Fundado en 1997 por coleccionistas privados, el Skulpturenpark, o el Parque de las Esculturas de Colonia, en Alemania, es un museo al aire libre dedicado a la escultura contemporánea. Desde 2008, y tras la muerte de sus patronos, Michael y Eleonore Stoffel, la Fundación sin fines de lucro Skulpturenpark Köln ha sido la responsable financiera, administrativa y organizacional de este parque de 35.000 metros cuadrados.

Este año Skulpturenpark celebra su vigésimo aniversario y, como es ya tradición en su calendario, ha inaugurado hace pocos días la novena edición de KölnSkulptur, una iniciativa bianual que encarga y luego exhibe una serie de nuevas esculturas realizadas por artistas de diversas partes del mundo. El programa es uno de los pocos que tiene este carácter en Europa y ha contribuido hasta ahora a producir más de 177 piezas. Las obras se quedan en el parque por un periodo de dos años, y durante ese tiempo se realizan programas de divulgación, visitas y conferencias.

KölnSkulptur #9 es curado por Chus Martínez (Ponteceso, A Coruña, 1972), directora del Instituto de Arte de la Academia de Arte y Diseño de la University of Applied Sciences and Arts Northwestern Switzerland (FHNW), quien ha encargado obras site-specific a ocho artistas: Andrea Büttner, Claudia Comte, Eduardo Navarro, Lin May Saeed, Jan Kiefer, Teresa Solar, Solange Pessoa y Pedro Wirz.

El título de la edición de este año, La Fin de Babylone, se relaciona con el sueño de un nuevo comienzo para la cultura y, por lo tanto, para la sociedad. Pero, más que proponer una utopía en medio del caos global que nos deshumaniza, Martínez parece establecer la muy cierta posibilidad de que quienes habitamos esta tierra podemos hacer un cambio, alterando –o al menos influyendo- el orden mundial con acciones concretas y gestos potentes. Y el arte es el medio.

Este puede ser el motivo por el cual, según Martínez, las diferentes piezas que componen esta edición son anti-monumentales. En su texto curatorial, argumenta que ya de por sí estas piezas “incorporan una enorme ambición de afectar lo real, de tocarnos de tal manera que cualquier escepticismo y cinismo hacia la importancia del arte podrían borrarse”.

Así, las esculturas de esteatita tallada de Solange Pessoa (Ferros, Brasil, 1961), por ejemplo, impregnan de un aire antiguo y delicado la geología de esta ciudad de la vieja Europa, con sus formas abstractas y suaves como si han sido moldeadas por la naturaleza.

Eduardo Navarro (Buenos Aires, 1979), quien atribuye al arte la capacidad de producir nuevas posibilidades de percepción del mundo que nos rodea, presenta una pieza sumamente poética a partir de la experiencia sensible: sesenta nueces a escala real cuyas cáscaras han sido hechas en bronce –con su verdadero fruto dentro- para celebrar la relación entre los humanos y la naturaleza.

Teresa Solar (Madrid, 1985), en tanto, posa en el césped una extraña y sexy criatura informe color rosa cuyo origen y longevidad no podemos precisar. ¿Tiene miles de años? ¿Viene del futuro? ¿Aterrizo de otra galaxia?

Conversamos brevemente con Chus Martínez sobre su idea, según ella “exagerada”, de que el arte puede cambiar el mundo.

Alejandra Villasmil: En tu texto curatorial propones una “exageración”: imaginar que la producción de estas ocho nuevas obras site-specific se unan a las ya existentes en el parque para “dar inicio a un nuevo mundo.”. Tu aproximación es una muy espiritual, inscrita en el mundo de las emociones, de nuestra actitud hacia lo que nos rodea –el mundo- y la esperanza. ¿Podrías comentarnos sobre las ideas que hay detrás de tu propuesta curatorial?

Chus Martínez: Cierto, se podría leer como algo muy espiritual, pero a la vez muy tecnológico. Es decir, cada vez que le hablamos a un móvil, con la expectativa de que reconozca nuestra voz y transcriba un mensaje, estamos poniendo en práctica la “exageración” a la que aludo en mi texto. Esa exageración es dar testimonio de que la percepción y sus transformaciones juegan un papel fundamental a la hora de generar un pensamiento nuevo. El arte, al igual que la ciencia, lleva siglos investigando la relación entre los diversos y complejos mundos que conforman eso que denominamos percepción y la inteligencia. El parque es, en este sentido, una propuesta modesta, solo son ocho obras y, sin embargo, logran cambiar la totalidad del parque. Se suman a las obras que ya estaban allí y, lejos de crear controversia, logran una sensación de pluralidad, de diversidad que sirve al espectador para volver a descubrir todas las obras que ya habitaban ese lugar. Por supuesto, las obras nuevas, y además ver el parque, los árboles, la tierra, el clima, el río con ojos nuevos.

AV: Esta es la 20° edición de KölnSkulptur, lo que la convierte en una edición emblemática. Además, es tu proyecto más ambicioso desde que fuiste Jefe de Departamento y Miembro del Core Agent Group de documenta 13 y tu primer trabajo con obras para el espacio público. Cuéntanos un poco más de esta significativa experiencia profesional.

CM: Proyectos ambiciosos lo son todos. O, dicho de otro modo, a todo le pongo el mismo empeño. Pero sí, es cierto que el trabajo en el parque me ha hecho mucha ilusión, el proceso de producción de una obra nueva es de las cosas que más me motivan, de las que más aprendo. En este sentido, el proceso en sí mismo me ha hecho ver y valorar el espacio público, la importancia de estos lugares que están ahí solo para el disfrute de un modo muy especial. Siempre me he interesado por nuestra salud mental, por los efectos negativos de la ansiedad, del sufrimiento… en nuestra vida cotidiana estamos rodeados en mayor o menor medida de circunstancias que aumentan nuestro nerviosismo y pensar en el proceso de producción de un espacio opuesto a los espacios de trabajo, de actividad… un espacio con la virtud de abstraernos de todo lo que nos perjudica. Ayer, el primer día que todas las piezas estaban por primera vez en el parque, me di cuenta que hay un denominador común: la dádiva, o el gesto de ofrecer y estar atento. Espero poder reflejar algunas de estas ideas en los textos que estoy escribiendo para así hacerme entender mejor.

AV: Las obras que propones tienen una escala humana. Has evitado la monumentalidad, en oposición a la tradición moderna. También comentas en tu texto curatorial sobre el estado actual del arte, sobre la tendencia a la espectacularización y a las grandes inversiones que se han hecho en las últimas décadas en las instituciones e infraestructura del arte, pero que a fin de cuentas poco se traducen en una experiencia artística enriquecedora. Hablas de las virtudes en mundo del arte. ¿Puedes profundizar un poco más en esta reflexión?

CM: Un ejemplo. Una periodista se acerca a la obra de Eduardo Navarro cuando aún la estábamos instalando. En el suelo estaba la tierra levantada, mientras enterraban la compleja estructura que sujeta las sesenta nueces de bronce al terreno. En una caja estaban las nueces. Le explico lo que son y no parece darle ninguna importancia. Pregunta, ¿es realmente el cambio de escala una cuestión importante? Le ofrezco una nuez. La coge en la mano. Pesa. Mira a su alrededor, y me pregunta, ¿te importa si doy un paseo con ella? Le digo no, por supuesto. Cuando regresa me dice: ‘es cierto, la nuez cambia las cosas, he vuelto a ver el Dan Graham, que está a unos metros y veo la reflexión y miro la nuez, compuesta por dos mitades simétricas, y esa asociación no la hubiera hecho nunca y ha estado siempre ahí. Luego me he acercado al tronco gigantesco de Jimmy Durham y he vuelto a pensar en la nuez, esta vez como semilla’.

Las sesenta nueces son sesenta nueces. Es decir, no es una nuez reproducida sesenta veces. Dentro de cada nuez de bronce esta la nuez. El artesano que ha realizado el molde ha tenido que replicar esa cáscara dura exactamente tal y como es por fuera y por dentro para que la nueva nuez sea la coraza que protege por siempre a la nuez. El trabajo es ingente, mucho mayor que otro trabajo que sea de más tamaño y se percibe. Uno se da cuenta al acariciar esos bancos de datos y de vida que son importantes. Te tienes que acercar a la tierra y poner la mano sobre ellas y lo que ves y piensas desde ahí es distinto. Y con ello no aludo a ningún truco de psicomagia, me refiero al proceso de entender muchas cosas de un modo simple.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.
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