El artista venezolano Pepe López (Caracas, 1966 – vive y trabaja en París) presentó hasta hace pocos días en Espacio Monitor (Caracas) su muestra Escape Room, curada por Miguel Miguel García.

En su conjunto, las obras de la muestra interactuaban entre ellas, funcionando como una gran instalación espacial. La casi totalidad de las diecinueve obras que integraron la exposición, de medianos y grandes formatos y realizadas en materiales diversos, fueron creadas entre el año 2015 y este 2017, y pensadas en su mayoría especialmente para los espacios de la galería.

Estos trabajos narran, de manera metafórica, no solo la situación socio-política-cultural de la Venezuela actual, sino también global. Estructuradas y agrupadas con objetos y materiales diversos de todo tipo, estas instalaciones reflejan, a manera de testimonios o documentos vivos, la historia de una diáspora incesante, de una partida-mudanza en búsqueda de un futuro mejor.

Pepe López nos cuenta más sobre esta muestra, y en particular su gran pieza instalativa Crisálida (2017), en esta Visita Guiada.

“En Escape Room encontramos algunas representaciones formales de situaciones particulares que vivimos a diario, y que han dejando una huella profunda en el sentimiento colectivo.  Es también una propuesta para presentar variadas posibilidades de huida, como en el nombre del original juego de aventura, en el cual los participantes son encerrados en una habitación, y para escapar de ella, tienen que resolver un grupo de acertijos en un tiempo limitado.

Con este grupo de obras, trazo un recorrido abierto, planteando un grupo de instalaciones compuestas por objetos encontrados, prestados, usados, regalados y apropiados, que reagrupo para clasificarlos y organizarlos como un conjunto de documentos que cuentan un conflicto: la constante de la partida, la mudanza, la lucha por un futuro mejor, la quimera del norte, el país que nos quitaron, la creencia de que los tiempos pasados fueron mejores.

Son cartografías, mapas que sugieren comparaciones emocionales para que el espectador desarrolle su propia historia.  Aquí, los objetos no sólo comparten cierto estilo estético, sino que son un continuo de obras con una unidad temática. Todas las piezas están vinculadas entre sí, son historias de nuestra ciudad que ya forman parte de un sentir colectivo e incluyen al espectador como parte fundamental de la obra.

Crisálida es una de las piezas incluidas en la exposición. Es una instalación de 18 metros de longitud, integrada por 200 objetos envueltos en película de polietileno, en forma individual o agrupados, como dispuestos para su almacenamiento o mudanza.   El conjunto incluye objetos de las más variadas dimensiones y usos:  un automóvil, una motocicleta, un piano, un envase para restos cremados, valijas de diversas épocas y diseños, artefactos domésticos, muebles, libros, herramientas, juguetes, mapas, obras anteriores de mi autoría, y también de otros artistas. Ante Crisálida, el espectador no solo descubre (a veces con humor, siempre con asombro) un curioso y múltiple inventario personal, sino que percibe en forma directa la potente carga emocional del desarraigo y del destierro”.