En el año 1992, Gloria Anzaldúa, escritora lesbiana y chicana, acuñó el concepto de “autohistoria” para comprender el trabajo de distintos artistas visuales que vivían y producían su arte, en gran parte pictórico, en la frontera entre Estados Unidos y México. La autohistoria es una narración personal que busca, con la potencia de la autobiografía y las tecnologías del yo, una manera de profundizar en las experiencias personales que representan la cultura y el espíritu de los pueblos que viven entre fronteras. Muchos años después, en esta isla al sur del mundo, en este otro paisaje fronterizo, Sebastián Calfuqueo, artista habitante de fronteras sexuales y territoriales, indiecieta champurria, paria de las visualidades mapuche, en esta muestra Estuve tanto tiempo allá, que ahora estoy acá nos presenta un trabajo que demarca una frontera y también, una historia personal de sincretismos y bastardismos sexuales y raciales.

Las fotografías, el video y la performance con las que se nos presenta esta exposición no se contienen en metaforizar los insultos que desde siempre hemos recibido los homosexuales “finos de la pluma”, como gustaban llamarnos los anarquistas de inicios de siglo. Al igual que en trabajos anteriores, en esta exposición hay un ánimo afiebrado que busca poner en evidencia el amaneramiento y feminización con el que crecimos las cuerpas disidentes signadas biológicamente como varones. Todo esto para mostrar cómo la diferencia de los sexos sigue menospreciando a lo femenino como algo inferior o abyecto. Sebastián Calfuqueo comprende en cada trabajo que realiza, desde las esculturas, pasando por los videos, las investigaciones e instalaciones, que aquello que pensamos como propio o autobiográfico es siempre una negociación colectiva entre la imagen que construyen los otros y el modelaje que, como en una escultura, realizas personalmente de esa imagen. Ahí, las técnicas artísticas, el esculpir, el hornear las piezas, poner el cuerpo en el espacio público, la fotografía, el maquillaje, las vestimentas desclasificadas y la pose sirven como el desbancamiento de un arte que busca una manifestación colectiva de su autohistoria de mapuche urbano y feminista, presentada como un nombre por construir, tal como nos dice en Millaray Calfuqueo Aliste: Nombre para un posible nacimiento.

¿Qué ocurre con los mestizos que fuimos educados para mirar a la raza con pudor, el sexo como enemigo y la identidad como un camino del cual no desviarse?

Millaray Calfuqueo Aliste Machi blanca colorina intelectual, parte de la muestra Estuve tanto tiempo allá. que ya estoy acá de Sebastián Calfuqueo en Galería Panam, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.
Millaray Calfuqueo Aliste pelo corto, triguena, subersiva que lo sabe todo, parte de la muestra Estuve tanto tiempo allá. que ya estoy acá de Sebastián Calfuqueo en Galería Panam, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.

Desde You Will Never Be a Weye, performance sobre cómo se sostiene un esqueleto champurria o bastardo con el neoliberalismo de columna vertebral, Sebastián nos presentó su vocación de díscola irrespetuosa contra toda cultura que magnifique lo masculino como orgullo inclusive dentro del mundo mapuche.

En este trabajo visual, Sebastián Calfuqueo nos recuerda que cuando nos volvemos blandos, cuando nos “ahuecamos” como el tronco que sostiene en el video Alka Domo en cita irónica a Caupolicán, pasamos a ser superficies penetrables y femeninas, subrayando otra vez más lo insoportable y fatal que son éstas para una cultura masculinizada. Caupolicán, líder mapuche, hábil estratega y luchador contra los colonizadores españoles, que murió empalado en una pica, atravesado todo su cuerpo desde el ano hasta la boca por una estaca, había mostrado previamente su gallardía y masculinidad sosteniendo un gran tronco por días completos de manera pública hasta ser declarado Toqui. En esta oportunidad, y en contraposición a una victoria masculina, Sebastián posa con sus deseos de travestismo en espacios públicos con este tronco ahuecado, con sus tacos multicolores y desde lugares icónicos de Santiago de Chile, como el Parque Araucano, el colegio emblemático de hombres, el cerro Huelén o el matadero Franklin, con el deseo de hacer una pequeña interferencia afeminada del espacio público, ese que aún conlleva el peligro de muerte para las disidencias sexuales. Esta exposición, además de profundizar en las huellas que quedan de una homofobia que goza de buena salud y de muchos adeptos, construye una poética de la cultura popular para entrar en los códigos del insulto y poner la cuerpa a la intemperie de la violencia.

En una acepción más sentimental, la palabra “homofobia” puede significar el miedo a volver a casa (“homo=home/fobia= miedo”) porque esa casa y esa familia y esa raza muchas veces nos rechaza y expulsa en un autoexilio sexual doloroso. Estuve tanto tiempo allá, que ahora estoy acá nos habla de la salida de esa casa familiar, de un travestismo crítico, de un compromiso con lo femenino, de un “acá” sobreviviente y repuesto.

En un contexto de corrección política, de una suerte de desaparición de la homosexualidad como agente contaminante y desestabilizador en pos de un acomodo legislativo, de una cultura homo-nacionalista del respeto, la mesura y la masculinidad de un estilo de vida entregado a la imitación de la blancura primermundista, este trabajo viene a recordarnos que siempre habrán artistas que, como Sebastián Calfuqueo, no se agotan de atacar la diferencia sexual, de alertar sobre la heterosexualización del mundo y poner en jaque los valores burgueses de la familia y el orden público.

Las fronteras son siempre lugares que imponen conflictos idiomáticos y de traducción. Sebastián Calfuqueo, en Estuve tanto tiempo allá, que ahora estoy acá nos traduce su frontera de rebeldía sexual y mapuche en troncos huecos y tacos multicolores, en poses travestis que nos recuerdan a lesbianas masculinas, en “autohistorias” champurreadas para decirnos que su compromiso de afeminamiento y transgresión artística ya se quedó de este lado, del lado de acá.

Alka Domo en el Parque Araucano, parte de la muestra Estuve tanto tiempo allá. que ya estoy acá de Sebastián Calfuqueo en Galería Panam, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.
Alka Domo en el Matadero de Franklin, parte de la muestra Estuve tanto tiempo allá. que ya estoy acá de Sebastián Calfuqueo en Galería Panam, Santiago de Chile. Foto: cortesía de la galería.
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Jorge Díaz

Biólogo (Pontificia Universidad Católica de Chile), escritor y activista de la disidencia sexual. Doctor en Bioquímica (Universidad de Chile). Miembro del Colectivo Universitario/Utópico de Disidencia Sexual (CUDS). Ha publicado "Corión/familia en interfase" en co-autoría con Cristián Cabello (2008) y "Romantic Pop", Varios autores (2010), ambos con la Editorial Moda y Pueblo, y "Desmontar la lengua del mandato, criar la lengua del desacato", Ediciones Mantis + Trio (2014). También, "Inflamadas de retórica: escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad" en conjunto con el performer dominicano Johan Mijail, Editorial Desbordes (2016). Explora el nexo trans-disciplinar entre escritura, poesía, fotografía, teatro, performance, teoría y estética feminista participando en proyectos colectivos y coloquios de arte y política sexual nacional e internacional. En estos mismos temas ha publicado prólogos, textos para catálogos, exposiciones, críticas, presentaciones y comentarios. Este año 2017, dirige la "Escuela de Escritura Transfeminista" en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende. En el área de la ciencia trabaja en biomedicina, enfocándose en transducción de señales y en la biología celular y molecular del cáncer y la neurociencia. Actualmente, desarrolla una investigación post-doctoral en Neurociencias en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile ( Becario Fondecyt 2017-2019).