Los ensayos fotográficos de Paolo Gasparini (1934, Gorizia, Italia – vive en Venezuela desde 1955) se han materializado en forma de fotolibros a lo largo de toda su carrera. Entre 1961 y 1965 tuvo ocasión de registrar el acontecer cotidiano de la revolución cubana gracias a su estancia en la isla. La serie fotográfica resultante iba a publicarse en Francia con la colaboración de Armand Gatti, pero finalmente quedó inédita. La maqueta del proyecto, en excelente estado de conservación, fue donada por Paolo Gasparini en el año 2015 al Museo Reina Sofía.

En Cuba conoció a Agnès Varda, Chris Marker o Joris Ivens, artistas con los que comenzó a pensar en las posibilidades de la secuencia fotográfica, su montaje y el diálogo entre fotos. La experimentación que llevó a cabo, con el objetivo de multiplicar las posibilidades de lectura de las fotografías a través del diálogo que se establece entre ellas, le llevó a la sistemática realización de audiovisuales, fotomurales y fotolibros.

Paolo Gasparini se forma como fotógrafo dentro de la corriente neorrealista italiana, al inicio de la década de los cincuenta. En 1955 se instala en Venezuela, donde comienza a dedicarse profesionalmente a la fotografía de arquitectura. Al mismo tiempo, trabaja el reportaje de calle empleando un lenguaje realista que recibe la influencia de fotógrafos como Paul Strand, William Klein o Robert Frank. Para la fotografía urbana directa Gasparini utiliza la cámara de 35 mm, mientras que reserva la de medio formato para la de arquitectura.

Desde que en 1970 la Editorial Lumen publicó La ciudad de las columnas, con fotografías de los edificios de La Habana y texto de Alejo Carpentier, Gasparini no ha dejado de hacer fotolibros, una manera de posicionar la imagen al dotarla de un contexto discursivo gracias al texto y su interrelación con otras fotografías. La contradicción entre los “dos mundos”, el primero y el tercero, fue el tema de Retromundo (Alter Ego, 1986), con texto de Victoria di Stefano y diseño de Álvaro Sotillo. Tanto el tema como el diseñador coinciden en el libro El reverso de las imágenes (Galería López Quiroga, 2015), su último trabajo, lo que muestra la coherencia de su práctica durante tantos años.

Otros fotolibros destacados son El suplicante: México 1971-2007 (RM, 2010), que recoge sus viajes por México a lo largo del tiempo, así como Karakarakas (Mal de ojo, 2014), libro en el que las fotografías dan cuenta de sus sesenta años de vida en la ciudad de Caracas. En Las imágenes muerden (The Dodo & Co., 2015), Gasparini experimenta con el movimiento en el tiempo y la imagen fotográfica acompañada de música, conformando lo que puede considerarse un nuevo formato, el e-photobook. Para Gasparini, el audiovisual es el medio más complejo y completo, que le permite profundizar en lo que quiere expresar.

La génesis del fotolibro Para verte mejor, América Latina se remonta a los años 1970 y 1972, en los que Paolo Gasparini trabajó como fotógrafo para la UNESCO en un proyecto sobre arquitectura moderna latinoamericana. En sus viajes, mientras fotografiaba las edificaciones desde un punto de vista académico, sintió la necesidad de indagar sobre la vida que hay tras el monumento. Este otro trabajo, la serie fotográfica que dio lugar a Para verte mejor, América Latina, aborda el paisaje urbano, social y cultural de América Latina, entendida como un “vasto campo de batalla”, un continente dividido ideológicamente entre el socialismo y el capitalismo. La posición política desplegada en el libro es clara, pues este finaliza sus páginas con la revolución cubana y su líder, Fidel Castro, como una llamada a la esperanza.

El libro, publicado en México en 1972 por Siglo XXI Editores bajo la dirección de Arnaldo Orfila, fue diseñado por Umberto Peña y presentaba los comprometidos textos del cubano Edmundo Desnoes. Para su organización interna se manejó un montaje secuencial utilizando la doble página para configurar una “dialéctica de opuestos”, recurso tomado de la teoría del montaje cinematográfico de Sergéi Eisenstein: los símbolos del voraz liberalismo económico colisionan con los iconos políticos de la revolución socialista. El título hace referencia al cuento de Caperucita Roja, donde el lobo feroz estaría personificado por el colonialismo económico, social y cultural. También destaca la exploración que este trabajo realiza sobre la mirada, entendida como una forma de dominación. La compleja, mestiza y contradictoria cultura visual latinoamericana se entiende como un territorio en disputa, compuesto por distintos estratos, “sistemas visuales entrelazados” y en pugna por la hegemonía: las iconografías indígenas, católicas, las de los estados nación, las capitalistas o las revolucionarias se disputan el imaginario de la ciudad global latinoamericana y sus habitantes.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía conserva en su Colección 29 copias de época de la serie Para verte mejor, América Latina. Las fotografías fueron positivadas en Italia por Franca Donda, la primera pareja de Gasparini e importante colaboradora. La adquisición fue realizada en 2013, siendo en parte donación del autor.

 


Fuente informativa: Museo Reina Sofía. Video cortesía MNCARS. Imagen destacada: Paolo Gasparini, de la serie “Para verte mejor, América Latina”, 1970-1972 (ca.) / Copia de época, 1972, gelatinobromuro de plata sobre papel, 16,1 x 25 cm. Colección MNCARS. Cortesía: MNCARS