Chicago, 1893. Tiene lugar la Exposición Universal, visitada –según relatos históricos- por 27 millones de personas. Entre ellas se encuentra Constant-Désiré Despradelle, un arquitecto francés y profesor del MIT que, deslumbrado por el esplendor de la gran muestra, concibe allí mismo un proyecto utópico y descabellado: el Faro del Progreso, una torre de piedra de 457 metros de alto que –de erigirse- se habría convertido en la construcción de mayor escala hecha por el hombre, un símbolo de “lo humanamente posible”, una hazaña con miras al progreso.

 

“Todas las fuerzas que han dado forma a la nación estadounidense se organizaron en la forma de un monumento glorioso, el símbolo del progreso y la grandeza”

Constant-Désiré Despradelle

 

Santiago de Chile, 2017. La artista Pilar Quinteros, deslumbrada por la osadía e imaginación sin límites del arquitecto francés, crea su propia versión del Faro del Progreso, utilizando para ello los mismos materiales precarios con los que ha reinterpretado otras arquitecturas –fallidas, o en peligro- alrededor del mundo: cartón, pintura y masking tape. Con la reconstrucción de estos edificios, Pilar Quinteros –como Désiré Despradelle- también apunta a hacernos reflexionar sobre el progreso y, por extensión, a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Está implícita en la idea de progreso la preservación del pasado?

En sus trabajos recientes, la artista (Santiago, Chile, 1988) se ha propuesto poner en valor y, de algún modo, rescatar del olvido, algunos de los monumentos, edificaciones patrimoniales o construcciones de fuerte carga histórica mediante su metódica reconstrucción y exhibición y, en algunos casos, su procesión por la ciudad, lo cual registra en video.

El Faro del Progreso (2017), que se suma a las investigaciones de la artista sobre la interpretación que se hace del pasado y lo manipulable que es la historia, se exhibe hasta el 29 de diciembre en la sala principal de la Galería Gabriela Mistral de Santiago, un espacio que con su vitrina que da a la calle invita a los transeúntes de la Alameda -en pleno centro de Santiago y a tan solo dos cuadras de la Torre Entel- a entrar y enterarse por sí mismos.

La muestra de Quinteros está compuesta además por otras obras: una suerte de homenaje al artista y artesano Lorenzo Berg (Chile, 1924), otro visionario que, como Désiré Despradelle, creó un monumento revolucionario –con destino truncado- para rendir tributo al presidente chileno Pedro Aguirre Cerda; y un video, ubicado en una sala oscura tras un gran telón colorido pintado por la propia artista, que registra un viaje que hizo en junio de este año a la Región de Los Lagos.

El video muestra a la artista durante largas y extenuantes caminatas, mochila al hombro, desde Puerto Montt hasta Ensenada, motivada por textos escritos tanto por autores como Darwin y Humboldt como por colonos de la zona, quienes describen el territorio como indómito y de difícil acceso.

Para Pilar Quinteros, “el arte, entendido como el espacio entre lo sagrado y lo profano, es un lugar en el límite de las cosas, en donde el ser humano busca encontrarse con lo que no puede ver”. En esta entrevista nos ofrece más pistas sobre estas inquietudes que hoy guían su producción artística, ahondando en cada una de las obras expuestas como manifestaciones de proyectos fallidos.

Vista de la exposición "El faro del progreso", de Pilar Quinteros, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2017. Foto: Rodrigo Maulen

Alejandra Villasmil: Cuéntame sobre el espíritu de esta exposición, que se arma a partir de tres grandes trabajos. ¿Cómo se conectan? ¿El material gráfico de la sala de entrada es parte de tus pensamientos gráficos? ¿De dónde salen esos motivos coloridos, que luego se repiten en la cortina que da acceso al video? ¿Se relacionan esos dibujos con la gran masa/roca que abraza la columna central de esa sala? Entiendo que esta intervención espacial hace alusión al proyecto Monumento a Pedro Aguirre Cerda de Lorenzo Berg ¿La idea es que, mediante la recreación de una de sus esculturas en un espacio institucional, se revalide este polémico proyecto?

Pilar Quinteros: En esta exposición es la primera vez que decido mostrar dibujos de ideas o de mis pensamientos gráficos, como dices. Me parecía importante, por varias razones. Por una parte, son resultado de un viaje que hice a través del sur de Irlanda en junio de este año en que visité los portales funerarios construidos con menhires. Viajé invitada por una galería en Dublín para pensar una exposición individual allá. Formulé mi idea para la exposición a partir de estos dibujos y llamé al proyecto Diving into the great beyond, porque son resultado de una propuesta que tengo para indagar en la idea de la muerte como otra dimensión posible, a la que sólo se puede acceder desde la imaginación (si se quiere retornar). El proyecto trataba de realizar un viaje imaginario al más allá. Bueno, la exposición no se hizo al final porque la galería cerró, pero pensar en esto coincidió con la idea que tenía para desarrollar en la Gabriela Mistral con respecto a la idea de progreso, problema que también me venía dando vueltas y que tiene relación con la muerte como dimensión imaginada. Entiendo el progreso también como la muerte, como un lugar al que nunca se llega, sólo se imagina.

Los menhires en medio del paisaje y el Faro del Progreso de Désiré Despradelle son, formalmente, lo mismo. Hitos en el paisaje de alguien que estuvo ahí, que necesitaba señalar algo, alguna ruta, agua, comida, etc. Progreso. Las torres más altas del mundo señalan eso: progreso.

Me cuesta un poco hablar por separado de las obras de la exposición porque están muy conectadas, principalmente por los dibujos. Los diseños de colores vienen de mi imaginación y de ver estos libros de Ojo mágico, en los que se pueden ver figuras 3D ocultas en diseños de colores. Son accesos a otras dimensiones representadas. Atravesar el dibujo de colores de la segunda sala tiene que ver con eso.

Los menhires en medio del paisaje pueden entenderse también como puertas a otras dimensiones. Primero, porque no se sabe bien para qué fueron hechos, lo que desata nuestra imaginación, y segundo, porque son de las primeras intervenciones del humano en el mundo. Es decir, dan cuenta de cómo el ser humano empieza a imaginar el mundo. Así, el menhir que construí con esponja en la entrada de la galería y la torre “de oro” de la segunda sala, que tiene un fondo de colores por un lado y el fondo de la ciudad por el otro, están así vinculadas.

Con respecto a Lorenzo Berg, me pareció necesario mencionarlo como referencia, porque si bien la idea de los menhires vino primero del viaje a Irlanda coincidió con otra invitación que no se concretó para homenajear a Berg. Ambas invitaciones fueron casi al mismo tiempo. Finalmente, para diseñar la roca que construí usé el libro que Ronald Kay hizo sobre el monumento a Pedro Aguirre Cerda, que tuvo lugar antes que cualquier manifestación del Land Art. Ese es un hito de digna mención.

Quizás también es interesante mencionar que la exposición está repleta de referencias a proyectos que nunca se realizaron: los dibujos sobre mi proyecto de viajar al más allá en Irlanda; el monumento de Pedro Aguirre Cerda, que nunca se terminó; El Faro del Progreso, que nunca se construyó; y, finalmente, mi video, que representa una búsqueda por sumergirse en el paisaje, lo que resulta imposible de hacer, ya que está todo, absolutamente todo, señalado y delimitado como propiedad de alguien más. Muy distinto a la experiencia que tuvieron personas como Darwin o Humboldt.

"El faro del progreso", 2017, de Pilar Quinteros, still de video. Cortesía de la artista

Alejandra Villasmil: El Faro del Progreso viene a ser una recreación en cartón -como ya has hecho otras- de edificaciones que tienen valor patrimonial, que han sido olvidadas, desplazadas, reformadas, o en este caso no realizadas. Es el sentido fallido de la arquitectura, que no es más que el quiebre de la memoria, de la historia y el valor patrimonial que le asignamos a ciertas construcciones con valor histórico y cultural…

Pilar Quinteros: Para mí este tipo de modelos representan más que eso. Honestamente, mi preocupación hace mucho que dejo de estar en el “valor patrimonial” de las cosas, la nostalgia por lo que ya no está y todo eso. Mi interés está más bien en la interpretación que se hace del pasado y lo manipulable que es la historia. Quizás por eso me cuesta entenderla de forma cronológica y universal. Finalmente, al igual que hace un arqueólogo, todos somos o podemos ser intérpretes del pasado y de lo poco que nos deja. Yo veo eso como una posibilidad. Eso tiene que ver con la forma en que trabajo estos modelos, por ejemplo. Muchas veces utilizo fotografías de muy baja resolución de las que tengo que extraer la mayor cantidad de información visual posible para poder hacer algo a partir de ellas. Al final, modelos como los que hice de Estación Pirque o el Teatro de la Victoria, son interpretaciones del pasado muy personales, muy lejanas a la realidad de los edificios originales. En el caso de edificios que nunca se construyeron, como es el caso de El Faro del Progreso y, en 2015, La Catedral de la Libertad, el interés está en que son propuestas de mundos que no se llegaron a concretar, realidades paralelas en que conceptos como “progreso” o “libertad” logran, de alguna forma, materializarse. Es emocionante imaginarse versiones B del mundo en que vivimos.

Vista de la exposición "El faro del progreso", de Pilar Quinteros, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2017. Foto: Rodrigo Maulen

Alejandra Villasmil: En el caso de la escultura de Berg y el Faro del Progreso, ¿se trata de construcciones que podríamos llamar utópicas? Actualmente, muchos artistas investigan sobre la utopía de la arquitectura moderna (aunque el Faro del Progreso es anterior). ¿Tú te insertas allí, dentro de ese campo de investigación?

Pilar Quinteros: No podría decir que la escultura de Berg es utópica. No se terminó como él la había planeado, es verdad, pero está ahí y guarda una gran importancia por lo que ya es. El Faro del Progreso, por otro lado, sí fue un proyecto utópico. Fue anterior al modernismo; el proyecto se presentó en 1893. De haberse construido hubiera tenido 457 metros de altura. Una versión más de la Torre de Babel para representar la fundación de América. Por lo que leí, Despradelle estaba imaginando una sociedad del futuro y siguió perfeccionando su proyecto incluso después de haberlo presentado y a pesar de que no había posibilidades de construirlo. Con respecto a si me inserto en el campo de la investigación referente a la utopía de la arquitectura moderna, en realidad no. Me interesa pensar alternativas al mundo en que vivimos, eso sí. Me dedico a eso todo lo que puedo.

Vista de la exposición "El faro del progreso", de Pilar Quinteros, en la Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2017. Foto: Rodrigo Maulen
"El faro del progreso", 2017, de Pilar Quinteros, still de video. Cortesía de la artista

Alejandra Villasmil: Luego está el video, en el que realizas esta caminata inspirada por escritos de Darwin o Humboldt y otras expediciones heroicas. La idea es poder enfrentar este territorio, su naturaleza y geografía, recorriéndolo con una pesada mochila a cuestas. ¿Hay aquí también una búsqueda de un ideal, de conquista quizás? Lo digo porque al final, el video nos deja un poco en el aire, algo de frustración porque creemos que vamos a llegar a ver ese destino, ese lugar a descubrir o a alcanzar, pero no es así…

Pilar Quinteros: Me motivé a realizar esta caminata de cinco días seguidos desde Puerto Montt a Ensenada luego de leer, entre otros, libros como el de Darwin sobre su expedición a Chiloé. Vengo un tiempo leyendo libros de expediciones. La película que hice para la Bienal de São Paulo, Señales de Humo, también está inspirada en el viaje que hizo un explorador inglés a Mato Grosso, para encontrar una ciudad perdida, en su caso.

Los relatos de Darwin y otros, como los de colonos alemanes o de huilliches de la zona cuentan de un lugar de bosques infinitos casi imposibles de recorrer. Dan cuenta de un mundo que ya no existe, que casi ya no existe. El video que estoy presentando trata de eso, de salir en busca de un imposible. De imaginar, de intentar, de buscar. Supongo que yo también puedo hablar de frustración. No porque creyera que la zona que recorrí era distinta (viví en Puerto Montt hasta los 14 años) sino porque, como en todos los trabajos que hago, todo parte de un interés muy profundo por poder ver y experimentar las cosas por mi misma. Y el video registra como camino y camino mirando las rejas de los terrenos, portón tras portón, a uno y otro lado del camino, como si los senderos que cruzo fueran en realidad largos pasillos interiores de una construcción, pero siempre mantengo la vista puesta en bosques lejanos. Eso sumado a la presencia de perros guardianes y casas que parecen abandonadas que, al igual que los menhires en el pasado, señalan la presencia de alguien, de un dueño, otro ser humano que no está ahí. Entonces en todo mi viaje voy juntando grabaciones de rejas, de portones, de perros, de casas abandonadas, de causes de agua dirigidos, todas indicaciones de un otro, hasta que llego al Parque Vicente Pérez Rosales, en donde finalmente puedo meterme en un bosque como los que pude ver sólo de lejos durante todos los días anteriores. Es triste, porque finalmente puedo entrar al paisaje, pero sólo porque el parque está habilitado para ser visitado. Entonces el video es resultado de mis apreciaciones personales respecto a los límites de todo tipo, malestar que fue creciendo en mí a lo largo del viaje.

Por otra parte, en la muestra siento que busco de distintas maneras la forma de representar el entrar y salir de los límites. De pasar de un plano a otro, de una dimensión a otra. Primero está la vista desde la calle al interior de la galería. El ventanal de la galería ya marca un primer cruce. Entras a la galería, recorres un poco y te enfrentas a un enorme dibujo, el que puedes atravesar. Otro cruce. Y finalmente en el video, si lo ves hasta el final, puedes ver cómo me sumerjo en el bosque, así como también el espectador se metió en el dibujo, en este mundo subjetivo.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.