Paulo Freire, pedagogo de Brasil que, desde el siglo pasado ha ejercido una fuerte influencia en las estrategias pedagógicas de medio mundo, fue uno de los primeros en trabajar en base al principio dialógico del aprendizaje. ¿Cómo se entiende esto? Sencillamente, mientras más oportunidades de interacción e instancias de diálogo, mayor es el aprendizaje que se sigue. “Todos sabemos algo. Todos ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre”, repetía Freire. Cada uno puede ser o no un especialista pero, sin embargo, sólo logra diversificar su conocimiento cuando participa en una plataforma de diálogo. Conocimiento = construcción = co-instrucción. A la base de esta propuesta está la constatación de que el conocimiento no se transmite como un fluido que pasa de una vasija a otra, sino que se construye gracias a la relación cognitiva entre las distintas partes involucradas en un proceso de intercambio. A partir de aquí, entramos en formas de conversación que abren la oportunidad de entender el profundo trabajo ¿Qué educación para Marte? que por estos días presenta el artista italiano Valerio Rocco Orlando en el zócalo del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), sede Parque Forestal, gracias a la curaduría de Mariagrazia Muscatello.

Formado como dramaturgo, Valerio Rocco Orlando (Milán, 1978) encuentra de inmediato su motivación en la relación entre el individuo y la comunidad. Sus primeras obras hablan de la conformación de la propia identidad como artista ante la interacción con los otros. El artista, ¿qué rol debe cumplir? Y antes que eso, ¿es el arte una actividad especializada reservada para aquellos iniciados que poseen determinados códigos? Según su propia definición, “arte es un proceso de análisis y conocimiento mutuo”. De ahí que se enfoque en el desarrollo de un cúmulo de relaciones cognitivas interpersonales sujetas a las tensiones y flexiones de un diálogo abierto. De hecho, a lo largo de los años ha tenido la oportunidad de trabajar en diálogo con grandes figuras de la filosofía, como el pensador francés Jean-Luc Nancy, así como del mundo del arte, donde destacan sus colaboraciones con el compositor británico Michael Nyman y los artistas Gilbert & George y Liam Gillick. Y sobre todo ha trabajado con estudiantes de distintas partes del mundo. ¿Qué educación para Marte?, proyecto realizado en Italia, Cuba e India a partir de conversaciones-entrevistas, plantea una inmersión en el fenómeno pedagógico en su relación con la concepción del arte. La cámara presenta a cada estudiante hablando en primer plano. Cada uno  toma relevancia. El artista es, en este caso, un interlocutor, tal como lo es también la propia audiencia.

Por ahí partimos conversando.

Pedro Donoso:¿Cuál es la función del arte en un proyecto así? ¿El artista es un mediador?

Valerio Rocco Orlando: Para mí no hay diferencia entre el arte y la educación. Son etapas de un mismo proceso de constitución y formación de la sociedad. Si voy a enseñar en la academia o a mostrar mis obras en un museo, mi objetivo es crear un espacio para la comunidad local para descubrir nuevas ideas y establecer relaciones de valor a través de la dimensión estética, cotidiana y humana del arte. No es mi objetivo resolver conflictos, sino cuestionar los puntos de vista a la luz de una mayor conciencia individual y colectiva. Yo no soy un mediador, nunca tengo un programa que enseñar. De hecho, la activación ocurre como un cambalache ininterrumpido de ideas y puntos de vista. Hacer arte significa desencadenar relaciones que favorezcan un intercambio de conocimiento entre pares. Una relación comparativa que nace de la conciencia de no ponerse límites en la vida diaria y del deseo de ver las cosas como son y llamarlas por su nombre. El deber de decir la verdad sigue siendo hoy, para los intelectuales y los artistas, una tarea caracterizada por la elección diaria de tomar riesgos.

PD: Una de las formas de presentación de tu estrategia es bajo el llamativo concepto de Dramaturgia Social. ¿Puedes explicarnos un poco mejor cómo entendemos este concepto?

VRO: Dramaturgia Social es una práctica artística que he desarrollado a lo largo de los años de mi formación en teatro y a través de la relación con comunidades locales en todo el mundo. Independientemente del resultado final, que puede ser un libro o una película, cada vez que voy a entrevistar a personas de una comunidad sobre un tema, mi objetivo es establecer un diálogo basado en la confianza mutua. En cada taller desarrollamos preguntas, como aquí en el MAC. A partir de las primeras preguntas se generan respuestas y reflexiones que luego transcribo y con ellas creo asociaciones a través de la práctica de la reescritura. A través de esta interacción se origina una nueva sociedad que forma un retrato colectivo a partir de múltiples puntos de vista individuales. Por lo tanto, un proyecto así es una oportunidad para que todos puedan entender más y encontrar nuevas maneras de generar un sentido de mayor pertenencia con la comunidad local y mundial en que vivimos.

PD: ¿Cómo y en base a qué criterios escogiste los tres lugares donde realizaste los videos de tu proyecto que se presentan en el MAC? ¿Qué sorpresas encontraste, qué similitudes y diferencias?

VRO: El proyecto está estrechamente ligado a mi biografía y al deseo de conjugar la enseñanza del arte con su producción a través de la experiencia en escuelas y academias internacionales. En el año 2010, me encontré en Roma cara a cara con un nutrido grupo de estudiantes que protestaban por las condiciones del sistema de enseñanza de nuestro país. A partir de una confrontación cotidiana y sobre la base de un diálogo construido en la confianza, sentí la exigencia de indagar en la calidad de la relación entre estudiantes y educadores, así como entre los propios estudiantes, estimulando a los participantes a imaginar una escuela mejor.

En 2011 me invitaron a participar en la XI Bienal de La Habana con este trabajo y resultó bastante natural continuar con esta investigación a través de la realización de un nuevo video con los estudiantes cubanos. En el ISA, el Instituto Superior de Arte, la legendaria escuela donde se imparten las artes visuales, la danza, la música y el teatro en un espacio compartido por profesores y estudiantes, busqué un modelo alternativo al italiano; una posibilidad para desarrollar nuevas preguntas y encontrar nuevas respuestas a la cuestión de la educación.

Finalmente, en 2012 presenté mi solicitud para enseñar en la Fundación Krishnamurti, en India, con el fin de confrontar a los estudiantes de la Valley School, una escuela situada en el bosque justo a las afueras de Bangalore, donde se aprende siguiendo las enseñanzas del filósofo indio y la observación de la naturaleza, sin emplear libros de texto. De esta experiencia nace otro video que viene a cerrar la trilogía con la conciencia adquirida a través de la inversión de los roles de manera que el aprendizaje se realice de modo natural, sin límites ni imposiciones.

Con el curso de los años he descubierto y aprendido mucho, poniendo nuevamente en cuestión el proceso educativo, así como el rol que le corresponde a la educación y al arte. Como artista y educador, he comprendido en terreno la importancia de no separar nunca la práctica de la teoría. Entre los tres videos hay muchas diferencias, perspectivas y correspondencias. Sobre todo, me interesan las trayectorias: los que se van, los que regresan y las motivaciones que empujan los estudiantes a educarse en su propio país por su país.

PD: Uno de los temas más recurrentes en torno a la educación en Chile es su asociación con privilegios y élites. ¿Qué clase de privilegios ves tú que se disuelven o robustecen con la educación? ¿No es toda educación una forma de privilegio?

VRO: Privilegio es una palabra que surgió con frecuencia durante los talleres en Chile. Mi esfuerzo y, al mismo tiempo, el gran desafío que debieron enfrentar los estudiantes e involucrados en el MAC, fue imaginar un sistema que venciera este concepto. No sé si tuvimos éxito y, sin embargo, creo que es crucial intentarlo. Nos corresponde a cada uno de nosotros superar el límite una vez que hemos reconocido el obstáculo. En este sentido me gusta recordar la experiencia de un participante que ese día decidió unirse a nuestro grupo de trabajo. Su testimonio era el de un muchacho que deliberadamente eligió salir del gueto de su población para educarse y seguir su naturaleza, en vez de conformarse con los esquemas sociales impuestos a él y a sus compañeros. Durante la mayor parte del tiempo su presencia fue silenciosa y pasó simplemente escuchando a los demás, hasta que decidió abrirse y contar su historia. Con eso dio una eficaz demostración de cómo los privilegios pueden ser disueltos, e incluso revertidos, al asumir un valor positivo, en la medida que la educación adquiera el carácter de una elección. Por lo tanto, nos corresponde seguramente a nosotros, cuando abrazamos la defensa de la educación, no insistir en identificarla sólo con un privilegio en términos de exclusión.

PD: Tu trabajo busca el diálogo pero también promueve el cambio social. ¿Es un proyecto pensado con una intención política específica? ¿Cómo se inserta en Chile, donde los estudiantes han tenido un rol protagónico desde 2011?

VRO: Mi trabajo siempre se construye y se sintetiza a través del tiempo contingente y de las emergencias que derivan de él. No es una obra de archivo, sino que está arraigada y se explica en el presente. Cuando tuve la oportunidad de confrontar el contexto chileno, gracias a la invitación de la crítica Mariagrazia Muscatello y del director del MAC, Francisco Brugnoli, aproveché la ocasión como una oportunidad única en el contexto específico en el que me encontraba expuesto y donde debía operar. En los mismos días que daba mi laboratorio, se discutía la reforma educativa en el Congreso Nacional de Chile. Pensemos que el propio MAC es un museo universitario estrechamente ligado a la tradición educativa del país, hasta el punto que en el pasado era el edificio donde se hallaba la Academia de Bellas Artes. Por lo tanto, como espacio expositivo vinculado a la universidad estatal, el museo era donde se aprendía y se enseñaba arte. Eso me ofrecía a mí una oportunidad para cuestionar el lugar de exposición como un lugar de producción y no sólo de disfrute. El papel principal de los movimientos estudiantiles en Chile, así como la dificultad para hacer valer los derechos fundamentales a la educación son la prueba tangible de la urgencia de que cada uno intervenga personalmente para redefinir los principios necesarios de la defensa de la educación para todos. Este es precisamente el tema que ha emergido con fuerza de los laboratorios de los últimos días: ¿qué significa defender la educación?

PD: Bueno, también eso depende de qué tipo de educación vas a defender. ¿Formal o informal? ¿Pasiva o participativa?

VRO: Según Michel Foucault, con la llegada de Napoleón asistimos a la transición de una sociedad de la soberanía a una sociedad disciplinaria. La sociedad disciplinaria se definió mediante el establecimiento de prisiones, escuelas, fábricas, hospitales. Para William Burroughs, después pasamos a la empresa de control donde los espacios de confinamiento ya no son necesarios porque son reemplazados por la subcontratación y el trabajo en el hogar. En el campo de la educación, la escuela y la formación se llevan a cabo al mismo tiempo, a través de la formación permanente, que ya no implica la necesidad de ser recluido en el espacio cerrado de un aula. El control ya no coincide con la disciplina. Así como en la autopista es posible circular libremente y al infinito mientras se mantenga el control, lo mismo ocurre con la información, que es básicamente hacer circular las palabras bajo cierto orden. No sorprende que las declaraciones de la policía se denominen “comunicados”. La información es un sistema controlado por la contraseña que aplica una empresa particular. ¿Quizás esta definición se aplica incluso a la educación? ¿Y para la obra de arte? Cada vez que me encuentro enseñando o produciendo arte rompo la dinámica del panel frontal, transformando la ocasión del encuentro en un laboratorio entre pares, de carácter informal y participativo.

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Pedro Donoso

Nace en Santiago, en 1970. Es editor, traductor y crítico. También colabora como docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado. Acaba de editar el libro "Gordon Matta-Clark: Experience Becomes de Object". En 2013 estuvo a cargo del proyecto Of Bridges & Borders, en Valparaíso, Chile.
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