Por: Gonzalo Pedraza

Hoy vivimos en un mundo de imágenes: el teléfono, la computadora, la televisión, los videos, las transmisiones instantáneas, todo se ha reducido –o expandido– a una pantalla. ¿Cómo vemos hoy en día las cosas que no están dentro de una pantalla? ¿Cómo percibimos un paisaje, un árbol o nuestro entorno? Pareciera que estos tiempos están construyendo una percepción novedosa. La forma en cómo nos relacionamos con nuestra tecnología se traspasó a los sentidos: vemos, tocamos y oímos de manera distinta. En el arte pasa lo mismo. La experiencia de “ver una obra de arte” también está sometida a esta nueva percepción, pero se resiste y aún conserva una fuerte carga ritual: vemos en silencio, serios –tratando de parecer cultos–; no podemos tocar las obras, debemos guardar distancia y acercarnos a ellas a través de textos indescifrables. Todas estas experiencias nos hacen finalizar la visita aturdidos. ¿Cómo combinar esta nueva percepción y la experiencia del arte?

El proyecto Colección de Imágenes, en la Sala Cronopio del Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, se arriesga a vivir ese intento. Consistió en pedir 1.000 imágenes a jóvenes de entre 13 y 18 años de escuelas públicas y privadas, talleres e institutos de formación artística de Argentina, que respondieran a la pregunta “¿Qué ves cuando ves?”. Tenían la tarea de mostrar su percepción del mundo a través de una imagen tomada con su celular. Habitaciones, calles, espacios, retratos y naturalezas fueron algunas de las imágenes que nos llegaron. Cada una se imprimió en un imán de 60 cm –en su parte más larga– que podrá ser observado por el espectador. Se construyeron dos filas de bibliotecas de metal, en las que se encuentran todas las imágenes que enviaron. El público puede observarlas y elegir un grupo, llevándolas en un carrito de mano hacia gabinetes situadas al fondo del espacio, eligiendo una de ellas para pegar las imágenes y generar relaciones entre ellas. El espectador construye su propia exhibición, transformándose en el curador de la muestra.

Colección de Imágenes es un proyecto sobre la experiencia presente, un experimento visual donde todos los factores interactúan: nos introducimos a una máquina de relaciones que opera gracias a la participación del espectador, como un generador de imágenes y como un creador de la exhibición.

El curador Gonzalo Pedraza en la muestra Colección de Imágenes de Gonzalo Pedraza en la Sala Cronopio del Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires. Foto: María Mohorade, cortesía del centro cultural.
Vista de la muestra Colección de Imágenes de Gonzalo Pedraza en la Sala Cronopio del Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires. Foto: María Mohorade, cortesía del centro cultural.

El trabajo que he desarrollado se basa también en el mundo contemporáneo y sus experiencias e ideas, pero está íntimamente conectado con las prácticas del coleccionismo europeo moderno. A fines del siglo XV aparecieron los gabinetes: básicamente eran espacios que recibían artefactos que traían los imperios de las colonias. En un inicio aparecían elementos curiosos de difícil clasificación: sangre de dragón, alas de ángel, plumas de fénix, huevos prehistóricos…

Estos gabinetes convocaron a personas que recién entraban a la idea de “especialización”: los objetos necesitaban un nombre para poder sistematizarlos, aún respondían a las fantasías y exotismos de la época. Obtuvieron títulos, entraron a familias y sufrieron clasificaciones. Cada artefacto adquirió la condición de objeto natural: ya no era “sangre de dragón”, sino que salvia; no eran “monstruos”, sino que animales disecados… una infinidad de artefactos que en su condición “natural” informaban sobre la calidad de materias primas para explotar e implementar una economía en las colonias.

El arte, entendido como la escultura y la pintura, entró de manera fuerte en los gabinetes en el siglo XVII. Su introducción, en tímidas piezas al fondo de las habitaciones, empezó a ganar terreno al mundo natural: los muros se llenaron de pinturas y los suelos de esculturas, convirtiéndose en los principales objetos de los gabinetes y del mundo moderno europeo. Fueron –y quizás siguen siendo– los principales signos de poder de la época.

Una de las grandes colecciones representadas fue la del archiduque Leopoldo Guillermo de Habsburgo, gobernador de los Países Bajos entre 1647 y 1656, quién contrató al pintor David Teniers como conservador y pintor de su colección el mismo año de su entrada a Bruselas. El archiduque era un visionario: sabía que sus obras le permitirían ascender en poderío político y social, llegando a reunir la mejor colección de pintura italiana y flamenca.

El cuadro de gabinete no necesariamente representa una escena preexistente, era el despliegue de la imaginación del pintor que ponía en escena una enciclopedia visual que debía ser vista de manera múltiple. No se ve de izquierda a derecha como estamos acostumbrados, sino en zigzag, cada imagen no se piensa individualmente, sino por sus cercanías. Esta manera colectiva de operar, o de ver, o de oír, en un gran conjunto y sus posibles relaciones, es algo parecido a lo que ocurre en las redes sociales, la web y los sistemas operativos.

En Colección de Imágenes se experimenta algo parecido, repitiéndose gestos y preguntas: qué elijo, por qué lo elijo, dónde lo sitúo, qué pongo al lado, arriba y abajo, qué pienso, cómo lo expreso, qué muestro y qué escondo. Un sinnúmero de elecciones y negociaciones que se ejecutan de manera paralela a las que vivieron los pintores de gabinetes del siglo XVII.

Vista de la muestra Colección de Imágenes de Gonzalo Pedraza en la Sala Cronopio del Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires. Foto: María Mohorade, cortesía del centro cultural.
Vista de la muestra Colección de Imágenes de Gonzalo Pedraza en la Sala Cronopio del Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires. Foto: María Mohorade, cortesía del centro cultural.

GONZALO PEDRAZA: COLECCIÓN DE IMÁGENES

Centro Cultural Recoleta. Buenos Aires

Del 7 de septiembre al 8 de octubre de 2017