Desde la creación de la Bienal de Lyon en 1991, su director artístico, Thierry Raspail, ha pedido a cada comisario invitado pensar en una palabra clave, la cual asigna a tres ediciones consecutivas. La Bienal de Lyon de 2017 es el segundo volumen de una trilogía alrededor de la palabra “modernidad”, y fue con este concepto que Raspail invitó a Emma Lavigne, Directora del Centro Pompidou-Metz, a imaginar esta 14ª edición, que se celebra del 20 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018 en los espacios de la Sucrière y macLYON.

“Es en un contexto de globalización galopante que genera una movilidad constante y un flujo acelerado –la ‘liquidez’ del mundo y de las identidades, en el análisis de Zygmunt Bauman-, que la Bienal está explorando el legado y alcance del concepto de ‘modernidad’ en el arte de nuestro tiempo”, señala la curadora de esta edición, Emma Lavigne.

La Bienal toma su título, Mundos Flotantes, de la palabra japonesa ukiyô, que describe una visión del mundo como impermanente y en continua renovación, una fuente de libertad y creatividad. Las actitudes libertarias de los artistas, que amplían constantemente los límites de la obra de arte para hacerla aún más abierta al mundo, son centrales en esta edición de la bienal francesa. El concepto curatorial también se ata a la geografía de la ciudad de Lyon, cuya identidad ha estado en parte modelada por la omnipresencia del agua, por el cruce de los ríos Rhône y Saône.

Lo “moderno” en esta Bienal se entiende como “modernidad infinitamente expandida”, según Raspail, toda vez que el concepto es reexaminado en lo contemporáneo, bajo la influencia y cuestionamientos actuales de las ciencias, la razón, las creencias, la cognición, el universalismo crítico y su reverso, el relativismo integral, la globalidad, la invención de tradiciones, el agotamiento de los recursos, el surgimiento del fundamentalismo y, por supuesto, el arte.

De este modo, en la Bienal podrán verse conexiones y yuxtaposiciones “expandidas” entre artistas, o ciertas “porosidades” entre obras, temporalidades y lugares, como por ejemplo entre Lucio Fontana y Ernesto Neto, Cerith Wyn Evans y Calder pero también Marcel Broodthaers, Tomás Saraceno y Dominique Blais.

ALGUNAS OBRAS DE MUNDOS FLOTANTES

En Mundos Flotantes participan 68 artistas de 23 países, de los cuales 15 son de Iberoamérica: Darío Villalba (San Sebastián, España, 1939), Lara Almarcegui (Zaragoza, España, 1972), Daniel Steegmann Mangrané (Barcelona, España, 1977), Anna María Maiolino (Scalea, Italia, 1942, vive en Brasil), Cildo Meireles (Río de Janeiro, 1948), Ernesto Neto (Río de Janeiro, 1964), Rivane Neuenschwander (Belo Horizonte, Brasil, 1967), Lygia Pape (Nova Friburgo, Brasil, 1927 – Río de Janeiro, 2014), Damián Ortega (Ciudad de México, 1967), Fernando Ortega (Ciudad de México, 1971), Héctor Zamora (Ciudad de México, 1974), Lotty Rosenfeld (Santiago de Chile, 1943), Tomás Saraceno (San Miguel de Tucumán, Argentina, 1973), Marcelo Brodsky (Buenos Aires, 1954), e Icaro Zorbar (Bogotá, 1977).

Algunos artistas presentan obras realizadas hace ya varios años, muchas de ellas emblemáticas en sus carreras, como por ejemplo Anna Maria Maiolino con Entrevidas (1981), Lotty Rosenfeld con Una milla de cruces sobre el pavimento (1979), Cildo Meireles (Babel, 2001), o Marcel Broodthaers (Lluvia [proyecto para un texto], 1969).

Otros trabajos son de más reciente data, como la Fuente Sónica (2013), de Doug Aitken, un cráter excavado en el suelo y lleno de un líquido blanco lechoso, por encima del cual nueve grifos, dispuestos en una rejilla, gotean de acuerdo a una partitura escrita con precisión. En el agua, los micrófonos graban el sonido del goteo y lo transmiten directo al espacio, como en un concierto. En tanto, Daniel Steegmann Mangrané, en A Transparent Leaf Instead Of The Mouth (2016-2017), integra el mundo exterior al white cube al instalar un vivero donde el crecimiento tropical y las formas de vida brotan en lo que es todavía un espacio escultórico estrictamente modernista.

También se presentan nuevas obras especialmente creadas para la Bienal. Es el caso de dos artistas que, además, hicieron una residencia en Lyon como parte del programa Veduta: Lara Almacergui y Rivane Neuenschwander. Esta última presenta Battle (Batalla), una pieza que explora el significado de palabras tomadas de pancartas y carteles de protesta de Brasil y Lyon: lemas de insurrección, libertad, resistencia, utopía y justicia. Transferidas a etiquetas de ropa -como las marcas de moda-, las palabras forman un léxico que rompe con el contexto de la protesta masiva: un alfabeto poético e intimista que los visitantes pueden recomponer y llevarse a casa, fijado a su ropa, convirtiéndose así en portadores de mensajes de poesía política.

OTROS PROGRAMAS DE LA BIENAL

Junto a la exposición Mundos Flotantes, la Bienal presenta otros programas que ya son tradicionales en cada edición. Uno de ellos es Veduta, que interroga lo moderno a la luz de Mundos Flotantes desde la colección macLYON y en diálogo con los habitantes y aliados institucionales de la zona. Las exposiciones de esta sección generan mundos paralelos, lugares de convergencia, espacios de intercambio y discusión, experiencias sensibles y visiones poéticas.

El macLYON también organiza, desde 2002, la exposición Rendez-vous, que ahora es parte integral de la Bienal. Es una plataforma dedicada a la creación emergente, en la que se invita a diez artistas franceses y se les pide a diez bienales diferentes que escojan a un artista de un área geográfica del mundo. En 2017, Rendez-vous ha invitado a las bienales de La Habana (Cuba), Yakarta (Indonesia), Kochi-Muziris (India), Lubumbashi (República Democrática del Congo), Marrakech (Marruecos), Shanghai (China) y Sharjah (Emiratos Árabes Unidos), así como las trienales de Aichi (Japón), Trienal de Arte Contemporáneo del Asia Pacífico (Brisbane, Australia) y Eva International (Irlanda).

El tercer y último programa conexo es Resonance, que en esta oportunidad invita a 150 espacios de la región Auvergne-Rhône-Alpes -centros de arte, galerías, instituciones culturales y colectivos de artistas- a desarrollar proyectos vinculados al tema de la Bienal a partir de una convocatoria abierta. La selección final la realiza el director artístico, sin un límite para el número total de proyectos a ser presentados.

“Me gustaría que la gente que visita la Bienal lo haga como si estuviera atravesando un paisaje experimental, sensorial, ampliando su percepción y su concepción del mundo. La Bienal se despliega como un viaje a través de un archipiélago de islas que son, a su vez, escenas a contemplar o lugares a detenernos, donde podemos retrasarnos y empinarnos en la maravilla, la conciencia, la contemplación y la reflexión que generan”, concluye Lavigne.

Imagen destacada: Céleste Boursier-Mougenot, clinamen v.3, 2017. Vista de la instalación en la Plaza Antonin Poncet, Lyon. Cortesía de la artista, Biennale de Lyon 2017 y Galerie Xippas (París). Foto: ©Blaise Adilon

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