Durante tres semanas, y coincidiendo con el centenario de la revolución bolchevique de 1917, se presentó en el Museo Casa de León Trotsky la obra Óptica Bronstein, una colaboración entre los artistas Pablo Helguera y Yevgeniy Fiks. La emblemática casa de León Trotsky en Coyoacán se convirtió en el telón de fondo para esta obra, la cual se inscribe dentro de las categorías del performance, teatro participativo y de inmersión, donde se entremezclan diversas referencias históricas, políticas, ideológicas y artísticas.

El título de la pieza deriva de la doble alusión al uso que tuvo la casa antes de albergar a Trotsky en su exilio mexicano, donde funcionó un centro de investigación óptica establecido por el médico italiano Antonio Turatti, y al nombre original del líder soviético, Lev Davidovich Bronstein. Valiéndose de la eficacidad del “semblante de lo real”, y de la importancia que las nociones de ficción y extrañamiento tienen en el teatro y el arte contemporáneo, los artistas han puesto en escena, a partir de esta doble referencia, una óptica donde el visitante puede someterse a una serie de exámenes de visión bastante singulares, que ponen a prueba sus habilidades de observación así como su visión política e ideológica, estimulando una reflexión en torno a cómo se lee la historia, cómo se interpreta y se falsifica, y el impacto de estas manipulaciones sobre la política en la actualidad.

El recurso del teatro y la actuación, como aspecto fundamental y común denominador en muchas de las obras de Helguera, nos da las claves para entender la inscripción de esta pieza en el contexto de la intersección entre arte y política en el momento histórico al cual hace referencia la obra. La filósofa Hannah Arendt establecía una conexión estrecha entre la política y el teatro, mediante la cual el teatro puede compararse al espacio público, al ágora griega, donde se producían las negociaciones entre los ciudadanos de la polis, es decir, donde se ponía en escena el drama de la política.

Vista de "Óptica Bronstein", de Pablo Helguera y Yevgeniy Fiks, 2017. Museo Casa de León Trotsky. Cortesía del Museo Jumex. Foto: © Abigail Enzaldo

Helguera, cuyo trabajo está enmarcado dentro de lo que hoy en día se cataloga como práctica social, explora esta dimensión teatral de la política generando situaciones a través de las cuales estimula una reflexión del público sobre temas diversos. En este sentido, es pertinente volver al momento, a comienzos del siglo XX, en el cual la afinidad entre teatro y política tuvo un papel importante en el desarrollo de las artes escénicas, siendo posible identificar uno de los puntos de origen del teatro político en la noción de priyom ostraneniya (dispositivo de extrañamiento o desfamiliarización), conceptualizada por el teórico ruso Viktor Shklovsky en 1917 y luego retomada por Bertolt Brecht en su teatro épico, bajo el nombre de verfremdungseffekt (efecto de distanciamiento o alienación). Dicha operación estética y conceptual genera en el espectador una sensación de extrañamiento a partir de dispositivos o técnicas que incluyen la presentación de situaciones fuera de contexto, o la inclusión del público dentro de la acción teatral. Para el teatro político la importancia de este efecto residía en su capacidad de conducir a la concientización del público, buscando transformar al espectador en un “observador vigilante”, según lo describía el dramaturgo ruso Vsévolod Meyerhold.

El enfoque participativo y teatral sobre el cual opera Óptica Bronstein está anclado en ese momento histórico, marcado por la revolución bolchevique, en cuyo contexto se produjo una singular intersección entre arte, política e ideología, dando forma a uno de los movimientos de vanguardia más importantes de la primera mitad del siglo XX.

El constructivismo ruso acompañó las luchas revolucionarias de 1917 en Rusia buscando democratizar la experiencia estética como factor de transformación social. Figuras como Kazimir Malévich, El Lissitsky, Aleksandr Rodchenko, Varvara Stepanova, Liubov Popova, Vladimir Tatlin, Karl Ioganson, Gustav Klutsis, Vladimir Maiakovsky, entre otros, experimentaron de manera extensiva con la forma abstracta o no-objetiva. Para Popova, la forma no-objetiva era la condición revolucionaria de la forma, y posibilitaba la emancipación del sujeto de la alienación impuesta por el sistema de producción industrial capitalista a través de la experiencia de la desfamiliarización. Para los artistas rusos afiliados al constructivismo y posteriormente al productivismo, el teatro proporcionaba un terreno fértil para el despliegue de sus ideas gracias a su recepción masiva y potencial para la organización colectiva de la vida social.

Vista de "Óptica Bronstein", de Pablo Helguera y Yevgeniy Fiks, 2017. Museo Casa de León Trotsky. Cortesía del Museo Jumex. Foto: © Abigail Enzaldo

La situación que encuentra el público en Óptica Bronstein, donde se le invita a hacer una serie de pruebas presentadas bajo la forma de exámenes de visión, se sostiene sobre el efecto de la desfamiliarización, capitalizando sobre lo que Alain Badiou definió como la “ficcionalización del poder de la ficción”. Asimismo, algunas de éstas proponen una reflexión sobre la intersección entre arte e ideología al hacer referencia específica a artistas de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX, como los constructivistas El Lissitzky y Malévich, el surrealista René Magritte, el expresionista Emil Nolde, el muralista mexicano Diego Rivera, y el futurista Filippo Tommaso Marinetti.

En este sentido, Helguera y Fiks logran tejer un entramado de referencias y experiencias que nos remiten a ese momento de eclosión del arte moderno para resaltar la importancia de la alianza entre ideología y estética en su desarrollo, así como su dimensión utópica. En su funcionamiento, contextualización y tipo de experiencia que ofrece al espectador, la pieza evidencia los entrecruzamientos constantes entre la práctica artística de Helguera y su trabajo como educador de museos. Asimismo, da cuenta de los diversos intereses que convergen en la obra de Helguera, como la historia, el lenguaje, la política, la pedagogía, la memoria, el teatro, entre otros, que se despliegan en su trabajo a través de estrategias cercanas al performance y al teatro participativo y de inmersión. Su empleo de estos modos discursivos, así como de herramientas pedagógicas, subraya su interés en la esfera pública, el papel del artista en la sociedad y, de manera más importante, el papel del público, no como espectadores pasivos sino como participantes y agentes activos del cambio social.

Vista de "Óptica Bronstein", de Pablo Helguera y Yevgeniy Fiks, 2017. Museo Casa de León Trotsky. Cortesía del Museo Jumex. Foto: © Abigail Enzaldo

Esta pieza forma parte de la exposición antológica Dramatis Personæ de Pablo Helguera organizada por Julieta González, directora artística, e Ixel Rión, asistente curatorial, del Museo Jumex, la cual explora el enfoque multidisciplinario del artista a través de una selección de instalaciones y performances realizados en las últimas dos décadas que se presentarán tanto en los espacios del museo como en otras sedes en la Ciudad de México. Dramatis Personæ toma la forma no convencional de una exhibición que se extiende en el tiempo; una exposición por “entregas” ajustándose así a las exigencias de las prácticas artísticas contemporáneas que operan con base en la temporalidad, es decir, aquellas que tienen la duración como dimensión y se despliegan en el tiempo. La primera “entrega”, El Instituto de la Telenovela, se presentó en el Museo Jumex en abril de este año. Óptica Bronstein es la segunda entrega de Dramatis Personæ, un proyecto para el cual el artista ha colaborado con el artista ruso Yevgeniy Fiks, y que se presentó este año en una exposición paralela a la Bienal de Venecia en la V-A-C Foundation, Palazzo delle Zattere.