Guatemala from 33,000 km: Contemporary Art, 1960-Present, que se presentó hasta el 17 de diciembre en tres instituciones de Santa Bárbara (California) como parte de la iniciativa Pacific Standard Time: LA/LA, es la primera muestra en hacer un recorrido exhaustivo por el arte guatemalteco de fines del siglo XX y principios del siglo XXI.

Curada por Miki García, quien hasta hace muy poco fue Directora Ejecutiva y Curadora en Jefe del Museum of Contemporary Art Santa Barbara (MCASB), y por el guatemalteco Emiliano Valdés, la exposición reunió alrededor de 100 trabajos de 75 artistas que rara vez se han visto fuera de Guatemala, repartidos en las salas del MCASB, el Santa Barbara Community Arts Workshop, y el Westmont Ridley-Tree Museum of Art.

En lugar de plantear un recorrido cronológico por la historia del arte guatemalteco desde la década de 1960 hasta el presente, la exposición consideró nueve núcleos temáticos que derivan de una profunda investigación sobre cómo el conflicto armado, la violencia, el paisaje y las culturas popular e indígena han determinado tanto el contexto de producción como la producción misma en el país centroamericano.

La muestra ofrece, asimismo, un panorama sobre la participación y vinculaciones históricas de un grupo de artistas en los movimientos y prácticas más amplios del arte latinoamericano, como la abstracción geométrica, el performance, el arte conceptual y los nuevos medios, incluso en medio de la larga guerra civil que ha plagado al país desde 1960.

Investigar estas prácticas de modo amplio y transversal, algo inédito hasta ahora en la historiografía del arte, es, según cuenta Emiliano Valdés en la siguiente entrevista, solo el comienzo de una labor de pesquisa, difusión y puesta en valor del arte guatemalteco, una “hoja de ruta” que bien puede servir para futuras muestras, investigaciones académicas y reflexiones críticas a partir de cualquiera de las aristas –o artistas- presentados en esta exposición.

Esto es fundamental no solo para comprender la producción actual, sino también para revelar prácticas y obras que en gran medida han permanecido subexpuestas. Asuntos de diversa índole -políticos, de infraestructura y económicos- han actuado como barreras para el estudio del arte en Guatemala, impidiendo el conocimiento global de un arte tanto provocador como estéticamente intrigante.

Vista de la exposición “Guatemala from 33,000 km: Contemporary Art, 1960 – Present”, en el Museum of Contemporary Art Santa Barbara. Foto: Juan Brenner

Alejandra Villasmil: Para comenzar, me gustaría que nos contaras acerca de los criterios curatoriales que definen esta histórica exposición. ¿Cómo parte y se va perfilando la investigación? ¿Cómo se definen los ejes temáticos y los artistas que los representan?

Emiliano Valdés: La exposición parte de una inquietud del MCASB, hasta hace poco dirigido por Miki García, que podría resumirse en la siguiente pregunta: ¿Por qué se sabe tan poco de los artistas guatemaltecos, especialmente antes de la generación que emerge alrededor del año 2000 -Darío Escobar, Regina José Galindo, Aníbal López y otros, que son los que de alguna manera posicionan a Guatemala en el mapa del arte contemporáneo guatemalteco dentro del sistema que conocemos hoy, uno en gran medida determinado por el mercado?.

A partir de esa inquietud, Miki me contacta y nos ponemos a trabajar en rastrear cuáles son los antecedentes de esa generación que podríamos llamar “netamente” contemporánea, bajo ciertos parámetros, por supuesto. La relativa inaccesibilidad o invisibilidad del arte guatemalteco en el extranjero se debe a motivos distintos, pero el hecho de que Guatemala tuvo una guerra civil que determinó prácticamente toda la segunda mitad del siglo XX es uno de ellos, y también la fragilísima (si no inexistente) infraestructura cultural.

A partir de un barrido muy amplio de artistas, espacios, movimientos, momentos, profesionales, etc. llegamos a la conclusión que no hay una sino varias maneras de contar esa historia, y que la nuestra sería apenas una primera aproximación de conjunto. Obviamente, ha habido muchas iniciativas previas, pero como intención de revisar todo un periodo es la primera, así que decidimos establecer una estructura flexible que fuese capaz de contar varias historias, o una historia desde varias perspectivas.

Con eso en mente, decidimos que íbamos a establecer una serie de temas que son trasversales y estructurales en la emergencia y/o consolidación del arte contemporáneo guatemalteco, desde sus primeros momentos allá por los años 60, hasta los movimientos más recientes. Esos temas finalmente se concretan en una serie de núcleos o clusters que son los que están a la base de la exposición. No los que dividen la exposición, sino los que le dan estructura.

AV: ¿Podrías profundizar en los factores que han determinado que el arte de Guatemala sea históricamente tan poco conocido fuera de sus fronteras, incluso en América Latina? 

EV: Hay un motivo fundamental y es que, como históricamente el país no ha tenido una política de apoyo a la producción, estudio, catalogación y publicación sobre arte, la difusión se ha hecho muy difícil, pues realmente los estudios que se han hecho siguen siendo pocos, han sido el producto de esfuerzos gigantes pero aislados y no ha habido un cuerpo que narre o que teorice sobre el arte guatemalteco. Así, lo que existe es porque personas puntuales han construido pequeños bloques de esa historia o porque investigadores de afuera se han acercado y han investigado por su cuenta, también de manera puntual. A eso hay que añadir, por supuesto, que la guerra implicó una clausura frente al mundo, en todos los temas, y el arte y la cultura no fueron excepción. Las cosas están cambiando pero, por ejemplo, una de las cosas que siempre decimos de los artistas en la exposición es que cada uno de ellos merecería una exposición individual, un catálogo, tesis de doctorado, etc.; así que esta exposición apenas toca la superficie y se presenta realmente como eso, como un primer marco desde el cual profundizar, conocer ciertos artistas, momentos o movimientos, como un punto de partida.

Vista de la exposición “Guatemala from 33,000 km: Contemporary Art, 1960 – Present”, en el Museum of Contemporary Art Santa Barbara. Foto: Juan Brenner

AV: Sé que esta pregunta se inserta en la problemática de las categorizaciones geográficas, pero a partir de esta panorámica que ofrece esta exposición, ¿se puede definir un “arte guatemalteco”? ¿Qué lo desmarca de otras prácticas artísticas de América Latina? Por ejemplo, como bien dices, es ineludible pensar en la guerra civil de casi cuatro décadas como un factor que determinó el espíritu y las ideas de los artistas guatemaltecos de varias generaciones.

EV: Como bien dices, la categorización geográfica es un parámetro, limitante si se quiere, pero que en este caso era instrumental para dar a conocer el arte de un país en un contexto en el que se le desconoce ampliamente y aprovechar esa oportunidad para contribuir a la construcción de una historia del arte que ha contado con muy pocos recursos. Por otro lado, en la medida en la que los países y las fronteras sigan existiendo, hablar del arte de un país será tan válido o preciso como hablar de un movimiento o un artista en particular. Son recursos de organización.

Dicho eso, creemos que la exposición precisamente delinea algunas de esas “características” o rasgos que podrían ayudar, no a definir, pero si a caracterizar el arte en Guatemala. La preocupación por el paisaje, la profunda influencia que ha tenido la cultura popular, la presencia de sistemas de creencia occidentales e indígenas, la manera en la que los artistas han abordado la cultura de la violencia que ha afectado al país por siglos, o el papel que jugó la experimentación técnica y formal, por ejemplo, son todos aspectos que la exposición plantea como transversales e inherentes a las prácticas artísticas contemporáneas.

Una tesis central de la exposición es que el arte contemporáneo en Guatemala se desarrolla bajo el paraguas de la guerra civil; de hecho, no es casual que ésta tome 1960 –el año en que se da inicio la guerra–, como punto de partida. Lo que se argumenta no es que todo el arte guatemalteco tiene que ver con la guerra, pero sí que el arte contemporáneo producido en Guatemala estuvo y sigue estando profundamente afectado por los efectos del conflicto y sus secuelas, de la misma manera en que Guatemala, como país, pueblo y geografía, lo están.

Lo que permite entonces la configuración de la exposición a partir de esos nueve temas bajo la luz del conflicto es que la exposición pueda proponer lecturas que no están únicamente relacionadas con un tema u otro, como de hecho es el arte, pero que sí hay preocupaciones, temas, maneras de trabajar que, afectadas por el entorno social, político, cultural, etc. que determinan sus resultados.

Vista de la exposición “Guatemala from 33,000 km: Contemporary Art, 1960 – Present”, en el Santa Barbara Community Arts Workshop. Foto: Juan Brenner

AV: La cultura popular, lo artesanal, las raíces coloniales y las tensiones entre lo indígena y lo ladino figuran en una de las secciones de esta muestra como rasgos históricamente distintivos de las temáticas y aproximaciones de muchos artistas de Guatemala. ¿Podrías comentar sobre cómo esto define el arte y, más allá, una identidad cultural guatemalteca?

EV: Como sabes, Guatemala es un país con una gran población indígena, pero en el que el poder, históricamente, ha estado en manos de “blancos”, descendientes de europeos. Por otro lado, la discriminación y la segregación racial ha sido un instrumento de control de la población y de los recursos del país; con esto queremos decir que mantener a los indígenas como un grupo racial y económicamente excluido o marginado ha permitido su explotación durante siglos. Estas tensiones, así como las producidas por los racismos en varias direcciones que se dan a partir de ese conflicto, están muy presentes en la exposición porque son temas muy relevantes para el país. A diferencia de otros países que han abrazado la hibridación étnica y cultural como una fortaleza (México es un ejemplo cercano), en Guatemala la idea de pureza racial sigue siendo relevante y eso hace muy difícil la construcción de un proyecto de nación. Esto porque, de facto, Guatemala son por lo menos dos países, el indígena y el ladino, y hasta que no se supere esa división va a ser muy difícil sacar adelante un proyecto en conjunto.

Afortunadamente el arte también es un espacio en donde se han dado algunos de los saltos o cruces más significativos: artistas de ascendencia indígena que han adoptado plena y críticamente las estrategias del arte occidental, artistas ladinos que toman la cultura popular –tanto indígena como ladina– como punto de partida, artistas de ambas tradiciones que revisan críticamente su historia y su pertenencia étnica y cultural, etc. Además, la exposición se construye siempre a partir de las dos tradiciones, es decir, que no se hace diferencia entre arte contemporáneo y arte naïf, por ejemplo, sino que se incorpora la tradición vernácula como estructural a lo que se entiende como arte contemporáneo de Guatemala. En la exposición, entonces, hay un capítulo dedicado exclusivamente al sentido de intentad étnica y a los múltiples racismos que existen en el país (del indígena hacia el ladino, del ladino hacia el indígena, del “menos” indígena al “más” indígena, etc.) pero también es consciente de esa realidad transversalmente, e intenta contribuir a una comprensión más amplia e incluyente de la cultura en el país haciendo referencia a todos sus universos.

Vista de la exposición “Guatemala from 33,000 km: Contemporary Art, 1960 – Present”, en el Santa Barbara Community Arts Workshop. Foto: Juan Brenner
Vista de la exposición “Guatemala from 33,000 km: Contemporary Art, 1960 – Present”, en el Santa Barbara Community Arts Workshop. Foto: Juan Brenner

AV: Históricamente, ¿cómo ha sido la vinculación de los artistas de Guatemala con las vanguardias europeas y estadounidense? ¿Cómo se establecieron los nexos y cómo eso ha permeado en las formas, ideas y conceptos del arte actual guatemalteco?

EV: Si bien hay experiencias muy concretas y exitosas de artistas guatemaltecos en el exterior, la relación entre el arte guatemalteco y el contexto artístico internacional se debilita en la segunda mitad del siglo XX, en gran medida debido a la falta de una infraestructura que permita “exportar” el arte guatemalteco, que permita la circulación de profesionales, que contribuya a escribir una historia del arte propia por medio de la investigación, el estudio y la publicación, etc. Los artistas contemporáneos que han tenido un alto impacto en el mundo hoy se beneficiaron no sólo de trabajos de altísima calidad sino también de las posibilidades de comunicación en un momento en el que la tecnología permite crear otros canales de circulación. Los últimos artistas que habían salido del país para estudiar, por ejemplo, fue durante el decenio democrático de 1944-1954, y una comunicación a esa escala en el arte de Guatemala no se vuelve a dar sino hasta finales del siglo XX con la democratización de las tecnologías de la información.

Esto no quiere decir que los artistas hayan estado aislados, de hecho, muchos de ellos se preocuparon (y se siguen preocupando) por mantenerse informados de lo que sucedía a nivel internacional, pero era casi siempre desde la dificultad de acceder a esos circuitos.

AV: Hay un grupo importante de artistas guatemaltecos contemporáneos que se han hecho más conocidos a nivel mundial. Pienso, por ejemplo, en Regina José Galindo, los artistas Stefan Benchoam y Jessica Kairé -quienes además han posicionado con mucho éxito sus proyectos autogestionados-, y Naufus Ramírez-Figueroa y Darío Escobar, con carreras internacionales muy sólidas. Pero, ¿podrías mencionar -obviamente siendo excluyentes porque no se puede nombrar a todos- a aquellos artistas que consideren que han realizado importantes aportes a la historia del arte de Guatemala y que, sin embargo, aún no tiene el debido reconocimiento fuera de su país?

EV: Para nosotros, todos los artistas de la exposición han contribuido a la historia del arte en Guatemala e incluso muchos más que por razones prácticas no pudimos incluir, pero hay casos que vale la pena subrayar. El de Isabel Ruiz es uno, por ejemplo. Ruiz ha sido una de las artistas que de manera más elocuente se ha expresado sobre la guerra en Guatemala y que, sin embargo, no tiene el reconocimiento internacional que debería. En Guatemala es una referencia muy importante para los artistas, pero en términos de mercado e institucionalmente (aunque esto en Guatemala sea un sinsentido porque realmente no hay instituciones) apenas se está empezando a pensar en su trabajo. Margarita Azurdia es una de las más reconocidas en parte porque ella misma tuvo la posibilidad de viajar y dar a conocer su trabajo, en parte también por las investigaciones de curadores que se han interesado en su obra.

Otro artista fundamental para entender el arte guatemalteco y Guatemala como país es Roberto Cabrera, quien murió hace pocos años. La obra de Cabrera habla justamente de ese asunto racial que está a la base de muchos otros problemas en Guatemala, y que ya hemos dicho que es muy importante para entender incluso la situación de violencia y zozobra política que vive el país hoy. El trabajo de Francisco Tún, un artista de origen indígena que realizó una pintura entre naïf y minimalista, en cualquier otro país habría tenido mucha más proyección internacional. Y lo mismo sucede con un artista como Alfredo Ceibal, cuyas narraciones fantásticas hablan de Guatemala como pocas.

Vista de la exposición “Guatemala from 33,000 km: Contemporary Art, 1960 – Present”, en el Westmont Ridley-Tree Museum of Art. Foto: Juan Brenner

AV: ¿Cuáles son las condiciones actuales para el desarrollo de los artistas en Guatemala, en cuanto a acceso a espacios de exhibición, educación o formación libre y especializada? ¿Existe apoyo del Estado, y de los privados?

EV: La situación sigue siendo muy precaria. Hay pocas opciones de formación artística y de exhibición, las cuales en su mayoría son instituciones privadas que hacen un gran trabajo pero que no pueden hacerlo todo y, mucho menos, suplantar al Estado en una política cultural y educativa realmente potente, incluyente, amplia, renovadora, etc. Es sintomático que la gran mayoría de obras en la exposición que no pertenecen a los artistas directamente, provienen de colecciones privadas. En Guatemala no hay coleccionismo público y, en los pocos casos, las gestiones son lentas, torpes y obstaculizadas por pequeñas (o grandes) formas de corrupción. Salvo momentos muy específicos, el arte y la cultura no han sido prioridades del Estado, y construir eso va a tomar muchos años.

A nivel educativo, la Escuela Nacional de Artes Plásticas ha sido de las pocas instituciones que formó y sigue formando generaciones de artistas. Hasta hace pocos años, la carrera de arte no existía a nivel universitario como tampoco existe un posgrado en historia del arte y en las que existen hoy, el contenido de arte contemporáneo es muy limitado. Hay esfuerzos importantes, pero no existe una plataforma educativa sólida para la formación en arte, ya sea práctica, teórica o histórica. Así, a los artistas les toca llenar esos vacíos por su cuenta, un tema que también hace parte de los grupos de la exposición como demostración que ese tener que buscarse la educación es algo que ha caracterizado la emergencia del arte contemporáneo de Guatemala.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.