Regina José Galindo es menudita y tiene una fuerza extraordinaria que se advierte cada vez que se enfrenta a un nuevo performance, exponiendo su cuerpo a acciones drásticas que ponen en tensión al público y a la propia artista.

De habla vivaz y fuertemente comprometida con causas políticas que afectan a su Guatemala natal y al resto del mundo, Galindo es una artista en continua resiliencia. Por cada uno de sus performances, en su cuerpo queda impreso, como un mapa abierto, la violencia, la impotencia y el dolor del pueblo guatemalteco. Su cuerpo es soporte y arma de resistencia frente a las atrocidades: femicidios, guerra civil, genocidios de comunidades indígenas, impunidad.

El gesto de Regina José Galindo es situar su cuerpo en el sufrimiento del otro, sometiéndolo a eventos traumáticos parecidos a los que los otros cuerpos han soportado, y se pone en la mira, en escena frente al público asistente, evidenciando el trauma de estos cuerpos a modo de denuncia. Es Regina y es la mujer violada (La Siesta, 2016), y la asesinada (Presencia, 2017), y la indígena torturada (Mientras, ellos siguen libres, 2007), y la niña traficada (Himenoplastia, 2004), y las víctimas de la guerra (¿Quién puede borrar las huellas?, 2003), y la emigrante refugiada (Quédate, 2016), y los torturados políticos (Confesión, 2007). “Somos un solo individuo, somos un solo cuerpo”, dice la artista.

Este año fue invitada a la documenta 14, Learning from Athens (Aprender de Atenas), que como cada cinco años sucede en su ciudad de origen, Kassel (Alemania) y, en esta ocasión, también en Atenas, Grecia. La artista presenta tres performances: en Atenas, Presencia (2017), y en Kassel El Objetivo (2017) y La Sombra (2017), esta última en video.

En El Objetivo, Regina se encierra en una habitación de paredes blancas con cuatro agujeros en cada esquina, de donde salen cuatro metralletas G36 que la están apuntando. Ella resiste inerme y estática al centro de la habitación durante una hora y solo se la puede ver a través del objetivo de estas armas. Mientras permanece mirando un punto fijo sin que un milímetro de su cuerpo se mueva, los visitantes se aprestan a tomar las armas, fijar el objetivo y… ¿qué pasa si tiro del gatillo? ¿Saldrá algo de él y dañaré a la artista? En esta performance de juego de roles hay algo que incomoda y sacude al tomar la metralleta: el acto de apuntar con un arma es fuerte y violento. El visitante se ve inmiscuido en la situación a partir del momento en que tiene que tomar la decisión de disparar al blanco. “Algunos tiran del gatillo, otros reciben el plomo”, dice el texto introductorio escrito por la artista.

¿Quiénes son los que tiran del gatillo? ¿Y quiénes los que reciben el plomo? El texto de Regina alude al mercado de armas, a aquellos que las producen y las venden (como Alemania), y a aquellos que las compran y las usan (Medio Oriente, Latinoamérica). A pesar de que en Alemania está prohibido el uso de armas, esto no impide que ganen dinero por su producción. Pero tirar del gatillo es un acto que se produce mucho antes de estar frente al objetivo ¿Acaso aquél que tira del gatillo no es también aquél que produce y vende estas armas?

En La Sombra, la artista se pone una vez más en la mira, esta vez es la mira de un tanque de guerra. Para este performance se entrenó durante varios meses para poder mantenerse horas corriendo sin detenerse, y así lo denota su evidente expresión de agotamiento cuando se la ve perseguida por un tanque. “No podemos escapar del horror”, señala la artista.

Ella corre, corre y corre, tal como el video que fue editado de manera tal que es difícil distinguir el inicio del final. Es un video en constante bucle, que no se detiene nunca. Ese es el sentimiento de horror, un horror acosador, que no se detiene, que está al acecho a la vuelta de la esquina. Así se manifiesta en la impunidad cotidiana cuando los femicidas salen libres luego de dar muerte a una mujer, pudiendo ser esta incluso su propia pareja.

Justamente en Presencia, Regina, una vez más, se pone ante la mira del público tomando la forma del cuerpo de una de las tantas mujeres asesinadas en Guatemala. Para ello, se viste con sus ropas. Son trece las mujeres que representa, trece crímenes, entre tantos otros, que quedaron sin castigo. El performance fue realizado solo un día en la calle Elpidos del centro de Atenas, donde homenajeó a Karen Lissette Fuentes, de 17 años: “Cuatro balas atravesaron su cuerpo. Karen Lisette fue asesinada frente a su propia madre, sus hermanos, sus amigos, su comunidad”, anuncia un texto repartido a los asistentes.

Sin más que poder aportar a estas manifestaciones de arte que son inteligibles, fuertes y desoladoras, solo queda agregar que Regina, al poner su cuerpo en la mira del público, logra remover relatos que permanecen ocultos en la trama hegemónica de los medios de comunicación. A través de sus acciones aparecen entonces otras historias, historias descolonizadas que develan formas de control y de dominio por parte de poderes económicos y políticos internacionales. Este tipo de obras nos permiten tener otra visión del mundo que posibilita un campo de debate importante para entender que hay relatos que se gestan a partir de otras realidades.

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Carolina Matamala

Estudió arquitectura y luego realizó un Magíster en Historia y Teoría del Arte en la Universidad de Chile, durante el cual formó parte de la dirección de la Revista Despliegue. Actualmente está haciendo un Máster en Mediación del Arte Contemporáneo en la Universidad Paris 8 en París. Ha enfocado sus estudios en la teoría e historia del arte contemporáneo en Latinoamérica. Su tema central de estudio son las ambientaciones de los artistas contemporáneos brasileros. Realizó la traducción al español del libro «Mallarmé: La politique de la sirène», de Jacques Rancière, editado por LOM. Colabora con artículos para la revista Artishock y con el sitio web Lupita sobre actividades de artistas latinoamericanos en Europa.
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