El Museo Noguchi presenta una retrospectiva de la obra escultórica de Gonzalo Fonseca (1922-1997), artista modernista uruguayo que durante cuarenta años estuvo radicado en Nueva York. La exposición marca el regreso del artista a esta ciudad en casi 50 años, y reúne unos 80 objetos que datan desde mediados de la década de 1960 hasta la década de 1990, principalmente trabajos en piedra tallada en sus talleres de Nueva York y la Toscana, complementados con una selección de dibujos y cuadernos de bocetos.

Organizada por el Museo Noguchi en asociación con el Legado de Fonseca, y curada por Dakin Hart, curador principal del museo, la exposición también profundiza en la amistad entre Noguchi y Fonseca. Si bien se desconocen las circunstancias o el momento de encuentro entre ambos artistas, sí se sabe que compartieron numerosos intereses y creencias artísticas, que se manifestaron en el trabajo de Fonseca. Al igual que Noguchi, a quien conoció en Nueva York o Italia probablemente a principios de la década de 1970, Fonseca era un trotamundos constructor de mundos, enamorado de la piedra como índice de la civilización humana, de lo geológico a lo arqueológico, de lo arquitectónico a lo mítico.

Gonzalo Fonseca con "Tabularium", 1980, travertino romano. Foto cortesía del Legado de Gonzalo Fonseca

En 1958, después de haber pasado más de una década en el taller de Joaquín Torres-García y explorando culturas antiguas en América del Sur y en la cuenca mediterránea -Grecia, Roma, Madrid, Egipto y Siria-, Fonseca se mudó con su familia a la ciudad de Nueva York, donde su imaginación arquitectónica pasa de la pintura a la escultura. Este es el punto de partida de esta exposición, que explora el alcance conceptual del lenguaje universal de las formas con las que trabajó Fonseca durante el resto de su carrera.

La exposición comienza con cuatro obras monumentales en travertino romano que representan la variedad de formas en las que Fonseca transformó la piedra en espacio ficticio, así como su noción de que los ciclos de construcción y ruina de las civilizaciones son universales, en el sentido de que pueden ser relacionados con técnicas escultóricas para comprimir y combinar diferentes tiempos, espacios y culturas.

A través de la abstracción y cambios sutiles en la perspectiva y la percepción, Fonseca ha empleado arquetipos arquitectónicos y naturales simples como una forma de involucrar nuestra imaginación espacial en la construcción de mundos. Este es el leitmotiv que se despliega al centro de la exposición, organizada en tres áreas en las galerías del segundo piso del museo.

Aquí vemos un grupo de las primeras obras realizadas en la ciudad de Nueva York que ofrecen una mirada a la transición de Fonseca de la pintura hacia el relieve en la pared, y de allí a la escultura. Su ambición original era, como era de esperar, ser un arquitecto. El paso de Fonseca de la pintura a la escultura fue esencialmente un cambio de imágenes arquetípicas a objetos universales. En definitiva, el artista se dio cuenta de que la forma más efectiva de desplegar el arsenal de bloques de construcción simbólicos que había desarrollado con Torres-García era crear un universo de microcosmos imaginarios en tres dimensiones.

Fonseca tendía a trabajar en dos tipos de piedra: desechos arquitectónicos encontrados (piedra caliza y piedra arenisca marrón), en Nueva York, y piezas de mármol en bruto, en Italia. En términos generales, estos dos tipos de piedra representan lo que el artista veía como el espectro de la cultura y la naturaleza, que nunca vio como polos opuestos.

La sección final de la exhibición se enfoca en trabajos de menor escala, cuadernos de bocetos y dibujos donde Fonseca elabora una cultura material que se extiende más allá de la escultura contemporánea convencional, y documenta proyectos en los que el universo híbrido y ficticio, que es el corazón de su proyecto, se cruza con el nuestro. Fonseca se vio a sí mismo como una colección de tales fragmentos (físicos y metafóricos, reales y míticos), y a su trabajo como un proceso para derribar las barreras entre el pasado y el presente, lo real pero increíble, y lo apenas concebible.

THE SCULPTURE OF GONZALO FONSECA

Museo Noguchi, Nueva York

Hasta el 11 de marzo de 2018

Imagen destacada: Gonzalo Fonseca, Terrazzini, 1984, travertino romano. Foto: EPW Studio / Maris Hutchinson