El pasado sábado 29 de julio se inauguró, en el Centro Cultural Metropolitano de Quito una de las muestras de arte más interesantes del año en la escena cultural ecuatoriana.

La exposición La intimidad es política es el resultado del trabajo de la curadora Rosa Martínez Delgado, y cuenta con la participación de figuras con reconocimiento internacional: 14 artistas de varias partes del mundo; dos colectivos latinoamericanos que echan mano de sus potencias creativas para llevar adelante su labor de desmontaje de graves opresiones históricas desde lenguajes que sensibilizan las estrategias del activismo político; y un colectivo de artistas feministas estadounidenses.

Cabe acotar que esta muestra no solo cuenta con una curaduría respetuosa y finamente articulada, sino también con una museografía bien acabada y con un equipo de mediadores preparados en los temas específicos abordados en ella.

Artistas como la guatemalteca Regina José Galindo, la sudafricana Zanele Muholi, el apátrida Santiago Sierra, la serbia Marina Abramović, la chilena Katia Sepúlveda, las estadounidenses Guerrilla Girls, o el colectivo anarcofeminista de Bolivia Mujeres Creando, entre otras, le dan la necesaria heterogeneidad al corpus curatorial, cuya tesis recoge varias discusiones cruciales de los diversos movimientos feministas, transfeministas y queer para cuestionar el modo en que se han construido las subjetividades (Martínez, 2017). Su objetivo se organiza en tres enunciaciones y cuestionamientos que apuntan al desencadenamiento de discusiones en torno al género; el borramiento sistemático de las mujeres de la historia canónica del arte (Nochlin, 1971); las imposiciones de la hegemonía blanca, eurocéntrica y heteropatriarcal, y otras formas de dominación fundamentadas en la delimitación del género femenino que son provechosamente transversales al sistema capitalista, al lenguaje y a las múltiples formas de poder ejercidas desde la hegemonía masculina.

Esta exposición ya ha perturbado a la sociedad quiteña al despertar reacciones en las más conservadoras miradas y sus capacidades para mover a las autoridades al son de sus intereses. Es por eso que La intimidad es política está amenazada con su cierre intempestivo desde la inauguración, así como parece estarlo también el equipo del MetQuito y su loable gestión, encabezada por Pilar Estrada.

El pasado miércoles 2 de agosto la propuesta Milagroso Altar Blasfemo de Mujeres Creando ―ubicado en la terraza del CCM― fue, una vez más, objeto de la violencia simbólica y epistémica por parte del poder eclesiástico ecuatoriano, aunque encubierto con el discurso patrimonialista del Municipio de Quito. No olvidemos que algo muy semejante había ocurrido en Bolivia, en el marco de la IX Bienal Internacional de ese país en octubre de 2016, cuando un grupo de monjas y otros fundamentalistas católicos borraran ―apenas transcurridas unas horas de su culminación― agresivamente con pintura blanca la primera versión de esta propuesta, pero además atacaran, incluso físicamente, a María Galindo mientras rendía declaraciones a la prensa.

El comunicado de la Conferencia Episcopal del Ecuador ha hecho explícito su malestar por el uso que los organizadores de la muestra le han dado a la “libertad de expresión” y porque éstos se han permitido “promover la burla y la fobia contra los creyentes, particularmente los cristianos católicos”. Sin embargo, es interesante pensar con detenimiento la pregunta arrojada por la crítica de arte María Guadalupe Álvarez: “¿Por qué el arte ofende y la realidad no? (Valdéz, 2017).

Pero, a pesar de los intentos, la controversia efervesce y son numerosas las manifestaciones de descontento y desaprobación en relación con la censura perpetrada. Medios de comunicación, redes sociales y acciones de calle, desde entonces, reflejan constantemente los pronunciamientos que se vienen llevando a cabo desde el pasado miércoles por profesionales de distintas formaciones y corrientes de pensamiento, activistas, artistas, editores, etc.

Uno de los ejemplos más interesantes de la diversidad de lecturas de este hecho ha quedado recogido en la publicación fechada el mismo 2 de agosto en Paralaje.xyz, a través de las conocidas y respetables voces de Susan Rocha, María Guadalupe Álvarez, Rodolfo Kronfle, Santiago Roldós, Edgar Vega Suriaga, María Amelia Viteri, Gabriela Chérrez y Ana Rosa Valdéz (su editora).

Aviso del Municipio de Quito que pretende justificar la censura a la intervención de Mujeres Creando en la exposición "La Intimidad es Política". Fotografía: Fabian Patinho

María Galindo señaló desde Bolivia, ante este lamentable acto de censura ya concretado, que la remoción del mural no ha sido concertada con el colectivo. Pero antes escribió, con una justeza que ha quedado confirmada, “silenciarnos es imposible, censurarnos es inútil, destruir nuestra obra la hace más potente” (Galindo, 2017).

La intervención mural de Mujeres Creando es un efectivo contrarelato frente a los más de cinco siglos de patriarcado colonial avanzado desde estrategias estético-religiosas dirigidas a los “analfabetas”, idólatras y sodomitas, tal como fue efectuado a través de los retablos católicos ―junto con interrogatorios sistemáticos y actos de escalofriante violencia― a lo largo y ancho de América.

El Milagroso Altar Blasfemo se apropia “graffiteramente” de la lujosa estética del barroco colonial para, desde una precariedad material radical, invertir los valores repetidos y performados desde la Iglesia, y desmontar el discurso sobre el que se sustentan las ideas y los modos de control de los cuerpos, aplicados históricamente a través de una moral represiva, cercenadora, extractivista, cruel y deshumanizante.

Ya Silvia Federici (2004) nos alertaba sobre el papel de la iglesia en la cacería de brujas, los intereses económicos de ésta en el dominio moral. Y, también, a través de otrxs autorxs vamos constatando, cada vez con mayores detalles, sobre la necesidad que tiene la ideología cristiana de incidir en las regulaciones de las distintas sexualidades para reducirlas a la práctica heterosexual en la que sólo es posible la existencia del hombre y la mujer (disminuida y humillada), sin posibilidades de encuentros corporales que no sean para la reproducción (funcional al capital), donde todo lo femenino y toda aproximación erótica debe ser erradicada, al ser considerada impura y pecaminosa (aunque, realmente, se deba a su amenazante potencialidad para contravenir los fantasmas y miedos creados por la iglesia).

En la exposición no hay ninguna división entre buenas y malas feministas, sino la puesta en escena de debates urgentes que apenas inician el largo recorrido pendiente.

Las propuestas de arte contemporáneo “proponen nuevas retóricas para explicar y sentir el mundo desde su indisciplina” (Rodríguez, 2016). Las 50 obras en distintos lenguajes desplegadas en La intimidad es política sirven de insustituible vehículo de aproximación a lugares de sentido no visitados anteriormente, desde allí donde se pueden destapar enfoques bloqueados por las rutinas metodológicas de otras perspectivas.

El que la Iglesia ―con los aún impunes e incontables crímenes de toda índole que se han cometido en su seno (violaciones, feminicidios, pederastia, corrupción, etc.)― se pronuncie ante una exposición como la reseñada, no es más que una muestra ejemplar de las razones para su recelo. Una propuesta como el Milagroso Altar Blasfemo ―pero no solo esta― deja desnudos los distintos elementos reunidos en los dispositivos de sexo/género/raza que el poder ―sobre todo el eclesiástico― ha instalado en nuestras subjetividades, y pretende, torpe, fallidamente y a la fuerza, continuar cimentando.

Ya han germinado las semillas para otra reflexividad y la curiosidad de quienes no se habían percatado de las posibilidades de esta exposición, ahora han volteado a verla. Esta censura y la posible remoción del cargo de la Directora del Centro Cultural Metropolitano ―decisiones que esperamos sean reconsideradas y reemplazadas por diálogos que permitan los disensos―, han logrado catalizar la publicación de una amplia diversidad de posicionamientos.

Estas son ocasiones escasamente experimentadas en Ecuador, por eso agradecemos a Rosa Martínez Delgado por su audacia como curadora, a Pilar Estrada y su equipo por su decidida gestión y, sobre todo, a Mujeres Creando, su obra, y su trayectoria ingobernable de 24 años de lucha, por la generosidad de su impulso activista, creador y pedagógico.

Aún quedan irresueltas otras muchas lecturas atentas en torno a los sentidos de los que, tanto el Milagroso Altar Blasfemo, como los planteamientos de las otras propuestas presentes en La intimidad es política están ofreciendo como oportunidad para la agitación transformadora del pensamiento, el sentir y nuestras relaciones. Ojalá no le quede prematuramente clausurada a Quito.

 


Imagen destacada: Vista del Milagroso Altar Blasfemo (2017) de Mujeres Creando, Quito, CCM. Fotografía cortesía de Paralaje.xyz

Referencias

Federici, Silvia (2004). Caliban and the witch. The body and promitive auccumulation, New York, Automedia.

Galindo, María (2017). “Milagroso altar blasfemo”, Desde la Acera de Enfrente, La Paz, Pagina Siete, 26/ 07 disponible en http://paginasiete.bo/opinion/maria-galindo/2017/7/26/milagroso-altar-blasfemo-145987.html

Martínez, Rosa (2017). “La intimidad es política. Sexo – Género – Lenguaje – Poder” en plegable de la exposición La intimidad es política, Quito, Centro Cultural Metropolitano, del 29/07 al 29/10.

Merizalde, Belén (2017). “La Secretaría de Cultura prohibió el paso para ver el mural de Mujeres Creando”, Quito, El Comercio, Redacción Cultura, 02/ 08  disponible en http://www.elcomercio.com/tendencias/secretariadecultura-prohibicion-paso-mural-mujerescreando.html

Nochlin, Linda (1971). “Why have there been no great women artists?”, New York, Artnews, January.

Rivera Y., Fausto (2017). “A la Conferencia Episcopal le molesta muestra que cuestiona abusos de la Iglesia”, Quito, El Telégrafo, 02/ 08
disponible en http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/7/a-la-conferencia-episcopal-le-molesta-muestra-que-cuestiona-abusos-de-la-iglesia

Rodríguez, Albeley (2016). “Indisciplinar el género. Propuestas artísticas para humedecer los activismos”, Cuenca, Cuarto Aparte, Ponencia para la Franja de Diálogos Mesa 2, Paralelo de la Bienal de Cuenca, 24/11.

Valdez, Ana Rosa (2017). “El Milagroso Altar Blasfemo y el debate sobre género en el Ecuador”, Quito, Paralaje.xyz, 02/08 disponible en http://www.paralaje.xyz/el-milagroso-altar-blasfemo-y-el-debate-sobre-genero-en-el-ecuador/

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Albeley Rodríguez

Candidata a Doctora en Estudios Culturales Latinoamericanos por la Universidad Andina Simón Bolívar (sede Ecuador) y Magíster en Estudios de la Cultura, Mención Políticas Culturales, por la misma casa de estudios (2010). Tiene estudios de maestría en Museología (UNEFM, Falcón- Venezuela) y es Licenciada en Letras, Mención Historia del Arte, (ULA, Mérida, 2000). Fue curadora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas desde 2003 hasta 2015 y Directora de Posgrado de la Universidad de las Artes (Guayaquil, Ecuador) entre 2015 y 2016. Es autora del libro “Cuerpos irreales + arte insumiso en la obra de Argelia Bravo” (2014). Actualmente trabaja en su tesis doctoral en Estudios Culturales Latinoamericanos y en aproximaciones diversas como curadora autónoma.