Diane Arbus es una figura controversial. A priori, y a juzgar por las múltiples reseñas de su obra, pareciera imposible abordar su trabajo sin mencionar que mantuvo desde la adolescencia hasta su muerte una relación incestuosa con su hermano, el multipremiado poeta Howard Nemerov, o que su vida promiscua la llevó a relacionarse sexualmente con algunos de los marginales modelos de sus fotografías. Ni hablar de la relación causal que le atribuyen entre la temática de su obra y su suicidio, a los 48 años.

Nacida en el seno de una acaudalada familia judía de Nueva York en 1923, Arbus creció inmersa en lujos y conoció la complementariedad de los opuestos desde muy pequeña. Su madre, Gertrude Russek, heredó un millonario negoció textil y se casó, más allá de la queja familiar, con uno de sus empleados: David Nemerov. Ya adulta, la artista recordará su infancia como algo solitaria y padeciendo las hostiles reglas de una educación conservadora y maniquea.

En este contexto no es de extrañar su temprano matrimonio, a los 18 años, con el fotógrafo Allan Arbus, que le permitió salir de casa. Él fue quien le regaló su primera cámara. Trabajaron juntos durante más de una década en la producción de fotografías para revistas: él operaba la cámara y ella realizaba la dirección de arte. Con los años comenzó a tener algunos proyectos en solitario para revistas de moda como Vogue y Harper’s Bazaar.

Sin embargo, no fue hasta el año 1955 y su encuentro iniciático con la ya reconocida fotógrafa y docente austríaca Lisette Model, que Diane Arbus realmente comienza su carrera artística. Pero lo hizo lejos del encorsetamiento de moda de las publicaciones para las que trabajaba y más lejos aún de los modelos que la sociedad de bienestar y consumo norteamericano impulsaban en la posguerra. Arbus necesitaba ampliar su experiencia y sentir la adversidad alejándose del epicentro.

En este nuevo comienzo y en los siete años de producción que le siguieron es en donde se centra Diane Arbus: En el principio, la muestra del Metropolitan Museum de Nueva York que el MALBA trajo a Buenos Aires con curaduría de Jeff L. Rosenheim, a cargo del Departamento de Fotografía del MET. El material, archivado en cajas arrumbadas en su antiguo estudio, fue comprado a las hijas de la artista por el MET y expuestas por primera vez el año pasado.

Diane Arbus, El Hombre Al Revés en su habitación de hotel, Ciudad de Nueva York 1961. Impresión en gelatina de plata. The Metropolitan Museum of Art © The Estate of Diane Arbus, LLC. Todos los derechos reservados
Diane Arbus, Transformista con guantes largos, Hempstead, Long Island 1959. Impresión en gelatina de plata. The Metropolitan Museum of Art © The Estate of Diane Arbus, LLC. Todos los derechos reservados
Vista de la exposición "Diane Arbus: En el principio", en el MALBA, Buenos Aires. Foto: Pablo Jantus
Vista de la exposición "Diane Arbus: En el principio", en el MALBA, Buenos Aires. Foto: Pablo Jantus

En lo que se podría considerar la precuela de la fotógrafa mundialmente reconocida, este recorte de su trabajo permite identificar y prever su universo temático, uno de los aspectos más comentados de su obra. A la alta sociedad neoyorquina habitué de la Quinta Avenida contrapone los excluidos y marginales de una sociedad aún muy pacata que asistía al avance de la comunidad gay y travesti y se fascinaba con las personas malformadas.

Sin embargo, lejos de lo que suele creerse, la temática elegida no es escandalosa. Claramente no lo es ahora y tampoco lo era promediando la década del cincuenta. Brassaï, Walker Evans o la mismísima Lisette Model ya habían trabajado con lo marginal y la audiencia esperaba con secreto regodeo entre voyerista y morboso sus apariciones. La originalidad del planteo no es a nivel temático sino enunciativo.

Sus modelos tienen un diferencial que no es su estrato social, es la manera en la que están retratados. Armada con su Nikon 33 mm, una cámara liviana ideal para hacer fotos fuera de estudio y con una distancia focal muy similar a la del ojo humano, lograba establecer una relación empática con sus objetivos hasta llegar a hacer la toma que buscaba: un retrato a corta distancia con mirada a cámara y un encuadre despojado que los aislaba de su contexto inmediato.

Ese punctum barthesiano se revelaba con frecuencia en relación a la mirada. También en las que no veían, como las de la anciana en la morgue o la de la estrella de cine a la que le sangran los ojos. Y siempre en esa cadencia que habilita el oxímoron, Diane Arbus camina hasta llegar a esa última decena de fotos que la curaduría del MALBA y Rosenheim dispusieron al final del recorrido: las tomadas con la Rolleiflex de doble lente y formato cuadrado que la artista adquirió en 1962.

Vista de la exposición "Diane Arbus: En el principio", en el MALBA, Buenos Aires. Foto: Pablo Jantus
Vista de la exposición "Diane Arbus: En el principio", en el MALBA, Buenos Aires. Foto: Pablo Jantus

Ya definitivamente consagrada a lo que algunos llamaron el surrealismo americano, Arbus exploró un ámbito sesgada por la otredad presumiblemente para definir su propia identidad y acompañar al espectador a naturalizar la diferencia. En una operación retórica similar a la que Warhol utilizó en sus serigrafías, después del shock, la repetición anestesia la experiencia y habilita un abordaje ético.

Y esa podría ser una de las claves de lectura de la exposición y de gran parte de su trabajo. Interpelar la distancia próxima. Una mirada del retratado como un objeto impávido que asiste a la posesión simbólica de su intimidad. Un adentrarse desde una objetualidad abyecta hacia una subjetividad de otra manera desconocida. El Otro, tantas veces visto y repetido, ni siquiera es uno más. Ya dejó de existir.

 


Imagen destacada: Diane Arbus, Taxista al volante con dos pasajeros, Ciudad de Nueva York, 1956. Impresión en gelatina de plata. The Metropolitan Museum of Art © The Estate of Diane Arbus, LLC. Todos los derechos reservados.

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Profesora de Bellas Artes y Licenciando en Crítica de Artes. Directora de ART.AHOLIC, plataforma de difusión del arte argentino contemporáneo. Escribe para medios nacionales e internacionales.