Yoko Ono (Tokio, 1933), artista asociada con el arte conceptual, la performance, los happenings y el grupo neo-vanguardista Fluxus, ha sido una pionera en el cuestionamiento del concepto y del objeto de arte, rompiendo las fronteras tradicionales que dividen al arte e invitando al espectador a jugar un papel activo en la producción y finalización de la obra.

El Centro de las Artes 660 de la Fundación CorpArtes, en Santiago de Chile, presenta hasta el 22 de octubre la retrospectiva Dream Come True, primera muestra de la reconocida artista en Chile. La exposición, proveniente del MALBA de Buenos Aires, está compuesta por más de 80 piezas, entre objetos, proyecciones, instalaciones y registros sonoros producidos desde la década del sesenta hasta la actualidad, siendo eje de la exhibición las llamadas Instrucciones que Ono ha desarrollado desde hace más de sesenta años.

La muestra cuenta con la curaduría de Agustín Pérez Rubio, director artístico de MALBA, y Gunnar B. Kvaran, director del Astrup Fearnley Museum de Oslo.

Conversamos con Pérez Rubio y Laura Parrilla, coordinadora de la exposición de Yoko Ono en CorpArtes, sobre esta muestra.

Nicolás Narváez: ¿En qué difiere —si existe tal diferencia— la muestra que se exhibió en MALBA de la que está actualmente en CorpArtes? ¿Qué decisiones curatoriales se tomaron para armar y montar ambas exposiciones?

Agustín Pérez Rubio: Ambas muestras son idénticas, tienen las mismas obras. En Chile hay dos proyecciones más que en Buenos Aires, que por una cuestión de espacio en Buenos Aires tuvimos que optar por ponerlas en plasmas. En Chile, la exposición respira mejor en términos de espacio y estoy muy contento con el resultado final. La única obra que no se exhibe en Chile es To See The Sky. Se trata de una escalera en forma de caracol que los visitantes pueden subir para ver desde su punto más alto, el cielo. En MALBA, la sala expositiva era la del último piso así que fue cuestión de construir una apertura en el techo, pero en CorpArtes era imposible porque la sala de exposiciones está en un subsuelo. […] Una de las cosas más importantes para Gunnar y para mí era abordar la trayectoria de Yoko a partir de lo que consideramos el eje central de su arte: las Instruction Pieces, que son una serie de instrucciones en textos a modo de poemas, a modo de haikus, donde la artista invita al espectador a pensar y a soñar diferentes propuestas. La muestra incluye la primera instrucción realizada por la artista, Pieza de encender (“Enciende un fósforo y observa hasta que se consuma”) y también una de las últimas, Lumière, realizada en 2015. El recorrido no es cronológico necesariamente, sino que está organizado por grupos de obras que tratan sobre mismos temas, pero la artista ha sido muy coherente en su producción artística y sus obras entran en diálogo fácilmente. Para las decisiones curatoriales el diálogo con la artista fue directo e importante. Gunnar ya venía trabajado con Yoko desde los años setenta, habiendo curado varias exposiciones suyas. Yoko es además una persona muy generosa, abierta y accesible. En ese sentido, le propusimos el proyecto, lo avaló y comenzamos con la investigación y viendo con la artista y su equipo realmente cuáles eran las piezas en su trayectoria que incluían en su raíz una instrucción. Ha sido un proceso de casi un año de investigación. Cuando tuvimos el proyecto cerrado, se lo volvimos a presentar a la artista en su departamento en Nueva York y se definió también la publicación de la reedición de Pomelo, que se agotó rápidamente en Argentina, y el catálogo de Dream Come True, que se hizo en español por pedido explícito de Yoko.

Laura Parrilla: Una es la diferencia a nivel de espacio, cada exposición se tiene que adecuar a las salas en que uno se encuentra. Entonces, donde están colocadas las obras están en diferente posición de cómo estaban en el MALBA. No es un problema, ya que la exposición no es un recorrido cronológico, entonces no era importante que si el MALBA abría la exposición con una obra o con una instrucción, nosotros la abrimos con otra. A nivel de obra, de cómo están colocadas, es completamente diferente, ya que se tiene que amoldar a las salas de cada espacio, y eso no afectaba la intención de los curadores o de la obra de Yoko Ono. Sí cambian puntos que te marcaban un poco dónde las obras deberían estar. Por ejemplo, la obra del teléfono: Agustín y nosotros tuvimos la idea de que era una obra que no podía estar al principio, sino que era una obra que te la tenías que encontrar casi saliendo de la exposición. La obra de la televisión, Sky TV, está al final también por cuestiones de espacio, es un espacio cerrado, parece como un búnker o algo así. Le dimos mucho sentido a que esa obra estuviese en ese espacio cerrado. Se combinó entre lo que se había hecho en Buenos Aires y las características que tenía nuestro espacio. Aparte de eso, a nivel de producción, como ningún objeto vino… o sea, pocos objetos vinieron de Buenos Aires, del MALBA, sólo lo que es la convocatoria del agua, Water Event, todo lo demás es producción nuestra, es producción en Santiago. Es lo que se encuentra, también, en los mercados, en las tiendas, en los grandes almacenes aquí. Entonces, eso también hace que cada exposición, cada vez que la obra de Yoko Ono se hace, se haga de diferentes maneras. Los post-it de colores, seguramente, en otro lugar, en vez de ser tan colorados y fucsias, sean más planitos. A nivel de producción también: cada vez —como se produce en el lugar— hace que la producción sea de lo que se encuentra en ese espacio. También hay dos obras que yo marcaría que son diferentes, que son las dos convocatorias. Una es Resurgiendo, que es una convocatoria que se hace a través de nuestra página web, donde todas las mujeres latinoamericanas están invitadas a dejar su testimonio de la violencia que haya sufrido, de algún tipo de violencia. Esa misma convocatoria también la hizo el MALBA, pero con sus testimonios. Entonces, los testimonios que le llegaron al MALBA se pusieron en la exposición, se cerró la convocatoria cuando se acabó esa exposición, y luego nosotros la abrimos de nuevo el 8 de marzo. Entonces, los testimonios que nos llegan a nosotros son diferentes a los testimonios que tenía el MALBA. Y la otra convocatoria que también es diferente es la convocatoria del agua, que es la exposición en donde Yoko Ono invita a artistas latinoamericanos a que creen un contenedor para transportar agua, y esta agua es conceptual. En Buenos Aires se hizo con 12 artistas latinoamericanos, seis mujeres y seis hombres —la indicación también de Yoko es que siempre el número de hombres y mujeres sea igual—, y cuando trajimos la exposición hacia aquí, preguntamos a los curadores si podíamos hacerlo un poquito diferente: añadir dos nombres más y que fueran dos nombres chilenos, dos artistas chilenos para que Chile tuviera también un peso un poquito mayor, ya que se hace aquí, y para que fuera un poquito diferente. Desde la curatoría nos dijeron que sí, Yoko Ono también nos dijo que sí, entonces el elemento del agua tiene dos nombres nuevos que no tenía Buenos Aires. Añadimos a Cecilia Vicuña, con la obra que hizo, y Enrique Ramírez. En total son tres chilenos en la convocatoria, mientras que en Buenos Aires era sólo uno, que era Alfredo Jaar. Esas yo diría que son como las dos diferencias mayores que podríamos tener. Hay algunas instrucciones que en Buenos Aires se presentaron y aquí, por cuestiones de espacio, no se decidieron presentar, pero la idea, la exposición es la misma, salvo por estos cambios de producción.

N.N:¿Cómo fue la aproximación hacia la sala del agua? ¿Cómo se estableció la conexión con estos artistas y qué tanto participó la misma Yoko Ono de este proceso?

A.P.R: El agua es un motivo recurrente en la obra de Yoko Ono, y provee muchas capas metafóricas: el agua es el componente principal del cuerpo humano. En 1971, Ono invitó por primera vez a un conjunto de artistas a participar en Evento Agua, que tuvo lugar en el Museo Everson de Siracusa (Nueva York), y desde entonces ha repetido la acción en diferentes muestras. Su intención es la creación de obras colaborativas basadas en el agua y sus significados. La manera de realizar el evento en Buenos Aires y Chile, vino de parte de Yoko. Ella fue quien quiso invitar a artistas latinoamericanos de diversas y variadas geografías, 50% hombres y 50% mujeres. De esta manera los curadores realizamos una previa selección de artistas latinoamericanos que nunca habían participado de un Evento Agua y se la enviamos a Yoko, con información visual de cada uno. Ella estuvo de acuerdo con la selección y así es como se realizó. Del mismo modo hizo CorpArtes, que envió la propuesta de diversos artistas, con Gunnar seleccionamos, lo vimos con Yoko y se definió el listado definitivo. En Dream Come True, Ono convocó a un grupo de 14 artistas latinoamericanos. Además de los tres ya mencionados, también participan Liliana Porter, Hernán Marina, Ana Gallardo, Amalia Pica, Rosângela Rennó, Runo Lagomarsino, Alexander Apóstol, Tania Bruguera, Teresa Margolles, Tercerunquinto y Antonio Caro, con la consigna de que produzcan una obra-recipiente capaz de “llevarles agua” a las personas, ya sea para sanar su mente o para reconocer su valentía para manifestarse. También puede destinarse específicamente a una persona, pueblo o región que necesite desesperadamente agua. Yoko Ono completa la obra de los artistas convocados, aportando simbólicamente el agua que llena dichos contenedores.

L.P: El MALBA fue quien nos pasó las obras que se transportaron. Nosotros, a nivel interno como CorpArtes, contactamos por nuestra parte a Enrique Ramírez y a Cecilia Vicuña. Bueno, le mandamos una propuesta al MALBA de más nombres, y el MALBA junto con Yoko escogieron estos dos. Es interesante también que esas son las obras que se transportaron y que no se produjeron. Hay algunas que se han tenido que producir aquí, como la planta, que no se transportó, pero lo demás es lo mismo que estaba allí.

N.N: ¿Cómo nace la relación entre MALBA y CorpArtes para traer esta exposición a Chile? ¿Por qué se toma a CorpArtes como el lugar para esta exposición, esta retrospectiva, de Yoko Ono en Chile?

A.P.R: Hace ya un tiempo varias personas de CorpArtes vinieron a MALBA a visitarnos y a hablarnos de lo que estaban desarrollando, y coincidimos en que sería bueno comenzar una colaboración entre ambas instituciones. En este sentido, cuando estábamos armando la exposición de Yoko Ono, nuestro director ejecutivo de aquel momento estableció contacto para proponer el viaje de esta muestra, y así se fue consolidando la idea de llevarla a Chile. Desde el comienzo del proyecto Yoko quería que itinerara a diversos países de Sudamérica.

L.P: MALBA es una fundación de Buenos Aires con unas características muy parecidas a CorpArtes: nace de una fundación, ésta de una familia. MALBA es un referente en Latinoamérica, es a quién mirar, y nos pareció muy interesante la exposición de Yoko Ono. Nosotros habíamos itinerado también la exposición de Yayoi Kusama, que había iniciado en el MALBA, y luego pasó por aquí. La exposición de Yoko Ono tenía muchas características para nosotros que nos atraían, no sólo por el mensaje que da Yoko Ono con esta exposición, por dar a conocer la figura de Yoko Ono, que yo creo que todo el mundo conoce quién es, sabe algo de Yoko Ono pero nadie sabe que es artista. Entonces, nos parecía muy atractivo también presentar en Chile la obra de ella. La otra es que era una exposición como súper de experimentación, la gente viene a experimentar, puede tener una experiencia artística y estética muy diferente a otro tipo de exposiciones. Todo eso hizo que nos pareciera muy atractivo el hecho de poder traer a Yoko Ono, y qué mejor que itinerar la exposición y hacer una especie de alianza con el MALBA. Creo que fue la combinación de las dos cosas fue muy atractiva.

N.N: Yoko Ono ha sido conocida popularmente quizás más por su vínculo con John Lennon —que está presente en la exposición— y su trabajo como pacifista; sin embargo, es una de las puntas de lanza del arte conceptual. ¿Cuál consideran que es la importancia de Yoko Ono en el arte contemporáneo, y qué rol cumple su cuerpo de trabajo?

A.P.R: Yoko Ono no fue solamente la mujer de John Lennon. Antes de conocerlo al músico ya era una artista experimental y de vanguardia ineludible en Japón. Me parece fundamental situar a Yoko en un lugar destacado dentro de la historia del arte. Existen dos hitos fundamentales por los que Yoko Ono ya ha pasado a la historia del arte, por la que le dieron el León de Oro en la Bienal de Venecia a toda una trayectoria, y museos como el MoMA (Nueva York) le han dedicado retrospectivas. Yoko, con sus instrucciones que lleva desde el año 1955 hasta nuestros días, ha logrado ir más allá del arte objetual a nivel conceptual. El artista Marcel Duchamp dio un vuelco en la concepción del arte y es uno de los artistas más relevantes del siglo pasado, pero, aunque la obra de Marcel Duchamp fue fundamentalmente conceptual, él mantuvo la idea del objeto artístico, como también lo hicieron muchos de los contemporáneos de Ono. En cambio, ella lo radicaliza. La originalidad de la obra de Ono consiste en su condición efímera. Ono ha sido, sobre todo, una pionera en el cuestionamiento del concepto y el objeto de arte. En segundo lugar, sus obras son precursoras del arte participativo, donde la obra se crea por la interacción de la artista con el público, con todos aquellos que participan de la realización.

L.P: Yo creo que ella fue, y es, una pionera a finales de los cincuenta, sesenta, una pionera del arte conceptual. Rompe con todo lo que se estaba haciendo hasta ese entonces. Había habido ya momentos de ruptura con Duchamp, cuando presenta ese urinario y dice que es una fuente, y ella va más allá. Ella, su obra, te la presenta como un texto pegado a la pared, donde casi ya no hay ni materialidad, o sea, ha desaparecido el objeto artístico. Las primeras piezas que ella hace con instrucciones son susurradas, nos comentaba Agustín en una visita que nos hizo. Donde ella hace una exposición, llama a la gente para que venga a la inauguración, y empieza a susurrar esas instrucciones al oído. O sea, ya ni siquiera hay un objeto que alguien pueda tocar ni comprar ni vender. Así que esta ruptura que ella tiene con el objeto artístico en sí es súper interesante, porque para Yoko Ono el arte no es un objeto, sino que es una experiencia. Y eso también hace que nosotros estuviéramos muy interesados en la exposición de Yoko Ono, porque es exactamente lo que nosotros, desde la Fundación CorpArtes, creemos, que una exposición de arte no es nada más que ofrecer una experiencia al público. Creo que es súper importante su figura por eso, por romper con el objeto. ¿Qué vendes? Rompe con el mercado artístico. ¿Qué va a vender en una subasta? ¿Unas letras? ¿Qué va a vender, una loza rota que hemos comprado en cualquier tienda? Entonces, esa ruptura y ese abrir los límites es muy interesante. Me parece súper interesante también el hecho que ella va más allá también de lo que es la sala de exposición. De hecho, ella hace performance en diferentes espacios, no sólo en museos, sino que en su casa, tranquilamente, en este espacio donde se reunía con John Cage y los amigos de la época, donde hacían performance pero más allá del museo. Es algo así lo que intenta hacer en la parte superior [en el nivel calle de CorpArtes] y en la ciudad. No sé si sabes que tenemos obras afuera, en la vía pública, que son estos carteles con las palabras “Sueña”, “Imagina”, y pone “Yoko Ono, 2017”. Es muy interesante que ella se va fuera del museo. Ella ni siquiera quiere estar ni en la comuna donde estamos, sino que quiere estar en la ciudad, ocupar otro espacio que no sean las salas de exposición, y dar otro tipo de experiencia al público. Cuando tú vas a ver una exposición de Yoko Ono, participas, y el público está invitado a que acabe su obra. Es una generosidad que pocos artistas te dan, que tú acabes y le des sentido a tu misma obra. Ya uno no va al museo y se para delante del cuadro, sino que uno, para que esto tenga sentido, tiene que ser, tiene que tocar, tiene que hacer, tiene que reparar, tiene que dejar el mensaje. Hay una actividad que está involucrada. Eso para mí son como las dos partes: la inmaterialidad, o el romper con el objeto, y la participación del público. Si en los años sesenta lo encuentro súper moderno y rebelde de su parte, lo sigo encontrando moderno en el 2017.

N.N: A propósito de eso, ¿cómo ha sido la recepción del público chileno con la exposición de Yoko Ono, con su obra?

L.P: Mira, nosotros teníamos susto, porque no sabíamos cómo se lo iba a tomar la gente tampoco, qué relación iba a tener. Sabíamos que en Buenos Aires la gente había participado mucho, entonces nosotros pensábamos: ¿acá participarán igual? Y de momento estamos muy contentos: la gente participa y se deja involucrar, y creo que es súper importante el que te dejes llevar dentro de la exposición, el que entres como en esta mentalidad, en esta filosofía de Yoko Ono. Que te dejes invadir de su obra, que puedas soñar, que puedas imaginar, que puedas volar, que puedas seguir algunas de sus instrucciones —no sólo las físicas—, como que puedas reparar la loza para reparar al mundo, sino que hay instrucciones que son mucho más mentales, y esas las encuentro súper interesantes, porque son como ejercicios casi de meditación que ella te lleva a hacer. La idea es que el público se deje llevar por eso. De hecho, una amiga mía curadora me dijo: “Mira, fui a la exposición de Yoko Ono”, y yo le dije “Ah, ¿y qué tal?”. O sea, no le pregunté si le gustó o no, porque esa pregunta es algo peligrosa, y dije: “Bueno, ¿qué tal?”. Me dijo: “Mira, salí mejor persona”. No hay nada mejor que alguien pueda decir “salir mejor persona”. Quiso decir que se metió como en el mundo y que algo le quedó, porque el mensaje de Yoko también es como muy sencillo pero muy potente. Ella habla de la paz, de feminismo, de la colectividad, y esos son temas súper actuales. Ojalá que la gente se impregne de todo esto y que salga mejor persona, o al menos que tenga una buena experiencia. Pero de momento estamos muy contentos.

N.N: A pesar de esto de ser mejor persona, a mí me pasó —personalmente— que la última sala es sumamente triste…

L.P: La última, la última…

N.N: La última, con End Piece, con el televisor hacia el cielo…

L.P: Ahí hay tres instrucciones que son esas como especie de meditación que yo digo. “Imagínate que eres un planeta, todos orbitamos…”, son súper bonitas. “Acumula las tristezas de tu vida con las piedras…”, son como ejercicios casi de meditación, casi de autoayuda un poquito. Sí, tiene algo como de triste, pero si uno hace esos ejercicios siempre hay algo súper positivo, de dejar las tristezas atrás y unirnos en colectividad hasta el final, que son como sus mayores mensajes, yo diría.

N.N: ¿Qué tan involucrada ha estado Yoko Ono con esta exhibición, particularmente en Chile? Me contabas recién que había pedido cambios en una pieza…

L.P: Sí, yo marcaría el hecho que ella está físicamente aquí a través de sus obras. Hay un teléfono, que es la pieza del teléfono que está al final, donde ese teléfono tiene una línea donde Yoko Ono llama, y la gente que esté en la sala está invitada a coger ese teléfono y mantener una conversación con ella. Ese teléfono ha sonado y la verdad es que fue una súper alegría, y esperemos que siga sonando. También ella pidió, una vez que se inauguró la exposición, un cambio en la producción de una obra. Era esta pizarra donde la gente dejaba los mensajes a la mamá, y que nosotros teníamos que cancelar cada mañana y limpiar. Nos pidió si, por favor, podíamos cambiarla al formato post-it, ya que ella no quería que esos mensajes de los chilenos se cancelaran, y me pareció súper interesante las dos cosas: una, que quería conservar la memoria, el archivo de mensajes, y la otra es que nos demostró que estaba súper pendiente de su obra. Eso fue maravilloso. A nivel de producción fue “Ay no, tenemos que cambiar la obra”, y luego fue “Yoko Ono nos está pidiendo que cambiemos una obra suya: quiere decir que ha visto, que sabe lo que pasa y que está súper enterada”. De hecho, creo que está siempre súper conectada a Instagram, a Twitter, es una persona muy activa. De hecho, cuando ella llamó al teléfono, grabamos ese momento del teléfono, lo pusimos en las redes y ella lo retuiteó y lo volvió a compartir en sus redes. O sea, ella está muy presente, yo creo, y eso es muy bueno para nosotros también.

N.N: La Sala 660 de CorpArtes ha estado últimamente ligada al tema de la experiencia, si pensamos en Yayoi Kusama, en Light Show, y ahora Yoko Ono también. ¿Por qué enfocarse en la experiencia versus otro tipo de exhibiciones que necesitan de un espectador mucho más pasivo quizás?

L.P: En realidad también estamos interesados en otras exposiciones en donde el espectador es más pasivo, pero, curiosamente, son tres exposiciones que no sólo son de una gran calidad —que también buscamos eso, la calidad es para nosotros súper importante—, también hay detrás un modo de acercarse a la obra de forma diferente a través de los sentidos, de la experiencia y de la participación, y luego también es importante el mensaje que hay detrás. En el caso también de Yoko Ono, como te decía, hay un mensaje que es súper actual en el cual estamos también muy de acuerdo: el mensaje de la paz, del feminismo, del rol de la mujer, de la ecología. Yoko Ono tiene esta combinación casi de tener estos tres momentos: es alguien importante en el mundo del arte, tiene una forma de acercarse al arte que es completamente diferente a lo que estamos acostumbrados, es una exposición de calidad y tiene un buen contenido. Tenía todas las piezas para que pudiésemos acoger este proyecto, y eso es también lo que pasó con las otras exposiciones. También pasaba lo mismo con Light Show, era ver como una exposición podía hablar de la luz, algo tan normal y tan usual, pero contado de otra forma. Y la otra característica que tienen también estas tres exposiciones, es que quizás no son sólo para un público experto, sino que son para un público también… o sea, si había alguien que en Light Show estaba interesado en la arquitectura, podía venir y la exposición iba a funcionar muy bien desde el punto de un arquitecto. Si hay alguien que quiere venir y está relacionado con el mundo oriental, Yoko Ono también es perfecta. Entonces, tienen también diferentes lecturas y pueden estar abiertas para diferentes públicos, y eso es también para nosotros interesante, que sea transversal.

Fotografías: Felipe Ugalde, para Artishock.

YOKO ONO: DREAM COME TRUE

Centro de las Artes 660 – CorpArtes, Santiago de Chile

Del 23 de junio al 22 de octubre de 2017

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Nicolás Narváez

Nace en La Serena (Chile) en 1987. Es publicista, editor y comentarista de arte. Licenciado en Comunicación Persuasiva por la Universidad del Desarrollo (Santiago, Chile). Actualmente es Editor en Jefe en Artishock, y fundador y editor general del blog de arte ANTE Santiago.
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