Curador, crítico y pintor, Robert Storr (Estados Unidos, 1949) es sin duda una de las figuras del arte más prominentes a nivel mundial. Sus ensayos, críticas y columnas, que han aparecido desde 1982 en Art in America, Frieze, Artforum y Parkett, entre otras publicaciones, establecen un particular puente estilístico entre la crítica de arte y el texto académico, mientras que sus entrevistas realizadas a numerosos artistas internacionales han mostrado la sensibilidad, profunda y específica, del que tiene el privilegio de “jugar para ambos bandos”: como artista y como escritor.

Esta habilidad para conversar con el artista –dada su propia condición de artista- y, por extensión, de entrar en su psicología, se revela patentemente en el libro Robert Storr. Interviews on Art, editado por Francesca Pietropaolo, historiadora del arte, crítica y curadora italiana que ha trabajado en instituciones de arte mundialmente prestigiosas, como el Walker Art Center, el MoMA, la Fundación Bienal de Venecia y la Fundación Louis Vuitton, en París.

La publicación (HENI Publishing, Londres), que ha sido recientemente lanzada, reúne por primera vez en sus 900 páginas una selección de las 61 entrevistas más importantes conducidas por Storr entre 1981 y 2016, a artistas como Guillermo Kuitca, Jac Leirner, Félix González-Torres, Gabriel Orozco, Gerhard Richter, Richard Serra, Chris Burden, Pierre Huyghe, Mike Kelley y Ellsworth Kelly. Incluye, además, entrevistas con críticos y curadores como Harald Szeemann o el visionario diseñador y arquitecto Buckminster Fuller.

La investigación de Pietropaolo involucró largas conversaciones con Storr en su casa/taller en Brooklyn (Nueva York) y la revisión de su exhaustivo archivo, del cual emergió material novedoso muy valioso, como las grabaciones originales de varias entrevistas –publicadas e inéditas-, notablemente las realizadas a la artista Louise Bourgeois.

Storr y Bourgeois (París, 1911 – Nueva York, 2010) fueron cómplices durante muchos años, tanto así que el crítico llegó incluso a editar algunos textos y entrevistas que otros autores le habrían realizado a la artista en vida. El libro parte, de hecho, con una larga entrevista inédita a Bourgeois, aunque esto es una casualidad porque las conversaciones están ordenadas alfabéticamente. Le siguen otras más con la artista en las que ambos discuten, entre otras cosas, sobre el feminismo, un tema que Storr –por razones intelectuales, pero también personales- suele hablar con varios artistas. Y un tema aparentemente irrelevante para el espíritu rebelde y complejo de Louise Bourgeois.

 

Robert Storr: ¿Quieres ver tu trabajo interpretado a la luz de algún tipo de estética feminista?

Louise Bourgeois: No, realmente no.

R.S: ¿Y por qué no?

L.B: ¡Porque quiero más que eso! No soy una artista francesa, no soy una mujer artista, no soy un artista estadounidense. Soy una artista, punto.

R.S: ¿Te sientes agobiada por el hecho de que te hiciste famosa en el contexto del feminismo?

L.B: No. Pero en realidad no creo que haya sido así (…)

 

Storr entrevista a una amplia diversidad de artistas (de Lawrence Weiner a Jeff Koons), de distintas edades y aproximaciones formales y conceptuales, mostrando así su gran versatilidad, curiosidad y apertura de criterio. Las temáticas y los tonos de las conversaciones permiten conocer los métodos y pensamientos de los entrevistados, así como los contextos en los que viven y trabajan, ya que no sólo se habla aquí sobre problemas intrínsecos del arte, sino también sobre cuestiones sociales y políticas de ciertas épocas. El libro es además útil tanto para artistas como para críticos, porque junto con reflejar las ideas, sensibilidades, opiniones y modos de hacer de los creadores, va desplegando herramientas para construir entrevistas verdaderamente elocuentes, reveladoras, íntimas y efectivas.

A su vez, los diálogos presentes en este libro no son planos ni uniformes en su estructura formal y comunicacional. Storr no trabaja con una fórmula básicamente porque es un buen conversador y, principalmente, un excelente oyente. Aproximándose con humildad, deja siempre al artista como el verdadero protagonista, ganándose así su confianza, invitándolo a abrirse y, en algunos casos, a construir una duradera relación. Y lo logra gracias a la combinación de su temperamento y su aguzado sentido de la entrevista como género.

“La entrevista es una forma de descubrir cosas”, dice Storr. “Una de las claves es resistir la tentación de mostrarle a los artistas cuánto sabes sobre su trabajo, así como la tentación de demostrarle al lector lo inteligente que eres. Muy a menudo, los académicos son propensos a hacer preguntas que hacen que las respuestas de los artistas se muestren como superfluas. No creo que esa sea una forma constructiva de trabajar, así que lo que hago es tratar de estudiar de antemano lo suficiente y tomar extensas notas sobre lo que es relevante y pertinente (…) Solo miro las notas cuando me pierdo o cuando necesito verificar un dato. Entonces, de ahí en adelante es solo una conversación (…) Claro que no soy del todo inocente, en el sentido de que cuánto más haces sentir cómoda a una persona, es probable que corra riesgos en lo que te dice. Sí presiono para obtener respuestas a veces, cuando es necesario, y a veces presiono para entrar en zonas que son incómodas para el entrevistado. Pero, en general, evito interrogar al sujeto. ¿Cuál es el propósito de eso si seguramente se cerrará?”, agrega Storr en una amplia entrevista que le hace Pietropaolo, y que sirve de prólogo para el libro. En ese rico diálogo, Storr va deslizando algunas claves sobre cómo aborda el género de la entrevista. Estas son algunas:

“Las entrevistas son también para mí maneras de ampliar mi propia comprensión. Intento usar la oportunidad de la entrevista como una forma de echar a andar mi propio pensamiento sobre temas de los que no estoy totalmente seguro. Tengo la misma actitud hacia la escritura. No solo escribes sobre lo que sabes o crees; escribes sobre lo que aún no sabes para, al terminar de escribir, tener una mejor comprensión de qué es qué y dónde estás parado”.

*

“Soy un problema para la academia porque no tengo un discurso. No creo tener un discurso. Tengo posiciones, pero no una posición. No veo a los artistas como ejemplos de un argumento propio o ajeno más amplio. Los veo como personas extraordinariamente alertas que intentan activamente resolver las cosas. Mi tarea como crítico, y al hacer las entrevistas, es tratar de resolver las cosas mientras ellos también las resuelven”.

*

“Intento no escribir poéticamente per se, porque no soy poeta (…) La poesía alteró una tendencia heredada hacia la escritura explicativa y académica, y mejoró mi capacidad de transmitir pensamientos a través del uso de imágenes en lugar de argumentos. Además, la poesía me permitió abordar las emociones sin ser cursi o confesional”.

*

“Ningún escritor sabe quién lo lee y ciertamente ninguno tiene control sobre quién lo lee (…) Evito la jerga profesional y el chisme -temas de conversación interna- y en su lugar me concentro en ‘el arte’. Y trato de hacerlo de manera que incluya a una variedad de posibles lectores, desde los muy sofisticados a los muy poco sofisticados, pero inteligentes (…) En las entrevistas existe la oportunidad de democratizar los discursos del arte para un lector que no es, ni aspira a ser, un experto, pero que tiene un compromiso amplio y profundo con la comprensión: lo que Virginia Woolf llamó el ‘lector común’”.

En la misma entrevista, Pietropaolo le pregunta a Storr cuál ha sido la entrevista más desafiante que ha hecho, quizás aquella donde el artista mostró más resistencia o donde él estaba demasiado cercano al artista, lo cual dificulta a veces las cosas. “Es difícil de decir”, contesta Storr, para inmediatamente agregar: “Algunas con Louise (Bourgeois) fueron muy difíciles porque estaba a la defensiva. Especialmente después de enterarme de lo de su amante, a quien conocí a principios de la década de 1990.

FP: ¿Escribes sobre eso en el libro sobre su vida y arte que acaba de salir (Intimate Geometries: The Life and Work of Louise Bourgeois [2016])? Lo supiste por accidente, ¿verdad?

RS: Sí. En mis inicios en el MoMA (fue curador entre 1990 y 2002) fui a Chile y visité el Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago, que dirigía un hombre llamado Nemesio Antúnez, quien había conocido a Louise a fines de la década de 1940, o principios de la década de 1950. Él también era artista. Y había sido actor también; apareció en la película de Costa-Gavras State of Siege (1972), junto a Yves Montand. Fuimos a cenar juntos una noche y, de repente, comenzó a hablarme de Louise. Habló del affair que tuvieron, del que yo, ni nadie, creo, sabía. Él sabía que yo la conocía y, además, todavía estaba enamorado de ella. Los detalles que me contó sobre ella no los he discutido con nadie porque no son asunto de nadie.

FP: Ella estaba casada con Robert Goldwater en el momento de esa aventura…

RS: Sí, infelizmente casada, de alguna manera. Que yo sepa, este es el único asunto importante que tuvo durante su matrimonio. Pero continuó por bastante tiempo. Creo que pudo haberse reanudado en París, cuando ella se fue allí con su familia. Para cuando eso, él también estaba casado, pero era un amor verdadero. Entonces, el día después de esa cena, fui al museo a mirar un poco más de arte y cuando me iba, Nemesio me dijo: “Cuando vuelvas a Nueva York, embrace Louise de ma part sur la bouche [sic] (besa a Louise en la boca de mi parte). No lo tomé literalmente, pero cuando fui a verla le entregué el mensaje verbalmente, ella resplandeció, y luego ella se apagó.

FP: ¿Estaba enojada contigo por enterarte?

RS: No. Ella estaba absolutamente encantada de recibir el mensaje; claramente aún amaba al hombre y creo que fue probablemente su relación más satisfactoria sexualmente.

FP: ¿Te sorprendió la relación?

RS: No. El suyo era un matrimonio extraño e inconexo en muchos sentidos, y creo que sexualmente frustrado. Lo dejaremos hasta aquí, pero ha habido insinuaciones de gente a la que le gustaría convertir a Louise en algo que no era: que ella se convirtió en lo que era su padre, que era un dragueur (mujeriego). Por supuesto, ella puede haber tenido otros affairs. Es completamente posible, aunque lo dudo. Pero estoy bastante seguro de que ella no era una buscadora de hombres compulsiva. Es por eso que la historia con Nemesio fue tan importante, su gran transgresión, y fue hecha con amor, excitación erótica y todo eso. Y siguió siendo parte importante de su vida.

The following two tabs change content below.

Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.