A lo largo de su carrera, Sandra Gamarra (Lima, 1972) ha venido desarrollando una serie de pinturas que copian otras obras de arte, presentaciones museográficas o exhibiciones de museos. En el contexto latinoamericano, la traducción y la copia son prácticas esenciales para invocar la memoria de un objeto, traduciendo el pasado tal como es recordado en el presente. Como dice Gamarra: «sin copia no hay original».

Continuando con su investigación sobre los mecanismos que operan dentro de las exhibiciones, las instituciones y los modos visuales de distribución del arte -que se convierten en metáforas para la construcción de la identidad individual-, la artista presenta actualmente en la Galería Juana de Aizpuru, en Madrid, su exposición Rojo Indio, espacialmente distribuida como dos salas de un museo: la Sala de Objetos Encontrados y la Sala del Ostracismo.

La Sala de Objetos Encontrados reúne una colección de pinturas de géneros clásicos, como retratos, bodegones y paisajes, pero que cuentan una historia de objetualización de las personas, de su cultura, de los recursos y de los espacios que habitan. La Sala del Ostracismo, en tanto, consta de diez vitrinas con imágenes de cerámicas andinas, todas ellas parte de algunas colecciones precolombinas de museos en España. Estos objetos, desarraigados de su uso tradicional, son organizados, ordenados y exhibidos con distancia y pulcritud. En la parte posterior de los mismos, están escritas palabras con las que se ha denominado a ese “otro” históricamente.

Sandra Gamarra, "Rojo Indio". Vista de la exposición en Galería Juana de Aizpuru, Madrid, 2018. Foto: Oak Taylor-Smith
Sandra Gamarra, "Rojo Indio". Vista de la exposición en Galería Juana de Aizpuru, Madrid, 2018. Foto: Oak Taylor-Smith

Según la artista «las palabras ‘rojo’ e ‘indio’, además del nombre de un tono de color del óxido de hierro, han terminado denotando al hombre originario de Los Andes de manera peyorativa. Cuando se piensa en indios, se imagina a cualquier nativo americano, no necesariamente a los habitantes de la India, y esto viene dado por el error histórico de Colón. Y cuando se piensa en rojo en relación al indio, inmediatamente se le relaciona con comunista, marxista, izquierdista o anti-sistema. Sin embargo, los habitantes de América del Sur no son ni indios ni tienen una cultura dependiente del pensamiento de izquierda occidental. Pero en la cosmovisión eurocéntrica, todo depende y surge de su lógica, y por tanto todo debe enraizarse en ella. El Rojo Indio vendría a ser, entonces, ese habitante de tierras no occidentales que se opone a la idea de progreso, y que por tanto es inculto, salvaje y primitivo.

Estas salas ficticias de museo cuentan una historia aparentemente neutra, en donde géneros de la pintura como el bodegón, el retrato o el paisaje son parte de una manera de entender el mundo, impuesta como única y verdadera, y que son antecesoras de otros órdenes más contemporáneos, como la organización del trabajo, de la migración de personas, de las culturas que la contradicen, de los recursos naturales y del arte».

Sandra Gamarra, "Rojo Indio". Vista de la exposición en Galería Juana de Aizpuru, Madrid, 2018. Foto: Oak Taylor-Smith
Sandra Gamarra, "Rojo Indio". Vista de la exposición en Galería Juana de Aizpuru, Madrid, 2018. Foto: Oak Taylor-Smith
Sandra Gamarra, "Producto (castas)", 2015, óleo sobre tela, 97 x 130 cm. Cortesía: Galería Juana de Aizpuru, Madrid

SANDRA GAMARRA: ROJO INDIO

Galería Juana de Aizpuru, Madrid

Del 17 de febrero al 31 de marzo de 2018