El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) presenta hasta el 5 de noviembre de 2017 una retrospectiva que recorre la producción artística de Liliana Maresca (Buenos Aires, 1951-1994) realizada durante sus últimos doce años de vida. Liliana Maresca: El Ojo Avizor. Obras 1982-1994, curada por Javier Villa, curador senior del MAMBA, parte de un trabajo de investigación iniciado hace cuatro años, con el que la institución se propuso rendir homenaje a Maresca, exaltar su vigencia y recuperar su potencia creativa.

Liliana Maresca fue una figura emblemática para la escena de las artes visuales de las décadas de 1980 y 1990 en Argentina, siendo una de las constructoras más activas de la comunidad artística interdisciplinaria gestada hacia el final de la última dictadura militar en ese país. Su obra confrontó de manera crítica problemas centrales para la sociedad, como la situación política de Argentina en los años noventa y el VIH, que la afectó personalmente.

“Maresca puso su propio cuerpo ante todo y, expandiéndose desde ese cuerpo a su entorno íntimo, a la escena artística y a la sociedad, tuvo la capacidad de captar y retransmitir como si fuese una poderosa antena aquello que era central y acuciante en un contexto agitado. El cuerpo de Maresca nunca será restringido o disciplinado, del mismo modo que los objetos que produjo en esos años no fueron estáticos o autónomos. Siempre pondrá el cuerpo para embestir su contexto en forma vital y vehemente; su cuerpo siempre estará presente y siempre mutará, como el cuerpo social muta, como la escena del arte muta, como sus objetos mutan. Nos lega una forma de trabajo que expresa firmemente cómo pararse frente al arte, frente a la vida y a los otros, frente al tiempo y al contexto tanto político como personal”, comenta Villa.

Vista de la muestra Liliana Maresca: El Ojo Avizor. Obras 1982-1994 de la artista Liliana Maresca en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Argentina. Foto: cortesía MAMBA.
Vista de la muestra Liliana Maresca: El Ojo Avizor. Obras 1982-1994 de la artista Liliana Maresca en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Argentina. Foto: cortesía MAMBA.

A principios de los años 80, Liliana Maresca comenzó a producir esculturas a partir del ensamblaje de basura que recogía de la calle, entre ellas, obras como Torso (1982), No camina (1982) o Madre con niño (1984). Son piezas en las que reflexiona sobre la tortura que pocos años antes padeció toda una generación, sobre el cuerpo de la mujer, la sexualidad y sobre el rol que debía ocupar el artista en la sociedad. Esto puede verse en la serie de fotografías que realizó en colaboración con Marcos López, Liliana Maresca con su obra (1983). Junto al mismo fotógrafo, la artista llevó a cabo otras tres series: Liliana Maresca frente al Museo Nacional de Bellas Artes (1984), Liliana Maresca frente a la Casa de Gobierno (1984) y Liliana Maresca en el edificio Marconetti (1984), en las que presenta un cuerpo liberado que se ofrece para confrontar con las instituciones artísticas y políticas o para comulgar con espacios de la comunidad under, de la que ella fue una participante muy activa.

Durante esos años, Maresca amplió su trabajo: pasó del cuerpo individual a un pensamiento sobre el cuerpo social. Lideró una serie de proyectos colectivos que tuvieron como finalidad “poner el cuerpo en democracia” y volver a conectar el arte con la sociedad y la sociedad consigo misma. Estos fueron Una bufanda para la ciudad (1985), en la Galería Adriana Indik; Lavarte (1985), organizada en una lavandería del barrio de Monserrat, y La Kermesse (1986), que representó el desembarco de artistas del under, en un espacio público de gran visibilidad como lo fue el Centro Cultural Recoleta. En cada uno de estos proyectos, Maresca apostó por un sistema de trabajo y autoría colectivo, y jerarquizó la participación del espectador.

En 1987, Maresca recibió la noticia de que era portadora de VIH. Si bien desaceleró su producción durante dos años, al volver a la escena, en 1989, lo hizo en forma enérgica. Proyectos como No todo lo que brilla es oro, La Cochambre. Lo que el viento se llevó y Recolecta muestran un giro material en su obra, comenzando así a trabajar con materiales orgánicos, como ramas de árboles, y otros tradicionales, como el bronce. A su vez, en estos proyectos y los siguientes su búsqueda será más depurada, en comparación con la visceralidad de su trabajo durante la década del 80, y más precisa y directa en sus alusiones a la violencia material y simbólica vinculada con el advenimiento de un nuevo contexto político.

Durante este período, la nueva coyuntura neoliberal y el SIDA constituyen el trasfondo de varios de sus proyectos, aunque Maresca nunca se referirá de manera directa a la enfermedad. Comenzará a elaborar imágenes arquetípicas, como la esfera y el cubo (vinculadas, respectivamente, a lo celestial y lo terrenal), pero también incorporará el color dorado, relacionado tanto con la alquimia, la transformación y la trascendencia espiritual, como con el dinero y la violencia capitalista, referencia que abarca desde la creciente pobreza en la Argentina (Recolecta) y la guerra por el petróleo iniciada en el Golfo Pérsico (Wotan Vulcano), hasta los genocidios aborígenes por el oro colonial (El Dorado).

Vista de la muestra Liliana Maresca: El Ojo Avizor. Obras 1982-1994 de la artista Liliana Maresca en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Argentina. Foto: cortesía MAMBA.

En sus últimos tres proyectos volverá a aparecer con fuerza el ofrecimiento de su cuerpo vinculado a la comunicación con el otro. Estas obras abordan desde la conexión amorosa más íntima (Ella y yo, 1994) hasta el vínculo con desconocidos a partir de un aviso que coloca en una revista erótica para que la gente la llamara por teléfono y pudiera hablarles de su obra (Maresca se entrega a todo destino, 1993). A su vez, poner el cuerpo puede referir también al rol del artista frente a la escena cultural y a la sociedad, al intentar establecer un vínculo con sus colegas y con la comunidad artística (Espacio disponible, 1992), o al incluir su cuerpo desnudo como una figura pública más, dentro de un collage con políticos, militares, deportistas y personajes de la farándula (Imagen pública – Altas esferas, 1993).

En sus últimos años de vida, Maresca dibujó Mascaritas, que pueden entenderse como una reconstrucción simbólica de la comunidad que la acompañó durante su carrera y a lo largo de su enfermedad. Son obras surgidas de la tenacidad y la fragilidad de un cuerpo cansado; dibujos realizados con materiales simples, livianos y fáciles de manipular, canalizados por trazos rápidos, lineales, y colores estridentes. Son rostros cuyo principal destino es formar todos juntos una multitud.

Liliana Maresca es “una artista consciente de la importancia de su rol en la sociedad, que se entrega a ella, que denuncia, que evita la comodidad, la indiferencia y el egoísmo”, apunta Villa. Su obra “perdura tanto a través de los objetos y documentos que fueron preservados, como de la potencia y determinación sobre la necesidad de cambiar el mundo”.

La exposición es acompañada por un libro monográfico titulado Liliana Maresca, con textos de Javier Villa y María Gainza, una cronología biográfica realizada por Laura Hakel, y todo el material exhibido en la retrospectiva, además de obras inéditas.

Vista de la muestra Liliana Maresca: El Ojo Avizor. Obras 1982-1994 de la artista Liliana Maresca en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Argentina. Foto: cortesía MAMBA.

LILIANA MARESCA: EL OJO AVIZOR. OBRAS 1982-1994

Museo de Arte Moderno. Buenos Aires

Del 17 de agosto al 5 de noviembre de 2017