Por Rosario Ateaga

Josefina Astorga (Santiago de Chile, 1984) presenta en la Galería Tajamar de Santiago una investigación visual llamada Refractario[1], surgida a causa de una tragedia ambiental que afectó gran parte del territorio chileno el verano recién pasado. La constante problemática forestal que se va repitiendo año tras año se ha convertido en más que una catástrofe y un asunto político: es una cuestión global, determinada en algunos casos por el factor 30-30-30 (viento, humedad, temperatura) y, en otros, por la dificultosa geografía y lo intencional dado por el factor humano.

A Refractario le anteceden otros proyectos como Fantasmata, así como los viajes de la artista a Centroamérica, a la Patagonia, o la Araucanía. Destaca su proyecto Austral, una crónica ficcionada sobre la exploración del territorio austral, un relato visual onírico monocromo llevado a una subjetividad de la memoria, una invitación al recuerdo, y un homenaje a esos bosques que ya no están, pero que permanecen en tantas imágenes, textos y cenizas.

Josefina Astorga aborda su fotografía desde la experiencia, para sublimarla y volverla afectiva; se conecta con el entorno por medio del andar, del cargar su cámara con película, nublar el visor con su aliento, y traernos a través de la imagen su mirada del mundo. En su fotografía se observan capas de fantasía, anhelos, ensueño, cansancio del andar, enseñanzas y conexiones con el  territorio y la naturaleza desde su esencia y espiritualidad. En su taller, los archivos contienen una plétora de material fotográfico procedente de sus distintas acumulaciones de material visual. Hace años que carga su cámara con películas blanco y negro, específicamente cuando se adentra en los bosques. Siempre análoga, su fotografía ofrece una mirada particular y poética de mostrar o presentar el mundo.

La instalación en Galería Tajamar ha sido pensada específicamente para la arquitectura de este espacio, condición dada por el ejercicio de exponer a través de la transparencia, el anti cubo blanco, la altura, sugiriendo una disposición de los objetos en el suelo y un acceso denegado al interior del espacio, convirtiéndose en una vitrina tridimensional, una suerte de diorama capaz de ver y poder recorrer todos sus lados. La transparencia fue el punto de partida de Refractario: pensar en la invisibilidad que sufren los bosques por nuestra parte, el desconocimiento y la poca valorización de estos inmensos ecosistemas.

Imagen de la muestra Refractario de Josefina Astorga en Galería Tajamar, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.
Imagen de la muestra Refractario de Josefina Astorga en Galería Tajamar, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.

Josefina Astorga ha incorporado en su reciente investigación una dimensión objetual; las cerámicas dispuestas en la superficie de la galería a modo de ofrendas representan el trabajo arduo de los brigadistas para apagar el fuego: Estas son el símbolo de la resistencia, son abandonadas y cubiertas de cenizas, generando así una atmósfera de desolación y catástrofe y recordándonos parte de nuestra historia[2].

A modo descriptivo, podríamos imaginar el hexágono de Tajamar bañado de luz roja, como un llamado sobrecogedor a la alerta, un color “excitante” hasta ahora ausente en la obra de Josefina Astorga. Del centro de este hexágono emerge un sol rojo que gira como foco principal -imagen registrada en Santiago de Chile durante los incendios del verano 2017-, como si fuese una cámara magmática y lejos de ser una luz de seguridad utilizada en los laboratorios fotográficos. Refractario no quiere producir una acción química, sino que busca revelar, recordar y volver a traernos a nuestra memoria lo que fue el incendio, y prevenirnos fortaleciendo la idea de que el bosque nativo es un espacio sagrado que cumple con la vital misión de ser el oxígeno indispensable para la conservación de la vida en la tierra.

Las cajas de luces que bordean el hexágono del exterior de la galería son el opuesto al interior del espacio. En éstas se observan retroiluminados los bosques, imágenes que Josefina Astorga lleva buen tiempo coleccionando de las cuales sólo nos muestra un pequeño porcentaje de las relaciondas con comunidades de plantas, haciendo un homenaje al bosque nativo chileno.

Los incendios forestales han venido a poner en discusión nuestra preparación frente a la catástrofe, a repensar en la debilidad por medio de la fuerza, pero también permiten entender el peso que tiene la sobre explotación y la transformación de nuestro territorio. Necesitamos la oportunidad para discutir cómo estamos pensando el valor de nuestros tesoros naturales. Hoy se ha priorizado netamente lo económico y lo extractivista. A partir del decreto 701, en los últimos 40 años hemos sido testigos de transformaciones radicales que tienen consecuencias sociales y ecológicas, las cuales deben ser comprendidas desde la posibilidad de entender lo territorial desde una lógica sustentable.

Imagen de la muestra Refractario de Josefina Astorga en Galería Tajamar, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.

Refractario es la pesadumbre de nuestro actuar y de nuestro pasado latente: una metáfora del bosque, que viene a enseñar a valorar la lentitud, la sobrevivencia, el rol planetario y la conciencia en las relaciones humanas con la naturaleza.

Las herramientas construidas en cerámica son piezas frágiles, pero que fueron resistentes a las altas temperaturas, no solo del fuego que arrasa, sino que del humo, que las quema, rescatando técnicas alfareras primitivas, como gesto resiliente.

Refractario es una instalación que busca activar nuestra memoria, trasladándose a nuestra relación íntima con el territorio, el paisaje y nuestra conexión con la naturaleza, para generar otros y nuevos relatos desde las experiencias con aquel recuerdo de la catástrofe. Ofrece, así, una posibilidad de observar, interrogar y comprender nuestra relación con el entorno mediante este ejercicio poético y discursivo, que finalmente habla del cuidado urgente y de la sensación de tragedia y peligro inminente, un suceso histórico fatal con tono crepuscular y apocalíptico.

El interés es repensar los márgenes de la acción poética visual emancipatoria como arte de lo posible, “arte como una forma de conciencia, una forma de nutrición del espíritu”[3]. Como nos dice Silvia Rivera Cusicanqui: el pasado lo miramos hacia adelante y el futuro lo llevamos a las espaldas, como expresión radicalmente diferente del tiempo histórico. Es decir, en Refractario observamos el pasado y miramos hacia atrás para encontrarnos con la propia muerte.[4]

Imagen de la muestra Refractario de Josefina Astorga en Galería Tajamar, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.

[1] “Dícese de que resiste la acción del fuego sin cambiar de estado ni destruirse”, Real Academia Española.
[2] Tanto a nivel histórico por los 3.000.000 de hectáreas que se convirtieron en cenizas producto de una política pública, que incentivó la quema indiscriminada de bosques para promover la actividad ganadera a partir de la década de 1930. Al haber sido esa zona de la Patagonia fundamentalmente bosques, se incentivó el roce, término que comúnmente significa quema del bosque indiscriminado para fines ganaderos.
[3] Sontag, Susan. La conciencia uncida a la carne diarios de madurez. 1964 – 1980. España: Debolsillo, 2015. pp 81.
[4] Rivera Cusicanqui, Silvia. Sociología de la imagen. Miradas ch´ixi desde la historia andina. Colección nociones comunes. Tinta limón ediciones.

Foto principal: Sebastián Mejía