el informe de resultados de Y.ES correspondientes al 2017. Cada año la iniciativa se hace con más logros, según estas estadísticas. ¿Cuál es tu sueño? ¿Cuál es el objetivo final de Y.ES?

MCF: Exacto. Parece que cada participante que se une a los Y.ES Art Trips se lleva una buena impresión de la comunidad artística contemporánea y los incluyen en sus proyectos. Artistas que son “Alumnos de Y.ES” están realizando proyectos que me dan mucha alegría: Simón Vega está haciendo la gran escultura pública para el festival de música Coachela, otros artistas están presentando sus videos en el Palais de Tokyo, varios están en conversaciones con galerías en EEUU y Europa. Todo esto se está realizando ya sin las “manos” de Y.ES. Ese es el objetivo de Y.ES, llegar a ser el catalizador de un movimiento artístico que pueda tomar su propia fuerza y alas para llegar a su máximo potencial.

Registro de Y.ES Art Trip 2017, por Walterio Iraheta. Cortesía: Y.ES
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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.