Entre 1982 y 1987, Judy Chicago (Estados Unidos, 1939), célebre e icónica artista feminista, creó un cuerpo de trabajo que examina la construcción de género de la masculinidad. En una serie de dibujos, pinturas y esculturas en papel y bronce, exploró cómo las prevalecientes definiciones del poder han afectado al mundo en general, y a los hombres en particular. Más de treinta años después de que Chicago completara PowerPlay, Salon 94, en Nueva York, presenta un selecto grupo de obras de esta serie profética en la exposición inaugural de la artista con la galería.

Chicago es más conocida por la icónica instalación The Dinner Party (1974-1979), que se exhibe de forma permanente en el Elizabeth A. Sackler Center for Feminist Art del Brooklyn Museum, en Nueva York, cuya temática e iconografía es marcadamente feminista. Tras la amplia aclamación que recibió esa obra, a la que siguió Birth Project (1980-1985), que explora aspectos del proceso de nacer desde lo doloroso a lo mítico, la artista recurrió a un tema completamente nuevo: el hombre.

Todo surge cuando Judy Chicago emprendió un viaje por Italia en 1982, donde se inspiró en el estilo y la escala de la pintura renacentista. Tras haber explorado la escultura minimalista, la instalación a gran escala, la cerámica y la porcelana, trabajos textiles, performance e incluso la auto pintura corporal, Chicago se propuso desarrollar una nueva técnica pictórica que buscaba reproducir el color vibrante y la luminosidad de la pintura renacentista. Así, las figuras masculinas en tecnicolor presentes en esta muestra parecen salirse de sus soportes de tela, un efecto logrado por una combinación de una base de imprimante transparente, acrílico en spray y capas delgadas de pintura al óleo encima.

Vista de la exposición "PowerPlay", de Judy Chicago, en Salon 94, Nueva York, 2018. Cortesía de la galería
Vista de la exposición "PowerPlay", de Judy Chicago, en Salon 94, Nueva York, 2018. Cortesía de la galería
Vista de la exposición "PowerPlay", de Judy Chicago, en Salon 94, Nueva York, 2018. Cortesía de la galería

Para preparar la serie PowerPlay, Chicago ejecutó extensos dibujos del desnudo masculino, algo que recuerda como “aterrador y difícil”, debido a que siempre tuvo acceso a modelos mujeres durante su educación artística. Con la serie PowerPlay, abonó tempranamente un terreno para muchas artistas mujeres que le siguieron, al apropiarse e invertir la mirada masculina que los hombres habían tenido durante siglos para representar a la figura femenina. Como dijo la artista el mismo año en que comenzó la serie: «Sabía que no quería seguir perpetuando el uso del cuerpo femenino como el depósito de tantas emociones; parecía como si todo -amor, temor, nostalgia, odio, deseo y terror- se proyectaba en la mujer, tanto por artistas hombres como mujeres, aunque con perspectivas a menudo diferentes. Me preguntaba qué sentimientos podría expresar el cuerpo masculino».

Chicago reconoció en la pintura renacentista la fusión del nacimiento de la sociedad moderna con la del héroe masculino omnipresente. Sus estilizados y nervudos cuerpos masculinos recuerdan sin duda al realismo socialista utilizado en el arte de la era soviética, particularmente en la propaganda a la que recurría el gobierno ruso para invocar el orgullo nacionalista y para glorificar y propagar las ideologías de los líderes autoritarios. En lugar de retratar a la figura masculina como un héroe en su propio trabajo, Chicago retira la cortina para revelar un lado más feo del hombre que es alarmante, repugnante y misteriosamente predictivo. En el típico humor de Chicago, sus héroes caídos están ebrios de poder patriarcal mientras actúan de manera destructiva, se «mean en la naturaleza», tiran del pelo, se hurgan la nariz y sacan la lengua. En la pieza central de la muestra, un enorme tríptico titulado Rainbow Man, la peor acción de todas es llevada a cabo, la que Chicago compara con las tácticas empleadas por Trump en las elecciones de 2016.

Cuando PowerPlay se presentó por primera vez en 1986 en ACA Galleries, en Nueva York, recibió escasa atención y continuó siendo su cuerpo de obra menos reconocida, aunque ahora, más de treinta años después, sus representaciones de la figura masculina actuando de manera inescrupulosa no podrían ser más relevantes para nuestro diálogo contemporáneo sobre los abusos de poder que estamos experimentando y siendo testigos de primera mano.

Vista de la exposición "PowerPlay", de Judy Chicago, en Salon 94, Nueva York, 2018. Cortesía de la galería
Vista de la exposición "PowerPlay", de Judy Chicago, en Salon 94, Nueva York, 2018. Cortesía de la galería

JUDY CHICAGO. POWERPLAY: A PREDICTION

Salon 94, Nueva York

Hasta el 3 de marzo de 2018