Zombi Mall parte de un interés sobre Campo  Marzio,  un  libro  hecho  por  el  arquitecto  Giovanni Baptista Piranessi en el año 1762, cuando fue contratado para hacer un nuevo plan urbano para la ciudad de Roma. En el libro, Piranessi planteaba  una  manera  radical  de  acercarse  al  plan  de  una ciudad,  reconstruyéndola   utilizando   ruinas   ficticias,  ruinas   sacadas   de   otras   civilizaciones   y también desfragmentando partes de su actual Roma.

Esta  visión,  radical  para  la  época,  hace  uso  de  una  metodología  especulativa  que  se  proyecta  tanto hacia  el  pasado  como  hacia  el  futuro,  lo  que  establece  la  importancia  del  campo  especulativo  en  el ámbito  científico,  algo  similar  a  lo  que  sugiere  la  filósofa  y  bióloga  Donna  Haraway  en  el  presente respecto   a   las   estrategias   que   debemos   asumir   en   vías   de   subsistir, como especies y como civilización, a la catástrofe planetaria que estamos viviendo.

El  interés  de Ignacio Gatica (Chile, 1988)  por  la  organización  urbana  y  la  dinámica  de  las  ciudades  lo  ha  llevado  a explorar  ideas  sobre  la  fragmentación  de  distintos  sistemas  de  conocimiento  y  su  relación  con  los objetos, pero sobre todo de nuestra propia configuración como seres humanos en el contexto de un mundo devorado por el capital y la acumulación. Muchas de sus obras   nos recuerdan una estructura desmembrada desde poesía  visual, llevada  a  un  campo  de  relaciones,  donde  sus  libros son más bien objetos que se despliegan visualmente, que piezas que se leen; donde los objetos son fragmentados para sacarlos de la inercia en la que se encuentran; y donde las palabras no se ofrecen a la inteligibilidad sino que se esconden.

Zombi  Mall  surge  en  esta  contingencia  espesa  y  continua,  con  hilos  microscópicos  infundiendo todo tipo de temporalidades y materialidades. Su título sugiere un marco en el cual todo lo vivo se encuentra  capitalizado  por  un  sistema  necrotizante,  donde  las  pistas  para  imaginar  un  nuevo futuro oscilan entre los límites de lo real y lo falso, desestructurando nuestra manera de imaginar el mundo.

La  ciencia  ficción  y  los  hechos  científicos  conviven  felizmente  en  la  obra  de  Gatica,  como  en  las ideas de Piranessi y Haraway otorgando gran valor a la libertad imaginativa. Haraway, por su parte, se sumerge en una complejidad para vivir con la creación de las condiciones necesarias para seguir adelante  en  el  problema.  En  este  sentido,  Gatica  problematiza  la  crisis  que  vive  nuestro  lenguaje frente  a   la   dificultad   de   encontrar   palabras   que   puedan   expresar,   en   toda   su   complejidad,   la dimensión  mutante  de  este  tiempo  de  prolongada  inmediatez,  acudiendo  a  la  creación  de  un lenguaje  que  es  tanto  continuador  de  un  conocimiento  arcaico  como  contenedor  de  lo  nuevo. La pieza central en exposición es un gran mapa en el muro que representa la desfragmentación de su actual  tarjeta  de  crédito,  en  la  que  a  veces  se  puede  leer  su  nombre  o  su  número,  aludiendo  a  que todo cuanto existe puede convertirse en ruina.

A su vez, Piranessi no tiene ningún interés en construir una Roma que encarne tan solo su pasado, sino una en la cual puedan cohabitar todas las Romas, incluso los fenómenos naturales que se dan en  su  geografía.  Los  que  alguna  vez  fueron  fragmentos  de  una  civilización  pasada,  hoy  son  las nuevas  ruinas  de  una  nueva  ciudad.   Como  él,  Gatica  crea  una  sobreposición  de  significados  y lenguajes.  En  los  fragmentos  diseminados  por  la  sala,  los  símbolos  de  la  cultura  indígena  Aymara cohabitan  con  logos  de  marcas,  señales  de  tránsito  y  tipografías,  transformando  el  juego  de  la representación  en  un  sistema  de  conocimiento  avanzado,  desde  donde  se  puede  vislumbrar  la extinción y aparición constante de nuevas formas de comunicación y existencia.

Piranessi  reinventó  Roma  como  una  ciudad  sin  calles,  donde  el  único  medio  de  continuidad  es  el río,  cuyo  curso  sinuoso  era  el  verdadero  protagonista  del  plan,  donde,  como  en  el  diseño  original, el Campo Marzio era una amplia explanada que soportaba año a año las inundaciones. No es difícil imaginar  qué  tipo  de  espectáculo  se  produciría  cuando  la  zona  se  inundara  -cientos  de  complejos monumentales  surgirían  del  agua  como  islas.  La  osadía  de  Piranessi  me  trae  a  la  discusión  actual sobre la subida de los niveles del mar producto del derretimiento de los polos, la posibilidad de que ciudades  completas  queden,  muy  pronto,  cubiertas  por  el  agua.  En  ese  escenario,  las  ruinas  de Gatica  pueden  ser  vistas  como  icebergs  flotando  en  medio  del  océano,  recordando  mediante  su presencia  fragmentada  aquellos  enormes  bloques  de  hielo  que  alguna  vez  existieron.  Me  pregunto si  acaso  deberíamos  comenzar  a  pensar  en  nuevas  configuraciones  para  nuestras  ciudades,  o  en asociarnos  con  otras  especies  para  adquirir  capacidades  que  nos  permitan  vivir  en  estos  nuevos ecosistemas.

 

*Texto curatorial escrito por Carolina Castro Jorquera para la muestra Zombie Mall, de Ignacio Gatica, en galería Die Ecke, Santiago, abierta hasta el 10 de noviembre de 2017.

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Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.
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