Por Thelma Carvallo

Lo primero que uno puede inferir en la obra de Leonardo Nieves (Caracas, 1977) es su filiación con la cuadrícula. Este recurso de composición universal, que ha sido punto de partida de densos discursos conceptuales y de prolíficos portafolios identificados con la Abstracción, es para Nieves  un “tejido de ideas y conocimientos, que permite el entramado de relaciones que es el mundo”.

Como diría Robert Hugues en su ensayo The future that was, publicado en 1981, “después de setenta años de arte abstracto, cualquiera puede ver que se trata de una de las formas constantes de la conciencia”. No obstante, la estructura reticular en Nieves adquiere un sentido más protagónico en cuanto la eleva y le confiere otra dimensión.

La importancia de la manufactura, como sello de un procedimiento fidedigno, es altamente valorado en su obra, así como también la vinculación conceptual entre la cuadrícula como plataforma para ordenar los pensamientos y el ejercicio de la memoria.

La economía de recursos es otro punto que define su trabajo y el propio Nieves lo equipara con el trabajo de Cildo Meireles (Río de Janeiro, 1948). En este caso yo referiría la obra Mallas de la libertad (1973) del brasileño, realizada con simples bandas metálicas sobre vidrio que conforman una cuadrícula casi aérea. En este sentido se conectan ambos artistas mediante la sencillez, para manifestar una idea trascendente.

Series, retículas

En nuestro país, el espectro investigativo sobre las corrientes estéticas ligadas al modernismo ha tenido representantes tan emblemáticos como Gego (Hamburgo, 1912 – Venezuela, 1994), de la que el artista ha tomado la experiencia de la serialidad y la base estructural de la retícula. Sin embargo, en su caso está planteado un acercamiento más premeditado hacia este elemento compositivo. Observamos, además, un minucioso estudio de los materiales (hilo, cartón, papel de envolver, baldosas, alfombra, entre otros) y su comportamiento, que repotencia las cualidades de cada uno de ellos, dando como resultado una obra pudorosa y heterogénea, a ratos eminentemente plástica.

Metáfora e impronta

Del arte conceptual de los 70 recordamos procedimientos inherentes a los sistemas de impresión, tales como las fotocopias. Nieves se vale de metáforas y participa artesanalmente en la creación de “documentos”, auspiciados desde una cuadrícula industrial y se inserta subversivamente en el proceso, para hacer prevalecer su huella con un frottage sin desertar del conjunto de paralelas horizontales y verticales que lo contiene.

A diferencia de conceptualistas venezolanos como Claudio Perna (Milán, 1938 – Holguín, Cuba, 1997), cuyo tema era el cuerpo a manera de auto-retrato (serie Autocopias), Nieves se mantiene subordinado al poder intrínseco de los materiales, a su propio lenguaje, siempre circunscrito a lo estético como idea. Simultáneamente, rinde homenaje a la singular Agnes Martin (Maklin, Canadá, 1912 – Nuevo México, 2004) en una aparente disipación y fragilidad del trazo, en medio de la dura intencionalidad geométrica.

Formas para un inventario utópico

La disciplina del dibujo que caló tanto en el siglo XVI como un ámbito independiente, vuelve a ser redireccionada por Nieves al momento de coser -a mano, con hilo y aguja- una recta que seguramente se cruzará con otra pespunteada sobre cartón. Claro está, que la geometría resultante de esta cuadrícula apuntará a temas tan sublimes como la esfera celeste, y así lo expresa el artista al incluir la palabra NUBE en folios seleccionados. En su propuesta, es imperativo destacar el uso y manejo de herramientas como las tizas y agujas de sastre para sus dibujos cosidos, que se relacionan con aspectos antropológicos y sociales que al artista le interesa concatenar y transferir.

Fluido contemporáneo

Fue en los 70 cuando Andy Warhol (Pittsburgh, 1928 – Nueva York, 1987) mostró sus Oxidations, obras realizadas con orina sobre una superficie reactiva. En el mismo espíritu, pero manteniendo el estricto “orden estructural” del proceso científico, Nieves utiliza el color que resulta del estudio de Ph de su orina para elaborar una obra bidimensional. Este afán por mantener el “procedimiento” es una constante en la obra de Leonardo Nieves, y conlleva a resultados de una inesperada elegancia.

Tótem transfer

El corpus de trabajo de Leonardo Nieves apunta en esta muestra a lo plural, concediéndose la libertad de integración de ámbitos tan disímiles como la ejecución solitaria y pasmosa de un cuadernillo, con la acción contemporánea de apropiación y recolección que se desprende del recorrido nocturno del artista en busca de restos, losas, baldosas y adoquines, en lo que él ha decidido llamar vandalismo artístico.

Resurge la acción de la “transferencia” que se antoja más fiel al espíritu del artista y que lo desestigmatiza de un probable análisis deconstructivo a lo Derridá (Argelia francesa, 1930 – París, 2004), en el traslado de los restos de baldosas de la Avenida Urdaneta hacia su taller, para apilarlas y erigir un tótem. Las caminatas y hallazgos ocurren a altas horas de la noche en la arteria vial que inequívocamente conduce al Palacio de Miraflores. Aquí se entrecruza la cuadrícula fracturada, la noción de ciudadanía, el conflicto moral, político, social y la institucionalidad como iconos absolutos de poder. Esta acción —que desencadenó una reflexión ulterior en el propio artista al sentirse “fuera de sitio” luego de permanecer anquilosado en un mediano formato bidimensional— ha dado título a esta exposición.

LEONARDO NIEVES: FUERA DE SITIO

ABRA | g6 | Centro de Arte los Galpones | Caracas

Hasta el 30 de julio de 2017

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