La artista argentina Graciela Sacco (Rosario, 1956), heredera de los movimientos conceptualistas de Argentina, falleció hoy a causa de un cáncer. Su obra, poética y universal, habla de tránsitos, migraciones, exilios y conflictos sociales, de las batallas cotidianas que libra el hombre por encontrar su lugar en el mundo. Sacco hizo de la luz y la sombra su materia prima. Desarrolló diversas técnicas de impresión fotosensible que le permitían grabar imágenes en soportes inusitados.

En sus instalaciones, utilizaba imágenes extraídas de los medios de comunicación: protestas, gritos y hombres en pie de lucha, que no toma como eventos aislados, sino como arquetipos universales. En este sentido no se trata de imágenes documentales, sino de acciones simbólicas que, junto a la luz, el tiempo y el espacio -los otros elementos claves de su obra-, se tornan en experimentos ópticos que conmemoran, desde el arte, el sufrimiento de su tiempo.

Sacco ganó reconocimiento internacional con participaciones recurrentes en bienales como las de São Paulo (1996), Mercosur (1997), La Habana (1997/2000), México (2000), Venecia (2001) y Shanghái (2004). Era una de las artistas argentinas destacadas de Bienalsur, la primera Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur, un ambicioso proyecto que desde septiembre pasado y hasta diciembre de este año conecta en simultáneo a 32 ciudades de 16 países del mundo, reuniendo a más de 350 artistas y curadores de los cinco continentes.

“No tengo palabras para describir el dolor que me produce que una artista, en la cumbre de su creatividad y reconocimiento, haya partido inesperadamente”, expresa la investigadora e historiadora del arte argentina, Andrea Giunta, en su perfil de Facebook.

“Graciela Sacco fue la primera en investigar Tucumán Arde (junto a Andrea Sueldo y Silvia Andino) con una beca de CONICET: una exposición radical, fuertemente vinculada a los artistas de Rosario, realizada en 1968. Su publicación es un trabajo absolutamente pionero. Tuve el privilegio de trabajar junto a ella en numerosos proyectos, desde su libro de 1994, en el que escribí el primer análisis desde una perspectiva de género sobre una artista contemporánea argentina publicado en nuestro medio, hasta los textos para la bienal de La Habana o la exposición-intervención que realizó en la biblioteca de la Universidad de Texas en Austin, organizada desde el CLAVIS-Center for Latin American Visual Studies. Con sus investigaciones y sus obras Graciela estaba siempre un paso adelante. Confiaba en el poder de las imágenes de conmover, de transformar al público, de sensibilizar sobre distintos problemas que afectan al mundo y que, a pesar de sus sueños, no se han transformado. Ella sostenía en formatos inéditos el núcleo más sólido de aquella experiencia colectiva que había estudiado del 68. Confiaba en que la vanguardia artística y la política debían marchar juntas. Creía en la innovación del lenguaje, investigaba archivos que ella misma creaba para llevarlos a un territorio de transparencias, evocaciones, deslumbramientos. Nos une (no puedo usar el pasado) una amistad de muchos años y una inmensa admiración. Es tan pronto, tan incomprensible. Graciela estaba extraordinariamente activa, participando en numerosas exposiciones internacionales. Ella vivió entre Rosario, Europa (donde amaba a sus hijos y nietos) y el mundo. Allí seguirá, entre todos esos espacios, y en nuestros recuerdos, con todo el humor y el cariño que siempre nos vinculó. Mi más sentido homenaje y mis sentimientos profundos para la familia en este momento tan triste y doloroso”.

Por su parte, la historiadora de arte, investigadora y crítico de arte Diana Wechsler, que además es Directora Artística-Académica de Bienalsur, dice: “Su trabajo sostenido y consecuente, desde muy joven, marcó una posición muy bien definida dentro del campo del arte (…) La mirada, su mirada, acechaba desde distintos frentes para capturar imágenes que luego reaparecían en forma de impreso o de video, de imagen luz o de impresión traslúcida unas veces, opaca otras. Su recorrido la llevó a vivir atravesando fronteras: las de las imágenes y las condiciones de las obras y su práctica artística; las de la sociedad y las diferentes condiciones de existencia que impone; las territoriales, haciendo de estas últimas una metáfora visual para pensar las demás. Entre fronteras, entre espacios, en tensión (admisible, como le gustaba decir), con un alto grado de experimentación continúa sobre imágenes y materiales para alcanzar con ellos los recursos para situar sus ideas, Graciela Sacco construyó su estética, su poética, su presencia dentro del mundo de las imágenes. Su mirada intensa solo se sostiene a partir de ahora desde sus obras. Es nuestra responsabilidad seguir viéndola”.